XXX Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo en Santiago de Compostela

 

Los encuentros de la Pastoral del sordo y sordociego celebran este año su 30º edición en Santiago de Compostela, del 23 al 27 de junio.

“Abriendo juntos el camino” es el tema que encabeza el programa de estas jornadas que organiza el Área de discapacidad de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado y la Pastoral del Sordo de Santiago

En estas jornadas se repasarán estos años de experiencia en el camino

Después de la acogida a los participantes, el jueves 23 de junio, las sesiones de trabajo comenzarán el sábado 24, a las 10.00 horas, con el saludo del obispo responsable del Área de discapacidad, Mons. Román Casanova. Para esta misma mañana se han programado dos ponencias. Xavier Pagés y Alfonso de Alarcón, de la Pastoral de Barcelona, hablarán sobre “Sinodalidad: Caminar juntos”. Seguidamente Gerardo Fernández, sordociego, de la Pastoral de Vigo, se centrará en la Experiencia en el Camino. Para la tarde se ha previsto un retiro espiritual dirigido por Jaime Gutiérrez, sordo, de la Pastoral de Santander.

El sábado 25 de junio, por la mañana, se escucharán distintos testimonios de fe. Los participantes en el encuentro además participarán de una visita guiada por Santiago de Compostela que concluirá con la Misa del Peregrino en la Catedral, presidida por el arzobispo de Santiago, Mons. Julián Barrio. El domingo pasarán la jornada en el Monasterio de Oseira.

El 27 de junio, a las 10.00 horas, Jesús Lahoya, de la Pastoral de Granada, repasará los 30 años de encuentros de la Pastoral del sordo y sordociegos. Seguidamente se hará una evaluación de estas jornadas, que concluirán al mediodía del lunes.

 

 

Fuentes: conferenciaepiscopal.es y pastoralsantiago.org

Doce semanas para hacer Memoria. Esta última semana: #HMJuventud

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMJuventud

 

Vivimos un tiempo de aparente desaparición de los jóvenes del compromiso con la vida pública. No solo en la Iglesia, también en cualquier otra institución que tiene como fin o como cauce de actuación a las personas jóvenes. Parece que el individualismo y las tecnologías los han hecho desaparecer de la vida real. Sin embargo, también hoy se descubren a personas jóvenes con compromiso con la sociedad y el bien de todos. No son muchos pero son un número significativo de personas que actúan como fermento en la masa. Son de su tiempo y tampoco los adultos o los mayores se comprometen con los demás más que ellos. Seguramente estamos hablando de la misma proporción.

En la Iglesia pasa algo similar. Con frecuencia escuchamos que debe cuidar a los jóvenes porque ellos son el futuro de la Iglesia. Sin embargo, esa mirada no corresponde con la realidad, no son futuro. Los jóvenes son ya presente. Forman parte de la vida de la Iglesia, parte activa, comprometida, entregada. Los encuentras en innumerables presencias de oración y de adoración en parroquias, congregaciones y movimientos. Los encuentras dando catequesis, formando a los más pequeños, o formándose en el conocimiento de Jesús, del Evangelio y de su Iglesia. Los encuentras comprometidos en la acogida a los inmigrantes, en las visitas a enfermos en los grupos de Cáritas. Siempre son una minoría en la comunidad cristiana, pero que con el paso del tiempo, ellos mismos se convierten en mayoría, mientras se sigue incorporando otra vez una minoría de gente joven.

 

 

El trato con los jóvenes exige mucho a la Iglesia. Exige una compañía que no marque el paso, sino que se acomode a su paso; que no imponga decisiones sino que ayude en el discernimiento de la decisión más adecuada; que esté siempre cerca cuando uno cae y le ayude a levantarse; que acompañe la fiesta y la tristeza, los gozos y las sombras, las emociones y las decepciones.

La Iglesia lo sabe y se dedica a ellos en la seguridad de que son los jóvenes los mejor cualificados para la evangelización de los jóvenes. Se acerca el tiempo de descanso que es también el tiempo privilegiado para el trabajo con los jóvenes y de los jóvenes en la Iglesia. Darán comienzo los campamentos, las peregrinaciones a Santiago y entre ellas la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago en la primera semana de agosto. Comienza el tiempo de los jóvenes en la Iglesia. Ellos son el presente, un presente seguro.

 

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  • Con esta entrega finaliza las doce semanas #Hazmemoria-2022 en las que se hizo memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario:

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Monseñor Barrio recuerda que la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino

“En la solemnidad del Corpus Christi la Iglesia celebra su misterio más querido: la Eucaristía, fuente y cima de toda vida cristiana”. Así se expresa monseñor Julián Barrio en una Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi, que se celebrará el domingo día 19 de junio. La Iglesia en España hace coincidir con esta solemnidad el Día de la Caridad, bajo el lema «Somos lo que damos. Somos amor» para celebrar que el amor es lo único que da sentido a nuestra existencia humana.

En su Carta Pastoral, monseñor Barrio señala, además, que la la Eucaristía es alimento del pueblo peregrino: “Los signos elegidos por el Señor, el pan y el vino, denotan el carácter de la Eucaristía estrechamente vinculado a nuestra vida espiritual como lo es la comida y bebida materiales para nuestro cuerpo”.  Y añade que “la Eucaristía es invitación a todos los que están cansados y agobiados o tienen hambre y sed de salvación, en cualquier necesidad de bienes básicos para vivir, de salud y de consuelo, de justicia y de libertad, de fortaleza y de esperanza, de misericordia y de perdón».

El arzobispo indica también que “participar en la Eucaristía exige unas actitudes y comportamientos personales y comunitarios como el servicio a los pobres y el testimonio de la caridad fraterna, la promoción y la defensa de la vida humana, el cuidado de los enfermos y de los ancianos, la acogida de los marginados y de los inmigrantes, la cercanía hacia las víctimas de la violencia, el rechazo de toda forma de malos tratos contra las personas y de atentados contra los bienes de uso social, el respeto de los derechos humanos, la creación de empleo, la promoción de una vivienda digna, el trabajo por la justicia y la búsqueda de la paz”.

