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Vídeo del Papa. Octubre 2022. Por una Iglesia más sinodal, que sea un lugar de solidaridad, fraternidad y acogida para todos.

Recemos para que la Iglesia, fiel al Evangelio y valiente en su anuncio, viva cada vez más la sinodalidad y sea un lugar de solidaridad, fraternidad y acogida.

Papa Francisco – Octubre 2022

 

¿Qué significa “hacer sínodo”? Significa “caminar juntos, en la misma dirección, escuchar juntos.
Y esto es lo que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”

 

El Vídeo del Papa comparte la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa. Este mes de octubre el Papa Francisco marca la necesidad de una Iglesia cercana y abierta y pide rezar “para que la Iglesia, fiel al Evangelio y valiente en su anuncio, viva cada vez más la sinodalidad y sea un lugar de solidaridad, de fraternidad y de acogida”.

Esta intención llega en un punto de inflexión en el camino sinodal que comenzó en el 2021 y concluirá en 2023. Finalizada la etapa inicial en la que las Iglesias particulares, Conferencias Episcopales y otras realidades eclesiales reflexionaron a partir del Documento Preparatorio enviado por Roma, se inaugura la etapa continental, cuyo énfasis se enmarca en la escucha, el discernimiento y el diálogo a nivel regional, a partir de las aportaciones realizadas por las Iglesias particulares.

El camino sinodal que estamos recorriendo entra en su segunda etapa. En esta etapa el objetivo es el mismo: “hacer sínodo”. Es decir, “caminar juntos”. “No se trata de recoger opiniones, ni hacer un parlamento”, sino “escucharse entre sí en nuestra diversidad y abrir puertas a los que están fuera de la Iglesia”. Y con la escucha del “protagonista, que es el Espíritu Santo”, lo que supone orar, el Sínodo se puede convertir en una “oportunidad para ser una Iglesia de la cercanía, que es el estilo de Dios”..

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Saber escuchar y abrir puertas

En el Video, Francisco recuerda que una Iglesia con este estilo sinodal “es una iglesia de la escucha, que sabe escuchar más que oír” y precisa:

Es escucharse entre sí en nuestra diversidad y abrir puertas a los que están fuera de la Iglesia. No se trata de recoger opiniones, ni hacer un parlamento. El sínodo no es una encuesta; se trata de escuchar al protagonista, que es el Espíritu Santo, se trata de rezar. Sin oración, no habrá Sínodo.

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Hacer sínodo: la Iglesia del tercer milenio

Para el Papa Francisco, caminar juntos en la misma dirección “es lo que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Que retome la conciencia que es un pueblo en camino y que debe hacerlo junto”.

Con este ánimo comenzó hace un año el Sínodo 2021-2023,Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, y este mes se da inicio a su segunda etapa. Es un proceso constante de escucha y discernimiento en todo el mundo. Ahora, en la etapa continental, a partir del trabajo de escucha que han hecho las Iglesias particulares y el discernimiento de los Pastores en las Conferencias Episcopales, la Secretaría General del Sínodo está elaborando un Documento de Discernimiento del Pueblo de Dios tras una cuidadosa reflexión sobre los frutos de la etapa anterior.

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Contribuir con la oración personal y comunitaria

El Secretario General del Sínodo, Cardenal Mario Grech, comentó a propósito del proceso sinodal: “La respuesta del Pueblo de Dios en la primera etapa del proceso sinodal fue simplemente extraordinaria, ¡sin precedentes en la historia! Todas las Conferencias Episcopales enviaron su contribución. ¡Esto nunca había ocurrido y muestra claramente cómo actúa el Espíritu! Hoy en día, muchos creyentes se preguntan cómo seguir el camino que han iniciado. Además de las actividades implementadas localmente o a nivel de cada continente, invito a todos a contribuir con la oración personal y comunitaria para apoyar a quienes serán llamados al ejercicio de la escucha y el discernimiento en las próximas asambleas continentales”.

Se ha de entender, a partir de esto, que el proceso actual no termina con la etapa diocesana, ni con la etapa continental, ni con la celebración de la Asamblea del Sínodo; estos son acontecimientos que se integran en el continuo y único dinamismo de conversión sinodal de la Iglesia. Y en esa escucha recíproca —como el Santo Padre explicó en la Conmemoración del 50 Aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos—“cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo”.

