El Papa Francisco nos invita a detenernos en Cuaresma.

El papa Francisco ha hecho público su mensaje para la Cuaresma 2024, titulado “A través del desierto Dios nos guía a la libertad” . Este tiempo litúrgico comenzará el próximo 14 de febrero, Miércoles de Ceniza.

El Papa subraya en su escrito que «es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido«.

Texto íntegro:

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A través del desierto Dios nos guía a la libertad

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Queridos hermanos y hermanas:

Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.

El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen.

En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.

Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.

Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.

Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (Mt 6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.[1]

Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de diciembre de 2023, I Domingo de Adviento.

FRANCISCO

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[1] Cf. Ch. Péguy, El pórtico del misterio de la segunda virtud, Madrid 1991, 21-23.

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Francisco en la Jornada Nacional de Manos Unidas

Jornada Nacional de Manos Unidas
LXV Campaña contra el hambre
11 de febrero de 2024
“El efecto ser humano”

 

Recientemente nos recordaba el papa Francisco, en su exhortación apostólica Laudate Deum (Roma 2023), que “por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes”, y “ya no se puede dudar del origen humano —“antrópico”— del cambio climático” (nn. 5 y 11). En la Campaña contra el hambre de 2024, Manos Unidas, organización de la Iglesia en España para la cooperación al desarrollo, en su misión de trabajar por erradicar la pobreza, el hambre, la miseria y luchar por el respeto a los derechos humanos, nos recuerda que “hay una injusticia que encuentra su origen en el propio cambio climático, y exige una justa reparación para que millones de seres humanos puedan vivir dignamente”.

A pesar de los intentos de negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático son una evidencia, y “ya no se trata de una cuestión secundaria o ideológica, sino de un drama que nos daña a todos”, cuyos efectos los “sentiremos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc.” (Laudate Deum 2 y 3). En el cuidado de la casa común los creyentes tenemos una especial responsabilidad que brota de nuestra fe en el Dios Creador (Gen 1,31: “Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno”): no podemos olvidar que, como don de Dios, “la tierra nos precede y nos ha sido dada” para cuidarla, preservarla y protegerla, porque “la tierra es del Señor” (Sal 24,1), a Él pertenece “la tierra y cuanto hay en ella” (Dt 10,14). Por ello, frente al desaforado consumismo o la pretensión de un “merecido” beneficio económico sin límites, debemos interrogarnos: “en la propia conciencia, y ante el rostro de los hijos que pagarán el daño de sus acciones, aparece la pregunta por el sentido: ¿qué sentido tiene mi vida, qué sentido tiene mi paso por esta tierra, qué sentido tienen, en definitiva, mi trabajo y mi esfuerzo?” (Laudate Deum 33).

En la vida personal y familiar, en los diversos ámbitos sociales donde estamos presentes, en las comunidades y parroquias de nuestra Iglesia diocesana de Santiago, saliendo de la comodidad del pasivo espectador, acojamos la fuerte llamada que Manos Unidas nos hace a un compromiso serio con los “descartados climáticos” y a una implicación en la lucha contra el cambio climático que, para ser justa, debe centrarse en los más vulnerables.

Agradeciendo la disponibilidad y entrega de los voluntarios y colaboradores de Manos Unidas, os invito a una acción urgente, valiente y responsable con la justicia climática, como un camino de reconciliación con el mundo que nos alberga y las personas que lo habitan. En ellos está presente la huella de Dios y en ellos el Creador es alabado.

Un cordial saludo en el Señor de la Vida. Con mi bendición.

 

+ Francisco José Prieto Fernández
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

 

Fuente: archicompostela.es

Comienza la campaña 2024 contra el Hambre de Manos Unidas: «El efecto ser humano – La única especie capaz de cambiar el planeta»:

 

Con esta Campaña, Manos Unidas quiere ponerse al lado de los llamados «descartados climáticos», aquellos que son más vulnerables a la variación y los efectos cambiantes del clima, pese a ser los que menos han contribuido a él.

 

«El Efecto Ser Humano» es el lema que propone Manos Unidas para la Campaña 2024 contra el hambre en el mundo que comienza con el  Día del Ayuno Voluntario, el viernes 9 de febrero, y que celebra su Jornada mundial y colecta de la campaña el domingo 11 de febrero.

Manos Unidas busca en esta nueva campaña concienciar a la sociedad de cómo la crisis medioambiental está afectando a millones de personas, sobre todo del Sur global, perjudicando sus derechos más básicos como el derecho a la alimentación, al agua potable, a la salud, a una vida digna, a un entorno saludable, generando una gran injusticia climática.