Texto íntegro de la carta Pastoral:

 

Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. 19 Junio 2022

“Presencia do Señor ata a fin dos tempos”

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Queridos diocesanos:
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Na solemnidade do Corpus Christi a Igrexa celebra o seu misterio máis querido: a Eucaristía, fonte e cima de toda vida cristiá. Nela “contense todo o ben espiritual da Igrexa, é dicir, Cristo en persoa, a nosa pascua e pan vivo, que, pola súa carne vivificada e vivificante polo Espírito Santo, da vida aos homes, que desta maneira son convidados e estimulados a ofrecerse a si mesmos, os seus traballos e as cousas creadas, xuntamente con el” [1].
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A Eucaristía, memorial e presenza

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A Igrexa como unha gran familia reúnese ao redor da mesa do altar e o pan que o Señor nos dá é a súa carne para a nosa vida e a do mundo. Tamén hoxe como o máis pequeno das familias hebreas cando se reunían para celebrar a cea pascual, preguntámoslle ao Señor que significa este misterio. A esta pregunta o Señor respóndenos a través de san Paulo cando falando dunha tradición que procede do Señor e que el nos transmite, dinos: “Cada vez que comedes  deste pan e bebedes do cáliz, proclamades a morte do Señor ata que volva” (1 Cor 11,26). “Facede isto en memoria miña”. A Eucaristía é memoria do Señor e da salvación realizada coa súa morte e resurrección pero á vez é presenza súa real sobre o altar, misteriosa e velada coa que estivo presente na cruz no Calvario. Nós estabamos alí aquel día en que nos fixo pasar “da escravitude á liberdade, das tebras á luz, da morte á vida”[2].
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A Eucaristía, alimento do pobo peregrino

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A multiplicación dos pans no deserto, símbolo e profecía da Eucaristía pon ante a nosa consideración o aspecto existencial que máis se achega á nosa condición humana. “A Eucaristía é tamén o pan que sostén a cuantos peregrinamos neste mundo como o foi para Elías no camiño cara ao monte Horeb.  Oh sacro banquete, en que Cristo é a nosa comida, celébrase o memorial da súa paixón, a alma énchese de graza e dásenos a peza da gloria futura! Os signos elixidos polo Señor, o pan e o viño, denotan o carácter da Eucaristía estreitamente vinculado á nosa vida espiritual como o é a comida e bebida materiais para o noso corpo. O mesmo Cristo anunciouno así: Se non comedes a miña Carne e non bebedes o meu Sangue non tedes vida en vós; o que come a miña Carne e bebe o meu Sangue ten a vida eterna (Xn 6,54-55). A Eucaristía é invitación a todos os que están cansos e angustiados ou teñen fame e sede de salvación, en calquera necesidade de bens básicos para vivir, de saúde e de consolo, de xustiza e de liberdade, de fortaleza e de esperanza, de misericordia e de perdón. Por isto, é alimento que nutre e fortalece tanto ao neno e ao mozo que se inician na vida cristiá como ao adulto que experimenta a súa propia debilidade, e de modo singular é viático para quen está a piques de deixar este mundo”[3].

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Día da Caridade

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Participar na Eucaristía esixe unhas actitudes e comportamentos persoais e comunitarios como “o servizo aos pobres e o testemuño da caridade fraterna, a promoción e a defensa da vida humana, o coidado dos enfermos e dos anciáns, a acollida dos marxinados e dos inmigrantes, a proximidade cara ás vítimas da violencia, o rexeitamento de toda forma de malos tratos contra as persoas e de atentados contra os bens de uso social, o respecto dos dereitos humanos, a creación de emprego, a promoción dunha vivenda digna, o traballo pola xustiza e a procura da paz”[4].
Nesta conciencia a Igrexa en España fai coincidir coa solemnidade do Corpus o Día da Caridade. Comoo  pobo que peregrina cara a Deus, como nolo lembra a celebración do Ano Santo Compostelán, a acción caritativa ha de realizarse na Igrexa, coa Igrexa e ao servizo da Igrexa, “que sen deixar de gozarse coas iniciativas dos demais, reivindica para se as obras de caridade como deber e dereito propio que non pode allear”[5]. Quen acolleu o amor de Deus, sente a necesidade de manifestalo a través das súas obras. Por iso, “quen queira vivir con dignidade e plenitude non ten outro camiño máis que recoñecer ao outro e buscar o seu ben”[6].
Agradecéndovos vosa xenerosa colaboración económica con Cáritas para axudar aos necesitados, saúdavos con todo afecto e bendí no Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

[1] PO 5.

[2] SAN MELITON DE SARDES, Sobre a Pascua, 68.

[3] CEE, A Eucaristía, alimento do pobo peregrino, Madrid 1999, nº 20.

[4] Ibid., nº 69.

[5] Concilio Vaticano II, Decreto “Apostolicam actuositatem”, 8.

[6] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 9.

 

Fuente:archicompostela.es

 

18 de junio, Jornada extraordinaria de Apostolado Seglar

 

La Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida de la CEE organiza el sábado 18 de junio, una Jornada Extraordinaria de Apostolado seglar, en formato online, a la que han sido convocados los delegados diocesanos de Apostolado Seglar y los responsables de movimientos y asociaciones Laicales. El tema que centra este encuentro será el Primer Anuncio.

El objetivo de la Jornada, en la que están inscritas 150 personas, es presentar la propuesta de trabajo para el próximo curso en continuidad con el Congreso de Laicos y el proceso sinodal. De un modo concreto, después de haber profundizado durante estos dos últimos años en las claves del discernimiento y la sinodalidad, se va a proponer para el curso 2022-2023 reflexionar en torno al itinerario del Primer Anuncio.

Presentación del documento de trabajo, “Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en camino”

Tras el saludo de bienvenida del presidente de la Comisión, Mons. Carlos Escribano, y la presentación de la Jornada por el director del secretariado, Luis Manuel Romero, se dará a conocer un Documento de trabajo, “Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en camino”, que servirá como herramienta para el discernimiento en torno al Primer Anuncio.

Durante la Jornada habrá tiempo para escuchar, las reunirnos por grupos y para consensuar entre todos el camino que se a seguir en el Apostolado seglar a corto y medio plazo.

Desde el Consejo Asesor de Laicos, que es el equipo dinamizador de la Comisión, se va a proponer también un modo de acompañamiento a las diócesis, como clave fundamental para seguir haciendo un proceso sinodal.

Al final de la Jornada se presentarán algunas ideas para la organización de la próxima Jornada Nacional de Apostolado Seglar, que tendrá lugar los días 22-23 de octubre, animando de un modo especial a la participación de los delegados diocesanos y responsables de movimientos y asociaciones, junto con los miembros de sus equipos.

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

La Archidiócesis de Santiago de Compostela en la Asamblea Final Sinodal. Así lo vivimos.

 

 

El 11 de junio celebramos en la Fundación Pablo VI en Madrid, la fiesta del Sínodo con la Asamblea Final, en donde se presentó la síntesis con la que se culmina la fase diocesana del Sínodo 2021-2023, “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión” en España.

Y allí nos reunimos alrededor de 600 personas de todos los ámbitos eclesiales, de las 70 diócesis españolas. Han estado presentes 58 obispos; el nuncio apostólico en España; 80 sacerdotes; 360 laicos; así como más de 100 representantes de la vida consagrada: religiosas y religiosos, monjas de clausura, miembros de Institutos seculares, vírgenes consagradas; y miembros de otras confesiones religiosas, representando a los casi 220.000 implicados en este recorrido sinodal que comenzó a caminar el 17 de octubre de 2021.

En representación de nuestra Archidiócesis de Santiago de Compostela estuvimos presentes el arzobispo mons. Julián Barrio, su obispo auxiliar mons. Francisco Prieto, así como el delegado de Apostolado Seglar Javier Porro, el equipo sinodal diocesano, con sus coordinadores: Alfredo Losada y Conchi Maté, y varios laicos diocesanos muy implicados en grupos sinodales.

