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Monseñor Barrio recuerda que la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino

En la solemnidad del Corpus Christi la Iglesia celebra su misterio más querido: la Eucaristía, fuente y cima de toda vida cristiana”. Así se expresa monseñor Julián Barrio en una Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi, que se celebrará el domingo día 19 de junio. La Iglesia en España hace coincidir con esta solemnidad el Día de la Caridad, bajo el lema «Somos lo que damos. Somos amor» para celebrar que el amor es lo único que da sentido a nuestra existencia humana.

En su Carta Pastoral, monseñor Barrio señala, además, que la la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino: “Los signos elegidos por el Señor, el pan y el vino, denotan el carácter de la Eucaristía estrechamente vinculado a nuestra vida espiritual como lo es la comida y bebida materiales para nuestro cuerpo”.  Y añade que “la Eucaristía es invitación a todos los que están cansados y agobiados o tienen hambre y sed de salvación, en cualquier necesidad de bienes básicos para vivir, de salud y de consuelo, de justicia y de libertad, de fortaleza y de esperanza, de misericordia y de perdón”.

El arzobispo indica también que “participar en la Eucaristía exige unas actitudes y comportamientos personales y comunitarios como el servicio a los pobres y el testimonio de la caridad fraterna, la promoción y la defensa de la vida humana, el cuidado de los enfermos y de los ancianos, la acogida de los marginados y de los inmigrantes, la cercanía hacia las víctimas de la violencia, el rechazo de toda forma de malos tratos contra las personas y de atentados contra los bienes de uso social, el respeto de los derechos humanos, la creación de empleo, la promoción de una vivienda digna, el trabajo por la justicia y la búsqueda de la paz”.

Texto íntegro de la carta Pastoral:

 

Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. 19 Junio 2022

“Presencia do Señor ata a fin dos tempos”

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Queridos diocesanos:
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Na solemnidade do Corpus Christi a Igrexa celebra o seu misterio máis querido: a Eucaristía, fonte e cima de toda vida cristiá. Nela “contense todo o ben espiritual da Igrexa, é dicir, Cristo en persoa, a nosa pascua e pan vivo, que, pola súa carne vivificada e vivificante polo Espírito Santo, da vida aos homes, que desta maneira son convidados e estimulados a ofrecerse a si mesmos, os seus traballos e as cousas creadas, xuntamente con el” [1].
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A Eucaristía, memorial e presenza

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A Igrexa como unha gran familia reúnese ao redor da mesa do altar e o pan que o Señor nos dá é a súa carne para a nosa vida e a do mundo. Tamén hoxe como o máis pequeno das familias hebreas cando se reunían para celebrar a cea pascual, preguntámoslle ao Señor que significa este misterio. A esta pregunta o Señor respóndenos a través de san Paulo cando falando dunha tradición que procede do Señor e que el nos transmite, dinos: “Cada vez que comedes  deste pan e bebedes do cáliz, proclamades a morte do Señor ata que volva” (1 Cor 11,26). “Facede isto en memoria miña”. A Eucaristía é memoria do Señor e da salvación realizada coa súa morte e resurrección pero á vez é presenza súa real sobre o altar, misteriosa e velada coa que estivo presente na cruz no Calvario. Nós estabamos alí aquel día en que nos fixo pasar “da escravitude á liberdade, das tebras á luz, da morte á vida”[2].
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A Eucaristía, alimento do pobo peregrino

