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La Iglesia celebra el 3 de julio la Jornada de responsabilidad en el tráfico

 

El primer domingo de julio, este año el día 3, la Iglesia en España celebra la Jornada de la responsabilidad en el tráfico. Una Jornada que se fijó, hace ya 54 años, próxima a la festividad del patrono de los conductores, San Cristóbal, el 10 de julio, y coincidiendo con el inicio de los desplazamientos masivos por las vacaciones de verano. “María se puso en camino” (Lc 1, 39) es el lema de este año.

 

 

El departamento de Pastoral de la carretera ha editado los materiales para esta jornada:

 

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¿Cuál es el mensaje de los obispos?

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad humana, en su mensaje para este año, ponen a María como modelo de servicio y de ayuda a los demás. Igual que María se puso en camino para visitar a su prima Santa Isabel, embarazada de seis meses, para prestarle su ayuda, “todos los días -señalan- hay millones de conductores, hombres y mujeres, que cogen su vehículo o transporte público, y se ponen en camino para acudir al trabajo, hacer gestiones, visitar enfermos, familiares y amigos o, sencillamente, pasar con la familia unos días de descanso”.

En este listado destacan a los que se ponen en camino para ayudar a los demás en sus casas u hospitales. Y a los que se paran a socorrer a otros cuando en la carretera han sufrido un accidente de tráfico.

Una llamada a la responsabilidad de los conductores porque el riesgo cero no existe

En este mensaje para la Jornada de la responsabilidad en el Tráfico los obispos advierten que “el riesgo cero, cada vez que nos subimos a un vehículo, no existe” Por eso, puntualizan, “hemos de respetar y cumplir fielmente las normas del código de circulación”.

Además, llaman la atención de los conductores “para que entre todos hagamos realidad lo que aún hoy sigue pareciendo una utopía: cero accidentes mortales en nuestras calles y carreteras”. Para ello, apelan a la conciencia y a las enseñanzas evangélicas “de hacer el bien a todos, hasta el punto de amar al prójimo como a uno mismo”. Porque la carretera “no debe ser únicamente un lugar de ir y de venir, sino también un lugar de vivir la fe, de encuentro, de diálogo, de disfrute, de convivencia, de oración…”. En la carretera, «el conductor asume una serie de obligaciones y responsabilidades cada vez que se pone en camino”.

San Cristóbal nos une en el dolor y en la esperanza

En este Jornada están especialmente presentes los problemas de los transportistas y otros profesionales de la carretera que además, este año, se enfrentan a la subida de los precios de los combustibles y del mantenimiento de sus vehículos «que disminuye su poder adquisitivo tan necesario para mantener su empresa y sacar adelante a la familia”.

Pero a pesar de las dificultades invitan a compartir la fiesta de San Cristóbal, interrumpida por la pandemia, como un momento para “compartir juntos un aperitivo o almuerzo con la familia y los amigos en fraterna y gozosa armonía”.

“A la Virgen Santísima de la Prudencia y a san Cristóbal, elevamos nuestras súplicas y oracionespara que os acompañen y guíen a todos los transportistas y conductores y cada día lleguéis felizmente a vuestro destino”, termina el escrito.

 

 

Fuente:conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria. Esta última semana: #HMJuventud

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMJuventud

 

Vivimos un tiempo de aparente desaparición de los jóvenes del compromiso con la vida pública. No solo en la Iglesia, también en cualquier otra institución que tiene como fin o como cauce de actuación a las personas jóvenes. Parece que el individualismo y las tecnologías los han hecho desaparecer de la vida real. Sin embargo, también hoy se descubren a personas jóvenes con compromiso con la sociedad y el bien de todos. No son muchos pero son un número significativo de personas que actúan como fermento en la masa. Son de su tiempo y tampoco los adultos o los mayores se comprometen con los demás más que ellos. Seguramente estamos hablando de la misma proporción.

En la Iglesia pasa algo similar. Con frecuencia escuchamos que debe cuidar a los jóvenes porque ellos son el futuro de la Iglesia. Sin embargo, esa mirada no corresponde con la realidad, no son futuro. Los jóvenes son ya presente. Forman parte de la vida de la Iglesia, parte activa, comprometida, entregada. Los encuentras en innumerables presencias de oración y de adoración en parroquias, congregaciones y movimientos. Los encuentras dando catequesis, formando a los más pequeños, o formándose en el conocimiento de Jesús, del Evangelio y de su Iglesia. Los encuentras comprometidos en la acogida a los inmigrantes, en las visitas a enfermos en los grupos de Cáritas. Siempre son una minoría en la comunidad cristiana, pero que con el paso del tiempo, ellos mismos se convierten en mayoría, mientras se sigue incorporando otra vez una minoría de gente joven.