 

 

Fue toda una gran experiencia sinodal y así fue como lo vivimos:

 

«A nivel organizativo todo es mejorable, pero la mañana me pareció que aterrizó en lo que se pedía. Y el testimonio del interno del centro penitenciario de Teixeiro fue impresionante.

Tuve la oportunidad d compartir un poquitín del trabajo con el equipo sinodal d la CEE, un grupo humano compenetrado, profundo y con una visión a pie de calle».

Alfredo Losada,  coordinador del equipo sinodal diocesano y vicedelegado de Apostolado Seglar,  presidente de la HOAC en la diócesis de Santiago

 

«Yo sólo quiero agradecer. Así, sin más.

Me siento muy feliz de vivir este momento y de que me hayas tenido en cuenta junto con Manos Unidas. Algo nuevo está naciendo, ánimo»

Judith Lucachesky, delegada de Manos Unidas en Santiago y moderadora de un grupo sinodal.

 

«Lo del interno del centro penitenciario fue impresionante, muy emotivo. Me siento muy orgullosa de haber compartido con vosotros este día»

Juana María Taboada, catequista y secretaria del grupo sinodal parroquial de Santa Eulalia de Vilagarcía de Arousa

 

 

«Por mi parte ya le dado muchas gracias a Dios por permitirme vivir y compartir esta fantástica experiencia, especialmente con vosotros. Sin duda un ejemplo de verdadera experiencia sinodal. Una jornada muy intensa, pero en ningún momento se me hizo pesada. Todo en su justa medida. Me llevo mucho que aterrizar estos días.

Las diferentes intervenciones, cada uno en su estilo,  me encantaron, especialmente los testimonios porque me trasmitieron emoción con su experiencia personal en este proceso sinodal, con ciertas dificultades pero con gran esperanza y muy agradecidos. Se notaba que hablaban desde el corazón. El del interno del centro penitenciario, impresionante. El del representante de los protestantes agradeciendo la apertura de escucha por parte de la Iglesia católica a otras confesiones, me llamó la atención. Y los testimonios de los videos que mostraban la gran diversidad de las 70 diócesis, geniales. Todos incluidos.

El trabajo del equipo sinodal de la CEE con la síntesis final, fabuloso. Todos nos sentimos representados y no es nada fácil.

Y como colofón una Eucaristía compartida. 600 personas reunidas al encuentro con el Señor.  Obispos de todas las diócesis, sacerdotes, consagrados y más de 300 laicos. Muy participativa y alegre. Creo que ya estamos poniendo en practica lo que se pedía en las aportaciones de los grupos sinodales.

Lo que tengo claro que el Espíritu Santo,  aunque veces tenga que recalcularnos la ruta cuando nos desviamos, como el navegador, nos esta llevando a un mismo puerto: la Iglesia que Dios quiere y desea: una Iglesia en salida, caminando todos juntos. Y así seguimos caminando»

Marina Hernando, catequista y miembro de un equipo sinodal de la parroquia de Santa María de Pontevedra y miembro del equipo sinodal diocesano.

 

«Comuñón, codecision, corresponsabilidade,…  Alonxados, apartados, mulleres, xovenes…   Camiño, Sinodalidade

Oxalá todas estas palabras sigan resonando nos nosos oídos e cómo dixo o Cardenal Omella cheguen ao noso corazón, e a sinodalidade non se acabe aquí.

Síntome moi agradecida de poder participar con vós deste momento tan importante para a Igrexa»

Yolanda Sánchez, delegada de Pastoral Penitenciaria; moderadora del equipo sinodal de la cárcel de Teixeiro, miembro de la HOAC

 

 

«La invitación a participar en este proceso la acogí con bastante escepticismo. La conferencia de Luis Marín me dio la clave:  vivirlo desde el Espíritu. Hoy me siento agraciado, por eso quiero expresar mi agradecimiento por ese don, por poder recorrer esta etapa en vuestra compañía, por la jornada de hoy. El camino sinodal es , cómo nos dijeron en la Eucaristía, la herramienta para avanzar en comunión, y es también el mejor testimonio que podemos dar como Iglesia. Gracias de corazón»

Francisco Durán, miembro del equipo sinodal diocesano, vicedelegado de Apostolado Seglar, presidente de la ACdP en la diócesis de Santiago.

 

«En mi caso escepticismo es poco… Pero bueno, teneis mucho poder de convicción y por intentarlo una vez más no pasaba nada.

Ahora la sensación es muy positiva, no sólo que haya merecido la pena, siempre aprendo algo. Y hoy más, tengo que replantearme muchas cosas…

Creo que vamos, por fin, bien encaminados hacia una Iglesia para todos y de la que poder sentirnos orgullosos.

Somos un gran grupo, a seguir trabajando»

Rosa María Chico, catequista y voluntaria de Cáritas en la UPA de Bergondo. Moderadora de un grupo sinodal. 

 

 

 

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Crónica de la Asamblea Final del Sínodo en España, por Alfredo Losada, coordinador del equipo sinodal diocesano de Santiago

El pasado sábado, 11 de junio, tuvo lugar en Madrid la Asamblea Final Sínodal con la que concluyó la fase diocesana del Sínodo 2021-2023: «Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión» en España.

Se reunieron en esta jornada más de 600 representantes de todas las 70 diócesis españolas, de las congregaciones religiosas, de movimientos y distintos grupos eclesiales. De nuestra Archidiócesis de Santiago de Compostela participaron además del equipo sinodal diocesano, varios laicos implicados en los trabajos de los grupos sinodales en nuestra fase diocesana, acompañados de nuestros pastores, D. Julián y D. Francisco.

 

 

El coordinador del equipo sinodal de nuestra diócesis y vicedelegado de Apostolado Seglar , Alfredo Losada,  nos remite su crónica de lo más destacable en esta Asamblea:

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Palabras del Nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Auza

El entusiasmo en el proceso ha sido excepcional, ha dicho el nuncio en España. La Iglesia en España ha sido movida por el Espíritu Santo, en los diversos ámbitos, haciendo visible una corresponsabilidad en la experiencia sinodal. Los encuentros mantenidos y los trabajos sinodales son una prueba de amor para con la Iglesia en España y el mundo en comunión con el Papa Francisco.

La experiencia de los encuentros ha sido una experiencia de ir juntos con el Señor: todos juntos en sinodalidad y disponibilidad hemos respondido a la invitación del Señor. Que sigamos caminando juntos incluso después del Sínodo de los obispos.

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Vídeo mensaje del cardenal Mario Grech

Bienvenido, Pueblo de Dios en salida, en camino. En nombre del equipo sinodal nos brota del corazón un ¡gracias!. Hemos vivido una experiencia de comunión. Esa es la verdadera experiencia sinodal. Los laicos han sido los grandes protagonistas.

 

 

Nuestra Iglesia española no partimos de cero: el Congreso de laicos nos ha facilitado este proceso sinodal. Seguimos caminando. El camino por recorrer es: el Espíritu Santo suscita a todos, estamos construyendo las bases de la Iglesia del futuro.