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A multiplicación dos pans no deserto, símbolo e profecía da Eucaristía pon ante a nosa consideración o aspecto existencial que máis se achega á nosa condición humana. “A Eucaristía é tamén o pan que sostén a cuantos peregrinamos neste mundo como o foi para Elías no camiño cara ao monte Horeb.  Oh sacro banquete, en que Cristo é a nosa comida, celébrase o memorial da súa paixón, a alma énchese de graza e dásenos a peza da gloria futura! Os signos elixidos polo Señor, o pan e o viño, denotan o carácter da Eucaristía estreitamente vinculado á nosa vida espiritual como o é a comida e bebida materiais para o noso corpo. O mesmo Cristo anunciouno así: Se non comedes a miña Carne e non bebedes o meu Sangue non tedes vida en vós; o que come a miña Carne e bebe o meu Sangue ten a vida eterna (Xn 6,54-55). A Eucaristía é invitación a todos os que están cansos e angustiados ou teñen fame e sede de salvación, en calquera necesidade de bens básicos para vivir, de saúde e de consolo, de xustiza e de liberdade, de fortaleza e de esperanza, de misericordia e de perdón. Por isto, é alimento que nutre e fortalece tanto ao neno e ao mozo que se inician na vida cristiá como ao adulto que experimenta a súa propia debilidade, e de modo singular é viático para quen está a piques de deixar este mundo”[3].

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Día da Caridade

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Participar na Eucaristía esixe unhas actitudes e comportamentos persoais e comunitarios como “o servizo aos pobres e o testemuño da caridade fraterna, a promoción e a defensa da vida humana, o coidado dos enfermos e dos anciáns, a acollida dos marxinados e dos inmigrantes, a proximidade cara ás vítimas da violencia, o rexeitamento de toda forma de malos tratos contra as persoas e de atentados contra os bens de uso social, o respecto dos dereitos humanos, a creación de emprego, a promoción dunha vivenda digna, o traballo pola xustiza e a procura da paz”[4].
Nesta conciencia a Igrexa en España fai coincidir coa solemnidade do Corpus o Día da Caridade. Comoo  pobo que peregrina cara a Deus, como nolo lembra a celebración do Ano Santo Compostelán, a acción caritativa ha de realizarse na Igrexa, coa Igrexa e ao servizo da Igrexa, “que sen deixar de gozarse coas iniciativas dos demais, reivindica para se as obras de caridade como deber e dereito propio que non pode allear”[5]. Quen acolleu o amor de Deus, sente a necesidade de manifestalo a través das súas obras. Por iso, “quen queira vivir con dignidade e plenitude non ten outro camiño máis que recoñecer ao outro e buscar o seu ben”[6].
Agradecéndovos vosa xenerosa colaboración económica con Cáritas para axudar aos necesitados, saúdavos con todo afecto e bendí no Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

[1] PO 5.

[2] SAN MELITON DE SARDES, Sobre a Pascua, 68.

[3] CEE, A Eucaristía, alimento do pobo peregrino, Madrid 1999, nº 20.

[4] Ibid., nº 69.

[5] Concilio Vaticano II, Decreto “Apostolicam actuositatem”, 8.

[6] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 9.

 

Fuente:archicompostela.es

 

Mons. Barrio destaca el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia

 

En una Carta Pastoral dedicada al Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar, que se celebrará en la solemnidad de Pentecostés, el arzobispo de Santiago recuerda, en continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal, que “se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo”.

En este sentido indica que “no podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia”. Y añade: “la vocación cristiana es por su propia naturaleza vocación apostólica, misionera, evangelizadora”.

En la carta a los laicos, el arzobispo recuerda tres actitudes que configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: “una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción frente al misterio insondable de la libertad humana”.

La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública”, dice mons. Barrio.

 

 

Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2022

“Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita”

 

Queridos diocesanos:

En continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal en el que,  invitados por el papa Francisco para preparar el Sínodo de los Obispos (2023), nos encontramos, se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo (cf. LG 31). No podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Después de la Resurrección el Señor confirió a los apóstoles la misión de anunciar el Evangelio con todas las consecuencias. Hubo dificultades desde el principio pero Pedro ante la prohibición de predicar dirá: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y no les atemoriza ni les abate. No les asusta ser ultrajados con tal de cumplir la misión encomendada. Predicar el Evangelio desemboca en la práctica del culto. Conocer que Cristo ha muerto y resucitado por nuestra salvación ha de llevarnos a adherirnos a Él como nuestro Señor.