 

 

El trato con los jóvenes exige mucho a la Iglesia. Exige una compañía que no marque el paso, sino que se acomode a su paso; que no imponga decisiones sino que ayude en el discernimiento de la decisión más adecuada; que esté siempre cerca cuando uno cae y le ayude a levantarse; que acompañe la fiesta y la tristeza, los gozos y las sombras, las emociones y las decepciones.

La Iglesia lo sabe y se dedica a ellos en la seguridad de que son los jóvenes los mejor cualificados para la evangelización de los jóvenes. Se acerca el tiempo de descanso que es también el tiempo privilegiado para el trabajo con los jóvenes y de los jóvenes en la Iglesia. Darán comienzo los campamentos, las peregrinaciones a Santiago y entre ellas la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago en la primera semana de agosto. Comienza el tiempo de los jóvenes en la Iglesia. Ellos son el presente, un presente seguro.

 

 

  • Con esta entrega finaliza las doce semanas #Hazmemoria-2022 en las que se hizo memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario:

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

18 de junio, Jornada extraordinaria de Apostolado Seglar

 

La Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida de la CEE organiza el sábado 18 de junio, una Jornada Extraordinaria de Apostolado seglar, en formato online, a la que han sido convocados los delegados diocesanos de Apostolado Seglar y los responsables de movimientos y asociaciones Laicales. El tema que centra este encuentro será el Primer Anuncio.

El objetivo de la Jornada, en la que están inscritas 150 personas, es presentar la propuesta de trabajo para el próximo curso en continuidad con el Congreso de Laicos y el proceso sinodal. De un modo concreto, después de haber profundizado durante estos dos últimos años en las claves del discernimiento y la sinodalidad, se va a proponer para el curso 2022-2023 reflexionar en torno al itinerario del Primer Anuncio.

Presentación del documento de trabajo, “Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en camino

Tras el saludo de bienvenida del presidente de la Comisión, Mons. Carlos Escribano, y la presentación de la Jornada por el director del secretariado, Luis Manuel Romerose dará a conocer un Documento de trabajo, “Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en camino”, que servirá como herramienta para el discernimiento en torno al Primer Anuncio.

Durante la Jornada habrá tiempo para escuchar, las reunirnos por grupos y para consensuar entre todos el camino que se a seguir en el Apostolado seglar a corto y medio plazo.

Desde el Consejo Asesor de Laicos, que es el equipo dinamizador de la Comisión, se va a proponer también un modo de acompañamiento a las diócesis, como clave fundamental para seguir haciendo un proceso sinodal.

Al final de la Jornada se presentarán algunas ideas para la organización de la próxima Jornada Nacional de Apostolado Seglar, que tendrá lugar los días 22-23 de octubre, animando de un modo especial a la participación de los delegados diocesanos y responsables de movimientos y asociaciones, junto con los miembros de sus equipos.

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

La Archidiócesis de Santiago de Compostela en la Asamblea Final Sinodal. Así lo vivimos.

 

 

El 11 de junio celebramos en la Fundación Pablo VI en Madrid, la fiesta del Sínodo con la Asamblea Final, en donde se presentó la síntesis con la que se culmina la fase diocesana del Sínodo 2021-2023, “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión” en España.

Y allí nos reunimos alrededor de 600 personas de todos los ámbitos eclesiales, de las 70 diócesis españolas. Han estado presentes 58 obispos; el nuncio apostólico en España; 80 sacerdotes; 360 laicos; así como más de 100 representantes de la vida consagrada: religiosas y religiosos, monjas de clausura, miembros de Institutos seculares, vírgenes consagradas; y miembros de otras confesiones religiosas, representando a los casi 220.000 implicados en este recorrido sinodal que comenzó a caminar el 17 de octubre de 2021.

