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Monseñor Barrio recuerda que la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino

En la solemnidad del Corpus Christi la Iglesia celebra su misterio más querido: la Eucaristía, fuente y cima de toda vida cristiana”. Así se expresa monseñor Julián Barrio en una Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi, que se celebrará el domingo día 19 de junio. La Iglesia en España hace coincidir con esta solemnidad el Día de la Caridad, bajo el lema «Somos lo que damos. Somos amor» para celebrar que el amor es lo único que da sentido a nuestra existencia humana.

En su Carta Pastoral, monseñor Barrio señala, además, que la la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino: “Los signos elegidos por el Señor, el pan y el vino, denotan el carácter de la Eucaristía estrechamente vinculado a nuestra vida espiritual como lo es la comida y bebida materiales para nuestro cuerpo”.  Y añade que “la Eucaristía es invitación a todos los que están cansados y agobiados o tienen hambre y sed de salvación, en cualquier necesidad de bienes básicos para vivir, de salud y de consuelo, de justicia y de libertad, de fortaleza y de esperanza, de misericordia y de perdón”.

El arzobispo indica también que “participar en la Eucaristía exige unas actitudes y comportamientos personales y comunitarios como el servicio a los pobres y el testimonio de la caridad fraterna, la promoción y la defensa de la vida humana, el cuidado de los enfermos y de los ancianos, la acogida de los marginados y de los inmigrantes, la cercanía hacia las víctimas de la violencia, el rechazo de toda forma de malos tratos contra las personas y de atentados contra los bienes de uso social, el respeto de los derechos humanos, la creación de empleo, la promoción de una vivienda digna, el trabajo por la justicia y la búsqueda de la paz”.

Texto íntegro de la carta Pastoral:

 

Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. 19 Junio 2022

“Presencia do Señor ata a fin dos tempos”

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Queridos diocesanos:
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Na solemnidade do Corpus Christi a Igrexa celebra o seu misterio máis querido: a Eucaristía, fonte e cima de toda vida cristiá. Nela “contense todo o ben espiritual da Igrexa, é dicir, Cristo en persoa, a nosa pascua e pan vivo, que, pola súa carne vivificada e vivificante polo Espírito Santo, da vida aos homes, que desta maneira son convidados e estimulados a ofrecerse a si mesmos, os seus traballos e as cousas creadas, xuntamente con el” [1].
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A Eucaristía, memorial e presenza

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A Igrexa como unha gran familia reúnese ao redor da mesa do altar e o pan que o Señor nos dá é a súa carne para a nosa vida e a do mundo. Tamén hoxe como o máis pequeno das familias hebreas cando se reunían para celebrar a cea pascual, preguntámoslle ao Señor que significa este misterio. A esta pregunta o Señor respóndenos a través de san Paulo cando falando dunha tradición que procede do Señor e que el nos transmite, dinos: “Cada vez que comedes  deste pan e bebedes do cáliz, proclamades a morte do Señor ata que volva” (1 Cor 11,26). “Facede isto en memoria miña”. A Eucaristía é memoria do Señor e da salvación realizada coa súa morte e resurrección pero á vez é presenza súa real sobre o altar, misteriosa e velada coa que estivo presente na cruz no Calvario. Nós estabamos alí aquel día en que nos fixo pasar “da escravitude á liberdade, das tebras á luz, da morte á vida”[2].
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A Eucaristía, alimento do pobo peregrino