 

Testimonio del centro penitenciario

Un interno del centro penitenciario de Teixeiro ofreció un testimonio de la reflexión sinodal en la cárcel. En especial, su agradecimiento a Juan, el capellán, por su sonrisa y por hacer que los ruidos dentro de la prisión pudieran desaparecer al menos en el momento de la Eucaristía.
“Para mí el Sínodo ha sido gratificantes, hablar como hermanos, que aunque muchos nos dejaron atrás, la Iglesia no lo había hecho.

Teníamos una amistad más cercana. Hubo seis reuniones, en la que participamos doce compañeros. Por cada pregunta había doce respuestas diferentes, pero en una coincidíamos: guardamos un recuerdo bueno de nuestros párrocos.

Ha sido la ocasión de escucharnos en la Iglesia, porque había sido yo quién me había alejado de la Iglesia. Para mí lo más importante es que necesitamos perdonarnos a nosotros mismos y también perdonar a los demás. Estas reflexiones se las presentamos a don Julián. Nunca es tarde para escoger el camino correcto y para amar y dar gracias a Dios.”

 

Somos familia que nos reunimos para hacer Iglesia

Ha habido un impacto en los laicos, ha habido grandes experiencias, escuchas y experiencias valiosas en cárceles, en residencias, en alumnado promovido por profesores de religión, etc-
La sensación general es de gratitud, lo más valorado es el proceso mismo, la experiencia de comunión. No se trataba de rellenar un cuestionario, sino una manera de seguir trabajando.
Vivimos un tiempo especial de gracia, es el Espíritu Santo el que inspira, y entendemos que nos llama a una fuerte conversión personal, comunitaria y pastoral. Hay un llamado a vivir una espiritualidad fuerte que nos ayude a madurar en nuestro compromiso. Nos preocupa que la conversión debe afectar a la organización de nuestra Iglesia para que todas las estructuras se vuelvan más misioneras.

 

 

Subrayados (a modo de decálogo) de Síntesis

Se destacaron por parte de los asistentes al Encuentro diez puntos: la necesidad de una conversión personal, que nos lleve a la esencia de nuestra misión: evangelizar; una apuesta por impulsar procesos formativos integrales, continuos y permanentes; una renovación de las celebraciones litúrgicas, haciéndolas más participativas y comunitarias; continuar trabajando con espíritu sinodal en la vida diocesana y de toda la Iglesia; el papel de la mujer en la Iglesia: se ve imprescindible su presencia en los órganos de responsabilidad y decisión de la Iglesia; superar el clericalismo “bilateral” (exceso de protagonismo de sacerdotes y defecto en la responsabilidad del laicado); necesidad de promover el acompañamiento, tanto a sacerdotes, como laicos y laicas que trabajan en la vida social; una apuesta decidida por la pastoral rural y por un acercamiento a los jóvenes; la complementariedad de las tres vocaciones y un redescubrimiento del bautismo; la familia como elemento de evangelización.

En definitiva: percibimos que estamos asentando las bases para una nuevo modo de trabajar y de ser Iglesia, y ello ilusiona y anima al Pueblo de Dios que peregrina en España.

 

 

 

 

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Concluye la fase diocesana del Sínodo 2021-2023 con una Asamblea final el 11 de junio en Madrid

 

La Iglesia en España celebró el sábado 11 de junio la fiesta del Sínodo. Pasadas las 11.00 horas daba comienzo, en la Fundación Pablo VI, la Asamblea final con la que se cierra la fase diocesana del Sínodo 2021-2023.

 

 

Han sido testigos de este gran acontecimiento de la Iglesia en España alrededor de 600 personas de todos los ámbitos eclesiales. Han estado presentes 58 obispos; el nuncio apostólico en España; 80 sacerdotes; 360 laicos; así como más de 100 representantes de la vida consagrada: religiosas y religiosos, monjas de clausura, miembros de Institutos seculares, vírgenes consagradas; y miembros de otras confesiones religiosas.

 

 

El momento central del encuentro llegó a las 12.30 h. Es el tiempo marcado para conocer la síntesis final. Isaac Martín, laico de la diócesis de Toledo; Dolores García, presidenta del Foro de Laicos; y Olalla Rodríguez, laica de la Renovación carismática católica son las voces del equipo sinodal que ha redactado este documento a la luz de todas las aportaciones que se han recibido desde las 70 diócesis, de la vida consagrada, movimientos, asociaciones y todos aquellos colectivos o personas individuales que han querido sumarse a esta invitación del papa Francisco.

 

 

La presentación de esta síntesis es una radiografía de lo que ha supuesto la fase diocesana del Sínodo en la Iglesia peregrina en España. El acontecimiento eclesial que ha conseguido convocar a más gente para un trabajo continuado en la experiencia de la Iglesia en España. Ha implicado a casi 220.000 personas, con más de 14.000 grupos, la mayoría en parroquias, pero también en numerosas congregaciones religiosas, regionales, monasterios de clausura, Cáritas diocesanas, movimientos y asociaciones laicales e institutos seculares.

 

 

Descargar Síntesis

 

Lo más valorado ha sido el proceso mismo: una Iglesia que se encuentra para escucharse y ponerse en discernimiento, dando continuidad al camino que se emprendió en el Congreso de Laicos de febrero 2020.

De hecho, este movimiento sinodal comenzó su andadura superando las dificultades de la pandemia y de la falta entusiasmo, especialmente por parte de algunos sacerdotes. Y al terminar el proceso, los grupos han mostrado su profundo agradecimiento por este tiempo vivido: un momento de gracia, construido desde la escucha mutua, activa y respetuosa, la apertura para hablar con franqueza, compartiendo experiencias gratificantes y con intercambios constructivos.

Desde los grupos sinodales se lanzan dos ideas para avanzar en la misión de la Iglesia: la conversión personal y la proximidad. Una fuerte conversión personal, comunitaria y pastoral a través de la oración, los sacramentos y la formación. Y la proximidad, siendo una Iglesia que escucha, acompaña y se hace presente donde están quienes necesitan tanto acompañamiento material como espiritual.

Para hacerlo posible se resalta la importancia de la complementariedad y la corresponsabilidad de las tres vocaciones: laicado, sacerdocio y vida consagrada. Para ello, se advierte, hay que evitar el clericalismo, la falta de compromiso laical o perder la esencia de la vida consagrada. Y crecer en la identidad que cada uno tiene y en su misión en cada campo de la Iglesia.

En las aportaciones de los grupos de trabajo se resumen tres llamadas entrelazadas entre sí.  Crecer en sinodalidad, lo queexige formación en sinodalidad, capacidad de acogida, escucha activa, comprensión, acompañamiento y discernimiento. Dar cabida a las preguntas con el fin de conocer, a partir de la escucha abierta a las aportaciones de todos, el plan de Dios para este tiempo y para este lugar. Promover la participación de los laicos, empezando por definir los asuntos respecto de los cuales sus participaciones tienen carácter decisorio, especialmente en aquellos campos que son más propios de su vocación en el mundo. Y superar el clericalismo, compartiendo responsabilidades, lo que también implica, en ocasiones, vencer la pasividad y la falta de implicación de muchos fieles laicos en la edificación de la Iglesia.