 

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¿Qué significa el lema de la campaña?

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Con el lema «El Efecto Ser Humano», Manos Unidas quiere subrayar que «somos «la única especie capaz de cambiar el planeta». En este sentido, destaca, además, que el maltrato al planeta tiene consecuencias mayores al otro lado del mundo, que son los que «poco han participado en originar el problema».

Manos Unidas alza la voz por el cuidado del planeta porque es el camino para luchar por la dignidad de las personas y reclaman «una implicación de la política global en la lucha contra el cambio climático que, para ser justa, debe centrarse en los más vulnerables«.

«Las políticas climáticas -explican desde la ONG católica- centradas en compensación de emisiones de carbono, que permiten que los países más ricos puedan seguir creciendo económicamente están provocando más hambre en los países más pobres«. «Ni todos contaminamos igual ni a todos nos afecta esta crisis de la misma manera», añaden.

Para visibilizar aún más la campaña proponen este Hashtag para redes sociales: #EfectoSerHumano y ofrece materiales informativos para su difusión.

 

 

 

El próximo viernes, 9 de febrero, Manos Unidas convoca a los españoles a la jornada de Ayuno Voluntario. Una actividad con la que la ONG de la Iglesia católica pide a nuestra sociedad un gesto simbólico de apoyo a los 735 millones de personas que pasan hambre en el mundo.

 

 

Cada segundo viernes del mes de febrero, desde hace más de 50 años, generaciones de españoles han practicado el Ayuno Voluntario apuntándose a ese pequeño gesto tan simbólico como cargado de sentido: un café menos puede transformarse en material escolar para escolarizar a una niña; una comida menos puede haber proporcionado semillas para algún huerto de mujeres… Y la suma de todas las colaboraciones se ven materializadas en centenares de proyectos de desarrollo en decenas de países, que Manos Unidas apoya cada año.

 

Infórmate más 

 

 

 

Viernes 9 de febrero.- ¡Ven al ENCUENTRO de ORACIÓN ECUMÉNICO en Santiago!

Desde hace dos años cristianos de diferentes denominaciones, comunidades y movimientos, se reúnen para alabar, proclamar la Palabra e interceder por nuestra sociedad, juntos. Y aprovechan -como no-, para hacer fiesta, compartir, charlar y conocerse cada vez mas.

Este viernes 9 de febrero viene a celebrarlo con ellos el Arzobispo de Santiago de Compostela, Francisco José Prieto.

Tienes toda la información en el cartel:

 

¡Les encantará verte allí!

 

Vídeo-conferencia: “El primer anuncio en el mundo obrero y del trabajo”

Esta Video-conferencia está organizada por el Departamento de la Pastoral del Trabajo junto a la Coordinadora de la Pastoral Obrera y del Trabajo de la Comunidad Valenciana (Secretariados de Pastoral del Trabajo de Segorbe-Castellón y Orihuela-Alicante y HOAC Valencia).

 

Desde la Pastoral del Trabajo nos invitan a reflexionar sobre el Primer Anuncio en el mundo obrero y del trabajo. Con ello se pretende manifestar nuestra pequeña aportación a esta reflexión que este curso estamos abordando en nuestras diócesis, y a las Orientaciones Pastorales 2021-2025 que nos invitan a ello: “Con este itinerario queremos reafirmar que la propuesta cristiana sigue siendo hoy imprescindible para la liberación de las personas y para la humanización de la sociedad” y continua señalando “Asimismo, pretendemos ayudar a redescubrir la necesidad de estar presentes en los espacios públicos y escuchar la vida de las personas para acompañarlas en sus anhelos y necesidades y anunciar el kerigma con lenguaje adecuado a aquel con quien se dialoga”.

 

“Vuelve a resonar siempre el primer anuncio: JESUCRISTO TE AMA, dio su vida para salvarte y ahora está vivo a tu lado cada día para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” Francisco, Evangelii Gaudium, 164-165.

 

Recuerda

Video-conferencia    “El primer anuncio en el mundo obrero y del trabajo”

Ponente         Maite Valdivieso, teóloga, miembro del Consejo Asesor de Pastoral del Trabajo.

Fecha             15 de febrero de 2024, a las 19:30h

 

  • Inscripciones hasta el 12 de febrero.

El 14 de febrero se enviara el enlace por el correo electrónico que nos facilites en la inscripción.

