«Cada anciano es tu abuelo»: luchando contra el aislamiento de los mayores en la pandemia.

El Dicasterio Vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida lanza una campaña para superar el aislamiento de las personas mayores que tanto sufren la soledad en este tiempo de pandemia, respetando las normas sanitarias y utilizando la fantasía del amor: “¡llámales por teléfono o por video, escúchales!”

En esta campaña “CADA ANCIANO ES TU ABUELO”  se invita a los jóvenes de todo el mundo a hacer un gesto de ternura hacia las personas mayores que se sienten solas, porque “¡cada persona mayor sola es tu abuelo y tu abuela y te necesita!” Leer más

Gracias en 1′ de ACdP

 

Gracias en 1’ es una iniciativa de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) para agradecer a la Iglesia toda su labor asistencial y su acompañamiento espiritual. Esta campaña quiere invitar a todos a dar las gracias a través de vídeos de un minuto grabados con su propio móvil. Todos esos vídeos se publicarán en www.graciasenunminuto.com Leer más

Boletín informativo Julio 2020 – Post-Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida”

¿Todavía no has leído el nuevo boletín del mes de julio del Congreso de Laicos: “Pueblo de Dios en Salida”?

Aquí te lo presentamos. Es un boletín ciertamente especial, porque será el último y porque recoge testimonios de quienes, desde distintas responsabilidades, han participado en el Congreso: “Habíamos estado preparándolo sin descanso desde las comisiones de trabajo y en nuestras Diócesis, Asociaciones y Movimientos. Tras meses intensos, llegó el momento de su celebración. Lo vivimos disfrutando cada momento, conscientes de que Dios mismo se hacía presente en medio de nosotros. Ahora, con el nuevo e inesperado contexto derivado de la crisis del coronavirus, nos corresponde hacer realidad lo soñado y lo vivido”. Leer más

Laicos en la Iglesia: un camino de sinodalidad

El director de la Comisión Espiscopal para los Laicos. Familia y Vida, realiza un repaso sobre el papel de los laicos en la Iglesia. Leer más

Familias Invencibles nos invitan a su encuentro de verano on-line. Un encuentro para familias. Un encuentro para todos.

 

 

La fraternidad de Familias Invencibles organizan como todos los años un ENCUENTRO DE VERANO DE FAMILIAS, y nos invitan a unirnos:

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Nota pastoral de los Obispos de la Provincia eclesiástica de Santiago de Compostela sobre la participación en la Eucaristía dominical

Desde el inicio de la crisis sanitaria provocada por el virus COVID-19 y de acuerdo con los protocolos sanitarios establecidos por las autoridades, los Obispos de Galicia, pensando en el mayor bien y en la tranquilidad de conciencia de los fieles, hemos procedido a dispensar de la obligación de la asistencia a Misa los domingos y días de precepto[1], vivida desde siempre en esta gran familia que es la Iglesia Católica.

Debido al estado de alarma, durante estos últimos meses se han paralizado muchas de las actividades pastorales habituales e incluso ha habido templos cerrados. En estas circunstancias, nuestra Iglesia ha intentado hacerse presente a través del ministerio de los sacerdotes, de miembros de la vida consagrada y de laicos comprometidos en las tareas eclesiales. Hemos podido constatar con admiración y sorpresa cómo el ingenio creativo de muchos se ha reactivado y ha buscado los modos de que los fieles sintiesen cercana la presencia y la solicitud de la Iglesia, ayudándoles a mantener viva la esperanza y la piedad, de manera especial a aquellos que viven en soledad y en situaciones más vulnerables. Utilizando en particular los medios telemáticos disponibles en la actualidad, se han puesto a disposición de todos materiales litúrgicos y catequéticos, que hicieron posible la vivencia del domingo en el marco del hogar cristiano.

