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Nuestro arzobispo D Julián en su Carta Pastoral para este Adviento nos invita a vivir cristianamente la Navidad saliendo al encuentro de Dios y del prójimo

 

El arzobispo de Santiago, mons. Julián Barrio, acaba de publicar una carta pastoral “Navidad: Condescendencia de Dios” en el que señala que el mensaje del Adviento es que Dios está en camino hacia nosotros: “Se nos llama a vivir este acontecimiento despertándonos de nuestro sueño, modorra e indiferencia, y a esperar al Señor con la cintura ceñida y con aceite en nuestras lámparas a ejemplo de las vírgenes prudentes”.

En su misiva D. Julián indica que “la oración, la caridad y la participación en los sacramentos son los pilares de este puente para que Dios venga a nosotros y nosotros vayamos hacia Él, siempre en actitud de vigilante espera”.

Asimismo señala el Sr. Arzobispo “Navidad  no es sólo el nacimiento de Dios hecho hombre, debe ser también nuestro nacimiento con Él, indicándonos que la vida cristiana es comunión, participación y misión en la Iglesia, esperando al Señor que viene y cumpliendo el mandamiento del amor”. Advierte  en esta carta Pastoral dirigida a todos los diocesanos que “el sentimentalismo de nuestra Navidad socio-religiosa puede distraernos y hacernos olvidar que el Hijo de Dios encarnado “se ha unido en cierto modo con cada hombre.”

Termina su mensaje invitando a llevar “a las personas necesitadas material y espiritualmente la Luz que brilló en Belén, ofreciéndoles nuestra ayuda”.

 

 

Navidad: Condescendencia de Dios

 

Queridos diocesanos:

Iniciamos el tiempo litúrgico del Adviento durante el cual la Iglesia nos acompaña para prepararnos a la celebración de la Navidad. El mensaje del Adviento es que Dios está en camino hacia nosotros. Se nos llama a vivir este acontecimiento despertándonos de nuestro sueño, modorra e indiferencia, y a esperar al Señor con la cintura ceñida y con aceite en nuestras lámparas a ejemplo de las vírgenes prudentes. Es preciso romper nuestras burbujas, siempre dispuestos a ponernos en camino para salir a su encuentro y servir a los demás en una sociedad herida espiritual y materialmente. La oración, la caridad y la participación en los sacramentos son los pilares de este puente para que Dios venga a nosotros y nosotros vayamos hacia Él, siempre en actitud de vigilante espera.  Sólo la conciencia de vivir en un Adviento constante da al hombre la medida de su vida ante Dios. Este tiempo litúrgico nos ofrece la oportunidad providencial de renovar nuestra fe y nuestra esperanza sabiéndonos elegidos en Cristo. Este convencimiento nos ayuda cada día a superar nuestra indigencia cristiana, conscientes de que el verdadero cristiano es el creyente que vive seria y serenamente su vocación a la santidad, su irrenunciable destino de eternidad, y su posibilidad cotidiana de conformar su vida con Cristo, edificando sobre él y no sobre arenas movedizas, nobles en propósitos pero minadas por la desilusión el cansancio y el pesimismo.

Misterio de la Navidad

Así hemos de adentrarnos en el misterio de la Navidad: “Encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12). Vemos que entre la gloria más esplendente de arriba y la pobreza más extrema de abajo hay correspondencia,  armonía y unidad. El Hijo de Dios encarnado desciende en la pobreza como preludio de lo que se consumará después en la cruz y en la Pascua: la salvación de la humanidad. Navidad no es sólo el nacimiento de Dios hecho hombre, debe ser también nuestro nacimiento con Él, indicándonos que la vida cristiana es comunión, participación y misión en la Iglesia, esperando al Señor que viene y cumpliendo el mandamiento del amor no sólo con los demás cristianos sino con todos los hombres de buena voluntad para que de este modo la Iglesia, más allá de sus propias fronteras, pueda brillar con el único mensaje que puede llegar al fondo del corazón de los hombres y convencerlos.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,11). El sentimentalismo de nuestra Navidad socio-religiosa puede distraernos y hacernos olvidar que el Hijo de Dios encarnado “se ha unido en cierto modo con cada hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado”[1]. El Dios hecho hombre nos recuerda que nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno. Hemos de salir al encuentro del prójimo con nuestra ayuda y comprensión, acompañándole y dejándonos acompañar.

La Navidad es Cristo

La encarnación histórica del Hijo de Dios nos sorprende,  superando nuestras previsiones. El anonimato, el pesebre como cuna, la pobreza de unos vulgares pañales, la condición del hijo del carpintero, el hijo real de la Virgen María, el desprestigio humano de verse sin hogar en la convivencia social: estos aspectos no podemos ignorarlos si queremos transformar la realidad en que nos encontramos. Cristo constituye siempre el reto definitivo de la vocación a la autenticidad para el hombre según Dios y el fiel cumplimiento de la vocación a la que ha sido llamado para vivir la filiación y la fraternidad. “El Padre nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef 1,4-6).  Ciertamente sólo Él da la esperanza para que la vida no se vea diluida en la insignificancia. Pero la esperanza es inseparable del amor fraterno y solidario. “Vivir en la caridad es pues un gozoso anuncio para todos, haciendo creíble el amor de Dios que no abandona a nadie”. A esto nos compromete la Navidad con la alegría de los villancicos y sin el agobio de los reclamos consumistas.

Exhortación para la Navidad

Os recuerdo que no debemos amortiguar las consecuencias del mensaje de Jesús sobre los almohadones de nuestros prejuicios y sentimentalismos. Llevemos a las personas necesitadas material y espiritualmente la Luz que brilló en Belén, ofreciéndoles nuestra ayuda. Por mi parte quiero llegar a vuestros hogares y proclamaros ese gran anuncio de esperanza cristiana: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Pido al Niño Dios que bendiga a todas las familias, en especial a las que en estas fechas el recuerdo de las personas queridas se trasluce en tristeza y añoranza. ¡Feliz Navidad a todos!

