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¡Ha resucitado!: La vigilia pascual marca el inicio de la Pascua

El Domingo de Pascua, también conocido como Domingo de Resurrección del Señor, Domingo de Gloria o Domingo Santo, es la fiesta más importante para los cristianos de todo el mundo. Es tiempo de alegría y de gozo porque Jesús ha resucitado.

Este año el Tiempo Pascual comienza con la Vigilia Pascual, en la noche del 30 al 31 de marzo. Este tiempo litúrgico son los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés, que «se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo» (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).

Se renuevan por tanto los sacramentos de iniciación cristiana: el Bautismo y la Confirmación. De acuerdo con las Escrituras, se describe que en cuanto se hizo de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les comunica que ha resucitado. Este día da paso a una gran celebración para todos.

La mañana del Domingo de Pascua (como el día de Navidad), el Papa da su mensaje pascual y su bendición para el mundo (‘Urbi et Orbi’) desde el balcón de la basílica de San Pedro. El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal ofrece también su mensaje de Pascua.

Materiales de reflexión para Pascua

En la web de la Conferencia Episcopal, en la sección Creemos, se ha preparado un especial titulado «Pascua» con materiales sobre el significado y símbolos de este tiempo litúrgico. En cuatro apartados se pueden consultar qué sentido tiene el Domingo de Resurrección; preguntas y respuestas de este tiempo tan importante para los cristianos; los signos de Pascua, y las lecturas de los domingos de Pascua, desde este domingo de Resurrección hasta Pentecostés.

 

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Fuente: conferenciaepiscopal.es

«¿Eres feliz?», la impactante campaña pascual y callejera de la ACDP: «¡Jesucristo ha resucitado!»

 

La campaña #JesucristoMeHaSalvado  de ACdP está en marquesinas, metros y cercanías de más de 100 ciudades españolas

 

Frente a la tristeza, epidemia de esta sociedad, la respuesta es la esperanza cristiana….

 

La Semana Santa termina con la Pascua de Resurrección que es el momento en el que los cristianos conmemoramos y celebramos la victoria de Jesucristo sobre la muerte a través de su Resurrección abriendo así el cielo. Pero en una sociedad secularizada y casi postcristiana como la de Occidente este mensaje no es escuchado por la mayoría y ni siquiera le llega un ligero eco.

Y mientras la fe cae, la epidemia de la tristeza y la soledad avanza a paso firme. Por ello, la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) ha lanzado una mega campaña para anunciar al mundo que la felicidad es posible y que Jesucristo ha resucitado.

 

¿Te puedo hacer una pregunta difícil?… ¿Eres feliz?

 

 

“¿Eres feliz?”. Esta es la pregunta que la ACDP ha lanzado en esta campaña a través de marquesinas, metros y autobuses en más de 100 ciudades de toda España. El foco ha sido específicamente puesto en la tristeza, la que consideran la “enfermedad espiritual más extendida de nuestro tiempo”.

En los carteles, los propagandistas preguntan a los 47 millones de españoles si son felices, tanto a aquellos que responderían “Sí” como a los que dirían que “No”, que son la gran mayoría: hoy, más del 60% de la población se considera “no muy feliz” o “infeliz”, según revela el informe Global Happiness 2020, elaborado por la empresa de investigación de mercados Ipsos.

 

La tristeza tiene muchas causas, pero según la ACDP hay un denominador común: el vacío ante la cuestión central del corazón del hombre, “¿qué sentido tiene mi vida?”. Por eso, junto a la pregunta incómoda, los propagandistas lanzan un mensaje de esperanza, tanto a quienes viven insatisfechos como a quienes piensan que les va fenomenal: que esta Semana Santa es una oportunidad para descubrir a Cristo. Que Él, con su Resurrección, ha dado sentido pleno a todas las vidas.