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Abrir las puertas: “Sin oración, no habrá Sínodo”

El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, agregó que el Papa Francisco ha iniciado un ciclo de catequesis sobre el discernimiento. “No tiene que sorprendernos, que en este mes en el cual celebramos un año del inicio del camino sinodal, y en el cual Francisco nos invita a rezar por una Iglesia abierta a todos, nos ayude a entender lo que significa discernir. Para que el camino sinodal en curso sea un verdadero proceso espiritual requiere escucha, diálogo, oración y discernimiento. No hay discernimiento sin oración. Sin oración se pueden compartir bonitas reflexiones y experiencias, pero difícilmente estar a la escucha del Espíritu Santo, actor principal del Sínodo. Recordemos pues, como dice Francisco, que ‘sin oración, no habrá Sínodo’”.

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Fuente: thepopevideo.org

La diversidad de ministerios es una riqueza, pero sin “clericalizar” a los laicos

Celebración litúrgica en la Iglesia del Santo Spirito en Sassia, Roma. (Imagen de Vatican Media)

 

El secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, se alegra de transmitir el saludo cordial del Papa Francisco al presidente del Centro de Acción Litúrgica, el arzobispo de Catanzaro-Squillace -monseñor Claudio Maniago- y a todos los participantes en la 72 Semana Litúrgica Nacional que se está celebrando estos días en Salerno, Italia, promovida por el Centro de Acción Litúrgica.  Los trabajos, con el tema elegido, ‘Los ministerios al servicio de una Iglesia sinodal‘, “tienen un significado particular para la Iglesia en el momento histórico actual”, indicó el cardenal.

Además el cardenal Parolin citó las palabras del Papa cuando instó a la Iglesia a vivir el itinerario del Sínodo en el que está comprometida hoy, convirtiéndose en “expertos en el arte del encuentro“, y dispuestos a ayudarse mutuamente “para que la diversidad de carismas, vocaciones y ministerios nos enriquezca“.

El Secretario de Estado precisa lo que, desde esta perspectiva, espera el Papa Francisco de las jornadas de estudio que reúnen a obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas y numerosos laicos. “La esperanza del Santo Padre -escribe- es que esta asamblea cualificada contribuya a la profundización teológico-litúrgica-pastoral de la realidad ministerial, abriendo perspectivas que se ofrezcan al discernimiento pastoral de la comunidad eclesial”.

Los participantes en esta semana de estudios, analizarán sobre el impacto real de los nuevos ministerios instituidos del Lector, Acólito y Catequista en la práctica eclesial.

 

Pasajes del Magisterio sobre la ‘ministerialidad’

Parolin recuerda entonces algunas intervenciones del Magisterio Pontificio en materia de ministerialidad como, hace 50 años, el Motu proprio ‘Ministeria quaedam‘ con el que, escribe, “San Pablo VI había revisado toda la materia de las órdenes menores, conservando las del Lector y el Acólito como ministerios instituidos, ya no considerados como reservados a los candidatos al Sacramento del Orden”.

A partir de este documento, explicó el cardenal Parolin, el Centro de Acción Litúrgica “propone oportunamente una reflexión sobre la animación litúrgica de todo el Pueblo de Dios“. El Papa contempla la renovación de la Iglesia en una dirección cada vez más “comunitaria” y menos clerical. Con el Motu proprio ‘Spiritus Domini‘, Francisco supera la limitación que excluía a las mujeres del acceso a los dos primeros ministerios, mientras que con el motu proprio ‘Antiquum Ministerium‘, da a la Iglesia “la figura del ministerio instituido del catequista”.

“En esta línea de profundización de una ministerialidad diversificada se sitúa vuestra Conferencia -continuó el cardenal Parolin- recordando siempre que todo ministerio en la Iglesia debe inspirarse en el espíritu de servicio vivido por Jesús, y creyendo que el trabajo de la Semana puede ser una buena oportunidad para verificar el derrame en la vida de la Iglesia y la promoción de estos mismos ministerios”.

 

Hay que valorar a los laicos sin confundir los roles

Una Iglesia entendida como “misterio de comunión”, prosigue el Secretario de Estado, pone de relieve en mayor medida el papel de los laicos, se trata entonces de “fomentar en los fieles laicos una conciencia más clara de su vocación, que se expresa en una pluralidad de tareas”.