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A multiplicación dos pans no deserto, símbolo e profecía da Eucaristía pon ante a nosa consideración o aspecto existencial que máis se achega á nosa condición humana. “A Eucaristía é tamén o pan que sostén a cuantos peregrinamos neste mundo como o foi para Elías no camiño cara ao monte Horeb.  Oh sacro banquete, en que Cristo é a nosa comida, celébrase o memorial da súa paixón, a alma énchese de graza e dásenos a peza da gloria futura! Os signos elixidos polo Señor, o pan e o viño, denotan o carácter da Eucaristía estreitamente vinculado á nosa vida espiritual como o é a comida e bebida materiais para o noso corpo. O mesmo Cristo anunciouno así: Se non comedes a miña Carne e non bebedes o meu Sangue non tedes vida en vós; o que come a miña Carne e bebe o meu Sangue ten a vida eterna (Xn 6,54-55). A Eucaristía é invitación a todos os que están cansos e angustiados ou teñen fame e sede de salvación, en calquera necesidade de bens básicos para vivir, de saúde e de consolo, de xustiza e de liberdade, de fortaleza e de esperanza, de misericordia e de perdón. Por isto, é alimento que nutre e fortalece tanto ao neno e ao mozo que se inician na vida cristiá como ao adulto que experimenta a súa propia debilidade, e de modo singular é viático para quen está a piques de deixar este mundo”[3].

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Día da Caridade

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Participar na Eucaristía esixe unhas actitudes e comportamentos persoais e comunitarios como “o servizo aos pobres e o testemuño da caridade fraterna, a promoción e a defensa da vida humana, o coidado dos enfermos e dos anciáns, a acollida dos marxinados e dos inmigrantes, a proximidade cara ás vítimas da violencia, o rexeitamento de toda forma de malos tratos contra as persoas e de atentados contra os bens de uso social, o respecto dos dereitos humanos, a creación de emprego, a promoción dunha vivenda digna, o traballo pola xustiza e a procura da paz”[4].
Nesta conciencia a Igrexa en España fai coincidir coa solemnidade do Corpus o Día da Caridade. Comoo  pobo que peregrina cara a Deus, como nolo lembra a celebración do Ano Santo Compostelán, a acción caritativa ha de realizarse na Igrexa, coa Igrexa e ao servizo da Igrexa, “que sen deixar de gozarse coas iniciativas dos demais, reivindica para se as obras de caridade como deber e dereito propio que non pode allear”[5]. Quen acolleu o amor de Deus, sente a necesidade de manifestalo a través das súas obras. Por iso, “quen queira vivir con dignidade e plenitude non ten outro camiño máis que recoñecer ao outro e buscar o seu ben”[6].
Agradecéndovos vosa xenerosa colaboración económica con Cáritas para axudar aos necesitados, saúdavos con todo afecto e bendí no Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

[1] PO 5.

[2] SAN MELITON DE SARDES, Sobre a Pascua, 68.

[3] CEE, A Eucaristía, alimento do pobo peregrino, Madrid 1999, nº 20.

[4] Ibid., nº 69.

[5] Concilio Vaticano II, Decreto “Apostolicam actuositatem”, 8.

[6] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 9.

 

Fuente:archicompostela.es

 

Mensaje del Corpus Christi, Día de la Caridad: «De la adoración al compromiso»

 

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social hacen público el Mensaje para la solemnidad del Corpus Christi, Dia de la Caridad, que la Iglesia celebra el domingo 19 de junio«De la adoración al compromiso» es el título que encabeza el escrito.

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«De la adoración al compromiso»
Mensaje para la Solemnidad del Corpus Christi 2022

La solemnidad del Corpus Christi nos permite revivir el clima intenso de la última Cena y nos
conduce a lo que es fundamental en nuestra vida y misión como cristianos, “la fuente y el culmen de toda evangelización”: la Sagrada Eucaristía.

Mirar con ojos pascuales

En este año tan convulso y al mismo tiempo tan lleno de esperanza, los obispos, como pastores de la Iglesia de Jesucristo, queremos alentar el ánimo y la alegría cristianaTiempo convulso. Por segundo año, hemos vivido la pandemia de la COVID-19 con su carga de enfermedad, soledad y muerteA ella se suman las guerras en Ucrania y en otras muchas partes del mundo. Los desplazamientos forzosos, la violencia, el dolor, la tortura y la muerte que provocan, hieren el corazón de Dios. También vivimos un tiempo de esperanza porque estas realidades, los sufrimientos personales y comunitarios, no nos dejan desamparados, sino que nos adentran en el Corazón de Cristo, crucificado y resucitado, fuente de toda esperanza. Las llagas del Señor crucificado son transfiguradas en el Cuerpo del Resucitado.

