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Carta Pastoral do Arcebispo de Santiago de Compostela no Día do Corpus Christi. 14 xuño 2020

 

“Adoremos o Santísimo Sacramento”

 

Queridos diocesanos:

A solemnidade do Corpus Christi anímanos a afondar o que a Eucaristía significa na Igrexa para a vida dos crentes en Cristo. Este ano oriéntanos o lema: “Sentado á mesa con eles” (Lc 24,18), lembrando a pasaxe dos discípulos de Emaús.

O Señor no camiño da pandemia

Tamén nestas circunstancias “o Señor, compadecido da nosa enfermidade pandémica, da nosa desesperanza e soidade, convídanos a atoparnos con El no camiño e a sentar a comer á súa mesa. Espera así que, unidos a El, nos convertamos en testemuñas da fe, forxadores de esperanza, promotores de fraternidade e construtores de solidariedade no medio desta situación tan dolorosa que estamos a atravesar”[1]. Neste horizonte é oportuno lembrar que “a Igrexa vive da Eucaristía. Esta verdade non expresa soamente unha experiencia cotiá de fe, senón que encerra en síntese o núcleo do misterio da Igrexa. A sagrada Eucaristía, en efecto, contén todo o ben espiritual da Igrexa, é dicir, Cristo mesmo, a nosa Pascua e Pan de Vida, que dá a vida aos homes por medio do Espírito Santo. Por tanto a mirada da Igrexa diríxese continuamente ao seu Señor, presente no Sacramento do altar, no cal descobre a plena manifestación do seu inmenso amor”[2]. A Eucaristía, “misterio da nosa fe”, revitaliza a nosa condición cristiá. A solemnidade do Corpus Christi é especialmente un día de loanza e de adoración, de gratitude e de súplica a quen intercede constantemente por nós  ante Deus Pai (cf. Rm 8,34) e que quixo quedar connosco ata o fin dos tempos (cf. Mt 28, 20), dicíndonos que “calquera cousa que fagamos aos demais a El lla facemos” (cf. Mt 25,40). Este ensino de Xesús lévanos a recoñecelo no rostro de todas as persoas, sobre todo nas máis necesitadas que a sociedade deixou ao carón na cultura do descarte.

Eucaristía e Caridade

“Non podemos enganarnos: polo amor recíproco e, en especial, polo desvelo polo necesitado seremos recoñecidos como discípulos auténticos de Cristo (cf. Xn 13,35; Mt 25, 312-46). Este é o criterio básico mercé ao cal se comprobará a autenticidade das nosas celebracións eucarísticas”[3]. Participar na Eucaristía implica asumir o compromiso de vivir en comuñón cos demais, non esquecendo a dimensión social e caritativa da nosa fe. “No corazón do Evanxeo está a vida comunitaria e o compromiso cos outros”. Neste sentido, Caritas é a mesma Igrexa, co seu carácter comunitario e, por tanto a prolongación da manifestación de amor de Xesucristo. Ha de ser factor de animación da comunidade e na comunidade, proxectándose cara á sociedade co anuncio salvífico e os xestos proféticos, como luz posta no candeeiro, e urxíndonos cara a un efectivo amor fraterno con cada ser humano.

Día da Caridade

A Igrexa en España, ao escoitar os latexos do corazón de cada persoa que sempre é sagrada, fai coincidir coa solemnidade do Corpus o Día da Caridade, convidándonos a transformar a realidade na que nos atopamos. Neste senso, ocupan un lugar privilexiado os pobres. O amor a estes é evanxeo que acolle, abraza, e libera. A opción polos pobres é “como unha forma especial de primacía no exercicio da caridade cristiá, da cal dá testemuño toda a tradición da Igrexa”[4]. Así se percibe a relevante dimensión do compromiso caritativo, parte integrante do anuncio da obra salvadora e liberadora de Xesús. O pobre interpélanos e axúdanos a evanxelizarnos. Como pobo que peregrina cara a Deus, a acción caritativa ha de realizarse na Igrexa, coa Igrexa e ao servizo da Igrexa, “que sen deixar de gozarse coas iniciativas dos demais, reivindica para si as obras de caridade como deber e dereito propio que non pode allear”[5]. Quen acolleu o amor de Deus, sente a necesidade de manifestalo a través das súas obras. Por iso, “quen queira vivir con dignidade e plenitude non ten outro camiño máis que recoñecer o outro e buscar o seu ben”[6].