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] JUAN PABLO II, Redemptor hominis, 8.

 

Fuente:archicompostela.es

Carta Pastoral de D. Julián ante la Jornada de las Personas Sin Hogar 2022: “No permitas que se queden fuera”

 

El próximo domingo 30 de octubre será el Día de las Personas sin Hogar, enmarcado en la Campaña Nadie Sin Hogar, que acentúa las reivindicaciones en esta frase: “Fuera de cobertura”.

Nuestro arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, se ha sumado a esta iniciativa de Cáritas  con una Carta Pastoral, en la que afirma que “un año más la Campaña nos propone que “Digamos Basta. Nadie sin Hogar”, para que los miles de personas afectadas por el sinhogarismo gocen de los mismos derechos, relacionados con la salud, el trabajo, la vivienda digna y el acceso a los servicios sociales”.

D Julián “nos invita , individual y colectivamente, a ser una sociedad inclusiva que genere espacios de comunidad. y así, en unidad, en comunión, debemos concienciarnos de las necesidades, insistir en la reivindicación de sus derechos y contribuir con nuestro apoyo, aportaciones y ayudas a transformar esa realidad”.

Mons. Barrio destaca que “Cáritas, como entidad de la Iglesia Católica, hace 30 años puso en marcha esta iniciativa solidaria contando con la colaboración de otras plataformas que trabajan en el campo de lo social, para tratar de conseguir que toda persona viva con dignidad en un hogar propio, en paz y de manera permanente”. Entidades caritativo-sociales que trabajan con estas personas, y que denuncian las dificultades permanentes que afrontan estos colectivos que viven en la calle, agravadas aún más durante la pandemia.

 

 

Carta Pastoral en el Día de las Personas sin Hogar. Octubre 2022

“Fuera de cobertura”

 

Queridos diocesanos:

En la Campaña “Nadie Sin Hogar 2022”, promovida por Cáritas y un amplio número de entidades sociales, se insiste en el objetivo fundamental de que toda persona viva con dignidad en un hogar propio, de manera permanente y en paz. Este año el lema refleja la realidad sobre la desprotección social y la no realización de los propios derechos, y se nos invita, individual y colectivamente, a ser una sociedad inclusiva que genere espacios de comunidad. Estar fuera de cobertura siempre genera incertidumbre. Así lo percibimos, por ejemplo, al hablar por teléfono cuando una voz anónima advierte de esta circunstancia.

Octubre, día 30

El día central de la Campaña será el 30 de octubre, apostando absolutamente por las personas sin hogar y mirando a sus derechos fundamentales de manera global. Las entidades caritativo-sociales que trabajan con estas personas, denuncian las dificultades permanentes que afrontan estos colectivos que viven en la calle, agravadas aún más durante la pandemia. Cáritas como entidad de la Iglesia Católica, hace 30 años puso en marcha esta iniciativa solidaria contando con la colaboración de otras plataformas que trabajan en el campo de lo social, para tratar de conseguir que toda persona viva con dignidad en un hogar propio, en paz y de manera permanente.

Los mensajes recibidos estos días denuncian que el colectivo de las personas sin hogar estable se encuentra “Fuera de cobertura”, insistiendo en el laberinto al que se enfrentan perdidas en un sistema de protección social que no funciona. No tener hogar significa para esas personas vivir siempre expuestas a las miradas etéreas “que te miran pero no te ven”, o a gestos tal vez despectivos, o a actitudes violentas.

Nada que afecte a los demás, nos debe ser ajeno

Un año más la Campaña nos propone que “Digamos Basta. Nadie sin Hogar”, para que los miles de personas afectadas por el sinhogarismo gocen de los mismos derechos, relacionados con la salud, el trabajo, la vivienda digna y el acceso a los servicios sociales. En unidad, en comunión, debemos insistir en la reivindicación de sus derechos y contribuir con nuestras aportaciones y ayudas a transformar esa realidad.

La pandemia supuso el agravamiento de situaciones de miles de personas que se encontraban en la calle, en una vivienda insegura o inadecuada o que fueron objeto de los alojamientos precarios. Estas realidades confirman que los sistemas de protección social han fallado, y que han fragilizado aún más la ya de por sí debilitada situación de los más vulnerables.

“No permitas que se queden fuera”

La Campaña pretende concienciarnos de las necesidades y reivindicaciones de las personas que precisan además de nuestro apoyo, el de las instituciones y administraciones que tienen competencias para solucionar este grave problema que afecta a miles de personas que duermen en la calle o en lugares poco adecuados o insalubres. Se nos recuerda que debemos reivindicar estos derechos para las personas sin hogar, todos los días, y en todas partes.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

 

Fuente: archicompostela.es

Don Julián nos invita a los diocesanos a rezar por los misioneros y a colaborar pastoral y económicamente con las misiones

 

La Iglesia celebra este domingo día 23 de octubre el día del Domund, la tradicional fiesta misionera en la que se pide oración por los misioneros y apoyo económico a los fieles para la labor que desarrollan. En esta ocasión, el papa Francisco indica que los tres fundamentos de la vida y de la acción misionera son: “Para que seáis mis testigos”, “hasta los confines de la tierra” y “el Espíritu Santo vendrá sobre vosotros y recibiréis su fuerza”.

Con este motivo, el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, ha enviado una carta pastoral a los diocesanos en la que anima “ser misioneros y testigos, conscientes de que la identidad de la Iglesia es evangelizar, anunciando la vida, muerte y resurrección de Cristo por amor a Dios Padre y a los hombres”.