En esta Jornada recordamos nuevamente esta consideración del papa Francisco: “He aquí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear  la vida aisladamente… Se necesita una comunidad que nos  sostenga, que nos ayude  y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante. ¿Qué importante es soñar juntos… Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos[1]. “Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial, compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia”[2]. La vocación cristiana es por su propia naturaleza  vocación apostólica, misionera, evangelizadora.

Tres actitudes configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción  frente al misterio insondable de la libertad humana. En nuestro peregrinar apostólico hemos de recordar que hemos sido elegidos en Cristo, amados con Cristo y enviados como Cristo en nuestro Bautismo (cf. Jn 3,3; 5-7). “No podemos obviar el sacramento del Bautismo, porque aquí se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho”[3]. Elegidos como fruto gratuito de una absoluta y amorosa iniciativa del Padre, los cristianos son como una prolongación viviente de Cristo; amados, son como seres transferidos al Reino del Hijo de su Amor hasta que el mismo Cristo habite por la fe  en nuestros corazones (Ef 3,17); enviados, son como testigos vivientes de Cristo para dar fruto y que el fruto permanezca. Sin conciencia de ser elegidos se manifiesta la radical crisis cristiana, sin conciencia de ser amados emerge la irresponsabilidad de la propia identidad ante Dios y ante Cristo, sin conciencia de ser enviados se reduce el cristianismo a puro convencionalismo social o religioso. En este momento caracterizado por cambios imprevisibles que están afectando a la Iglesia, “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad[4].

Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, “garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad”[5]. El papa Francisco nos dice: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración… Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión”[6]La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública, conscientes de que “la Iglesia  no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como hogar entre los hogares, abierto para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección[7].

¡Que el Espíritu Santo nos ilumine en la tarea evangelizadora y revitalice el Apostolado Seglar y la Acción Católica! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Fratelli tutti, 8.

[2] Mensaje de los Obispos. Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, 2022.

[3] Ibid.

[4] PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, nº 1.

[5] Mensaje…

[6] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 25.

[7] FREANCISCO, Fratelli tutti, 276.

 

Fuente: archicompostela.es

El arzobispo de Santiago invita a los diocesanos a unirse al Papa en la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María

 

El Papa Francisco ha invitado a los obispos de todo el mundo, a sus sacerdotes y a todos los fieles a unirse a él en la oración por la paz y en la consagración y encomienda de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María.

Con este motivo, el arzobispo de Santiago de Compostela ha publicado una Carta Pastoral invitando a todos los diocesanos a unirse a las intenciones del Santo Padre en la que muestra su preocupación por las personas que de una u otra manera las están sufriendo la guerra: “Os invito a unirse al papa Francisco que realizará la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María”.

Este acto, que se celebrará en comunión con las Iglesias de todo el mundo en la tarde del viernes 25 de marzo, tendrá lugar en la Basílica de San Pedro de Roma durante la celebración de las”24 horas para el Señor”.

“La Consagración de Rusia y Ucrania que realizará el papa Francisco – continúa mons. Barrio -encuentra un eco especial entre nosotros en el Santuario de las Apariciones de Pontevedra, donde la paz del mundo se hizo promesa por parte de la Madre del cielo”.

 

 

Texto íntegro de la Carta Pastoral:.

 

Carta Pastoral en la Consagración de Rusia  y Ucrania

al Corazón Inmaculado de María,

25 de marzo de 2022

 

Queridos diocesanos:

Sabemos de las trágicas consecuencias que está teniendo la guerra en Ucrania y que toda nuestra preocupación por las personas que de una u otra manera las están sufriendo, siempre será poca. Así se está demostrando en esta corriente de solidaridad y fraternidad que está surgiendo en estos días.