 

 

Los participantes evaluaron el proceso sinodal, que ha obtenido un 7,5 . El resultado de los trabajos por grupo se resume en diez ideas fundamentales: Conversión personal, Formación, Liturgia, Sinodalidad, Mujer en la Iglesia, Clericalismo bilateral, Acogida, Discernimiento, Pastoral familiar y jóvenes, Continuidad del proceso. También se han expuesto algunas lagunas: La ausencia de niños, mayores y discapacitados, Pastoral vocacional y la referencia al diaconado permanente y Palabra, Primer anuncio, misión, comunicación.

 

 

Después de exponer los resultados de los trabajos por grupos, el arzobispo emérito de Zaragoza, Mons. Vicente Jiménez, coordinador del equipo sinodal, ha entregado al presidente de la CEE un pendrive con la síntesis final y las nuevas propuestas. Una vez incorporadas, la síntesis se enviará a la Secretaría General del Sínodo junto con todos los materiales y anexos recibidos.

 

 

 

Ya por la tarde, a las 17.00 horas, se ha celebrado la Eucaristía “para dar gracias al Padre por haber puesto a la Iglesia universal en el camino sinodal”, como ha señalado el cardenal Omella al iniciar su homilía. Agradecimientos también al Santo Padre y a los grupos sinodales por todo el trabajo realizado en esta fase diocesana. “Estoy seguro de que, pese a las dificultades que hayan podido surgir, todos nos hemos sentido llamados a hacer camino juntos, animados por el Espíritu Santo”. También ha resaltado la importancia de que “este proceso que hemos iniciado no se acabe hoy aquí. Que no sea un momento puntual, sino el inicio de un largo recorrido, porque el Señor nos quiere juntos, quiere que avancemos juntos como «pueblo de Dios en marcha» bajo la guía del Espíritu Santo”. «Estamos llamados a ser signo de comunión en medio de nuestra sociedad«, para ello «es necesario romper los muros que nos separan y tender puentes. Que estos trabajos del Sínodo nos enseñen a acoger a los demás, a superar las diferencias y a contemplar a nuestros hermanos con la mirada de Dios Padre. Seamos una Iglesia sinodal, como la que nos pide el papa Francisco: una Iglesia en salida, misionera, familiar, con las puertas abiertas.”

 

Descargar Homilia

 

 

El secretario general de la CEE, Mons. Luis Argüello, ha sido el encargado del acto final de envío: “ahora, somos enviados a seguir peregrinando como discípulos-misioneros por quien es Camino, Verdad y Vida y a sembrar en nuestra sociedad la novedad del Evangelio. Salgamos a los caminos “sin que nos escandalicen y desanimen las dificultades, pues la mesa de la Comunión está definitivamente puesta y la senda de la Misión está definitivamente abierta”.  “Id, amigos y hermanos. El Señor os envía como sembradores de la buena semilla del Reino. Ahondad en vuestra participación en el Misterio, para que la Comunión se afiance y ensanche y la Misión se adentre en la espesura de la historia, hasta que Él vuelva”. Con estas palabras ha concluido  la fase diocesana del Sínodo 2021-2023: “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión”.

Como símbolo de “envío” se ha entregado a los participantes un pequeño saquito de semillas, elaborado por las Monjas Concepcionistas de Osuna (Sevilla).

 

Descargar Envío

 

Concluía así esta Asamblea convertida en un día festivo, de encuentro, de experiencias compartidas y con la esperanza puesta en este camino que se ha comenzado, pero que hoy no termina.

 

Más información en el siguiente enlace: https://www.conferenciaepiscopal.es/asamblea-final-del-sinodo-junio-2022/

 

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Se hizo público el Mensaje del Papa para la VI Jornada Mundial de los Pobres

 

 

Este martes 14 de junio, el Vaticano publicó el mensaje del Papa Francisco para la VI Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará el próximo 13 de noviembre de 2022.

A continuación, el mensaje del Santo Padre bajo el título “Jesucristo se hizo pobre por ustedes”:

Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9)

1. Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados. La Jornada Mundial de los Pobres se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente. Algunos meses atrás, el mundo estaba saliendo de la tempestad de la pandemia, mostrando signos de recuperación económica que traerían alivio a millones de personas empobrecidas por la pérdida del empleo.

Se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor por la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones. Y es entonces que ha aparecido en el horizonte una nueva catástrofe, destinada a imponer al mundo un escenario diferente. La guerra en Ucrania vino a agregarse a las guerras regionales que en estos años están trayendo muerte y destrucción. Pero aquí el cuadro se presenta más complejo por la directa intervención de una “superpotencia”, que pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los pueblos. Se repiten escenas de trágica memoria y una vez más el chantaje recíproco de algunos poderosos acalla la voz de la humanidad que invoca la paz.

2. ¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad. Se vuelven actuales las palabras del Salmista ante la destrucción de Jerusalén y el exilio de los jóvenes hebreos: «Junto a los ríos de Babilonia / nos sentábamos a llorar, / acordándonos de Sión. / En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos, / y nuestros opresores, alegría. / […] ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor / en tierra extranjera?» (Sal 137,1-4). Son millones las mujeres, los niños, los ancianos obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo buscando amparo como refugiados en los países vecinos. Los que permanecen en las zonas de conflicto, conviven cada día con el miedo y la falta de alimentos, agua, atención médica y sobre todo de cariño. En estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son muchas personas comunes, que se suman al ya gran número de indigentes. ¿Cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad?

3. En este contexto tan contradictorio se enmarca la VI Jornada Mundial de los Pobres, con la invitación —tomada del apóstol Pablo— a tener la mirada fija en Jesús, el cual «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9). En su visita a Jerusalén, Pablo se había encontrado con Pedro, Santiago y Juan, quienes le habían pedido que no se olvidara de los pobres. La comunidad de Jerusalén, en efecto, se encontraba en graves dificultades por la carestía que azotaba al país, y el Apóstol se había preocupado inmediatamente de organizar una gran colecta en favor de los pobres. Los cristianos de Corinto se mostraron muy sensibles y disponibles. Por indicación de Pablo, cada primer día de la semana recogían lo que habían logrado ahorrar y todos eran muy generosos. Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde aquel momento, también nosotros cada domingo, durante la celebración de la Santa Eucaristía, realizamos el mismo gesto, poniendo en común nuestras ofrendas para que la comunidad pueda proveer a las exigencias de los más pobres. Es un signo que los cristianos siempre han realizado con alegría y sentido de responsabilidad, para que a ninguna hermana o hermano le falte lo necesario.