En su carta, el arzobispo compostelano recuerda que la oración, siendo la primera forma de misión, en la misión evangelizadora ha de estar acompañada por la acción caritativa-social “generando procesos de discernimiento cristiano sobre las condiciones de las pobrezas materiales y espirituales, y sobre los anhelos y reivindicaciones de los pobres, alentando el espíritu de caridad, proyectándonos hacia la sociedad con el anuncio y los gestos proféticos, como luz puesta en el candelero, y tratando de vivir un amor activo y concreto con cada ser humano”.

El arzobispo pide también conocer mejor la Sagrada Escritura “como Palabra de Dios para anunciar a Jesucristo con obras y palabras en la vida cotidiana”.

Las colectas que se hagan en los templos en este domingo se dedicarán a las Obras Misionales Pontificias.

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Carta pastoral para la Jornada del Domund 2022

 

Queridos diocesanos:

Cuando Jesús sube al cielo les dice a sus discípulos: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta el confín de la tierra” (Hech 1,8). El don del Espíritu Santo y el testimonio son la garantía de la Iglesia en su misión evangelizadora. Cristo estará donde su Iglesia dé testimonio de él y se entregue por él. Los Apóstoles comenzaron a anunciar a Cristo, acontecimiento que quienes forman la comunidad cristiana deben conocer poniendo su vida bajo esta nueva luz que le da sentido. La universalidad de la verdad de Cristo exige que sea anunciada.

El papa Francisco en su Mensaje para esta Jornada nos dice que los tres fundamentos de la vida y de la acción misionera son: “Para que seáis mis testigos”, “hasta los confines de la tierra” y “el Espíritu Santo vendrá sobre vosotros y recibiréis su fuerza”. Somos llamados a ser misioneros y testigos, conscientes de que la identidad de la Iglesia es evangelizar, anunciando la vida, muerte y resurrección de Cristo por amor a Dios Padre y a los hombres. En estos tiempos de incertidumbre, volvamos a Cristo, la Buena Noticia de la salvación, con alegría y dando testimonio. San Pablo VI escribió: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan,  es porque dan testimonio” (EN 41). Por esto en la evangelización el ejemplo de vida cristiana y el anuncio de Cristo van íntimamente unidos, siendo fundamental la acción del Espíritu Santo, con su fuerza e inspiración. “Recibir el gozo del Espíritu Santo, escribía el papa Francisco, es una gracia. Y es la única fuerza que podemos tener para predicar el Evangelio, para confesar la fe en el Señor” (Domund 2020).

La oración, “que es la primera forma de misión, porque es el Espíritu del Señor el que precede y permite nuestras buenas obras: la primacía es siempre de su gracia” (cf. EG 223), en la misión evangelizadora ha de estar acompañada por la acción caritativa-social, generando procesos de discernimiento cristiano sobre las condiciones de las pobrezas materiales y espirituales, y sobre los anhelos y reivindicaciones de los pobres, alentando el espíritu de caridad, proyectándonos hacia la sociedad con el anuncio y los gestos proféticos, como luz puesta en el candelero, y tratando de vivir un amor activo y concreto con cada ser humano. “No debe olvidarse, ciertamente, que nadie debe quedar excluido de nuestro amor, desde el momento que con la Encarnación del Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre… Es la hora de una nueva imaginación que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno” (NMI 49-50). El amor a los pobres es evangelio que acoge, abraza, y libera. En este sentido, la acción caritativa se conecta con las esperanzas históricas de la humanidad, y con las experiencias originarias de la fe porque derivan de una iniciativa de revelación y redención divinas. Hemos de percibir la amplia dimensión del compromiso caritativo en el anuncio de la obra salvadora y liberadora de Jesús. El pobre nos interpela, debe ser evangelizado y nos ayuda a evangelizarnos. No le podemos tratar de memoria ni por ordenador. La comunidad cristiana tiene el deber y la responsabilidad de ser el sujeto de la acción socio-caritativa, “que sin dejar de gozarse con las iniciativas de los demás, reivindica para si las obras de caridad como deber y derecho propio que no puede enajenar” (AA 8).

También necesitamos conocer mejor la Sagrada Escritura como Palabra de Dios para anunciar a Jesucristo con obras y palabras en la vida cotidiana[1]. El ministerio de la Palabra “tiene como misión iluminar, dar sentido, mostrar el verdadero significado de los acontecimientos. Sólo las Escrituras nos descubren la mirada y los designios de Dios y sólo desde ellas el hombre puede situarse ante la vida como un creyente. De lo contrario permanece ciego, en la obscuridad… La luz no es para ser contemplada ella misma, sino para poder ver la realidad sobre la que se proyecta. La lámpara se coloca sobre el candelero no para ser vista, sino para que vean los que habitan la casa (Mt 5,15)”[2]. Se trata de conocer el sentido de la vida a través de la Palabra de Dios.

Pidamos a la Virgen María, en quien la Palabra se hizo carne, y al Apóstol Santiago que derramó su sangre por el anuncio del Evangelio, intercedan ante el Señor para que fortalezca a todos los misioneros y misioneras en su labor misionera que necesita también de nuestra generosa ayuda económica.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Cf. CEE, La nueva evangelización desde la Palabra de Dios: “Por tu Palabra echaré las redes” (Lc 5,5). Plan Pastoral 2011-2015, Madrid 2012.

[2] F. ECHEVARRÍA, El camino, el pozo y la fatiga. Claves bíblicas para una nueva evangelización, Madrid 1991, 52-53.

 

 

Noticia extraída de: archicompostela.es

Mons. Julián Barrio en la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados: “Necesitamos sociedades impregnadas de una cultura del cuidado común”

 

El próximo domingo día 25 de septiembre se celebra la jornada 108 del Día Mundial de los Migrantes y Refugiados. El lema de este año que propone el Papa es: “Construir el futuro con los migrantes y refugiados”, una clara invitación a promover espacios de acogida y hospitalidad en la Iglesia y en la sociedad. En una Carta Pastoral dedicada a esta jornada, el arzobispo de Santiago de Compostela recuerda que “esto sólo lo podremos hacer acompañando, escuchando, incluyendo y haciendo participar a las personas migradas. Es la forma de decidir nuestro futuro”.