Agradecéndovos vosa xenerosa colaboración económica con Cáritas para axudar os necesitados, saúdavos con todo afecto e bendí no Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Mensaxe da Subcomisión episcopal de acción caritativa e social, 2020, 1.

[2] XOÁN PAULO II, Ecclesia de Eucharistía, 1.

[3] XOÁN PAULO II, Mane nobiscum Domine, 28.

[4] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 198.

[5] Concilio Vaticano II, Decreto “Apostolicam actuositatem”, 8.

[6] XOÁN PAULO II, Mane nobiscum Domine, 9.

 

 

Fuente: www.archicompostela.es

Carta Pastoral del Arzobispo de Santiago de Compostela en el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2020

VERSIÓN GALEGO:

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VERSIÓN CASTELLANO:

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Carta pastoral del arzobispo a todos los diocesanos

El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, ha dado a conocer una carta pastoral, en la que bajo el título de “La pastoral del día después”, anima a todos los diocesanos a recuperar el ritmo de la vida eclesial una vez que se haya superado el estado de alarma.

 

En la festividad de San Marcos. Abril 2020

La pastoral del “día después”

Queridos sacerdotes, diáconos, miembros de Vida Consagrada y laicos:

Poco a poco, y Dios quiera que cuanto antes, nos vamos acercando a ese día después de la situación que estamos viviendo con motivo de la pandemia del coronavirus. La programación pastoral que pensábamos realizar en el comienzo de la Cuaresma hemos tenido que realizarla de otra manera distinta a cómo habíamos pensado.Posiblemente las orientaciones de las autoridades sanitarias cuando sea posible afrontar una determinada normalidad, nos van a condicionar en relación con los hábitos y costumbres que formaban parte de nuestra vida hasta ahora. En este tiempo la familia ha redescubierto y vivido su condición de iglesia doméstica. Pero sentimos ya la necesidad de celebrar fraternal y comunitariamente nuestra fe día a día y sobre todo en el Domingo, día del Señor. Agradecemos las posibilidades que nos han ofrecido los medios telemáticos pero hemos echado en falta las presencias personales.

Momento de transformar

En estos momentos está condicionando el futuro la idea de suspender y trasladar:muchos acontecimientos de tipo pastoral, cultural, social, y deportivo, algunosse suspenden y otros se trasladana nuevas fechas. Nuestra preocupación pastoral debe ser transformarcon creatividad la nueva realidad que va a tocar vivir conforme al espíritu del libro del Apocalipsis. Nos preguntamos ¿qué nos dice el Señor del tiempo y de la historia, el Alfa y el Omega, a la Iglesia que peregrina en Santiago de Compostela en esta tribulación?[1]También como al evangelista San Juan se nos responde hoy: “No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (Apoc 1,17-18). “Mira, hago nuevas todas las cosas… Estas palabras son fieles y verdaderas” (Apoc 21,5). A la luz de las Escrituras hemos de interpretar lo acontecido como Jesús les hizo caer en la cuenta a los discípulos de Emaús. La Iglesia como un río ha seguido discurriendo y reflejando nuestras caras de asombro en sus aguas mientras seguía su curso. Nos dejaba el mensaje de que el contenido de vida cristiana se fundamenta en conocer a Cristo, en vivir la eucaristía, en compartir la propia existencia con los demás y en asumir la acción misionera (cf. Hech 2,42-47). Ahora es necesario retomar las catequesis, preparar la celebración de los sacramentos: bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios, ordenaciones sacerdotales, confesiones, unciones de los enfermos,y recordar en la eucaristía con los familiares a los fallecidos, no olvidando el compromiso caritativo y social. Es la Iglesia humilde y cercana a la condición humana y espiritual del hombre, y portadora de salvación y de esperanza.