En representación de nuestra Archidiócesis de Santiago de Compostela estuvimos presentes el arzobispo mons. Julián Barrio, su obispo auxiliar mons. Francisco Prieto, así como el delegado de Apostolado Seglar Javier Porro, el equipo sinodal diocesano, con sus coordinadores: Alfredo Losada y Conchi Maté, y varios laicos diocesanos muy implicados en grupos sinodales.

 

 

Fue toda una gran experiencia sinodal y así fue como lo vivimos:

 

“A nivel organizativo todo es mejorable, pero la mañana me pareció que aterrizó en lo que se pedía. Y el testimonio del interno del centro penitenciario de Teixeiro fue impresionante.

Tuve la oportunidad d compartir un poquitín del trabajo con el equipo sinodal d la CEE, un grupo humano compenetrado, profundo y con una visión a pie de calle”.

Alfredo Losada,  coordinador del equipo sinodal diocesano y vicedelegado de Apostolado Seglar,  presidente de la HOAC en la diócesis de Santiago

 

“Yo sólo quiero agradecer. Así, sin más.

Me siento muy feliz de vivir este momento y de que me hayas tenido en cuenta junto con Manos Unidas. Algo nuevo está naciendo, ánimo”

Judith Lucachesky, delegada de Manos Unidas en Santiago y moderadora de un grupo sinodal.

 

“Lo del interno del centro penitenciario fue impresionante, muy emotivo. Me siento muy orgullosa de haber compartido con vosotros este día”

Juana María Taboada, catequista y secretaria del grupo sinodal parroquial de Santa Eulalia de Vilagarcía de Arousa

 

 

“Por mi parte ya le dado muchas gracias a Dios por permitirme vivir y compartir esta fantástica experiencia, especialmente con vosotros. Sin duda un ejemplo de verdadera experiencia sinodal. Una jornada muy intensa, pero en ningún momento se me hizo pesada. Todo en su justa medida. Me llevo mucho que aterrizar estos días.

Las diferentes intervenciones, cada uno en su estilo,  me encantaron, especialmente los testimonios porque me trasmitieron emoción con su experiencia personal en este proceso sinodal, con ciertas dificultades pero con gran esperanza y muy agradecidos. Se notaba que hablaban desde el corazón. El del interno del centro penitenciario, impresionante. El del representante de los protestantes agradeciendo la apertura de escucha por parte de la Iglesia católica a otras confesiones, me llamó la atención. Y los testimonios de los videos que mostraban la gran diversidad de las 70 diócesis, geniales. Todos incluidos.

El trabajo del equipo sinodal de la CEE con la síntesis final, fabuloso. Todos nos sentimos representados y no es nada fácil.

Y como colofón una Eucaristía compartida. 600 personas reunidas al encuentro con el Señor.  Obispos de todas las diócesis, sacerdotes, consagrados y más de 300 laicos. Muy participativa y alegre. Creo que ya estamos poniendo en practica lo que se pedía en las aportaciones de los grupos sinodales.

Lo que tengo claro que el Espíritu Santo,  aunque veces tenga que recalcularnos la ruta cuando nos desviamos, como el navegador, nos esta llevando a un mismo puerto: la Iglesia que Dios quiere y desea: una Iglesia en salida, caminando todos juntos. Y así seguimos caminando”

Marina Hernando, catequista y miembro de un equipo sinodal de la parroquia de Santa María de Pontevedra y miembro del equipo sinodal diocesano.

 

“Comuñón, codecision, corresponsabilidade,…  Alonxados, apartados, mulleres, xovenes…   Camiño, Sinodalidade

Oxalá todas estas palabras sigan resonando nos nosos oídos e cómo dixo o Cardenal Omella cheguen ao noso corazón, e a sinodalidade non se acabe aquí.

Síntome moi agradecida de poder participar con vós deste momento tan importante para a Igrexa”

Yolanda Sánchez, delegada de Pastoral Penitenciaria; moderadora del equipo sinodal de la cárcel de Teixeiro, miembro de la HOAC

 

 

“La invitación a participar en este proceso la acogí con bastante escepticismo. La conferencia de Luis Marín me dio la clave:  vivirlo desde el Espíritu. Hoy me siento agraciado, por eso quiero expresar mi agradecimiento por ese don, por poder recorrer esta etapa en vuestra compañía, por la jornada de hoy. El camino sinodal es , cómo nos dijeron en la Eucaristía, la herramienta para avanzar en comunión, y es también el mejor testimonio que podemos dar como Iglesia. Gracias de corazón”

Francisco Durán, miembro del equipo sinodal diocesano, vicedelegado de Apostolado Seglar, presidente de la ACdP en la diócesis de Santiago.