Así, si bien es cierto que nuestro pueblo fiel ha vivido con desconcierto un inesperado ayuno eucarístico, podemos constatar que la dura experiencia que ha supuesto el confinamiento social consecuencia de la pandemia nos ha llevado a una vivencia singular del día del Señor, no a su supresión: hemos sido testigos de una verdadera peregrinación llena de fe del templo a la casa, de la iglesia parroquial a la iglesia doméstica[2]. No ha habido un olvido del día del Señor, el dies Domini. Las retransmisiones televisivas, o a través de internet, han acercado a todos los hogares las Eucaristías dominicales y festivas, incluso la Eucaristía diaria, así como acontecimientos de especial trascendencia eclesial como las celebraciones de Semana Santa y los actos presididos por el papa Francisco.

En la actualidad, gracias a Dios, han sido ya levantadas las prohibiciones que afectaban a nuestra habitual movilidad, aun manteniéndose la exigencia de muchas cautelas. Por este motivo, nos parece necesario dirigirnos ahora a vosotros para levantar también la dispensa antedicha, de modo que todos, en la medida de nuestras posibilidades y con los cuidados debidos, renovemos con alegría y esperanza la antiquísima costumbre eclesial de participar en la Misa dominical y festiva con una presencia física y real, en el seno de nuestras comunidades de referencia.

La participación activa en la Eucaristía dominical nunca ha sido para nosotros sólo una costumbre o un mero deber, sino la celebración de la comunión con Cristo y con los hermanos[3] (cf. LG 7), en el día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. Cada celebración dominical, presididos por el sacerdote y convocados como Pueblo de Dios en torno a la mesa del altar, las palabras de Jesús, “haced esto en memoria mía” (cf. Lc 22, 19; 1Cor 11, 24-25) han sido siempre mucho más que un simple recuerdo o una repetición de sus gestos y palabras. Han sido y son una verdadera acción de gracias y alabanza, presencia actual y viva de Cristo por la fuerza de su Palabra y de su Espíritu, memorial de Cristo, de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su intercesión junto al Padre[4].

Ahora, tras el tiempo de confinamiento, podemos valorar mejor la gracia grande de vivir la Eucaristía en comunidad, sobre todo el domingo y los días de precepto; y experimentar la alegría de ser miembros de la gran familia de la Iglesia Católica, viviendo como hermanos, unidos siempre, pero sobre todo en las dificultades. La vivencia presencial de la Eucaristía dominical tiene una importancia decisiva para la fe de cada uno y fundamenta y confirma toda la práctica cristiana[5].

Celebrar cada domingo la Eucaristía en la comunidad parroquial o en la comunidad de referencia de la unidad pastoral sostiene nuestra esperanza ante la vida y ante la muerte, y fortalece el compromiso de la caridad. Comulgar a Cristo, Pan de Vida, nos introduce a la máxima unión con el Hijo de Dios y con la Iglesia y, por tanto, con nuestros hermanos. No se puede compartir el pan eucarístico sin compartir el pan cotidiano. De este modo, la vida entera del creyente se va haciendo expresión de la entrega del Señor por la salvación de todos, especialmente de aquellos que más lo necesitan.

De hecho, durante las semanas más duras del confinamiento hemos podido ver multitud de gestos de fraternidad en las parroquias hacia las personas más afectadas por la pandemia: el esfuerzo que se hizo y hace en los comedores de Cáritas, el reparto de alimentos en las parroquias, la preocupación por los enfermos y ancianos, la cercanía hacia las familias recluidas en sus casas… y muchos otros que permanecieron y permanecen en el anonimato. Para no agotarnos ni rendirnos en el necesario esfuerzo que hemos de hacer ante las dramáticas consecuencias socio-económicas que se derivarán de la crisis sanitaria, los fieles cristianos hemos de alimentar el ejercicio de la caridad, especialmente en la celebración dominical, porque la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a la caridad de Cristo[6], y por sí misma se convierte en escuela de amor activo al prójimo[7], que impulsa a todo el que cree en Él a hacerse pan partido para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno[8].

Así pues, participemos de nuevo en la celebración del domingo, día del Señor, como el día en que nuestra fe se nutre con el Pan de la Palabra y de la Vida: sólo así nuestra existencia como cristianos será prolongación vital del amor de Dios derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5,5).