Fortalecer las raíces

En la reflexión de nuestro peregrinar por este largo desierto del confinamiento hemos considerado posiblemente que es necesario volver al hecho cristiano fundamental, identificándonos con la persona y la historia de Jesús, y dando testimonio de que el cristianismo es un modo fascinante de vivir la propia humanidad a la hora de dar sentido a la existencia. La enseñanza de los apóstoles, garantes del testimonio de toda la Iglesia, es vivir en espíritu de comunión que se explicita en la unión interna de los corazones manifestada en la unidad, en un mismo ánimo, en compartir los bienes y en la oraciónya sea comunitaria o privada, de súplica, de alabanza, o de acción de gracias.

La Iglesia ha de estar atenta a cuanto se mueve en la sociedad civil yésta debe considerar la propuesta eclesialdemostrándose que cuando se converge en la dignidad y en la realización integral de la persona las características propias de cada institución siempre son complementarias y compatibles. El sentir religioso no desaparecerá jamás porque no se puede eliminar del corazón del hombre la promesa sobre el significado  de la propia vida que siempre bordea el misterio. Nos da confianza en medio de todo saber que el destino de la Iglesia no depende de nosotros y que nosotros dependemos de Cristo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). San Pablo dirá: “Todo lo puedo en Aquel  que me conforta” (Fil 4,13). El fruto no está nunca en nuestras manos. En la misión no va incluido el éxito pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia, ni a la pasividad ni a ser prisioneros de los propios proyectos. “No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que den gloria a Dios”. La realidad siempre es más grande que nuestros esquemas. La vida misma es vocación que debe ser vivida siempre con esperanza cristiana.Es momento de estar con las lámparas encendidas (cf. Lc 12,35). Una Iglesia así interpelará proféticamente y nunca defraudará. “La gracia del Señor Jesús esté con todos” (Apoc 22,21).

Unidos en la oración, también en nombre del Sr. Obispo Auxiliar, os saluda con afecto y bendice en el Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] Cf. Capítulos 2 y 3, 21 y 22 del Libro del Apocalipsis.

 

Carta Pastoral extraida de www.archicompostela.es

 

 

Carta Pastoral de nuestro arzobispo a los laicos diocesanos

 

Pascua de Resurrección 2020

Queridos diocesanos:

A lo largo de estos días en medio de la incertidumbre que seguimos viviendo por causa de la pandemia del coronavirus, nos hemos mantenido unidos en la oración, pensando en tantas familias afectadas por el sufrimiento y encomendando a quienes el Señor ha llamado a su presencia en medio de no poco dolor, sin poder despedirles como sentíamos la necesidad de hacerlo. Tengo el convencimiento de que el apóstol Santiago, amigo del Señor, les habrá acompañado al Pórtico definitivo de la Gloria. Así lo he pedido.

No son momentos fáciles los que se nos avecinan también desde el punto de vista económico. Ya están llamando a las puertas familias y personas que se sienten agobiadas económicamente. La crisis la estamos percibiendo. Ante esto no podemos menos de recordar el pasaje referente a la primitiva comunidad cristiana en el que se nos dice que las personas estaban atendidas y “se repartían los bienes entre todos según la necesidad de cada uno” (Hech 2,42-47). Vemos ya que nuestras Cáritas están sobrepasadas por las muchas personas que han de ser atendidas. Por otra parte, los ingresos en las parroquias en esta temporada no es que hayan descendido, sino que no los ha habido, teniendo que afrontar los gastos ordinarios de su funcionamiento. Son momentos en los que debe prevalecer la generosidad, asumiendo la corresponsabilidad en el sostenimiento de la Iglesia y en la solidaridad con los pobres de cerca y de lejos. Mirar a los demás con los ojos del corazón es tratar de que nadie se quede atrás. En este sentido os hago una llamada a todos los diocesanos, también a las personas de buena voluntad, pidiéndoos vuestra colaboración económica en la forma en que creáis más oportuna y podáis hacerlo, y marcando la X en la declaración de la Renta. El cauce de esa posible aportación podría ser a través de la parroquia o de la Administración diocesana en nº de cuenta: ES25 2080  5155 9730 4006 2341 de ABANCA, o en el portal www.donoamiiglesia.es tratando de aliviar las consecuencias generadas por la pandemia. Esta es mi propuesta y petición que dejo a vuestra generosa consideración.