 

“En mi caso escepticismo es poco… Pero bueno, teneis mucho poder de convicción y por intentarlo una vez más no pasaba nada.

Ahora la sensación es muy positiva, no sólo que haya merecido la pena, siempre aprendo algo. Y hoy más, tengo que replantearme muchas cosas…

Creo que vamos, por fin, bien encaminados hacia una Iglesia para todos y de la que poder sentirnos orgullosos.

Somos un gran grupo, a seguir trabajando”

Rosa María Chico, catequista y voluntaria de Cáritas en la UPA de Bergondo. Moderadora de un grupo sinodal. 

 

 

 

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Mensaje del Corpus Christi, Día de la Caridad: «De la adoración al compromiso»

 

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social hacen público el Mensaje para la solemnidad del Corpus Christi, Dia de la Caridad, que la Iglesia celebra el domingo 19 de junio«De la adoración al compromiso» es el título que encabeza el escrito.

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«De la adoración al compromiso»
Mensaje para la Solemnidad del Corpus Christi 2022

La solemnidad del Corpus Christi nos permite revivir el clima intenso de la última Cena y nos
conduce a lo que es fundamental en nuestra vida y misión como cristianos, “la fuente y el culmen de toda evangelización”: la Sagrada Eucaristía.

Mirar con ojos pascuales

En este año tan convulso y al mismo tiempo tan lleno de esperanza, los obispos, como pastores de la Iglesia de Jesucristo, queremos alentar el ánimo y la alegría cristianaTiempo convulso. Por segundo año, hemos vivido la pandemia de la COVID-19 con su carga de enfermedad, soledad y muerteA ella se suman las guerras en Ucrania y en otras muchas partes del mundo. Los desplazamientos forzosos, la violencia, el dolor, la tortura y la muerte que provocan, hieren el corazón de Dios. También vivimos un tiempo de esperanza porque estas realidades, los sufrimientos personales y comunitarios, no nos dejan desamparados, sino que nos adentran en el Corazón de Cristo, crucificado y resucitado, fuente de toda esperanza. Las llagas del Señor crucificado son transfiguradas en el Cuerpo del Resucitado.

No podemos celebrar la solemnidad del “Corpus Christi”, memorial de encuentro y entrega de Cristo, sin vivir y experimentar la profunda e inseparable unidad entre la fe y la vida; la unidad entre la Eucaristía y la caridad.

Agradecimiento y compromiso

Ante estas situaciones dolorosas, la respuesta e implicación solidaria de la sociedad, en su conjunto, está siendo encomiable, como lo está siendo también por parte de la Iglesia y de Cáritas. Realmente, no podemos permanecer ajenos al dolor y al sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas ucranianas y del resto del mundo. Toda nuestra persona vibra ante esta realidad que Cristo hizo suya y redimió en la cruz y que anticipó sacramentalmente en la última Cena. Porque en el Cenáculo se anticipa lo que fue el sacrificio del Gólgota: la muerte del Verbo encarnado; Él es el Cordero que se entregó libremente y se inmoló por nosotros. Él es nuestra Paz.

Queremos agradecer tantas muestras de solidaridad, al tiempo que advertimos que ésta no puede ser “flor de un día”. Se necesita un compromiso solidario, estable. Tengamos presente la invitación que el apóstol S. Pablo dirigía a los fieles de Galacia, y que el Papa Francisco nos recordaba en su Mensaje para la Cuaresma de este año: “No nos cansemos de hacer el bien” (Ga 6,9). Estamos invitados a ser sembradores de semillas de bien, de justicia y de caridad para un mundo más humano, justo y pacífico porque “no tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y auxilio de las sociedades heridas” (Fratelli tutti 77 =FT).

Caridad

Con la narración del milagro de la multiplicación de los panes, dentro del contexto litúrgico del “Corpus Christi”, san Lucas nos ayuda a entender mejor el don del Misterio eucarísticoEs un acontecimiento que nos asombra y que se prolonga de forma incesante en la Iglesia que, a lo largo de la historia, parte y comparte el Pan de la Vida nueva para todo hombre y mujer de cualquier raza y cultura, sobre todo a través de la acción de Cáritas.