Mons. Barrio destaca que la libertad humana “se desarrolla y madura al abrigo de la austeridad responsable y también del sacrificio por los demás. Por eso, la situación que vivimos nos trae una advertencia que hay que tener en cuenta: necesitamos sociedades impregnadas de una cultura del cuidado común”.

El prelado compostelano indica que “junto al esfuerzo por la justicia y la caridad de la Iglesia, está el de todos los que en la sociedad civil están siendo los buenos samaritanos de este siglo XXI. El Evangelio nos lleva a comprometernos con nuestra sociedad civil, y colaborar con sus estructuras”. Y añade que “la Iglesia representa a una embarcación que navega hacia la ciudadanía de los santos, dispuesta a rescatar y dar cobijo a quienes hayan naufragado en la vida por cualquier causa. Ella mejor que nadie, encarnada en todo tipo de lugares y culturas, sabe cuán enriquecedor resulta, junto a la solidaridad, el intercambio fraterno de experiencias y puntos de vista”.

Termina mons. Barrio en clave diocesana agradeciendo la labor de Caritas en el quehacer caritativo-social: “La doctrina de la Iglesia nos orienta para trabajar en el objetivo de la armonía social, abriendo espacios de cooperación no sólo económica, sino también religiosa y cultural, si de verdad queremos lograr una convivencia justa y pacífica para construir el futuro”.

 

Carta Pastoral de D. Julián Barrio en la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados 2022:

 

 

Construir la cultura del cuidado común

 

Queridos diocesanos:

El próximo domingo, día 25 de septiembre, celebramos la 108 Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados. El lema que nos propone el Papa es: “Construir el futuro con los migrantes y refugiados”, invitándonos a promover espacios de acogida y hospitalidad en la Iglesia y en la sociedad. Pero esto sólo lo podremos hacer acompañando, escuchando, incluyendo y haciendo participar a las personas migradas. Es la forma de decidir nuestro futuro.

La nueva situación nos exige autodisciplina y responsabilidad. Estos valores deben traducirse en comportamientos concretos y cotidianos que no pueden pasarnos desapercibidos. De su observancia depende una nueva experiencia que nos reafirma en la necesidad de considerar en cada momento qué modelo de sociedad y cultura se está promoviendo. Cuando la voluntad individual y sus éxitos se exhiben como si fuesen la genuina expresión de la libertad, ¿cómo detener entonces la inercia del individualismo para que el barco vire en medio de la tormenta rumbo hacia el interés común? ¿Qué tierra acogerá la semilla del cuidado y responsabilidad por los demás, si en ella no se han ido cultivando los valores de la justicia social? “No hay futuro sin justicia. La urgencia de la justicia se da en un mundo dividido y lleno de brechas que se pueden sanar y reconciliar, y nunca convertir en rentas para provechos electorales y para alcanzar el poder”[1].

En todo este proceso hay que reconocer una responsabilidad personal, pero también institucional. La libertad humana no crece espontáneamente como una espora. Se desarrolla y madura al abrigo de la austeridad responsable y también del sacrificio por los demás. Por eso, la situación que vivimos nos trae una advertencia que hay que tener en cuenta: necesitamos sociedades impregnadas de una cultura del cuidado común. “La solidaridad no es un simple sentimiento de compasión con los más débiles o con la persona necesitada que está junto a mí”, es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”[2].

Junto al esfuerzo por la justicia y la caridad de la Iglesia, está el de todos los que en la sociedad civil están siendo los buenos samaritanos de este siglo XXI. El Evangelio nos lleva a comprometernos con nuestra sociedad civil, y colaborar con sus estructuras. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[3].

“Nadie debe ser excluido. Su proyecto es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los habitantes de las periferias existenciales. Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata. Es con ellos que Dios quiere edificar su reino, porque sin ellos no sería el reino que Dios quiere. La inclusión de las personas más vulnerables es una condición necesaria para obtener la plena ciudadanía. De hecho dice el Señor: “Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme (Mt 25,34-36)”[4]. Todos somos miembros de un mismo cuerpo, esencialmente solidarios consciente y moralmente.

Hemos de preguntarnos: ¿cuál es la actitud de quienes nos decimos cristianos ante los migrantes y refugiados? ¿No es posible que nuestra indiferencia contribuya a que estas personas sientan como ajeno un pueblo cuya acogida no se identifica con la que promueve el Evangelio? Necesitamos acompañarles y ser acompañados por ellos. La Iglesia representa a una embarcación que navega hacia la ciudadanía de los santos, dispuesta a rescatar y dar cobijo a quienes hayan naufragado en la vida por cualquier causa. Ella mejor que nadie, encarnada en todo tipo de lugares y culturas, sabe cuán enriquecedor resulta, junto a la solidaridad, el intercambio fraterno de experiencias y puntos de vista. “Aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura” (Heb 13,14).

 

Compromiso diocesano

Agradezco mucho la labor de Caritas en el quehacer caritativo-social. La doctrina de la Iglesia nos orienta para trabajar en el objetivo de la armonía social, abriendo espacios de cooperación no sólo económica, sino también religiosa y cultural, si de verdad queremos lograr una convivencia justa y pacífica para construir el futuro. ¡Tengamos presentes también en nuestra oración a los Migrantes y Refugiados!

 

Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española 2022, 1.

[2] JUAN PABLO II, Sollicitudo rei socialis, 38.

[3] FRANCISCO, Laudato si’, 231.

[4] FRANCISCO, Mensaje para la 108Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2022.