Os deseo un gozoso tiempo pascual pues “nada nos podrá separar del amor de Dios”, saludándoos con afecto y bendiciéndoos en el Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

 

Fuente: www. archicompostela.es

Nuestro arzobispo nos envía una carta a los laicos diocesanos…

 

Marzo 2020

Carta a los Laicos Diocesanos

Queridos diocesanos:

Os tengo muy presentes en medio de esta incertidumbre que vivimos, siendo necesario asomarnos a la ventana de la esperanza para acoger la voluntad de Dios que siempre es lo mejor aunque a veces humanamente no lo entendamos. Él no está ausente y sigue actuando con su Providencia por caminos que posiblemente no son los que nosotros pretenderíamos. Sabe cuándo hacerse presente y cuándo dar la impresión de que se retira para que no nos adhiramos a Él desde nuestros planes interesados.

Es bueno recordar de dónde venimos. El libro del Génesis nos dice que hemos sido modelados del polvo del suelo y del soplo del Señor (cf. Gen 2,7): si nos cerramos al espíritu sólo quedará la oscuridad de la tierra sin forma. ¡Volvamos a Dios y revivirá nuestro corazón! Dice el papa Francisco: “Hay que temer una fe que se cree  completa… Las ideologías crecen cuando uno cree que tiene la fe completa”. La confianza está en que al final el Señor realizará siempre el milagro como lo hizo en la multiplicación delos panes, en la curación del hijo del funcionario real en Cafarnaún, en la tempestad calmada o en tantas otras situaciones.

También esta dura realidad que estamos afrontando, está dando lugar a entrar dentro de nosotros mismos y ver dónde nos encontramos, generando de una manera imprevista el volver a Dios de quienes después de haber hecho lo que humana y científicamente estaba en sus manos, han comprobado que lo necesitaban y ahora comienzan a hacerse preguntas cuando disponen de un tiempo libre en medio del trabajo de salvar vidas, según el testimonio de un médico italiano. Algunos que no querían dar espacio a Dios en la ciencia, hoy se confiesan creyentes, orientados por la Palabra de Dios y el testimonio de personas convencidas de que perder la vida por los demás es ganarla. Percibimos nuestra desnudez en la pretensión de ser como Dios en el conocimiento del bien y el mal, y de salvarnos confiando en nuestras fuerzas sin darnos cuenta que la salvación viene de Dios, siendo Cristo quien ha asumido la obra de expiación, nos amó y se entregó por nosotros (Gal 2,20). No es bueno escondernos de Dios que siempre viene a nuestro encuentro en medio de nuestros agobios y nos lleva grabados en la palma de sus manos (Is 49,16).

“En este quedarnos en casa” para cuidar la propia salud y la de los demás, estoy seguro que estáis echando en falta algo que hasta ahora teníais, como así me lo habéis manifestado no pocos: la celebración comunitaria de la Eucaristía en unas parroquias y comunidades llamadas a cuidar religiosa y espiritualmente a los que viven y acompañar a los que mueren. Nuestra preocupación no debe ser tanto lo que no podemos hacer cuanto fijarnos en lo que podemos hacer. Es momento para redescubrir el hogar como iglesia doméstica en la que rezar juntos, leer la Palabra de Dios, hacer la catequesis familiar, hablar con sosiego y mostrar que somos capaces de ternura, una actitud que se desea siempre y que se obtiene algunas veces. Soy sabedor de los problemas que internamente afectan a algunas familias, pero os digo que también desde una vida con problemas  y  dificultades podemos llegar a la fe y vivir el encuentro con Dios. Tal vez el Señor nos sitúe en la oscuridad para que podamos apreciar lo que es la luz. Están siendo días convulsos porque no nos faltan zozobras que nublan nuestro horizonte.