No podemos celebrar la solemnidad del “Corpus Christi”, memorial de encuentro y entrega de Cristo, sin vivir y experimentar la profunda e inseparable unidad entre la fe y la vida; la unidad entre la Eucaristía y la caridad.

Agradecimiento y compromiso

Ante estas situaciones dolorosas, la respuesta e implicación solidaria de la sociedad, en su conjunto, está siendo encomiable, como lo está siendo también por parte de la Iglesia y de Cáritas. Realmente, no podemos permanecer ajenos al dolor y al sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas ucranianas y del resto del mundo. Toda nuestra persona vibra ante esta realidad que Cristo hizo suya y redimió en la cruz y que anticipó sacramentalmente en la última Cena. Porque en el Cenáculo se anticipa lo que fue el sacrificio del Gólgota: la muerte del Verbo encarnado; Él es el Cordero que se entregó libremente y se inmoló por nosotros. Él es nuestra Paz.

Queremos agradecer tantas muestras de solidaridad, al tiempo que advertimos que ésta no puede ser “flor de un día”. Se necesita un compromiso solidario, estable. Tengamos presente la invitación que el apóstol S. Pablo dirigía a los fieles de Galacia, y que el Papa Francisco nos recordaba en su Mensaje para la Cuaresma de este año: “No nos cansemos de hacer el bien” (Ga 6,9). Estamos invitados a ser sembradores de semillas de bien, de justicia y de caridad para un mundo más humano, justo y pacífico porque “no tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y auxilio de las sociedades heridas” (Fratelli tutti 77 =FT).

Caridad

Con la narración del milagro de la multiplicación de los panes, dentro del contexto litúrgico del “Corpus Christi”, san Lucas nos ayuda a entender mejor el don del Misterio eucarísticoEs un acontecimiento que nos asombra y que se prolonga de forma incesante en la Iglesia que, a lo largo de la historia, parte y comparte el Pan de la Vida nueva para todo hombre y mujer de cualquier raza y cultura, sobre todo a través de la acción de Cáritas.

Este año celebramos el 75º Aniversario de esta institución“75 años de amor por los demás”, de
lucha contra la pobreza y de promoción del desarrollo integral de las personas, especialmente de los más pobres y excluidos dentro y fuera de nuestras fronteras. ¡Felicidades Cáritas!

Lo más importante de esta historia de amor y servicio son las miles de personas en nuestro país y en muchas partes del mundo que le han confiado su vida y tantas otras (voluntarios, trabajadores, donantes…) cuya generosidad ha generado nuevas ilusiones, oportunidades y esperanzas. Lamentablemente, su acción va a ser cada vez más necesaria en un contexto de inequidad provocado por los modelos económicos y el contexto concreto de encarecimiento de la energía y la consiguiente inflación.

Fraternidad abierta y universal

“Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Porque no hemos recibido el espíritu de esclavos para caer en el temor; sino que se os ha dado un Espíritu de hijos adoptivos que os hace gritar: “¡Abba! ¡Padre!” El Espíritu en persona se une a nuestro espíritu para confirmar que somos hijos de Dios” (Rm 8,5-27).

Ciertamente, cuando vivimos esta experiencia, el ejercicio de la fraternidad no es un deber categórico, sino un impulso del corazón que nos encamina hacia los hermanos y nos empuja a la fraternidad. Todos estamos invitados a caminar juntos viviendo la sinodalidad, es decir, dejándonos guiar por la luz del Espíritu Santo, escuchándonos unos a otros y prestando especial atención a los que están en la periferia. El camino sinodal es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Ellos son compañeros de camino.