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio recuerda que la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino

En la solemnidad del Corpus Christi la Iglesia celebra su misterio más querido: la Eucaristía, fuente y cima de toda vida cristiana”. Así se expresa monseñor Julián Barrio en una Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi, que se celebrará el domingo día 19 de junio. La Iglesia en España hace coincidir con esta solemnidad el Día de la Caridad, bajo el lema «Somos lo que damos. Somos amor» para celebrar que el amor es lo único que da sentido a nuestra existencia humana.

En su Carta Pastoral, monseñor Barrio señala, además, que la la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino: “Los signos elegidos por el Señor, el pan y el vino, denotan el carácter de la Eucaristía estrechamente vinculado a nuestra vida espiritual como lo es la comida y bebida materiales para nuestro cuerpo”.  Y añade que “la Eucaristía es invitación a todos los que están cansados y agobiados o tienen hambre y sed de salvación, en cualquier necesidad de bienes básicos para vivir, de salud y de consuelo, de justicia y de libertad, de fortaleza y de esperanza, de misericordia y de perdón”.

El arzobispo indica también que “participar en la Eucaristía exige unas actitudes y comportamientos personales y comunitarios como el servicio a los pobres y el testimonio de la caridad fraterna, la promoción y la defensa de la vida humana, el cuidado de los enfermos y de los ancianos, la acogida de los marginados y de los inmigrantes, la cercanía hacia las víctimas de la violencia, el rechazo de toda forma de malos tratos contra las personas y de atentados contra los bienes de uso social, el respeto de los derechos humanos, la creación de empleo, la promoción de una vivienda digna, el trabajo por la justicia y la búsqueda de la paz”.

Texto íntegro de la carta Pastoral:

 

Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. 19 Junio 2022

“Presencia do Señor ata a fin dos tempos”

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Queridos diocesanos:
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Na solemnidade do Corpus Christi a Igrexa celebra o seu misterio máis querido: a Eucaristía, fonte e cima de toda vida cristiá. Nela “contense todo o ben espiritual da Igrexa, é dicir, Cristo en persoa, a nosa pascua e pan vivo, que, pola súa carne vivificada e vivificante polo Espírito Santo, da vida aos homes, que desta maneira son convidados e estimulados a ofrecerse a si mesmos, os seus traballos e as cousas creadas, xuntamente con el” [1].
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A Eucaristía, memorial e presenza

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A Igrexa como unha gran familia reúnese ao redor da mesa do altar e o pan que o Señor nos dá é a súa carne para a nosa vida e a do mundo. Tamén hoxe como o máis pequeno das familias hebreas cando se reunían para celebrar a cea pascual, preguntámoslle ao Señor que significa este misterio. A esta pregunta o Señor respóndenos a través de san Paulo cando falando dunha tradición que procede do Señor e que el nos transmite, dinos: “Cada vez que comedes  deste pan e bebedes do cáliz, proclamades a morte do Señor ata que volva” (1 Cor 11,26). “Facede isto en memoria miña”. A Eucaristía é memoria do Señor e da salvación realizada coa súa morte e resurrección pero á vez é presenza súa real sobre o altar, misteriosa e velada coa que estivo presente na cruz no Calvario. Nós estabamos alí aquel día en que nos fixo pasar “da escravitude á liberdade, das tebras á luz, da morte á vida”[2].
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A Eucaristía, alimento do pobo peregrino

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A multiplicación dos pans no deserto, símbolo e profecía da Eucaristía pon ante a nosa consideración o aspecto existencial que máis se achega á nosa condición humana. “A Eucaristía é tamén o pan que sostén a cuantos peregrinamos neste mundo como o foi para Elías no camiño cara ao monte Horeb.  Oh sacro banquete, en que Cristo é a nosa comida, celébrase o memorial da súa paixón, a alma énchese de graza e dásenos a peza da gloria futura! Os signos elixidos polo Señor, o pan e o viño, denotan o carácter da Eucaristía estreitamente vinculado á nosa vida espiritual como o é a comida e bebida materiais para o noso corpo. O mesmo Cristo anunciouno así: Se non comedes a miña Carne e non bebedes o meu Sangue non tedes vida en vós; o que come a miña Carne e bebe o meu Sangue ten a vida eterna (Xn 6,54-55). A Eucaristía é invitación a todos os que están cansos e angustiados ou teñen fame e sede de salvación, en calquera necesidade de bens básicos para vivir, de saúde e de consolo, de xustiza e de liberdade, de fortaleza e de esperanza, de misericordia e de perdón. Por isto, é alimento que nutre e fortalece tanto ao neno e ao mozo que se inician na vida cristiá como ao adulto que experimenta a súa propia debilidade, e de modo singular é viático para quen está a piques de deixar este mundo”[3].

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Día da Caridade

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Participar na Eucaristía esixe unhas actitudes e comportamentos persoais e comunitarios como “o servizo aos pobres e o testemuño da caridade fraterna, a promoción e a defensa da vida humana, o coidado dos enfermos e dos anciáns, a acollida dos marxinados e dos inmigrantes, a proximidade cara ás vítimas da violencia, o rexeitamento de toda forma de malos tratos contra as persoas e de atentados contra os bens de uso social, o respecto dos dereitos humanos, a creación de emprego, a promoción dunha vivenda digna, o traballo pola xustiza e a procura da paz”[4].
Nesta conciencia a Igrexa en España fai coincidir coa solemnidade do Corpus o Día da Caridade. Comoo  pobo que peregrina cara a Deus, como nolo lembra a celebración do Ano Santo Compostelán, a acción caritativa ha de realizarse na Igrexa, coa Igrexa e ao servizo da Igrexa, “que sen deixar de gozarse coas iniciativas dos demais, reivindica para se as obras de caridade como deber e dereito propio que non pode allear”[5]. Quen acolleu o amor de Deus, sente a necesidade de manifestalo a través das súas obras. Por iso, “quen queira vivir con dignidade e plenitude non ten outro camiño máis que recoñecer ao outro e buscar o seu ben”[6].
Agradecéndovos vosa xenerosa colaboración económica con Cáritas para axudar aos necesitados, saúdavos con todo afecto e bendí no Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

[1] PO 5.