Este año celebramos el 75º Aniversario de esta institución“75 años de amor por los demás”, de
lucha contra la pobreza y de promoción del desarrollo integral de las personas, especialmente de los más pobres y excluidos dentro y fuera de nuestras fronteras. ¡Felicidades Cáritas!

Lo más importante de esta historia de amor y servicio son las miles de personas en nuestro país y en muchas partes del mundo que le han confiado su vida y tantas otras (voluntarios, trabajadores, donantes…) cuya generosidad ha generado nuevas ilusiones, oportunidades y esperanzas. Lamentablemente, su acción va a ser cada vez más necesaria en un contexto de inequidad provocado por los modelos económicos y el contexto concreto de encarecimiento de la energía y la consiguiente inflación.

Fraternidad abierta y universal

“Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Porque no hemos recibido el espíritu de esclavos para caer en el temor; sino que se os ha dado un Espíritu de hijos adoptivos que os hace gritar: “¡Abba! ¡Padre!” El Espíritu en persona se une a nuestro espíritu para confirmar que somos hijos de Dios” (Rm 8,5-27).

Ciertamente, cuando vivimos esta experiencia, el ejercicio de la fraternidad no es un deber categórico, sino un impulso del corazón que nos encamina hacia los hermanos y nos empuja a la fraternidad. Todos estamos invitados a caminar juntos viviendo la sinodalidad, es decir, dejándonos guiar por la luz del Espíritu Santo, escuchándonos unos a otros y prestando especial atención a los que están en la periferia. El camino sinodal es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Ellos son compañeros de camino.

Paz y presencia

Nos dice San Pablo: “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Co 11, 26); palabras que nos invitan a anunciar la muerte redentora de Cristo y que fortalecen nuestra esperanza en el encuentro definitivo con Él. Urge abrir caminos de esperanza, en la certeza de que Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien (cf. FT 54).

En el camino de la vida no estamos solos, Cristo camina con nosotros y nos alimenta con el Pan de Vida “panís angelorum, factus cibus viatorum”. Jesús es alimento espiritual que ayuda, sostiene y fortalece la esperanza de los creyentes; la piedra angular que nos fundamenta en el itinerario hacia el cielo al tiempo que consolida la comunión en la que vivimos cotidianamente con la Iglesia celestial.

Santa Teresa de Calcuta, la Santa de los más pobres entre los pobres, habla así del Santísimo Sacramento: “El privilegio que tenemos de adorarle cada día es uno de sus más grandes regalos. Si tienes un corazón limpio, siempre podrás ver esa conexión hermosa entre el Pan de vida y el cuerpo roto de Cristo en el pobre”.

En este día nos recogemos y nos adentramos en el silencio ante el misterio de la fe. Contemplamos el “asombro eucarístico”, como lo llamó san Juan Pablo II, y con agradecimiento adoramos el sacramento en el que Cristo quiso “concentrar” para siempre su amor infinito. Por tanto, la solemnidad del “Corpus Christi” hace que nuestra vida cristiana junto a la adoración nos lleve de la mano al compromiso para transformar con Cristo la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste (cf. NMI 29). La presencia de Cristo nos dona la paz que necesitamos y que necesita el mundo; una paz que nos lleva a estar presentes junto al Cuerpo de Cristo en los necesitados.

“Te adoramos, oh verdadero Cuerpo nacido de la Virgen María”. Amén.

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Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria. Esta semana #HMCaridad

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMCaridad

 

La misión esencial de la Iglesia se reúne en tres mandatos del Señor: Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio; haced esto en conmemoración mía; y amaos los unos a los otros como yo os he amado. Por eso decimos que el mandamiento del amor es imprescindible en el hacer de la Iglesia. Una Iglesia que no hace visible el amor de Dios y su predilección por la persona no es del todo la Iglesia de Jesús.

Los cristianos manifiestan su condición en la vida pública de maneras muy diversas. Entre todas ellas, una forma preeminente e imprescindible es el amor al prójimo que se manifiesta de maneras muy diversas: el servicio al bien común, la acción política, los comedores sociales, la atención a la discapacidad, la acción contra la pobreza. La caridad es la forma habitual de expresarse la conciencia cristiana en la vida pública y se configura como un desborde natural de una identidad vivida y una misión realizada: el amor se manifiesta en obras mucho mejor que en palabras.