Pero advierte: “Al tratar estas cuestiones, hay que tener cuidado de no confundir el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, interpretando arbitrariamente el concepto de “sustitución”, “clericalizando” y corriendo así el riesgo de crear realmente una estructura eclesial de servicio paralela a la fundada en el sacramento del Orden”.

 

El cardenal Parolin concluye su mensaje asegurando a todos los participantes en la Conferencia, que finalizará el próximo 25 de agosto, la oración y la bendición del Papa Francisco, a la que añade su deseo personal “por el pleno éxito de esta importante iniciativa pastoral”.

 

 

Fuente: vaticanews.va

Doce semanas para hacer Memoria. Esta última semana: #HMJuventud

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMJuventud

 

Vivimos un tiempo de aparente desaparición de los jóvenes del compromiso con la vida pública. No solo en la Iglesia, también en cualquier otra institución que tiene como fin o como cauce de actuación a las personas jóvenes. Parece que el individualismo y las tecnologías los han hecho desaparecer de la vida real. Sin embargo, también hoy se descubren a personas jóvenes con compromiso con la sociedad y el bien de todos. No son muchos pero son un número significativo de personas que actúan como fermento en la masa. Son de su tiempo y tampoco los adultos o los mayores se comprometen con los demás más que ellos. Seguramente estamos hablando de la misma proporción.

En la Iglesia pasa algo similar. Con frecuencia escuchamos que debe cuidar a los jóvenes porque ellos son el futuro de la Iglesia. Sin embargo, esa mirada no corresponde con la realidad, no son futuro. Los jóvenes son ya presente. Forman parte de la vida de la Iglesia, parte activa, comprometida, entregada. Los encuentras en innumerables presencias de oración y de adoración en parroquias, congregaciones y movimientos. Los encuentras dando catequesis, formando a los más pequeños, o formándose en el conocimiento de Jesús, del Evangelio y de su Iglesia. Los encuentras comprometidos en la acogida a los inmigrantes, en las visitas a enfermos en los grupos de Cáritas. Siempre son una minoría en la comunidad cristiana, pero que con el paso del tiempo, ellos mismos se convierten en mayoría, mientras se sigue incorporando otra vez una minoría de gente joven.

 

 

El trato con los jóvenes exige mucho a la Iglesia. Exige una compañía que no marque el paso, sino que se acomode a su paso; que no imponga decisiones sino que ayude en el discernimiento de la decisión más adecuada; que esté siempre cerca cuando uno cae y le ayude a levantarse; que acompañe la fiesta y la tristeza, los gozos y las sombras, las emociones y las decepciones.

La Iglesia lo sabe y se dedica a ellos en la seguridad de que son los jóvenes los mejor cualificados para la evangelización de los jóvenes. Se acerca el tiempo de descanso que es también el tiempo privilegiado para el trabajo con los jóvenes y de los jóvenes en la Iglesia. Darán comienzo los campamentos, las peregrinaciones a Santiago y entre ellas la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago en la primera semana de agosto. Comienza el tiempo de los jóvenes en la Iglesia. Ellos son el presente, un presente seguro.

 

 

  • Con esta entrega finaliza las doce semanas #Hazmemoria-2022 en las que se hizo memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario:

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria. Esta semana #HMCaridad

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMCaridad

 

La misión esencial de la Iglesia se reúne en tres mandatos del Señor: Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio; haced esto en conmemoración mía; y amaos los unos a los otros como yo os he amado. Por eso decimos que el mandamiento del amor es imprescindible en el hacer de la Iglesia. Una Iglesia que no hace visible el amor de Dios y su predilección por la persona no es del todo la Iglesia de Jesús.

Los cristianos manifiestan su condición en la vida pública de maneras muy diversas. Entre todas ellas, una forma preeminente e imprescindible es el amor al prójimo que se manifiesta de maneras muy diversas: el servicio al bien común, la acción política, los comedores sociales, la atención a la discapacidad, la acción contra la pobreza. La caridad es la forma habitual de expresarse la conciencia cristiana en la vida pública y se configura como un desborde natural de una identidad vivida y una misión realizada: el amor se manifiesta en obras mucho mejor que en palabras.