Nuestra fe actúa a través de la caridad y nos impulsa a la oración. En este sentido os invito a unirse al papa Francisco que realizará la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María en la Basílica de San Pedro el próximo día 25 de marzo a las 17 horas, durante la celebración de la Penitencia con la que se inicia en Roma la jornada “24 horas para el Señor”. También es providencia que en España ese día, solemnidad de la Anunciación, celebramos la Jornada por la vida con el lema “Acoger y cuidar la vida, don de Dios”.

La Consagración de Rusia y Ucrania que realizará el papa Francisco encuentra un eco especial entre nosotros en el Santuario de las Apariciones de Pontevedra, donde la paz del mundo se hizo promesa por parte de la Madre del cielo.

Tratando de cuidar siempre la vida y sintiendo la necesidad de intensificar la oración, os pido a todos, sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos acompañar en oración al Santo Padre en este acto.  No  olvidemos que lo que a nosotros nos parece imposible, para Dios no lo es.

En este camino hacia la Pascua a través de la Cuaresma oremos por la paz del mundo. Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Fuente: archicompostela.es

Nuestro arzobispo nos escribe una Carta Pastoral en la que nos invita a vivir esta Cuaresma fortaleciendo nuestro espíritu.

 

En esta ocasión, el arzobispo de Santiago comienza su Carta Pastoral para la Cuaresma recordando el mensaje del papa Francisco para este tiempo litúrgico que se inicia el próximo miércoles día 2 de marzo con la imposición de la ceniza. Monseñor Barrio incide en lo que pontífice nos dice sobre la Cuaresma, que “es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”.

En este sentido, D. Julián nos invita a sembrar generosamente siendo “el ayuno, la limosna y la oración, semillas para esta siembra cuaresmal, que nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción”. Además mons. Barrio nos recuerda que este es un tiempo para “fortalecer nuestro espíritu” y asegura que “las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios”, por lo que nos invita a acudir a Jesús que es “la acequia de  gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos”.

En este camino cuaresmal, el arzobispo invita a participar en la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo, en momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales que se programen en el contexto de esta celebración. Ya que como nos indica “en la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás”.

 

Texto íntegro de la Carta Pastoral:

 

 

Carta Pastoral de mons. Barrio en la Cuaresma del 2022

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Queridos diocesanos:

El Papa en su Mensaje para esta Cuaresma nos dice que ésta es “un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”. En esta perspectiva nos llama a reflexionar sobre este texto de san Pablo a los Gálatas: “No nos cansemos de hacer el bien que, sino desmayamos, a su tiempo cosecharemos” (Gal 6,9-10a). La invitación es a sembrar generosamente porque quien siembra tacañamente no puede pretender cosechar abundantemente. El ayuno, la limosna y la oración, semillas para la siembra cuaresmal,  nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción.

Fortalecer nuestro espíritu

Escribe San Pablo que “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio” (Rom. 8, 28), pero era consciente de que las cosas no iban bien y no acontecían como él hubiera deseado. Tal vez pueda ser esta nuestra impresión. Es el amor de Dios el que pone el bien allí donde, a los ojos del mundo, sólo hay mal. Pues desde el amor el mal se vuelve ocasión para desarrollar el servicio, la acogida, el cuidado, la solidaridad. La caridad no pasará nunca (cf. 1Cor. 13, 8). No debemos dejar que enferme y se debilite nuestro espíritu. Las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios.

Cristo, acequia de gracia

La siembra necesita unas condiciones para que sea fructífera. El hombre que confía en el Señor es como un “un árbol plantado al borde de la  acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas” (Sal 1, 3). Jesús es la acequia de  gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos. San Pablo nos transmite su experiencia: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil. 4,13). El fruto no está nunca en nuestras manos. En la misión no va incluido el éxito, pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia ni a la pasividad. No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que den gloria a Dios. La vida misma es vocación que debe ser vivida siempre con esperanza cristiana, manteniendo las lámparas encendidas (cf. Mt. 25, 1-13) aunque la espera se alargue. Esta actitud interpelará proféticamente y nunca defraudará.