Lo que ha sido anunciado y celebrado se derrama en la vida de la Iglesia a todas las personas y, de manera especial, a todos los necesitados en lo que se llama la caridad, reflejo y expresión del amor de Dios. Pero el amor al prójimo no es solo un desbordarse la vida cristiana, también en muchas ocasiones es un punto de comienzo en la vida cristiana. El ejemplo de cristianos entregados al servicio del prójimo, que aman y que se aman, es, desde los primeros siglos, la herramienta más eficaz para la evangelización de los no creyentes. De hecho, muchos jóvenes, también hoy, conocen a Jesús a partir del testimonio entregado que unas religiosas, unos sacerdotes o sus mismos amigos les ofrecen durante unas convivencias, un campo de trabajo, o un voluntariado en cualquier lugar del mundo.

 

 

Ese amor al prójimo se hace más necesario y explícito cuando aumentan las dificultades. La situación ocasionada por la pandemia, la grave crisis económica y social, las consecuencias de las guerras que llegan a todas partes en este mundo globalizado son un dolor grande que han puesto a prueba la resistencia moral y social de las personas y del conjunto de la sociedad. Para los cristianos, estos tiempos difíciles son también una oportunidad para los cristianos para hacer explícito y eficaz, una vez más su rasgo esencial: el amor al prójimo. Esto ya ha pasado en el tiempo. Las circunstancias citadas han hecho que, en los últimos meses, los cristianos se hayan volcado con los más cercanos, con independencia de creencias, ideologías o situaciones particulares. Ayudar al que está cerca es siempre posible, no es gravoso, no es costoso y además humaniza al que recibe la ayuda y a la que la da.

Pero las necesidades no han acabado, se mantienen en el presente y se proyecta, seguramente acrecentadas en un futuro cercano. La palabra del Señor tiene vigencia hasta el final de los tiempos y el promete que los pobres y necesitados estarán con nosotros hasta el final de los tiempos. Para ellos también está la Iglesia, contigo y con todos.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria. Esta semana: #HMMayores

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMMayores

 

La aspiración de cada persona es muchas veces aspiración a la sabiduría. Queremos conocer los qués y los porqués de las cosas que nos pasan, el sentido de la vida y de la historia, los motivos y las consecuencias del tiempo que vivimos. Pero muchas veces nos faltan maestros. Maestros con experiencia y con conocimiento. Maestros con sabiduría.

 

Una buena parte de nuestro tiempo lo empleamos en encontrar al que sabe para pedirle respuestas. A veces, sin éxito: no encontramos la persona o la persona no tiene respuestas. Sin embargo, si miramos a nuestro lado encontramos una sabiduría cercana, accesible, disponible, paciente. Es la sabiduría de los mayores, de los ancianos. Siempre dispuestos a dar un buen consejo, una explicación de vida, una interpretación acertada de los tiempos.

 

Cuando la vida se oscurece y las explicaciones desaparecen, ellos continúan dando luz y esperanza porque a ellos ya les ha pasado de todo y saben que el sol está siempre detrás de las nubes; que a la noche le sigue el día. Los ancianos son, a un tiempo, un complejo de fortaleza, sabiduría, experiencia y amor.

 

 

Muchas veces, para no molestar, esperan la pregunta que necesitas hacerle para iluminar tu vida, pero en ocasiones esa pregunta no llega. Su sabiduría pasa desapercibida y desaprovechada. Cuando se es joven uno parece capaz de toda la ciencia, de todas las respuestas, de encontrar la salida para cualquier dificultad. Pero muy pronto, quizá con la llegada del dolor o del sufrimiento, uno descubre que no se sostiene solo, que no es capaz de dar sentido a la vida y que muchas preguntas están sin respuesta. Y entonces caben dos salidas: el silencio de la incertidumbre o la consulta a los mayores.

En este tiempo muchas veces queda descartada la vejez. Se pondera la juventud y la belleza, la salud y el estar en forma. Se denigra la enfermedad y la vejez. Lo hemos visto especialmente durante la pandemia. Se ha oscurecido la referencia de los mayores y ahora, en tantos hogares, se les echa en falta. Bastaba su sola presencia para que hubiera paz, concordia, encuentro. Su ausencia nos ha privado de cosas muy valiosas en la familia. Se nos olvida en la familia que, como dice Francisco L. Bernárdez, lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado.