Lo que ha sido anunciado y celebrado se derrama en la vida de la Iglesia a todas las personas y, de manera especial, a todos los necesitados en lo que se llama la caridad, reflejo y expresión del amor de Dios. Pero el amor al prójimo no es solo un desbordarse la vida cristiana, también en muchas ocasiones es un punto de comienzo en la vida cristiana. El ejemplo de cristianos entregados al servicio del prójimo, que aman y que se aman, es, desde los primeros siglos, la herramienta más eficaz para la evangelización de los no creyentes. De hecho, muchos jóvenes, también hoy, conocen a Jesús a partir del testimonio entregado que unas religiosas, unos sacerdotes o sus mismos amigos les ofrecen durante unas convivencias, un campo de trabajo, o un voluntariado en cualquier lugar del mundo.

 

 

Ese amor al prójimo se hace más necesario y explícito cuando aumentan las dificultades. La situación ocasionada por la pandemia, la grave crisis económica y social, las consecuencias de las guerras que llegan a todas partes en este mundo globalizado son un dolor grande que han puesto a prueba la resistencia moral y social de las personas y del conjunto de la sociedad. Para los cristianos, estos tiempos difíciles son también una oportunidad para los cristianos para hacer explícito y eficaz, una vez más su rasgo esencial: el amor al prójimo. Esto ya ha pasado en el tiempo. Las circunstancias citadas han hecho que, en los últimos meses, los cristianos se hayan volcado con los más cercanos, con independencia de creencias, ideologías o situaciones particulares. Ayudar al que está cerca es siempre posible, no es gravoso, no es costoso y además humaniza al que recibe la ayuda y a la que la da.

Pero las necesidades no han acabado, se mantienen en el presente y se proyecta, seguramente acrecentadas en un futuro cercano. La palabra del Señor tiene vigencia hasta el final de los tiempos y el promete que los pobres y necesitados estarán con nosotros hasta el final de los tiempos. Para ellos también está la Iglesia, contigo y con todos.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Curso de formación en Doctrina Social sobre la sociedad de los cuidados

 

“La sociedad de los cuidados, un reto para la Iglesia” es el tema que propone este año el curso de formación en Doctrina Social de la Iglesia, que organiza la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana. Estas Jornadas tendrán lugar los días 28 y 29 de junio en la Fundación Pablo VI, en Madrid, aunque la matrícula también está abierta para la participación online.

El objetivo de este curso es responder, desde la Iglesia, a la necesidad de los cuidados en una sociedad envejecida donde la soledad empieza a ser endémica, con una pérdida de vínculos sociales y familiares y con una cultura dominada por el individualismo.

La doctrina social en el tema del cuidado

El Presidente de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, Mons. Jesús Fernández González, será el encargado de abrir el curso el martes 28 de junio a las 10.30 horas. En la sesión inaugural también intervendrán el director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela, y el director del secretariado de la Comisión organizadora, Fernando Fuentes. José Carlos Bermejo del Centro de Humanización de la Salud ofrecerá la ponencia de apertura sobre el tema “Cuidar para un mundo humanizado”.

Durante esta primera jornada se podrán escuchar otras dos conferenciasSebastián Mora, de la Universidad Pontificia Comillas, hablará sobre “La crisis de los vínculos en la sociedad” y Luis Alfonso Aranguren, de la Universidad Complutense de Madrid, se centrará en el tema “La fragilidad como condición humana”.

Además, se presentarán experiencias sobre Justicia restaurativa, acogida de emigrantes, trata de personas y víctimas de abusos. Contarán sus proyectos sobre estos cuatro temas Raquel de Benito, de CáritasRufino García, de la Mesa de la Hospitalidad de la diócesis de MadridMaría Concepción Jiménez, de Villa Teresita; y Lidia Troya, del Proyecto Repara del arzobispado de Madrid.

Tiempo de cuidados. Otra forma de estar en el mundo

Para la mañana del miércoles 29 de junio se han programado otras dos ponencias“El cuidado de la sociedad: el bien común” es el tema que abordará Carlos García de Andoin, del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao. “Espiritualidad política: la amistad social” es la cuestión que presentará Emma Martínez Ocaña, de la Institución Teresiana.

La jornada de la tarde comenzará con una mesa redonda en la que se debatirá sobre “Nuevas rupturas de vínculos en la sociedad actual”. Participarán Teresa Villanueva, de Cáritas; Francisco Porcar, de la HOAC; y Fernando Miguel Vidal, de la Universidad Pontificia Comillas.