Es el momento de acompañar y sentirse acompañado. Las epidemias no están hechas a la medida del hombre, por lo tanto el hombre a veces las considera irreales, un mal sueño que tiene que pasar. Nos cogen siempre desprevenidos. Rezo con vosotros y por vosotros. Con el apóstol Pablo os digo: “Que la esperanza os tenga alegres, manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración, compartid las necesidades” (Rom 12,12). ¡Que el Apóstol Santiago reanime nuestra esperanza! Os encomiendo a nuestra Señora de la Salud.

Con mi afecto y bendición en el Señor.

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

Nuestro arzobispo nos invita a ser Iglesia diocesana en oración

Queridos diocesanos:

En estos momentos de incertidumbre que estamos viviendo, quiero hacer una llamada a la esperanza que nos hace mirar con confianza al futuro que siempre está en manos de Dios. Escribía san Juan Pablo II: “En el programa del Reino de Dios el sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo”.

La providencia de Dios no es ajena a cuanto nos pasa. Como dice el salmista “en las manos del Señor están mis azares”. San Pablo escribió a los romanos: “Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”. La serenidad, la responsabilidad y el espíritu fraterno expresado en la caridad nos ayudarán a superar esta crisis en la que nos vemos por causa del coronavirus que está haciendo cambiar nuestros estilos de vida. Es esperanzador pensar que “la luz del amor divino descansa precisamente sobre las personas que sufren, en las que el esplendor de la creación se ha oscurecido exteriormente; porque ellas de modo particular son semejantes a Cristo crucificado”. En esta encrucijada en que tenemos el riesgo de infravalorar la condición humana por la fragilidad que manifiesta recordamos la grandeza del hombre. Traemos a nuestra memoria las palabras del salmista: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para mirar por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies” (Ps 8).  Pero es posible que nos hayamos escondido de Dios. Sería esta la ocasión de responder a la pregunta que nos hace como le hizo a Adán: ¿Dónde estás? Tal vez estamos pretendiendo ser como Dios y en circunstancias como las que vivimos, descubramos nuestra desnudez. Sería muy bueno ir al encuentro de Dios que a la hora de la brisa  viene a hablar con nosotros en medio de nuestros agobios en este camino cuaresmal.

La modernidad ha aliado al individuo a un proceso productivo a costa del proceso afectivo y del proceso espiritual, relegados éstos a un segundo plano. Tal vez podamos descubrir ahora la posibilidad de nuevas presencias y de relaciones interpersonales. Pido a todos los diocesanos unirnos en oración de manera especial en estos días, rezando juntos el Santo Rosario a las ocho de la tarde desde nuestros hogares que ahora más que nunca han de redescubrirse como iglesia doméstica. No podemos ser testigos mudos del sufrimiento sino testigos de caridad, ofreciendo nuestra colaboración y viviendo en comunión con los demás.

Que el Apóstol Santiago y nuestra Madre la Virgen María nos acompañen. Unido en oración con todos vosotros, os saludo con afecto y bendigo en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

Carta Pastoral de D. Julian Barrio extraida de www. archicompostela.es

En su Carta Pastoral en el Dia de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2019, el arzobispo anima a los laicos a implicarse más activamente en la misión de la Iglesia diocesana

D. Julián Barrio, nuestro arzobispo, ha hecho pública una Carta Pastoral, en la que anima a los laicos a implicarse activamente en la vida de la Iglesia diocesana. El texto se presenta a los diocesanos con motivo del Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar, jornada que se celebrará este próximo domingo día 9 de junio, coincidiendo con Pentecostés.

 

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Inicio del Curso Pastoral

Iniciamos un nuevo Curso Pastoral y por ello, nuestro Obispo Auxiliar Don Jesús invita a todos los laicos y consagrados de la Diócesis a la Asamblea Diocesana del curso 2018/2019. Esta asamblea tendrá lugar en Pontevedra, Santiago y Coruña, en distintas fechas.

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