Es el momento de volver a mirar la ancianidad como lugar de paz y esperanza y reconocer y agradecer su presencia, hacerla valiosa, dotar su vida de sentido. Las jóvenes generaciones deben encontrar en ellos el sentido profundo de su tiempo y una experiencia de vida que les permita mirar el futuro sin temor.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMLaicos

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMLaicos

 

 

En el momento de nuestra incorporación a la Iglesia, en el día del bautismo, pasamos a ser parte del grupo más numeroso de los que forman este Pueblo de Dios. Somos fieles laicos con una consagración única, la recibida en el bautismo. Esta elección de Dios, confirmada después con el don del Espíritu Santo, se mantiene en el tiempo y es fuerza y señal del compromiso que adquirimos para participar, como laicos, en la misión de la Iglesia.

 

El lugar en que se realiza la consagración de los laicos es el mundo. El mandato del Señor en el Génesis: “moveos por la tierra y dominadla” (Gn 9,7) es llamada a la presencia de los laicos en todas las circunstancias de la vida para colaborar en la organización del común: en las instituciones públicas, políticas o económicas, en las organizaciones sociales, vecinales, profesionales, culturales o deportivas. Trabajar, como dice el Concilio buscando “el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios” (Lg 31). Pero ese dominio al que nos llama la Biblia es un dominio desde el servicio, como enseña Jesús: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

 

 

Es muy grande la diversidad de situaciones y circunstancias que hoy existen en el mundo, sometidas además a una constante evolución. La crisis económica, social y sanitaria exige un compromiso activo, los problemas derivados de la guerra y de los conflictos en tantos lugares del mundo precisan también respuestas rápidas y globales. Los cristianos en este tiempo tenemos una misión que realizar desde el compromiso y la entrega generosa de sus capacidades, de su tiempo y de sus habilidades para construir el Reino de Dios. Necesitamos para ello una vida de gracia, cercana al Espíritu que sostiene, una comunidad de referencia, una familia que acoja y sostenga en los momentos de dificultades y una implicación personal en el mundo con criterio de servicio, colaboración y escucha mutua.

Los fieles laicos miramos al mundo cara a cara con sus valores y problemas, sus inquietudes y esperanzas, sus conquistas y derrotas: un mundo cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades graves. Es nuestro lugar y nuestro tiempo para la caridad política, la que implica a todos los bautizados a proponer un ordenamiento del común basado en la doctrina social de la Iglesia que pueda dar respuesta cristiana a las situaciones planteadas.

Los fieles laicos estamos llamados a acoger el llamamiento de Cristo a trabajar en el Reino, a ser parte activa, consciente y responsable de la misión de la Iglesia en el tiempo presente y hasta el final de la historia

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2022: “Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita”

 

 

El próximo 5 de junio, solemnidad de Pentecostés, la Iglesia celebra también el DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTOLADO SEGLAR, este año bajo el lema, «SIGAMOS CONSTRUYENDO JUNTOS. El Espíritu Santo nos necesita»,

Un día, como recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida  en su mensaje, para destacar «el papel fundamental que tiene el laicado en la corresponsabilidad eclesial y en la misión evangelizadora, junto con los pastores y la Vida Consagrada».

Dicha comisión es la encargada de elaborar los materiales para divulgar y preparar la jornada. (Se pueden descargar en los distintos enlaces que aparecen al final).

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

El mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida gira en torno al Sínodo de los obispos. Ya el lema, explican, «invita a seguir construyendo juntos el gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad, que nos propone el papa Francisco con este proceso sinodal que está llevando a cabo la Iglesia universal y nuestras iglesias particulares, congregaciones, asociaciones y movimientos laicales». Un proceso que para la Iglesia que peregrina en España está siendo “un tiempo de gracia” y una oportunidad “para crecer en comunión, participación y misión”.

La sinodalidad, recuerdan, expresa la naturaleza de la Iglesia y es su ADN, por eso, aunque hemos llegado al final de esta primera etapa sinodal, invitan a dar continuidad a este proceso para que «sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial». Y puntualizan, «la sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia».

Recuperar el sacramento del bautismo y la escucha como método del proceso sinodal.