La filósofa Victoria Camps será la encargada de impartir la conferencia de clausura con el título “Tiempo de cuidados. Otra forma de estar en el mundo”. Se cerrará el curso con las palabras de Mons. Ginés García Beltrán como presidente de la Fundación Pablo VI.

 

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Fuente: conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria. Esta semana: #HMMayores

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMMayores

 

La aspiración de cada persona es muchas veces aspiración a la sabiduría. Queremos conocer los qués y los porqués de las cosas que nos pasan, el sentido de la vida y de la historia, los motivos y las consecuencias del tiempo que vivimos. Pero muchas veces nos faltan maestros. Maestros con experiencia y con conocimiento. Maestros con sabiduría.

 

Una buena parte de nuestro tiempo lo empleamos en encontrar al que sabe para pedirle respuestas. A veces, sin éxito: no encontramos la persona o la persona no tiene respuestas. Sin embargo, si miramos a nuestro lado encontramos una sabiduría cercana, accesible, disponible, paciente. Es la sabiduría de los mayores, de los ancianos. Siempre dispuestos a dar un buen consejo, una explicación de vida, una interpretación acertada de los tiempos.

 

Cuando la vida se oscurece y las explicaciones desaparecen, ellos continúan dando luz y esperanza porque a ellos ya les ha pasado de todo y saben que el sol está siempre detrás de las nubes; que a la noche le sigue el día. Los ancianos son, a un tiempo, un complejo de fortaleza, sabiduría, experiencia y amor.

 

 

Muchas veces, para no molestar, esperan la pregunta que necesitas hacerle para iluminar tu vida, pero en ocasiones esa pregunta no llega. Su sabiduría pasa desapercibida y desaprovechada. Cuando se es joven uno parece capaz de toda la ciencia, de todas las respuestas, de encontrar la salida para cualquier dificultad. Pero muy pronto, quizá con la llegada del dolor o del sufrimiento, uno descubre que no se sostiene solo, que no es capaz de dar sentido a la vida y que muchas preguntas están sin respuesta. Y entonces caben dos salidas: el silencio de la incertidumbre o la consulta a los mayores.

En este tiempo muchas veces queda descartada la vejez. Se pondera la juventud y la belleza, la salud y el estar en forma. Se denigra la enfermedad y la vejez. Lo hemos visto especialmente durante la pandemia. Se ha oscurecido la referencia de los mayores y ahora, en tantos hogares, se les echa en falta. Bastaba su sola presencia para que hubiera paz, concordia, encuentro. Su ausencia nos ha privado de cosas muy valiosas en la familia. Se nos olvida en la familia que, como dice Francisco L. Bernárdez, lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado.

Es el momento de volver a mirar la ancianidad como lugar de paz y esperanza y reconocer y agradecer su presencia, hacerla valiosa, dotar su vida de sentido. Las jóvenes generaciones deben encontrar en ellos el sentido profundo de su tiempo y una experiencia de vida que les permita mirar el futuro sin temor.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMLaicos

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMLaicos

 

 

En el momento de nuestra incorporación a la Iglesia, en el día del bautismo, pasamos a ser parte del grupo más numeroso de los que forman este Pueblo de Dios. Somos fieles laicos con una consagración única, la recibida en el bautismo. Esta elección de Dios, confirmada después con el don del Espíritu Santo, se mantiene en el tiempo y es fuerza y señal del compromiso que adquirimos para participar, como laicos, en la misión de la Iglesia.

 

El lugar en que se realiza la consagración de los laicos es el mundo. El mandato del Señor en el Génesis: “moveos por la tierra y dominadla” (Gn 9,7) es llamada a la presencia de los laicos en todas las circunstancias de la vida para colaborar en la organización del común: en las instituciones públicas, políticas o económicas, en las organizaciones sociales, vecinales, profesionales, culturales o deportivas. Trabajar, como dice el Concilio buscando “el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios” (Lg 31). Pero ese dominio al que nos llama la Biblia es un dominio desde el servicio, como enseña Jesús: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

 

 

Es muy grande la diversidad de situaciones y circunstancias que hoy existen en el mundo, sometidas además a una constante evolución. La crisis económica, social y sanitaria exige un compromiso activo, los problemas derivados de la guerra y de los conflictos en tantos lugares del mundo precisan también respuestas rápidas y globales. Los cristianos en este tiempo tenemos una misión que realizar desde el compromiso y la entrega generosa de sus capacidades, de su tiempo y de sus habilidades para construir el Reino de Dios. Necesitamos para ello una vida de gracia, cercana al Espíritu que sostiene, una comunidad de referencia, una familia que acoja y sostenga en los momentos de dificultades y una implicación personal en el mundo con criterio de servicio, colaboración y escucha mutua.