En los carteles de esta campaña se proponen dos testimonios personales de sendos jóvenes. Se puede acceder a ellos con sendos códigos QR, uno para cada respuesta, los que sí se sienten felices y los que no son felices.

 

“El Señor me sacó de la infelicidad más absoluta”

 

Para interpelar a los primeros, a los que responden SI, les dirigen a la historia del modelo y cineasta Pietro Ditano, que encontró a Dios cuando vio que su vida de lujos, aparentemente feliz, no le llenaba. “Era una apariencia de humo cojonuda”, dice, y destaca que salió del desengaño y la tristeza gracias a los sacramentos y el servicio a los demás.

Este joven gallego nació en una familia creyente pero poco practicante. Con 19 años empezó en el mundo de la moda para vivir una “experiencia brutal” como modelo. “Tenía mucho éxito con las mujeres, salíamos seis noches a la semana, nos recogían Mercedes en la puerta del hotel, íbamos a restaurantes de lujo, a zonas VIP…”, relata.

 

 

Sin embargo, cuando todo esto cesaba y llegaba a su habitación del hotel “había algo distorsionante que me volvía loco”. Y se obsesionó en desfilar con Armani, pero cuando llegó al casting ni siquiera le dejaron acceder.

“Seis meses de mi vida sacrificados por eso. Se me hundió todo, todo era una mentira… Entré en una depresión, un momento difícil, y era porque esa felicidad era mentira, era pasajera y volátil”, reconoce. Pero tras su fracaso en el intento de ser top model afirma haber tenido la suerte de encontrarse con un sacerdote, “que fue tan fuerte lo que me dijo que me llevó a la necesidad de tener que leer a Jesús”.

Estas lecturas le fueron transformando, pero le faltaba unirse al prójimo, por lo que con el tiempo volvió a entrar en el bucle de la tristeza y la desilusión. “Volví a llamar a esa persona y entonces él me dijo: ‘de nada sirve poner una capa blanca al alma, cubrirlo con una negra y poner otra blanca por encima’. Y dije: ‘esto es lo que me pasa a mí’”.

 

“Vale sí, y ¿cómo soluciono eso?”, preguntó. Y el sacerdote le respondió: “servicio, servicio, servicio”.

“Empezando a vivir así y de la mano de los sacramentos, viviendo la gracia de cerca y tratando de servir, comencé a vivir una vida más serena y con pasos sólidos”, agrega Pietro.

Ahora puede afirmar con firmeza: “el Señor me sacó de la infelicidad más absoluta, que va disfrazada de felicidad temporal porque va con esa apariencia de glamour y lujo, y descubrir otro tipo de paz y serenidad que nunca había experimentado y me llenaba el alma”.

 

“Dios me ha salvado de una muerte en vida”

Por el contrario, para consolar a aquel que responda que NO es feliz, la ACdP ofrece el testimonio de Sonsoles Martín, una joven que sufre una depresión, pero que ha descubierto que el Señor la sostiene y la acompaña en su enfermedad. El 5% de los españoles sufre un cuadro depresivo (según datos del INE) y es, junto con Grecia, el país de la UE con más prevalencia de esta enfermedad (cifras de la Fundación Civio).

 

 

Esta joven de 23 años relata en este testimonio que llegó un momento en el que se sentía “incapacitada”, no lograba estudiar, ni siquiera levantarse de la cama o salir de su casa. “¿Por qué tengo miedo a todo?”, se preguntaba.

“Fui al psiquiatra y me diagnosticó una depresión. Y esta enfermedad lo que tiene es que tu cerebro no funciona bien, y para la enfermedad había que tomar una medicación. A mí eso me resultó muy duro porque me sentía muerta en vida, no valía nada”, añade.

A Sonsoles le tocaba conciliar esta enfermedad con su vida, vivir con ella. Sin embargo, explica que “cuando Dios está en tu vida todo tiene un sentido, tienes un sitio donde volver y donde seguir caminando. No te sientes perdida”.