La singular experiencia del confinamiento ha sido, sin duda, una invitación a detenernos y a pensar en nuestro modo de vivir; y, en particular, una ocasión para comprender mejor la importancia que tiene para cada uno la celebración del domingo. Ahora es tiempo de salir de nuevo, con las medidas sanitarias exigidas, y de celebrar juntos la Santa Misa, con paz y alegría, con calidad litúrgica y calidez humana la Eucaristía dominical con los hermanos en la fe, presididos por nuestros sacerdotes. Así, participando en nuestras comunidades y parroquias, podremos afrontar los desafíos de nuestro tiempo alentados por el Espíritu del Resucitado sostenidos por el gozo de celebrar presencialmente en el templo el día del Señor, y por la comunión en las riquezas de vida y de caridad que nos ofrece la Eucaristía.

Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, y nuestros santos patronos, el Apóstol Santiago, San Rosendo, San Martín, San Froilán, San Telmo, protejan y amparen nuestras comunidades y parroquias, nos guarden unidos en las alegrías y en las adversidades, y sean nuestro auxilio para librarnos de esta pandemia y de todo mal, para que en nuestros corazones se conserven siempre la fe, la paz y el amor fraterno.

Santiago de Compostela, 25 de julio de 2020.

 

+ Julián, Arzobispo de Santiago.

+ Luis, Obispo de Tui-Vigo.

+ Alfonso, Obispo de Lugo.

+ José Leonardo, Obispo de Ourense.

+Luis Ángel cmf, Obispo de Mondoñedo-Ferrol.

 

[1] Cf. Código de Derecho Canónico, cc 1247-1248; Catecismo de la Iglesia Católica, 217-2188, especialmente n. 2180-2183. Cf. Notas de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago de Compostela, del 8 y del 13 de marzo de 2020.

[2] Cf. Vaticano II, Constitución Lumen Gentium, 11; Exhortación apostólica Familiaris consortio, 21c.

[3] Cf. Lumen Gentium, 7.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 1341.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 2181.

[6] Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 10.

[7] San Juan Pablo II, Dominicae Cenae, 6.

[8] Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, 88.

 

 

Fuente: www.archicompostela.es

 

25 ó 26 de julio, Jornada por los afectados de la pandemia.

La iglesia en España celebra una Jornada por los afectados de la pandemia. Se trata de una propuesta de la Comisión Ejecutiva a las diócesis españolas. La fecha elegida, el domingo 26 de julio, fiesta de S. Joaquín y Sta. Ana, patronos de los ancianos, el grupo social más golpeado por la enfermedad, o el sábado 25, solemnidad de Santiago apóstol, patrón de España.

Esta jornada incluirá la celebración de la eucaristía, que se ofrecerá por el eterno descanso de todos los difuntos y el consuelo y esperanza de sus familiares. Se dará gracias por todo el trabajo y el sacrificio realizado por tantas personas durante el tiempo de la pandemia y se rezará de una manera especial por los mayores y las residencias de ancianos. Esta celebración desea además pedir la luz, comunión y entrega fraterna ante la crisis social y económica provocada por la pandemia y el confinamiento. Se ha editado una oración por nuestros mayores.

Mensaje para la Jornada de afectados por la pandemia

Además, la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Subcomisión de Familia y Defensa de la Vida han hecho público un mensaje conjunto con motivo de esta Jornada.

“El próximo día 26 de julio, la Iglesia celebra la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen, día que dedicamos de una forma especial a los mayores, puesto que son los patronos de los abuelos.

Desde el pasado mes de marzo que se decretó el estado de alarma en nuestro país, por motivo de la pandemia de la Covid- 19, hemos podido contemplar cómo los más afectados por este virus han sido los mayores, falleciendo un gran número de ellos en residencias, hospitales y en sus propios domicilios. También, nuestros mayores, debido a las circunstancias tan excepcionales, son los que más han sufrido el drama de la soledad, de la distancia de sus seres queridos. Todo esto nos debe llevar a pensar, como Iglesia y como sociedad, que “una emergencia como la del Covid es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (Pandemia y fraternidad universal, Nota sobre la emergencia Covid-19, Pontificia Academia para la Vida, 30/03/2020).