Lo atestigua ya san Justino, que, en el segundo siglo, explicando la celebración dominical de los cristianos al emperador Antonio Pío, escribía así: «En el día llamado “del Sol” se reúnen todos juntos, habitantes de la ciudad o del campo, y se leen las memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas según el tiempo lo permita. […] Luego se hace la fracción y distribución de los elementos consagrados a cada uno y a través de los diáconos se envía a los ausentes. Los adinerados y los que lo desean dan libremente, cada uno lo que quiere y lo que se recoge viene depositado con el sacerdote. Este socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quien es indigente por enfermedad o por cualquier otra causa, a los encarcelados, a los extranjeros que se encuentran entre nosotros: en resumen, tiene cuidado de cualquiera que esté en necesidad» (Primera Apología, LXVII, 1-6).

4. Regresando a la comunidad de Corinto, después del entusiasmo inicial, su compromiso comenzó a disminuir y la iniciativa propuesta por el Apóstol perdió fuerza. Es este el motivo que estimula a Pablo a escribir de manera apasionada insistiendo en la colecta, «llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad» (2 Co 8,11). Pienso en este momento en la disponibilidad que, en los últimos años, ha movido a enteras poblaciones a abrir las puertas para acoger millones de refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania. Las familias han abierto de par en par sus casas para hacer espacio a otras familias, y las comunidades han recibido con generosidad tantas mujeres y niños para ofrecerles la debida dignidad. Sin embargo, mientras más dura el conflicto, más se agravan sus consecuencias. A los pueblos que acogen les resulta cada vez más difícil dar continuidad a la ayuda; las familias y las comunidades empiezan a sentir el peso de una situación que va más allá de la emergencia. Este es el momento de no ceder y de renovar la motivación inicial. Lo que hemos comenzado necesita ser llevado a cumplimiento con la misma responsabilidad.

5. La solidaridad, en efecto, es precisamente esto: compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra. Mientras más crece el sentido de comunidad y de comunión como estilo de vida, mayormente se desarrolla la solidaridad. Por otra parte, es necesario considerar que hay países donde, en las últimas décadas, se ha producido un importante aumento del bienestar para muchas familias, que han alcanzado un estado de vida seguro. Este es un resultado positivo debido a la iniciativa privada y a leyes que han apoyado el crecimiento económico articulado con un incentivo concreto a las políticas familiares y a la responsabilidad social. El patrimonio de seguridad y estabilidad logrado pueda ahora ser compartido con aquellos que se han visto obligados a abandonar su hogar y su país para salvarse y sobrevivir. Como miembros de la sociedad civil, mantengamos vivo el llamado a los valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad. Y como cristianos encontremos siempre en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento de nuestro ser y nuestro actuar.

6. Es interesante observar que el Apóstol no quiere obligar a los cristianos forzándolos a una obra de caridad. De hecho, escribe: «Esta no es una orden» (2 Co 8,8); más bien, pretende “manifestar la sinceridad” de su amor en la atención y solicitud por los pobres (cf. ibíd.). Como fundamento de la petición de Pablo está ciertamente la necesidad de una ayuda concreta, pero su intención va más allá. Él invita a realizar la colecta para que sea un signo del amor, tal como lo ha testimoniado el mismo Jesús. En definitiva, la generosidad hacia los pobres encuentra su motivación más fuerte en la elección del Hijo de Dios que quiso hacerse pobre Él mismo. El Apóstol, en efecto, no teme afirmar que esta elección de Cristo, este “despojo” suyo, es una «gracia», más aún, «la gracia de nuestro Señor Jesucristo» (2 Co 8,9), y sólo acogiéndola podemos dar expresión concreta y coherente a nuestra fe. La enseñanza de todo el Nuevo Testamento tiene su unidad en torno a este tema, que también se refleja en las palabras del apóstol Santiago: «Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla» (St 1,22-25).

7. Frente a los pobres no se hace retórica, sino que se ponen manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar en nadie. A veces, en cambio, puede prevalecer una forma de relajación, lo que conduce a comportamientos incoherentes, como la indiferencia hacia los pobres. Sucede también que algunos cristianos, por un excesivo apego al dinero, se empantanan en el mal uso de los bienes y del patrimonio. Son situaciones que manifiestan una fe débil y una esperanza endeble y miope. Sabemos que el problema no es el dinero en sí, porque este forma parte de la vida cotidiana y de las relaciones sociales de las personas. Más bien, lo que debemos reflexionar es sobre el valor que tiene el dinero para nosotros: no puede convertirse en un absoluto, como si fuera el fin principal. Tal apego impide observar con realismo la vida de cada día y nubla la mirada, impidiendo ver las necesidades de los demás. Nada más dañino le puede acontecer a un cristiano y a una comunidad que ser deslumbrados por el ídolo de la riqueza, que termina encadenando a una visión de la vida efímera y fracasada. Por lo tanto, no se trata de tener un comportamiento asistencialista hacia los pobres, como suele suceder; es necesario, en cambio, hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario.

No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído. Por eso, «nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. […] Nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 201). Es urgente encontrar nuevos caminos que puedan ir más allá del marco de aquellas políticas sociales «concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos» (Carta enc. Fratelli tutti, 169). En cambio, es necesario tender a asumir la actitud del Apóstol que podía escribir a los corintios: «No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad» (2 Co 8,13).

8. Hay una paradoja que hoy como en el pasado es difícil de aceptar, porque contrasta con la lógica humana: hay una pobreza que enriquece. Haciendo referencia a la “gracia” de Jesucristo, Pablo quiere confirmar lo que Él mismo predicó, es decir, que la verdadera riqueza no consiste en acumular «tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban» (Mt 6,19), sino en el amor recíproco que nos hace llevar las cargas los unos de los otros para que nadie quede abandonado o excluido. La experiencia de debilidad y limitación que hemos vivido en los últimos años, y ahora la tragedia de una guerra con repercusiones globales, nos debe enseñar algo decisivo: no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz. El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices. La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas. Es la miseria que, mientras constriñe a la condición de extrema pobreza, también afecta la dimensión espiritual que, aunque a menudo sea descuidada, no por esto no existe o no cuenta. Cuando la única ley es la del cálculo de las ganancias al final del día, entonces ya no hay freno para pasar a la lógica de la explotación de las personas: los demás son sólo medios. No existen más salarios justos, horas de trabajo justas, y se crean nuevas formas de esclavitud, sufridas por personas que no tienen otra alternativa y deben aceptar esta venenosa injusticia con tal de obtener lo mínimo para su sustento.

La pobreza que libera, en cambio, es la que se nos presenta como una elección responsable para aligerar el lastre y centrarnos en lo esencial. De hecho, se puede encontrar fácilmente esa sensación de insatisfacción que muchos experimentan, porque sienten que les falta algo importante y van en su búsqueda como errantes sin una meta. Deseosos de encontrar lo que pueda satisfacerlos, tienen necesidad de orientarse hacia los pequeños, los débiles, los pobres para comprender finalmente aquello de lo que verdaderamente tenían necesidad. El encuentro con los pobres permite poner fin a tantas angustias y miedos inconsistentes, para llegar a lo que realmente importa en la vida y que nadie nos puede robar: el amor verdadero y gratuito. Los pobres, en realidad, antes que ser objeto de nuestra limosna, son sujetos que nos ayudan a liberarnos de las ataduras de la inquietud y la superficialidad. Un padre y doctor de la Iglesia, san Juan Crisóstomo, en cuyos escritos se encuentran fuertes denuncias contra el comportamiento de los cristianos hacia los más pobres, escribió: «Si no puedes creer que la pobreza te enriquece, piensa en tu Señor y deja de dudar de esto. Si Él no hubiera sido pobre, tú no serías rico; esto es extraordinario, que de la pobreza surgió abundante riqueza. Pablo quiere decir aquí con “riquezas” el conocimiento de la piedad, la purificación de los pecados, la justicia, la santificación y otras mil cosas buenas que nos han sido dadas ahora y siempre. Todo esto lo tenemos gracias a la pobreza» (Homilías sobre la II Carta a los Corintios, 17,1).