La fe cristiana habla con las manos

La fe cristiana no es el sueño en el que se refugia quien calcula la carga de la vida. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor. 12, 26), toman en serio el dolor del prójimo y les conmueve tratando de hacer algo por remediarlo. En los momentos de oscuridad es cuando mejor se puede percibir el brillar de la única luz verdadera, Jesús Resucitado, que es el amor crucificado de Dios por nosotros. La fe no necesita del sufrimiento para revalorizarse, ni “cotiza al alza” cuando el ser humano está sufriendo, ni Dios nos aguarda pacientemente detrás de la desgracia para que le glorifiquemos. La fe en Cristo habla con las manos, porque “actúa mediante la caridad” (Gal. 5, 2), no olvidando al huérfano y protegiendo a la viuda, para que, cuando presentemos nuestra oración no oigamos: “aunque multipliquéis vuestras plegarias, no os escucharé” (cf. Is. 1, 15-17). “La fe sin obras es una fe muerta” (Sant 2,17). Se nos llama a trabajar por la realización integral de la persona. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[1].

Tatuados en Dios

Cristo ha entregado su vida y está presente en quienes vieron resquebrajarse el suelo sobre el que se apoyaban. Las manos llagadas del resucitado son signo de que el amor del Padre es más fuerte que la muerte: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona (Lc. 24,39). Quienquiera que contemple con fe estas manos podrá reconocer en ellas todo el peso del dolor del mundo y también el realismo de su esperanza. Quien las está mostrando nos dice: “Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos” (Ap. 1, 18). En su resurrección vivimos de su presente eterno y nuestros nombres quedan inscritos en el libro de la vida porque estamos tatuados en Dios: “Yo te llevo grabada como un tatuaje en mis manos” (Is. 49,16).

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal un referente es la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo, recordando las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1]FRANCISCO, Laudato si’, 231.

 

 

Fuente: archicompostela.es

 

Carta Pastoral de nuestro arzobispo en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2022

 

Con motivo de la Campaña de Manos Unidas contra el hambre de este año, nuestro arzobispo Monseñor Barrio nos ha escrito a todos los diocesanos su Carta Pastoral: “Indiferencia y Olvido”.

La tarea que Manos Unidas se plantea para la Campaña de 2022, con el lema “Nuestra indiferencia los condena al olvido”, es evitar que el muro de la indiferencia y la desigualdad condenen al olvido a más de mil millones de personas empobrecidas y hambrientas.

A ello hace referencia en esta carta pastoral D. Julián: “el mes de febrero nos recuerda a través de Manos Unidas que son muchas las personas que incomprensiblemente pasan hambre en nuestro mundo”.  Incide el arzobispo en que “hemos de construir la historia verdaderamente humana a través de la solidaridad y la fraternidad” y que “nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno. Ante los dramas de las personas y de sus miserias, la respuesta es vivir la fraternidad, la solidaridad y la amistad con los más desfavorecidos. Está prohibida la indiferencia

En esa línea Monseñor Barrio añade: “Hemos de mirar atentamente la realidad que nos toca vivir, superando la indiferencia que siempre la desdibuja porque No es posible construir un mundo diferente con gente indiferente y nos invita a todos los diocesanos a ser portadores de esperanzas: “En medio de tantas precauciones para evitar los contagios de la pandemia del coronavirus, la campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre”, ¡hagámoslo!

Texto íntegro de la Carta Pastoral:

 

 

Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2022

Indiferencia y olvido

 

Queridos diocesanos:

Hemos de construir la historia verdaderamente humana a través de la solidaridad y la fraternidad. El mes de febrero nos recuerda a través de Manos Unidas que son muchas las personas que incomprensiblemente pasan hambre en nuestro mundo. Mil trescientos millones viven en situación de pobreza a los que previsiblemente haya que añadir quinientos millones más por los efectos de la pandemia Covid 19. Comprobamos que la pobreza, la desigualdad y el hambre se globalizan y constatamos que no hay vacuna para remediar esta situación. La pobreza no es fruto de la fatalidad ni son culpables los pobres como a veces se argumenta.