En una sociedad, en la que muchas veces se reivindica una libertad sin límites y sin verdad en la que se da excesiva importancia a lo joven, los mayores nos ayudan a valorar lo esencial y a renunciar a lo transitorio. La vida les ha enseñado que el amor y el servicio a los suyos y a los restantes miembros de la sociedad son el verdadero fundamento en el que todos deberíamos apoyarnos para acoger, levantar y ofrecer esperanza a nuestros semejantes en medio de las dificultades de la vida. Como afirma el papa Francisco: “la desorientación social y, en muchos casos, la indiferencia y el rechazo que nuestras sociedades muestran hacia las personas mayores, llaman no sólo a la Iglesia, sino a todo el mundo, a una reflexión seria para aprender a captar y apreciar el valor de la vejez (Audiencia del papa Francisco a los participantes en el Congreso Internacional “La riqueza de los años”, Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, 31/01/2020).

Pero no basta contemplar el pasado, aunque haya sido en ciertos momentos muy doloroso, hemos de pensar en el futuro. No deberíamos olvidar nunca aquellas palabras del Papa Francisco en las que afirmaba que una sociedad que abandona a sus mayores y prescinde de su sabiduría es una sociedad enferma y sin futuro, porque le falta la memoria. Allí donde no hay respeto, reconocimiento y honor para los mayores, no puede haber futuro para los jóvenes, por eso hay que evitar que se produzca una ruptura generacional entre niños, jóvenes y mayores.

Conscientes de ese papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos. Los ancianos no son sólo el pasado, sino también el presente y el mañana de la Iglesia

Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Subcomisión de Familia y Defensa de la Vida.

Fuente: www.conferenciaepiscopal.es

 

Porque sumamos por todos y para todos

Están siendo meses de mucho dolor, de mucho sufrimiento. Nadie esperaba que la prueba para este tiempo fuese esta y fuese tan dura. Podríamos haber imaginado una guerra, seguro el sufrimiento de otros al que, por cierto, nos hemos acostumbrado, veíamos unos nubarrones económicos en el horizonte, que hasta que no llegan no son tormenta. Siempre sufren los más débiles, los que menos tienen. Nadie podría aventurar la cruz que estamos todavía padeciendo.

En medio de tanta aflicción está la Iglesia. Todos los centros que ella ofrece habitualmente a la sociedad permanecen abiertos. No han cerrado sus puertas ni en los peores episodios.

En algún momento, en los primeros días de confinamiento y cuarentena, corrieron algunas imágenes por las redes sociales sobre el tipo de encierro, y dónde podría ser, de los “sin hogar”. No solo no tienen un techo donde cobijarse, no tienen el calor de abrir la puerta y poder decir: «Ya estoy aquí». Esos han sido acogidos por la Iglesia. Ellos han encontrado en ella su hogar, el lugar donde los esperaban. Eso significa que las decenas de miles de voluntarios también han continuado con su labor de generosidad.

Algunos se apartaron en el primer momento para evitar el posible contagio, pero otros han seguido. Ha habido diócesis que han tenido que pedir ayuda y pedir generosidad para que se incorporaran nuevos voluntarios. Tampoco ha cesado la atención cuidada y generosa en los centros de atención y acogida a drogodependientes. Son muy vulnerables, y de la atención que se les dispensa depende también su rehabilitación y su nueva integración en la sociedad. Es una dolorosa espada clavada en el corazón de nuestra sociedad la de las mujeres víctimas de la trata, de explotación sexual o de la violencia. Tampoco ahí la Iglesia se ha detenido.

Además de todo ello, ¡hay tanta gente necesitada de esperanza! Los sacerdotes y su entrega han brillado especialmente en este tiempo. Se ha puesto la creatividad a funcionar porque era necesaria, vital. Ha habido multitud de iniciativas para ofrecer la misa diaria utilizando las nuevas tecnologías. Se han creado infinidad de mensajes ofreciendo apoyo y esperanza. Es emblemática la imagen del sacerdote sentado en una silla, y circundado por unos conos de tráfico, es decir, manteniendo y cumpliendo las indicaciones de las autoridades, y cómo iba ofreciendo el sacramento de la confesión o un tiempo de escucha. Muchas iglesias han permanecido abiertas porque había que cuidar el cuerpo, pero también el alma, que, sin esperanza, muere. Hay una esperanza primera, la que nos dice que vamos a salir de esta situación y, después de ella, recuperaremos una vida normalizada, y la esperanza que va más allá, que nos asegura una vida en plenitud. Esa esperanza está bien fundada en Dios. Iglesias abiertas, sacerdotes al servicio de todos para seguir ofreciendo los sacramentos, para escuchar, para aconsejar, para, con humildad, ser luz y consuelo, apoyo y esperanza.