[2] SAN MELITON DE SARDES, Sobre a Pascua, 68.

[3] CEE, A Eucaristía, alimento do pobo peregrino, Madrid 1999, nº 20.

[4] Ibid., nº 69.

[5] Concilio Vaticano II, Decreto “Apostolicam actuositatem”, 8.

[6] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 9.

 

Fuente:archicompostela.es

 

Mons. Barrio destaca el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia

 

En una Carta Pastoral dedicada al Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar, que se celebrará en la solemnidad de Pentecostés, el arzobispo de Santiago recuerda, en continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal, que “se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo”.

En este sentido indica que “no podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia”. Y añade: “la vocación cristiana es por su propia naturaleza vocación apostólica, misionera, evangelizadora”.

En la carta a los laicos, el arzobispo recuerda tres actitudes que configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: “una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción frente al misterio insondable de la libertad humana”.

La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública”, dice mons. Barrio.

 

 

Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2022

“Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita”

 

Queridos diocesanos:

En continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal en el que,  invitados por el papa Francisco para preparar el Sínodo de los Obispos (2023), nos encontramos, se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo (cf. LG 31). No podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Después de la Resurrección el Señor confirió a los apóstoles la misión de anunciar el Evangelio con todas las consecuencias. Hubo dificultades desde el principio pero Pedro ante la prohibición de predicar dirá: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y no les atemoriza ni les abate. No les asusta ser ultrajados con tal de cumplir la misión encomendada. Predicar el Evangelio desemboca en la práctica del culto. Conocer que Cristo ha muerto y resucitado por nuestra salvación ha de llevarnos a adherirnos a Él como nuestro Señor.

En esta Jornada recordamos nuevamente esta consideración del papa Francisco: “He aquí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear  la vida aisladamente… Se necesita una comunidad que nos  sostenga, que nos ayude  y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante. ¿Qué importante es soñar juntos… Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos[1]. “Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial, compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia”[2]. La vocación cristiana es por su propia naturaleza  vocación apostólica, misionera, evangelizadora.

Tres actitudes configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción  frente al misterio insondable de la libertad humana. En nuestro peregrinar apostólico hemos de recordar que hemos sido elegidos en Cristo, amados con Cristo y enviados como Cristo en nuestro Bautismo (cf. Jn 3,3; 5-7). “No podemos obviar el sacramento del Bautismo, porque aquí se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho”[3]. Elegidos como fruto gratuito de una absoluta y amorosa iniciativa del Padre, los cristianos son como una prolongación viviente de Cristo; amados, son como seres transferidos al Reino del Hijo de su Amor hasta que el mismo Cristo habite por la fe  en nuestros corazones (Ef 3,17); enviados, son como testigos vivientes de Cristo para dar fruto y que el fruto permanezca. Sin conciencia de ser elegidos se manifiesta la radical crisis cristiana, sin conciencia de ser amados emerge la irresponsabilidad de la propia identidad ante Dios y ante Cristo, sin conciencia de ser enviados se reduce el cristianismo a puro convencionalismo social o religioso. En este momento caracterizado por cambios imprevisibles que están afectando a la Iglesia, “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad[4].

Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, “garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad”[5]. El papa Francisco nos dice: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración… Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión”[6]La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública, conscientes de que “la Iglesia  no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como hogar entre los hogares, abierto para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección[7].

¡Que el Espíritu Santo nos ilumine en la tarea evangelizadora y revitalice el Apostolado Seglar y la Acción Católica! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Fratelli tutti, 8.

[2] Mensaje de los Obispos. Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, 2022.

[3] Ibid.

[4] PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, nº 1.

[5] Mensaje…

[6] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 25.

[7] FREANCISCO, Fratelli tutti, 276.

 

Fuente: archicompostela.es

El arzobispo de Santiago invita a los diocesanos a unirse al Papa en la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María

 

El Papa Francisco ha invitado a los obispos de todo el mundo, a sus sacerdotes y a todos los fieles a unirse a él en la oración por la paz y en la consagración y encomienda de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María.

Con este motivo, el arzobispo de Santiago de Compostela ha publicado una Carta Pastoral invitando a todos los diocesanos a unirse a las intenciones del Santo Padre en la que muestra su preocupación por las personas que de una u otra manera las están sufriendo la guerra: “Os invito a unirse al papa Francisco que realizará la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María”.

Este acto, que se celebrará en comunión con las Iglesias de todo el mundo en la tarde del viernes 25 de marzo, tendrá lugar en la Basílica de San Pedro de Roma durante la celebración de las”24 horas para el Señor”.

“La Consagración de Rusia y Ucrania que realizará el papa Francisco – continúa mons. Barrio -encuentra un eco especial entre nosotros en el Santuario de las Apariciones de Pontevedra, donde la paz del mundo se hizo promesa por parte de la Madre del cielo”.

 

 

Texto íntegro de la Carta Pastoral:.

 

Carta Pastoral en la Consagración de Rusia  y Ucrania

al Corazón Inmaculado de María,

25 de marzo de 2022

 

Queridos diocesanos:

Sabemos de las trágicas consecuencias que está teniendo la guerra en Ucrania y que toda nuestra preocupación por las personas que de una u otra manera las están sufriendo, siempre será poca. Así se está demostrando en esta corriente de solidaridad y fraternidad que está surgiendo en estos días.