Transformar la realidad

El lema de la campaña de este año nos interpela hondamente: “Nuestra indiferencia los condena al olvido”. En estos tiempos de pandemia nos hemos habituado a posponer o a suprimir proyectos que estaban programados. Hemos de mirar atentamente la realidad que nos toca vivir, superando la indiferencia que siempre la desdibuja y la coloca en el trastero de lo viejo. Nuestra preocupación pastoral debe ser transformarla con creatividad, escuchando, viendo y actuando. Nos preguntamos ¿qué nos dice el Señor del tiempo y de la historia, el Alfa y el Omega, a quienes peregrinan en esta tribulación?[1] También como al evangelista San Juan se nos responde hoy: “No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (Ap 1,17-18). “Mira, hago nuevas todas las cosas… Estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21,5).

Servir a las personas

No estamos llamados a servir ideologías sino a personas. Nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno. Ante los dramas de las personas y de sus miserias la respuesta es vivir la fraternidad, la solidaridad y la amistad con los más desfavorecidos. Está prohibida la indiferencia: “No es posible construir un mundo diferente con gente indiferente”. La justicia y la caridad nunca deben mirar hacia atrás, sino hacia adelante, mientras las miserias presentes y futuras a los que hay que atender nos desbordan. Es relativamente fácil hacer estadísticas pero para transformar la realidad hay que comprometerse desde el amor a los pobres, acercándonos a ellos, y desde ese conocimiento buscar soluciones concretas a su lamentable situación. “En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?”[2].

Otro aspecto que debería hacernos reflexionar acerca de nuestras reacciones es que tales realidades parecen cuestionar nuestras convicciones sólo cuando las vivimos de cerca, mientras que nos dejan intelectualmente tranquilos cuando suceden a miles de kilómetros de nuestras sociedades modernas. Como si la fragilidad y la precariedad de la existencia fuesen circunstancias que damos por descontadas en los países “pobres”, pero retan a nuestras creencias cuando nos afectan a los países “ricos”.

Ser portadores de esperanzas

“Todavía, escribe el Papa Francisco, estamos lejos de una globalización de los derechos humanos más básicos. Por eso, la política mundial no puede dejar de colocar entre sus objetivos principales e imperiosos el de acabar eficazmente con el hambre. Porque cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Por otra parte, se desechan toneladas de alimentos. Esto constituye un verdadero escándalo. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable”[3]. Nos recuerda que “la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal… para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”[4]. La verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad[5]. En medio de tantas precauciones para evitar los contagios de la pandemia del coronavirus, la campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre. Esto conlleva la renuncia personal para favorecer el bien colectivo. Así se nos recuerda que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”[6].

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Cf. Capítulos 2 y 3, 21 y 22 del Libro del Apocalipsis.

[2] FRANCISCO, Fratelli tutti, 22.

[3] Ibid., 189.

[4] Ibid., 55.

[5] Cf. Ibid., 47.

[6] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 190.

 

Fuente:archicompostela.es

11 de febrero, Jornada del Enfermo con el lema «Acompañar en el sufrimiento»

 

Hospitales, domicilios, residencias de ancianos. La Iglesia siempre acompaña en el sufrimiento.

La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO. 

«Acompañar en el sufrimiento» es el lema que propone el departamento de Pastoral de la Salud, para esta Jornada instituida hace 30 años por san Juan Pablo II para sensibilizar sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan.

 

¿Ya has leído el Mensaje del Papa Francisco y la Carta Pastoral de nuestro Arzobispo, D. Julián con motivo de esta jornada? En los siguientes enlaces las puedes encontrar.