Solo hay una razón que hace posible toda esta labor: la generosidad. Generosidad de tantas personas como han ofrecido y siguen ofreciendo su tiempo, sus cualidades, lo poco o mucho que tienen. Miles de voluntarios laicos, religiosos y religiosas, sacerdotes, todos; y siempre más allá de lo que la razón humana nos puede señalar. El vértice ha sido nuestro sistema sanitario. Gracias. Pero, y con ellos, muchísimas más personas que han entregado su vida cuando la sociedad más lo estaba necesitando. Vamos a rezar y a dar gracias por tantas personas como nos han ofrecido el bello rostro de la humanidad. También vamos a rezar por los que han fallecido porque se han visto contagiados. Dios sabe ser buen pagador. En él confiamos.

(noticia extraida de www.conferenciaepiscopal.es)

 

 

  • Si quieres formar parte, con tu ayuda a tu parroquia o a tu diócesis, también lo puedes hacer desde la web: www.donoamiiglesia.es

 

Llega a Pontevedra la imagen-relicario del Apóstol Santiago

  • Se podrá venerar en las parroquias de la ciudad entre los días 17 y 26 de julio

La imagen-relicario del Apóstol Santiago se puede venerar en Pontevedra desde el viernes, 17 de julio. Su llegada a la ciudad se produce de la mano de una iniciativa puesta en marcha por la Archidiócesis de Santiago de Compostela, a fin de iniciar la preparación espiritual de cara al año próximo, de Jubileo Compostelano. Monseñor D. Jesús Fernández González, recientemente nombrado Obispo de Astorga y que ha sido el encargado de coordinar este proyecto siendo Obispo Auxiliar en esta Archidiócesis, remarca que su propósito fundamental es “llevarnos a la raíz de todo el fenómeno jacobeo, que consiste, exactamente, en la presencia entre nosotros de los restos y la memoria del Apóstol Santiago, primer evangelizador que llegó a nuestras tierras, que nos regaló el Evangelio de Jesucristo y que dio testimonio hasta dar la vida por él”.

De este modo, entre los días 17 y 19 de julio, la imagen-relicario del Apóstol Santiago se hará presente en la parroquia de San José de Pontevedra; después, entre los días 20 y 22 parará en la Real Basílica de Santa María la Mayor; después, entre los días 23 y 25, se le rendirá tributo en la parroquia de su advocación, Santiago Peregrino do Burgo, donde asistirá a la celebración su día grande; concluyendo su itinerario por la Vicaría Territorial Episcopal de Pontevedra durante la jornada del 26 de julio, fecha en la que será compartida por las feligresías de Santa María de Alba y la Virgen del Camino. Precisamente, en la parroquia de Santiago Peregrino do Burgo ya se está celebrando, en su honor, misa y novena a diario, a las 19:30 h., con la salvedad de este domingo, 19 de julio, que será a las 11:00 h.

Acercando esta imagen-relicario del Apóstol Santiago a las parroquias y comunidades de toda la Archidiócesis, se pretende “dar a conocer la figura de Santiago: desde su faceta como amigo del Señor hasta su vertiente espiritual, de cercanía hacia su maestro, pasando lógicamente por su testimonio como testigo del Señor y aprovechando, así mismo, para ofrecer formación sobre el sentido de la peregrinación para que, cuando el próximo año seamos nosotros los que le visitemos en su casa, en la Catedral de Santiago, podamos vivir esa oportunidad desde la espiritualidad”, en palabras del Obispo de Astorga.