9. El texto del Apóstol al que se refiere esta VI Jornada Mundial de los Pobres presenta la gran paradoja de la vida de fe: la pobreza de Cristo nos hace ricos. Si Pablo pudo dar esta enseñanza —y la Iglesia difundirlo y testimoniarlo a lo largo de los siglos— es porque Dios, en su Hijo Jesús, eligió y siguió este camino. Si Él se hizo pobre por nosotros, entonces nuestra misma vida se ilumina y se transforma, y adquiere un valor que el mundo no conoce ni puede dar. La riqueza de Jesús es su amor, que no se cierra a nadie y va al encuentro de todos, especialmente de los que son marginados y privados de lo necesario. Por amor se despojó a sí mismo y asumió la condición humana. Por amor se hizo siervo obediente, hasta morir y morir en la cruz (cf. Flp 2,6-8). Por amor se hizo «pan de Vida» (Jn 6,35), para que a nadie le falte lo necesario y pueda encontrar el alimento que nutre para la vida eterna. También en nuestros días parece difícil, como lo fue entonces para los discípulos del Señor, aceptar esta enseñanza (cf. Jn 6,60); pero la palabra de Jesús es clara. Si queremos que la vida venza a la muerte y la dignidad sea rescatada de la injusticia, el camino es el suyo: es seguir la pobreza de Jesucristo, compartiendo la vida por amor, partiendo el pan de la propia existencia con los hermanos y hermanas, empezando por los más pequeños, los que carecen de lo necesario, para que se cree la igualdad, se libere a los pobres de la miseria y a los ricos de la vanidad, ambos sin esperanza.

10. El pasado 15 de mayo canonicé al hermano Charles de Foucauld, un hombre que, nacido rico, renunció a todo para seguir a Jesús y hacerse con Él pobre y hermano de todos. Su vida eremítica, primero en Nazaret y luego en el desierto del Sahara, hecha de silencio, oración y compartir, es un testimonio ejemplar de la pobreza cristiana. Nos hará bien meditar en estas palabras suyas: «No despreciemos a los pobres, a los pequeños, a los trabajadores; ellos no sólo son nuestros hermanos en Dios, sino que son también aquellos que del modo más perfecto imitan a Jesús en su vida exterior. Ellos nos representan perfectamente a Jesús, el Obrero de Nazaret. Son los primogénitos entre los elegidos, los primeros llamados a la cuna del Salvador. Fueron la compañía habitual de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte […]. Honrémoslos, honremos en ellos las imágenes de Jesús y de sus santos padres […]. Tomemos para nosotros [la condición] que Él tomó para sí mismo […]. No dejemos nunca de ser pobres en todo, hermanos de los pobres, compañeros de los pobres, seamos los más pobres de los pobres como Jesús, y como Él amemos a los pobres y rodeémonos de ellos» (Comentario al Evangelio de Lucas, Meditación 263).[1] Para el hermano Charles estas no fueron sólo palabras, sino un estilo de vida concreto, que lo llevó a compartir con Jesús el don de la vida misma. Que esta VI Jornada Mundial de los Pobres se convierta en una oportunidad de gracia, para hacer un examen de conciencia personal y comunitario, y preguntarnos si la pobreza de Jesucristo es nuestra fiel compañera de vida.

[1] Meditation Nr. 263 über Lk 2,8-20: C. DE FOUCAULD, La Bonté de Dieu. Méditations sur les saints Evangiles (1), Nouvelle Cité, Montrouge 1996, 214-216.

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Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2022, Memoria de san Antonio de Padua.

FRANCISCO

 

Fuente: vaticannews.va

Mensaje del Corpus Christi, Día de la Caridad: «De la adoración al compromiso»

 

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social hacen público el Mensaje para la solemnidad del Corpus Christi, Dia de la Caridad, que la Iglesia celebra el domingo 19 de junio. «De la adoración al compromiso» es el título que encabeza el escrito.

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«De la adoración al compromiso»
Mensaje para la Solemnidad del Corpus Christi 2022

La solemnidad del Corpus Christi nos permite revivir el clima intenso de la última Cena y nos
conduce a lo que es fundamental en nuestra vida y misión como cristianos, “la fuente y el culmen de toda evangelización”: la Sagrada Eucaristía.

Mirar con ojos pascuales

En este año tan convulso y al mismo tiempo tan lleno de esperanza, los obispos, como pastores de la Iglesia de Jesucristo, queremos alentar el ánimo y la alegría cristiana. Tiempo convulso. Por segundo año, hemos vivido la pandemia de la COVID-19 con su carga de enfermedad, soledad y muerte. A ella se suman las guerras en Ucrania y en otras muchas partes del mundo. Los desplazamientos forzosos, la violencia, el dolor, la tortura y la muerte que provocan, hieren el corazón de Dios. También vivimos un tiempo de esperanza porque estas realidades, los sufrimientos personales y comunitarios, no nos dejan desamparados, sino que nos adentran en el Corazón de Cristo, crucificado y resucitado, fuente de toda esperanza. Las llagas del Señor crucificado son transfiguradas en el Cuerpo del Resucitado.

No podemos celebrar la solemnidad del “Corpus Christi”, memorial de encuentro y entrega de Cristo, sin vivir y experimentar la profunda e inseparable unidad entre la fe y la vida; la unidad entre la Eucaristía y la caridad.

Agradecimiento y compromiso

Ante estas situaciones dolorosas, la respuesta e implicación solidaria de la sociedad, en su conjunto, está siendo encomiable, como lo está siendo también por parte de la Iglesia y de Cáritas. Realmente, no podemos permanecer ajenos al dolor y al sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas ucranianas y del resto del mundo. Toda nuestra persona vibra ante esta realidad que Cristo hizo suya y redimió en la cruz y que anticipó sacramentalmente en la última Cena. Porque en el Cenáculo se anticipa lo que fue el sacrificio del Gólgota: la muerte del Verbo encarnado; Él es el Cordero que se entregó libremente y se inmoló por nosotros. Él es nuestra Paz.

Queremos agradecer tantas muestras de solidaridad, al tiempo que advertimos que ésta no puede ser “flor de un día”. Se necesita un compromiso solidario, estable. Tengamos presente la invitación que el apóstol S. Pablo dirigía a los fieles de Galacia, y que el Papa Francisco nos recordaba en su Mensaje para la Cuaresma de este año: “No nos cansemos de hacer el bien” (Ga 6,9). Estamos invitados a ser sembradores de semillas de bien, de justicia y de caridad para un mundo más humano, justo y pacífico porque “no tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y auxilio de las sociedades heridas” (Fratelli tutti 77 =FT).