Página de inscripción:          https://jornadasconferenciaepiscopal.es/trabajo

 

 

 

Fuente: https://social.conferenciaepiscopal.es/

Vídeo del Papa. Febrero 2024. Por los enfermos terminales: «No siempre se consigue la curación. Pero siempre podemos cuidar al enfermo, acariciar al enfermo»»

 

Oremos para que los enfermos terminales y sus familias reciban siempre los cuidados y el acompañamiento necesarios, tanto desde el punto de vista médico como humano.

Papa Francisco – FEBRERO 2024

 

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"Francisco pide cuidar y acompañar a los enfermos terminales y sus familias”

 

En una nueva intención de oración de El Video del Papa correspondiente al mes de febrero, mes en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo, el Papa Francisco hace un llamamiento para que los enfermos terminales reciban siempre los cuidados y el acompañamiento médico, psicológico, espiritual y humano necesarios.  Y remarca que “las familias no pueden quedarse solas”.

El Santo Padre  constata que “hay dos palabras que, cuando algunos hablan de enfermedades terminales, no debemos confundir: incurable e in-cuidable”.

“Curar si es posible, cuidar siempre”, afirma Francisco haciendo referencia a san Juan Pablo II en el videomensaje que dirige a cada creyente, a través de la Red Mundial de Oración del Papa.

 

 

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Cuidar y curar

 

Una pareja, de espaldas, contempla el mar: el niño abraza a la niña, que se ha quedado sin cabello a causa de la quimioterapia. Una niña está en la cama de su abuelo, en el hospital, abrazándole. Un hombre está junto a la cama de su padre, con una Biblia en el regazo y un Rosario en las manos. Una enfermera acompaña al jardín a un paciente que ya no puede caminar. Un médico explica a una familia el difícil camino que tendrá que recorrer a partir de ahora con su ser querido.

Según cómo las miremos, estas imágenes de El Video del Papa de febrero nos hablan de una serie de fracasos o de éxitos: fracasos, si el único resultado aceptable es la sanación; éxitos, si el objetivo es el cuidado. Sanar y curar parecen sinónimos, pero no lo son. Francisco lo explica claramente: incluso cuando hay pocas posibilidades de curación, «todos los enfermos tienen derecho al acompañamiento médico, al acompañamiento psicológico, al acompañamiento espiritual, al acompañamiento humano». Y continúa: “No siempre se consigue la curación. Pero siempre podemos cuidar al enfermo, acariciar al enfermo”.

 

 

Enfermos, familias y cuidados paliativos

 

En nuestra cultura del descarte no hay lugar para los enfermos terminales. Y no es casualidad que, en las últimas décadas, la tentación de la eutanasia haya ido ganando terreno en muchos países. En cambio, Francisco nos invita a mirar al enfermo con amor -a comprender, por ejemplo, que el contacto físico puede dar mucho incluso a quien ya no es capaz de hablar y parece no reconocer ya a sus propios familiares- y a acompañarle de la mejor manera posible, durante todo el tiempo que necesite.

No se trata de prolongar innecesariamente el sufrimiento: al contrario, el Papa insiste en la importancia de los cuidados paliativos y de la familia, que “está al lado del enfermo y da testimonio de su valor único e irrepetible”.

Sobre los cuidados paliativos, Francisco reitera que “garantizan al paciente no solo la atención médica, sino también un acompañamiento humano y cercano”. En tanto, al hablar sobre el rol de las familias, recuerda que “no pueden quedarse solas en esos momentos difíciles”, pues “su papel es decisivo y tienen que tener los medios adecuados para desarrollar el apoyo físico, espiritual y social”.

 

Como el Buen Samaritano

 

El Padre Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, ante la pregunta: “¿Para qué sirve rezar por esta intención?  ¿Realmente cambia algo rezar? responde: “Cuando la enfermedad llama a la puerta de nuestra vida, siempre aflora en nosotros la necesidad de tener cerca a alguien que nos mire a los ojos, que nos tome de la mano, que manifieste su ternura y nos cuide, como el Buen Samaritano de la parábola evangélica. Esta cercanía y cariño con las personas en fase terminal podría parecer accesorio y secundario respecto al acompañamiento médico, al igual que puede parecerlo la oración; sin embargo, este apoyo es esencial. Es el amor que se expresa a través de estos gestos y nuestra oración. En esos momentos difíciles, las familias tienen un papel decisivo, dice Francisco. Oremos, pues, para que los enfermos terminales y sus familias reciban siempre los cuidados y el acompañamiento necesarios”.

 

 

 

 

 

 

 

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Fuente: thepopevideo.org