Paz y presencia

Nos dice San Pablo: “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Co 11, 26); palabras que nos invitan a anunciar la muerte redentora de Cristo y que fortalecen nuestra esperanza en el encuentro definitivo con Él. Urge abrir caminos de esperanza, en la certeza de que Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien (cf. FT 54).

En el camino de la vida no estamos solos, Cristo camina con nosotros y nos alimenta con el Pan de Vida “panís angelorum, factus cibus viatorum”. Jesús es alimento espiritual que ayuda, sostiene y fortalece la esperanza de los creyentes; la piedra angular que nos fundamenta en el itinerario hacia el cielo al tiempo que consolida la comunión en la que vivimos cotidianamente con la Iglesia celestial.

Santa Teresa de Calcuta, la Santa de los más pobres entre los pobres, habla así del Santísimo Sacramento: “El privilegio que tenemos de adorarle cada día es uno de sus más grandes regalos. Si tienes un corazón limpio, siempre podrás ver esa conexión hermosa entre el Pan de vida y el cuerpo roto de Cristo en el pobre”.

En este día nos recogemos y nos adentramos en el silencio ante el misterio de la fe. Contemplamos el “asombro eucarístico”, como lo llamó san Juan Pablo II, y con agradecimiento adoramos el sacramento en el que Cristo quiso “concentrar” para siempre su amor infinito. Por tanto, la solemnidad del “Corpus Christi” hace que nuestra vida cristiana junto a la adoración nos lleve de la mano al compromiso para transformar con Cristo la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste (cf. NMI 29). La presencia de Cristo nos dona la paz que necesitamos y que necesita el mundo; una paz que nos lleva a estar presentes junto al Cuerpo de Cristo en los necesitados.

“Te adoramos, oh verdadero Cuerpo nacido de la Virgen María”. Amén.

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Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Carta Pastoral de nuestro arzobispo en el día del Corpus Christi y el Día de la Caridad: “una llamada a estar pendientes de los demás”

El próximo domingo día 6 de junio, Día del Corpus Christi, la Iglesia celebra el Día de la Caridad, coincidencia de fechas que, según recuerda el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, la Iglesia ve “como llamada a estar pendientes de los demás, sobre todo de los más pobres y necesitados material y espiritualmente. Como pueblo que peregrina hacia Dios, la acción caritativa ha de realizarse en la Iglesia, con la Iglesia y al servicio de la Iglesia”.

En la Carta Pastoral escrita con este motivo por el arzobispo de Santiago se indica que el misterio eucarístico del Corpus Christi es para los cristianos una ocasión para testimoniar la caridad “con nuestra actitud al servicio de los últimos con el objetivo de construir una sociedad más justa y fraterna. Esta necesidad la estamos percibiendo de manera especial en las consecuencias de esta pandemia que está visibilizando duramente nuestra vulnerabilidad. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren”.

En este Día de la Caridad, tal y como explica monseñor Julián Barrio, al reflexionar sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, los cristianos deberían de reflexionar sobre su compromiso con los más necesitados: “La solemnidad del Corpus Christi fundamenta la misión evangelizadora en una sociedad secularizada.  La Eucaristía ha estado siempre en el centro de la vida de la Iglesia.  La crisis de fe lleva a preguntar cuántos creen que Jesús está real y verdaderamente presente en la Eucaristía. Con frecuencia tratamos de adecentar la fachada sin darnos cuenta que los cimientos se están resquebrajando, lo que se manifiesta en el proceso de descristianización. La preocupación es buscar una renovación tanto exterior como interior de la comunidad cristiana ”, indica el arzobispo.

Tras recordar que el “amor de Dios y el amor al prójimo son inseparables”, el arzobispo agradece a todos los diocesanos “vuestra generosa colaboración económica con Cáritas para ayudar a los necesitados”.

El arzobispo presidirá el domingo día 6 de junio la celebración del Corpus Christi a las 19:30 horas en la Catedral, con una posterior procesión en el interior del templo, tras la cual procederá a la Bendición con el Santísimo Sacramento.

 

 

Fuente: archicompostela.es