Caridad

Con la narración del milagro de la multiplicación de los panes, dentro del contexto litúrgico del “Corpus Christi”, san Lucas nos ayuda a entender mejor el don del Misterio eucarístico. Es un acontecimiento que nos asombra y que se prolonga de forma incesante en la Iglesia que, a lo largo de la historia, parte y comparte el Pan de la Vida nueva para todo hombre y mujer de cualquier raza y cultura, sobre todo a través de la acción de Cáritas.

Este año celebramos el 75º Aniversario de esta institución: “75 años de amor por los demás”, de
lucha contra la pobreza y de promoción del desarrollo integral de las personas, especialmente de los más pobres y excluidos dentro y fuera de nuestras fronteras. ¡Felicidades Cáritas!

Lo más importante de esta historia de amor y servicio son las miles de personas en nuestro país y en muchas partes del mundo que le han confiado su vida y tantas otras (voluntarios, trabajadores, donantes…) cuya generosidad ha generado nuevas ilusiones, oportunidades y esperanzas. Lamentablemente, su acción va a ser cada vez más necesaria en un contexto de inequidad provocado por los modelos económicos y el contexto concreto de encarecimiento de la energía y la consiguiente inflación.

Fraternidad abierta y universal

“Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Porque no hemos recibido el espíritu de esclavos para caer en el temor; sino que se os ha dado un Espíritu de hijos adoptivos que os hace gritar: “¡Abba! ¡Padre!” El Espíritu en persona se une a nuestro espíritu para confirmar que somos hijos de Dios” (Rm 8,5-27).

Ciertamente, cuando vivimos esta experiencia, el ejercicio de la fraternidad no es un deber categórico, sino un impulso del corazón que nos encamina hacia los hermanos y nos empuja a la fraternidad. Todos estamos invitados a caminar juntos viviendo la sinodalidad, es decir, dejándonos guiar por la luz del Espíritu Santo, escuchándonos unos a otros y prestando especial atención a los que están en la periferia. El camino sinodal es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Ellos son compañeros de camino.

Paz y presencia

Nos dice San Pablo: “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Co 11, 26); palabras que nos invitan a anunciar la muerte redentora de Cristo y que fortalecen nuestra esperanza en el encuentro definitivo con Él. Urge abrir caminos de esperanza, en la certeza de que Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien (cf. FT 54).

En el camino de la vida no estamos solos, Cristo camina con nosotros y nos alimenta con el Pan de Vida “panís angelorum, factus cibus viatorum”. Jesús es alimento espiritual que ayuda, sostiene y fortalece la esperanza de los creyentes; la piedra angular que nos fundamenta en el itinerario hacia el cielo al tiempo que consolida la comunión en la que vivimos cotidianamente con la Iglesia celestial.

Santa Teresa de Calcuta, la Santa de los más pobres entre los pobres, habla así del Santísimo Sacramento: “El privilegio que tenemos de adorarle cada día es uno de sus más grandes regalos. Si tienes un corazón limpio, siempre podrás ver esa conexión hermosa entre el Pan de vida y el cuerpo roto de Cristo en el pobre”.

En este día nos recogemos y nos adentramos en el silencio ante el misterio de la fe. Contemplamos el “asombro eucarístico”, como lo llamó san Juan Pablo II, y con agradecimiento adoramos el sacramento en el que Cristo quiso “concentrar” para siempre su amor infinito. Por tanto, la solemnidad del “Corpus Christi” hace que nuestra vida cristiana junto a la adoración nos lleve de la mano al compromiso para transformar con Cristo la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste (cf. NMI 29). La presencia de Cristo nos dona la paz que necesitamos y que necesita el mundo; una paz que nos lleva a estar presentes junto al Cuerpo de Cristo en los necesitados.

“Te adoramos, oh verdadero Cuerpo nacido de la Virgen María”. Amén.

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Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria. Esta semana #HMCaridad

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMCaridad

 

La misión esencial de la Iglesia se reúne en tres mandatos del Señor: Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio; haced esto en conmemoración mía; y amaos los unos a los otros como yo os he amado. Por eso decimos que el mandamiento del amor es imprescindible en el hacer de la Iglesia. Una Iglesia que no hace visible el amor de Dios y su predilección por la persona no es del todo la Iglesia de Jesús.

Los cristianos manifiestan su condición en la vida pública de maneras muy diversas. Entre todas ellas, una forma preeminente e imprescindible es el amor al prójimo que se manifiesta de maneras muy diversas: el servicio al bien común, la acción política, los comedores sociales, la atención a la discapacidad, la acción contra la pobreza. La caridad es la forma habitual de expresarse la conciencia cristiana en la vida pública y se configura como un desborde natural de una identidad vivida y una misión realizada: el amor se manifiesta en obras mucho mejor que en palabras.

Lo que ha sido anunciado y celebrado se derrama en la vida de la Iglesia a todas las personas y, de manera especial, a todos los necesitados en lo que se llama la caridad, reflejo y expresión del amor de Dios. Pero el amor al prójimo no es solo un desbordarse la vida cristiana, también en muchas ocasiones es un punto de comienzo en la vida cristiana. El ejemplo de cristianos entregados al servicio del prójimo, que aman y que se aman, es, desde los primeros siglos, la herramienta más eficaz para la evangelización de los no creyentes. De hecho, muchos jóvenes, también hoy, conocen a Jesús a partir del testimonio entregado que unas religiosas, unos sacerdotes o sus mismos amigos les ofrecen durante unas convivencias, un campo de trabajo, o un voluntariado en cualquier lugar del mundo.

 

 

Ese amor al prójimo se hace más necesario y explícito cuando aumentan las dificultades. La situación ocasionada por la pandemia, la grave crisis económica y social, las consecuencias de las guerras que llegan a todas partes en este mundo globalizado son un dolor grande que han puesto a prueba la resistencia moral y social de las personas y del conjunto de la sociedad. Para los cristianos, estos tiempos difíciles son también una oportunidad para los cristianos para hacer explícito y eficaz, una vez más su rasgo esencial: el amor al prójimo. Esto ya ha pasado en el tiempo. Las circunstancias citadas han hecho que, en los últimos meses, los cristianos se hayan volcado con los más cercanos, con independencia de creencias, ideologías o situaciones particulares. Ayudar al que está cerca es siempre posible, no es gravoso, no es costoso y además humaniza al que recibe la ayuda y a la que la da.

Pero las necesidades no han acabado, se mantienen en el presente y se proyecta, seguramente acrecentadas en un futuro cercano. La palabra del Señor tiene vigencia hasta el final de los tiempos y el promete que los pobres y necesitados estarán con nosotros hasta el final de los tiempos. Para ellos también está la Iglesia, contigo y con todos.

 

Acceder a #HMCaridad

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es