Los fieles laicos miramos al mundo cara a cara con sus valores y problemas, sus inquietudes y esperanzas, sus conquistas y derrotas: un mundo cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades graves. Es nuestro lugar y nuestro tiempo para la caridad política, la que implica a todos los bautizados a proponer un ordenamiento del común basado en la doctrina social de la Iglesia que pueda dar respuesta cristiana a las situaciones planteadas.

Los fieles laicos estamos llamados a acoger el llamamiento de Cristo a trabajar en el Reino, a ser parte activa, consciente y responsable de la misión de la Iglesia en el tiempo presente y hasta el final de la historia

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMMisiones

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMMisiones

 

El anuncio del Evangelio es un mandato del Señor que afecta a todos los cristianos. Todos los bautizados están llamados a difundir la fe que han recibido en la familia, en la catequesis, en la parroquia, en la celebración. La fe se conserva en el corazón, se alimenta en la oración, pero se comparte con la palabra, con el ejemplo, incluso con la propia vida.

Aunque todos somos llamados al anuncio, algunos son llamados a consagrar la vida entera a ese anuncio. Son llamados a cumplir con el «id por todo el mundo y anunciad el Evangelio» en toda su extensión. Así, son miles de hermanos nuestros los que lo han dejado todo para ganarlo todo. Han dejado su familia, su trabajo, su tierra para para ganar una familia y una tierra trabajando para el Señor.

Conscientes de que la mayor pobreza es no conocer a Jesucristo, los misioneros buscan liberar a las personas de todas las otras pobrezas: de la falta de educación, de la falta de salud, de la falta de medios de subsistencia para que, una vez, liberados puedan acoger libremente a Jesucristo. La evangelización culmina con la incorporación a la Iglesia, con la fe recibida que acaba encarnada en una nueva persona, en una nueva familia, en un nuevo territorio de misión.

 

 

La misión de la lglesia que afecta a todos se sostiene con la oración de miles de personas consagradas y de comunidades cristianas que rezan por los misioneros. También se sostiene en la ayuda económica que a través de diversas organizaciones se les hace llegar. Es otra forma de participar en la misión de la Iglesia y de hacer real el compromiso con el anuncio del Evangelio de todos los bautizados.

De esta manera, religiosas, religiosos, sacerdotes y laicos, también, cada vez más, familias enteras se arraigan en una tierra nueva para hacer presente El Señor y a su Iglesia. Lo hacen en primer lugar con el testimonio de su vida desde la escucha orante de lo que el pueblo concreto con el que viven necesita. Después con el trabajo al servicio de la comunidad, en lo material y en lo espiritual. Y siempre con el afán de que, en el tiempo, vayan surgiendo vocaciones nativas que implican ya la continuidad de la vida cristiana.

Nunca como hoy ha habido tantos seguidores de Jesucristo en esta tierra. El trabajo fecundo de aquellos primeros doce ha dado fruto en todo el mundo. Pero también, al mismo tiempo, hay que reconocer que nunca como hoy hay tanta gente en el mundo que no conoce al Señor. Esta convicción debe remover a todos los cristianos para asumir un compromiso misionero en la propia tierra, en el propio vecindario y hasta los confines del mundo.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMCatequesis

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMCatequesis

 

 

El servicio del catequista dentro de la Iglesia es muy antiguo. Ya en el Nuevo Testamento encontramos que se llama maestros a los encargados de enseñar la vida cristiana a los que van a recibir el bautismo y el mismo evangelista Lucas escribe su evangelio con afán de transmitir las cosas que se han vivido en su tiempo para dar una enseñanza sólida y segura y fuerza a cuantos han recibido el Bautismo.