Nuestra fe actúa a través de la caridad y nos impulsa a la oración. En este sentido os invito a unirse al papa Francisco que realizará la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María en la Basílica de San Pedro el próximo día 25 de marzo a las 17 horas, durante la celebración de la Penitencia con la que se inicia en Roma la jornada “24 horas para el Señor”. También es providencia que en España ese día, solemnidad de la Anunciación, celebramos la Jornada por la vida con el lema “Acoger y cuidar la vida, don de Dios”.

La Consagración de Rusia y Ucrania que realizará el papa Francisco encuentra un eco especial entre nosotros en el Santuario de las Apariciones de Pontevedra, donde la paz del mundo se hizo promesa por parte de la Madre del cielo.

Tratando de cuidar siempre la vida y sintiendo la necesidad de intensificar la oración, os pido a todos, sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos acompañar en oración al Santo Padre en este acto.  No  olvidemos que lo que a nosotros nos parece imposible, para Dios no lo es.

En este camino hacia la Pascua a través de la Cuaresma oremos por la paz del mundo. Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Fuente: archicompostela.es

Nuestro arzobispo nos escribe una Carta Pastoral en la que nos invita a vivir esta Cuaresma fortaleciendo nuestro espíritu.

 

En esta ocasión, el arzobispo de Santiago comienza su Carta Pastoral para la Cuaresma recordando el mensaje del papa Francisco para este tiempo litúrgico que se inicia el próximo miércoles día 2 de marzo con la imposición de la ceniza. Monseñor Barrio incide en lo que pontífice nos dice sobre la Cuaresma, que “es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”.

En este sentido, D. Julián nos invita a sembrar generosamente siendo “el ayuno, la limosna y la oración, semillas para esta siembra cuaresmal, que nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción”. Además mons. Barrio nos recuerda que este es un tiempo para “fortalecer nuestro espíritu” y asegura que “las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios”, por lo que nos invita a acudir a Jesús que es “la acequia de  gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos”.

En este camino cuaresmal, el arzobispo invita a participar en la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo, en momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales que se programen en el contexto de esta celebración. Ya que como nos indica “en la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás”.

 

Texto íntegro de la Carta Pastoral:

 

 

Carta Pastoral de mons. Barrio en la Cuaresma del 2022

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Queridos diocesanos:

El Papa en su Mensaje para esta Cuaresma nos dice que ésta es “un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”. En esta perspectiva nos llama a reflexionar sobre este texto de san Pablo a los Gálatas: “No nos cansemos de hacer el bien que, sino desmayamos, a su tiempo cosecharemos” (Gal 6,9-10a). La invitación es a sembrar generosamente porque quien siembra tacañamente no puede pretender cosechar abundantemente. El ayuno, la limosna y la oración, semillas para la siembra cuaresmal,  nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción.

Fortalecer nuestro espíritu

Escribe San Pablo que “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio” (Rom. 8, 28), pero era consciente de que las cosas no iban bien y no acontecían como él hubiera deseado. Tal vez pueda ser esta nuestra impresión. Es el amor de Dios el que pone el bien allí donde, a los ojos del mundo, sólo hay mal. Pues desde el amor el mal se vuelve ocasión para desarrollar el servicio, la acogida, el cuidado, la solidaridad. La caridad no pasará nunca (cf. 1Cor. 13, 8). No debemos dejar que enferme y se debilite nuestro espíritu. Las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios.

Cristo, acequia de gracia

La siembra necesita unas condiciones para que sea fructífera. El hombre que confía en el Señor es como un “un árbol plantado al borde de la  acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas” (Sal 1, 3). Jesús es la acequia de  gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos. San Pablo nos transmite su experiencia: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil. 4,13). El fruto no está nunca en nuestras manos. En la misión no va incluido el éxito, pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia ni a la pasividad. No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que den gloria a Dios. La vida misma es vocación que debe ser vivida siempre con esperanza cristiana, manteniendo las lámparas encendidas (cf. Mt. 25, 1-13) aunque la espera se alargue. Esta actitud interpelará proféticamente y nunca defraudará.

La fe cristiana habla con las manos

La fe cristiana no es el sueño en el que se refugia quien calcula la carga de la vida. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor. 12, 26), toman en serio el dolor del prójimo y les conmueve tratando de hacer algo por remediarlo. En los momentos de oscuridad es cuando mejor se puede percibir el brillar de la única luz verdadera, Jesús Resucitado, que es el amor crucificado de Dios por nosotros. La fe no necesita del sufrimiento para revalorizarse, ni “cotiza al alza” cuando el ser humano está sufriendo, ni Dios nos aguarda pacientemente detrás de la desgracia para que le glorifiquemos. La fe en Cristo habla con las manos, porque “actúa mediante la caridad” (Gal. 5, 2), no olvidando al huérfano y protegiendo a la viuda, para que, cuando presentemos nuestra oración no oigamos: “aunque multipliquéis vuestras plegarias, no os escucharé” (cf. Is. 1, 15-17). “La fe sin obras es una fe muerta” (Sant 2,17). Se nos llama a trabajar por la realización integral de la persona. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[1].

Tatuados en Dios

Cristo ha entregado su vida y está presente en quienes vieron resquebrajarse el suelo sobre el que se apoyaban. Las manos llagadas del resucitado son signo de que el amor del Padre es más fuerte que la muerte: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona (Lc. 24,39). Quienquiera que contemple con fe estas manos podrá reconocer en ellas todo el peso del dolor del mundo y también el realismo de su esperanza. Quien las está mostrando nos dice: “Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos” (Ap. 1, 18). En su resurrección vivimos de su presente eterno y nuestros nombres quedan inscritos en el libro de la vida porque estamos tatuados en Dios: “Yo te llevo grabada como un tatuaje en mis manos” (Is. 49,16).

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal un referente es la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo, recordando las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1]FRANCISCO, Laudato si’, 231.