Los obispos continúan su mensaje invitando a recuperar el sacramento del bautismo «como fundamento teológico de esta eclesiología de comunión». En el bautismo, explican, «se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho. Desde aquí se entiende que la vocación laical no es una vocación residual, por defecto, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada».

Por eso, advierten que «una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual». Y proponen «promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera». Para lo que es fundamental que «se favorezca el diálogo profundo y la escucha mutua, acogiendo también con respeto y cariño aquellas palabras de las personas que no piensan como nosotros».

Así, la escucha sería el método del proceso sinodal y «una de las claves para poder compartir ideas y proyectos, sueños sobre una Iglesia que vamos construyendo entre todos y que deseamos que sea Iglesia de puertas abiertas, que la habita el Señor y donde se cuidan con esmero las relaciones fraternas».

Nadie se salva solo, nadie se salva sin Dios.

Además de la importancia del Sínodo dentro de la Iglesia, los obispos destacan su papel en el diálogo con la sociedad contemporánea, especialmente con los más pobres y sufrientes. «En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios», afirman.

El Espíritu Santo nos necesita.

En la última parte del mensaje, se centran en el papel fundamental del Espíritu Santo en este proceso, pues «es muy importante que no olvidemos que el proceso sinodal es ante todo un proceso espiritual y está orientado al discernimiento. Se trata de preguntarnos cada uno y juntos, en comunidad o en grupos, hacia dónde nos quiere llevar el Espíritu Santo en estos momentos actuales de la historia«.

«Estamos -continúan- ante una posibilidad de cambio profundo, en autenticidad y coherencia, ante un decisivo impulso evangelizador. Se trata ciertamente de una respuesta imprevista que es el Espíritu quien guía y es una aventura para vivir en comunidad. La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual».

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Materiales de la jornada.

   

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMMisiones

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMMisiones

 

El anuncio del Evangelio es un mandato del Señor que afecta a todos los cristianos. Todos los bautizados están llamados a difundir la fe que han recibido en la familia, en la catequesis, en la parroquia, en la celebración. La fe se conserva en el corazón, se alimenta en la oración, pero se comparte con la palabra, con el ejemplo, incluso con la propia vida.

Aunque todos somos llamados al anuncio, algunos son llamados a consagrar la vida entera a ese anuncio. Son llamados a cumplir con el «id por todo el mundo y anunciad el Evangelio» en toda su extensión. Así, son miles de hermanos nuestros los que lo han dejado todo para ganarlo todo. Han dejado su familia, su trabajo, su tierra para para ganar una familia y una tierra trabajando para el Señor.

Conscientes de que la mayor pobreza es no conocer a Jesucristo, los misioneros buscan liberar a las personas de todas las otras pobrezas: de la falta de educación, de la falta de salud, de la falta de medios de subsistencia para que, una vez, liberados puedan acoger libremente a Jesucristo. La evangelización culmina con la incorporación a la Iglesia, con la fe recibida que acaba encarnada en una nueva persona, en una nueva familia, en un nuevo territorio de misión.

 

 

La misión de la lglesia que afecta a todos se sostiene con la oración de miles de personas consagradas y de comunidades cristianas que rezan por los misioneros. También se sostiene en la ayuda económica que a través de diversas organizaciones se les hace llegar. Es otra forma de participar en la misión de la Iglesia y de hacer real el compromiso con el anuncio del Evangelio de todos los bautizados.

De esta manera, religiosas, religiosos, sacerdotes y laicos, también, cada vez más, familias enteras se arraigan en una tierra nueva para hacer presente El Señor y a su Iglesia. Lo hacen en primer lugar con el testimonio de su vida desde la escucha orante de lo que el pueblo concreto con el que viven necesita. Después con el trabajo al servicio de la comunidad, en lo material y en lo espiritual. Y siempre con el afán de que, en el tiempo, vayan surgiendo vocaciones nativas que implican ya la continuidad de la vida cristiana.

Nunca como hoy ha habido tantos seguidores de Jesucristo en esta tierra. El trabajo fecundo de aquellos primeros doce ha dado fruto en todo el mundo. Pero también, al mismo tiempo, hay que reconocer que nunca como hoy hay tanta gente en el mundo que no conoce al Señor. Esta convicción debe remover a todos los cristianos para asumir un compromiso misionero en la propia tierra, en el propio vecindario y hasta los confines del mundo.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es