 

Oración al Apóstol Santiago para el fin de la pandemia

Oración al Apóstol Santiago para el Año Santo Compostelano 2021

 

Fuente: www.pastoralsantiago.org

 

D. Jesús Fernández nos escribe una carta de despedida y agradecimiento a toda la diócesis de Santiago de Compostela

El obispo electo de Astorga, monseñor Jesús Fernández González, hasta ahora obispo auxiliar de Santiago, ha escrito una carta de despedida y agradecimiento a los sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos de la Iglesia diocesana de Santiago. En ella indica, entre otras cosas, que “junto a sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos he vivido momentos inolvidables en los Retiros, en las reuniones de formación, en los encuentros personales… No se borrarán de mi memoria las sesiones sinodales, las visitas pastorales, las celebraciones”.

Este es el texto íntegro de dicha carta del obispo electo de Astorga, que tomará posesión de su diócesis el próximo día 18 de julio:

 

Carta a los sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos de la Iglesia diocesana de Santiago

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

El pasado 10 de diciembre se celebraba el aniversario de mi elección como Obispo Auxiliar de Santiago por parte del Papa Francisco. Seis años y medio después, me nombra Obispo de Astorga. Al concluir mi ministerio en esta querida Diócesis, os dirijo esta carta de reconocimiento, gratitud y despedida.

Hay momentos en la vida en que hemos de hacer como el maquinista del tren que para cambiar de vía lo frena e incluso lo para. Es lo que hemos hecho con nuestra vida durante el pasado confinamiento y es lo que hago también yo ahora.

Al mirar hacia atrás, rememoro mi entrada en la diócesis, así como la acogida fraterna y el acompañamiento cercano de nuestro querido arzobispo D. Julián. Durante estos años, he gozado de su testimonio creyente, de su sabiduría y de sus constantes atenciones. Le doy las gracias de corazón.

Así mismo, en esta mirada retrospectiva, mantengo vivo el recuerdo de vuestra hospitalidad, iniciativa y responsabilidad; de vuestro espíritu de familia, fe y amor a las tradiciones. Junto a sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos he vivido momentos inolvidables en los Retiros, en las reuniones de formación, en los encuentros personales… No se borrarán de mi memoria las sesiones sinodales, las visitas pastorales, las celebraciones…

En la Bula de la elección como obispo auxiliar de esta Diócesis, el Papa Francisco me decía: «Deseamos de corazón que, siempre unido estrechamente al Arzobispo, trabajes por la Iglesia Compostelana. Además, ten por cierto que no te habrá de faltar la ayuda del Apóstol Santiago, patrono celestial de España ante Dios». Humildemente he de decir que es lo que he tratado de hacer en todo momento. Pero, siendo consciente de mi fragilidad, pido perdón al Señor por mis pecados y también a aquellos hermanos que se hayan sentido desatendidos o, incluso, no debidamente tratados. Por otra parte, lo bueno que haya podido hacer no lo consideréis mérito mío, sino del Señor que es el que hace crecer la simiente: «A Él la gloria por los siglos» (Rom 11,36).

Junto a la gratitud al Señor y a la Iglesia diocesana, vaya también mi agradecimiento a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas, miembros de la curia y del presbiterio, cabildos catedral y colegial, comunidades religiosas y demás Institutos de Vida Consagrada, Seminarios diocesanos, movimientos, asociaciones y grupos de Apostolado seglar. Puedo decir que me he sentido querido y apoyado por todos. Que Dios os lo pague. Por otra parte, siento que las normas sanitarias hayan limitado vuestra presencia en el acto de despedida y la limitarán en el de entrada en la nueva Diócesis.

El Señor y su Iglesia me envían ahora a pastorear la diócesis de Astorga; por ella trabajaré y a ella me entregaré. Por favor, no dejéis de rezar por mí. Os llevo en la mente y en el corazón. Siempre estaréis presentes en mis oraciones. Que el Señor, por la intercesión de la Virgen María y del Apóstol Santiago, os colme de bendiciones. Un saludo fraterno.

 

+ Jesús, Obispo Electo de Astorga

 

Puedes descargarla aquí

Fuente: www.archicompostela.es