Desde sus orígenes, la comunidad cristiana ha ido generando nuevos ministerios para el desarrollo de su misión. Unos ayudan en la celebración de la eucaristía, otros sirven a los necesitados, otros colaboran en el anuncio del Evangelio, entre los más lejanos, como los misioneros, y entre los más cercanos.

Son los catequistas, más de 85.000 en la Iglesia en España los que han recibido el encargo de la Iglesia de acompañar en la fe, por medio de la formación, a quienes se preparan para dar un paso más en la vivencia de esa fe. Es el Espíritu Santo el que mueve el corazón de los cristianos para servir a la Iglesia en cualquiera de sus servicios, también en el de catequista.

 

 

 

Catequistas son los bautizados que ejercen en la comunidad el servicio de transmitir la enseñanza de los apóstoles, de los evangelistas y de toda la Iglesia de manera organizada, en estrecha relación con las circunstancias del tiempo presente y de las circunstancias en que viven los catecúmenos.La Iglesia reconoce este servicio como una expresión concreta del carisma personal que ayuda notablemente al crecimiento de la misión evangelizadora.

La historia de la evangelización de estos dos milenios muestra la eficacia de la misión de los catequistas. Laicos, hombres y mujeres animados por una gran fe y auténticos testigos de santidad que, en algunos casos, fueron además fundadores de Iglesias y llegaron incluso a dar su vida al servicio de la catequesis, a fin de que la fe fuese un apoyo válido para la existencia de cada persona.

Algunos, además, reunieron en torno a sí a otros hermanos y hermanas que, compartiendo el mismo carisma, constituyeron órdenes religiosas dedicadas completamente al servicio de la catequesis.

También en nuestros días, muchos catequistas capaces y constantes están al frente de comunidades en diversas regiones y desempeñan una misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe. Para continuar esa misión, el Espíritu llama a nuevos catequistas que salgan al encuentro de todos los que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMMigraciones

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMMigraciones

 

La humanidad se mueve. Desde tiempo inmemorial las personas se desplazan de su lugar natural a otras tierras con la legítima aspiración de encontrar una vida mejor. Lo hacen por motivos diversos, aunque en el fondo está siempre el mismo: mejorar su calidad de vida. En general, en el origen de la inmigración están las dificultades graves para encontrar una vida digna en el propio espacio vital.

En ocasiones lo que lleva a cambiar de tierra es la inestabilidad social o política del lugar en el que viven o la presencia de un conflicto violento que obliga a salir del propio hogar, con todo lo que eso significa. En otros casos es la dificultad para encontrar un trabajo digno o el acceso a una educación que permita tener un futuro mejor. En ocasiones es la persecución política o religiosa de personas lo que motiva cambiar de vida.

La aspiración a mejorar la propia vida o a garantizar las condiciones para una supervivencia digna es legítima. Todos deseamos permanecer en la tierra en la que hemos nacido, pero no siempre es posible. Los inmigrantes llegan a los países de acogida por los cauces previstos para poder realizar una integración que va más allá de la simple acogida y pasa por la protección y la promoción personal. Al mismo tiempo, cuando se dan condiciones repentinas y graves también resulta conveniente facilitar los trámites para esa inmigración.

 

 

Las catástrofes humanitarias o las guerras ocasionan un desplazamiento de personas que tenían un modo de vida establecido que, repentinamente ha desaparecido. En estos casos es necesaria una mirada amplia que responda eficazmente a las necesidades urgentes que se suscitan, atendiendo a la dignidad de cada persona y mirando al que sufre desde el respeto y la misericordia.

La Iglesia propone una acogida inmediata de todos los que se ven obligados a salir de su país para proteger su integridad personal o su propia vida. Pero el proceso no se acaba en una simple acogida. Al mismo tiempo que se acoge debe protegerse a la persona de todas aquellas causas que ocasionaron la inmigración: la pobreza, el hambre, la violencia,… Una vez que se han resuelto las condiciones básicas de vida, es necesaria la promoción de la persona. Permitirle acceder a los cauces de promoción personal y humana que rigen en la sociedad que acoge: de manera especial garantizar el derecho a la educación y a los recursos básicos.

El proceso termina con la integración de las personas en la sociedad en la que viven, aportando su propia experiencia vital, sus conocimientos, sus tradiciones. Se produce así un enriquecimiento cultural que se ha vivido en la historia a partir de cualquier movimiento migratorio.

 

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es