 

 

Fuente: archicompostela.es

 

Carta Pastoral de nuestro arzobispo en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2022

 

Con motivo de la Campaña de Manos Unidas contra el hambre de este año, nuestro arzobispo Monseñor Barrio nos ha escrito a todos los diocesanos su Carta Pastoral: “Indiferencia y Olvido”.

La tarea que Manos Unidas se plantea para la Campaña de 2022, con el lema “Nuestra indiferencia los condena al olvido”, es evitar que el muro de la indiferencia y la desigualdad condenen al olvido a más de mil millones de personas empobrecidas y hambrientas.

A ello hace referencia en esta carta pastoral D. Julián: “el mes de febrero nos recuerda a través de Manos Unidas que son muchas las personas que incomprensiblemente pasan hambre en nuestro mundo”.  Incide el arzobispo en que “hemos de construir la historia verdaderamente humana a través de la solidaridad y la fraternidad” y que “nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno. Ante los dramas de las personas y de sus miserias, la respuesta es vivir la fraternidad, la solidaridad y la amistad con los más desfavorecidos. Está prohibida la indiferencia

En esa línea Monseñor Barrio añade: “Hemos de mirar atentamente la realidad que nos toca vivir, superando la indiferencia que siempre la desdibuja porque No es posible construir un mundo diferente con gente indiferente y nos invita a todos los diocesanos a ser portadores de esperanzas: “En medio de tantas precauciones para evitar los contagios de la pandemia del coronavirus, la campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre”, ¡hagámoslo!

Texto íntegro de la Carta Pastoral:

 

 

Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2022

Indiferencia y olvido

 

Queridos diocesanos:

Hemos de construir la historia verdaderamente humana a través de la solidaridad y la fraternidad. El mes de febrero nos recuerda a través de Manos Unidas que son muchas las personas que incomprensiblemente pasan hambre en nuestro mundo. Mil trescientos millones viven en situación de pobreza a los que previsiblemente haya que añadir quinientos millones más por los efectos de la pandemia Covid 19. Comprobamos que la pobreza, la desigualdad y el hambre se globalizan y constatamos que no hay vacuna para remediar esta situación. La pobreza no es fruto de la fatalidad ni son culpables los pobres como a veces se argumenta.

Transformar la realidad

El lema de la campaña de este año nos interpela hondamente: “Nuestra indiferencia los condena al olvido”. En estos tiempos de pandemia nos hemos habituado a posponer o a suprimir proyectos que estaban programados. Hemos de mirar atentamente la realidad que nos toca vivir, superando la indiferencia que siempre la desdibuja y la coloca en el trastero de lo viejo. Nuestra preocupación pastoral debe ser transformarla con creatividad, escuchando, viendo y actuando. Nos preguntamos ¿qué nos dice el Señor del tiempo y de la historia, el Alfa y el Omega, a quienes peregrinan en esta tribulación?[1] También como al evangelista San Juan se nos responde hoy: “No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (Ap 1,17-18). “Mira, hago nuevas todas las cosas… Estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21,5).

Servir a las personas

No estamos llamados a servir ideologías sino a personas. Nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno. Ante los dramas de las personas y de sus miserias la respuesta es vivir la fraternidad, la solidaridad y la amistad con los más desfavorecidos. Está prohibida la indiferencia: “No es posible construir un mundo diferente con gente indiferente”. La justicia y la caridad nunca deben mirar hacia atrás, sino hacia adelante, mientras las miserias presentes y futuras a los que hay que atender nos desbordan. Es relativamente fácil hacer estadísticas pero para transformar la realidad hay que comprometerse desde el amor a los pobres, acercándonos a ellos, y desde ese conocimiento buscar soluciones concretas a su lamentable situación. “En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?”[2].

Otro aspecto que debería hacernos reflexionar acerca de nuestras reacciones es que tales realidades parecen cuestionar nuestras convicciones sólo cuando las vivimos de cerca, mientras que nos dejan intelectualmente tranquilos cuando suceden a miles de kilómetros de nuestras sociedades modernas. Como si la fragilidad y la precariedad de la existencia fuesen circunstancias que damos por descontadas en los países “pobres”, pero retan a nuestras creencias cuando nos afectan a los países “ricos”.

Ser portadores de esperanzas

“Todavía, escribe el Papa Francisco, estamos lejos de una globalización de los derechos humanos más básicos. Por eso, la política mundial no puede dejar de colocar entre sus objetivos principales e imperiosos el de acabar eficazmente con el hambre. Porque cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Por otra parte, se desechan toneladas de alimentos. Esto constituye un verdadero escándalo. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable”[3]. Nos recuerda que “la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal… para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”[4]. La verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad[5]. En medio de tantas precauciones para evitar los contagios de la pandemia del coronavirus, la campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre. Esto conlleva la renuncia personal para favorecer el bien colectivo. Así se nos recuerda que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”[6].

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Cf. Capítulos 2 y 3, 21 y 22 del Libro del Apocalipsis.

[2] FRANCISCO, Fratelli tutti, 22.

[3] Ibid., 189.

[4] Ibid., 55.

[5] Cf. Ibid., 47.

[6] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 190.

 

Fuente:archicompostela.es

11 de febrero, Jornada del Enfermo con el lema «Acompañar en el sufrimiento»

 

Hospitales, domicilios, residencias de ancianos. La Iglesia siempre acompaña en el sufrimiento.

La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO. 

«Acompañar en el sufrimiento» es el lema que propone el departamento de Pastoral de la Salud, para esta Jornada instituida hace 30 años por san Juan Pablo II para sensibilizar sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan.

 

¿Ya has leído el Mensaje del Papa Francisco y la Carta Pastoral de nuestro Arzobispo, D. Julián con motivo de esta jornada? En los siguientes enlaces las puedes encontrar.