“Durante este periodo duro Dios me fue regalando personas que me fueron guiando, yo sola no podía. Ahí es donde todo cambia, cuando te dejas tocar por Dios y por las ayudas que te va prestando aunque en ese momento no te des cuenta de que es Dios”, afirma.

Precisamente, estas personas, estos  “ángeles” –señala Sonsoles- “me levantaban, me empujaban para que pudiera con la vida, porque yo era importante para el mundo, no sólo para Dios, sino para el mundo, y que mi vida tenía un sentido aquí”.

“La vida es cruz también y tienes que saber llevar sus cruces. Y necesito personas para ayudarme a llevar la cruz. Estoy agradecida, soy feliz, porque me siento querida y me siento amada en todos los aspectos, puedo amar también y puedo decir que Dios me ha salvado de esta muerte en vida”, concluye.

 

¿ Te atreves a contar como Cristo te ha salvado?

 

Junto a estos dos testimonios, la ACdP lanza un reto en redes sociales con el hashtag #JesucristoMeHaSalvado. La Asociación invita a todos los que se sientan identificados con esta frase a compartir en vídeo su testimonio y a retar a otros amigos a hacer lo mismo, iniciando una cadena para compartir la buena noticia de la Resurrección en sus redes sociales y así llegue a todos los rincones. El activista y YouTuber Jordi Sabaté, o el sacerdote Pablo Pich, entre otros, ya han aceptado el desafío. ¿Y tú? ¿Te atreves?

 

#JesucristoMeHaSalvado

 

Fuentes: acdp.es y religionenlibertad.com

¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya!

¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya!

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Los cristianos celebramos la fiesta más importante del año: el «paso» de Jesús de la muerte a la vida. Celebramos el misterio central de nuestra fe. Celebramos el triunfo de nuestro Salvador sobre la muerte y el pecado.

Comienza el Tiempo Pascual, los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés, que «se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo» (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).

El tiempo pascual

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La celebración de la Pascua se continúa durante el Tiempo Pascual. Los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección al Domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un sólo día festivo, más aún, como el “gran Domingo”.

Los domingos de este tiempo han de ser considerados y llamados “domingos de pascua” y tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad. Las solemnidades que coincidan con estos domingos, han de anticiparse al sábado precedente. Aunque los domingos no tienen nombre propio –salvo el domingo de la Octava o domingo II de Pascua, que es el de la “divina misericordia”- cada uno de ellos profundiza un aspecto de este misterio central de nuestra fe a través de las lecturas, muy en especialmente el evangelio de San Juan y también las cartas católicas y el Apocalipsis. Así, la panorámica de estos domingos sería la siguiente:

  • Domingo II o “de la divina misericordia” y domingo III. Las apariciones de Jesús: presencia del resucitado entre los suyos.
  • Domingo IV. Jesús como buen pastor que da la vida por las ovejas.
  • Domingo V y domingo VI. Fragmentos del discurso de la Última Cena: la llamada al amor, vivir como resucitados.

El Domingo VII de Pascua se celebra la Ascensión del Señor, trasladada del jueves anterior: unida la promesa del Espíritu, se inaugura un nuevo modo de presencia del Resucitado en medio de los suyos. Cristo “no se ha ido para desentenderse de este mundo”, sino que  estará presente con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo y, a la vez, nos abre un camino, el del cielo, hacia el que tenemos que transitar por medio de nuestra peregrinación por este mundo.

El domingo siguiente es Pentecostés, la culminación de este tiempo con el sello que es el don del Espíritu Santo, que pone en marcha a la Iglesia. Se concluye este sagrado período de los cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramado sobre los Apóstoles, del comienzo de la Iglesia y del inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones. Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigila Pascual, sino más bien de oración intensa, según el ejemplo de los Apóstoles y discípulos, los cuales perseveraban unánimes en la plegaria junto con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo .

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Los sacramentos y la pascua. 

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Para los adultos que han recibido la iniciación cristiana durante la Vigilia Pascual, este tiempo ha de considerarse como un tiempo de “mistagogia”, es decir, de iniciación en la vida cristiana. En todas partes además, aunque no haya neófitos –es decir, adultos recién bautizados-, durante la octava de Pascua, hágase memoria en la plegaria eucarística de los que han recibido el Bautismo en la Vigilia Pascual en toda la Iglesia.

Es muy conveniente que los niños reciban su Primera Comunión en estos domingos pascuales.

Se encarece que durante el período pascual y especialmente durante la semana de Pascua, se lleve la comunión a los enfermos.

Durante este tiempo que prolonga la alegría de la resurrección hay algunos signos que nos ayudan a vivirlo mejor. Recordemos algunos de los principales.

El Cirio Pascual. El cirio se enciende en la noche de la Vigilia Pascual del fuego nuevo bendecido al inicio de la celebración. Su luz representa a Cristo resucitado, que con su luz ilumina y disipa nuestras tinieblas. El cirio, colocado en el presbiterio y adornado convenientemente, se encenderá en todas las celebraciones de la cincuentena pascual, hasta el domingo de Pentecostés inclusive. Luego se llevará al baptisterio, y se encenderá en la celebración del sacramento del bautismo, porque ese sacramento nos une a la muerte y resurrección de Cristo, y también en los funerales, donde pedimos que nuestros hermanos difuntos, que han experimentado físicamente la muerte, puedan unirse también a la resurrección del Señor.

El aleluya. Esta aclamación, que la liturgia ha mantenido en lengua hebrea, y que se podría traducir como “¡alabad al Señor!” se canta durante todo el año litúrgico salvo en cuaresma, pero es en el tiempo pascual donde encuentra su lugar más adecuado. Tras haber estado toda la cuaresma sin cantarlo, como signo de preparación, la asamblea de la Vigilia Pascual prorrumpe con júbilo cantando el aleluya antes del evangelio que anuncia la resurrección. En la Vigilia, en día de pascua y hasta el día de la octava –también en el día de pentecostés- la despedida del pueblo se concluye con un doble aleluya. Las respuestas de los salmos se pueden sustituir también por esa aclamación durante el tiempo pascual. El aleluya inunda la liturgia por doquier en este tiempo, porque la Iglesia está feliz de poder participar en la pascua de su Señor.

La aspersión. Todos los domingos son un eco del domingo de resurrección. El domingo es la pascua semanal. Por eso siempre se puede hacer en domingo la memoria del bautismo por medio de la aspersión del agua bendita. Tanto más en los domingos de pascua. Esta aspersión sustituye al acto penitencial de la misa.

Cantos. La liturgia nos enseña el criterio de “solemnidad progresiva”, por el que aprendemos que no siempre hay que cantarlo todo ni que todos los cantos tienen la misma importancia en la celebración. Seleccionar bien los cantos, especialmente los del “ordinario de la misa” –Señor, ten piedad, Gloria, Santo, Cordero de Dios- y eligiendo los cantos más adecuados para los demás momentos, como la entrada y la comunión, y establecer criterios para las distintas celebraciones nos ayuda a vivirlas mejor. No es lo mismo una misa en una feria de cuaresma que en un domingo de Pascua. En Pascua, ciertamente, deberíamos cantarlo todo, porque el culmen del año litúrgico.

Signos de fiestaFlores, iluminación, festiva, ornamentación especial de la iglesia, los mejores ornamentos blancos para el sacerdote y el diácono, uso del incienso… Pequeños signos que contribuyen a expresar la exultación de la Iglesia por la resurrección del Señor. Hay que cuidarlos especialmente, para que se note la importancia y la solemnidad de este tiempo.

 

D. Ramón Navarro
Director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Liturgia.

Fuente: conferenciaepiscopal.es