4 febrero. Día Internacional de la Fraternidad Humana: “O somos hermanos o todo se derrumba”

 

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Fraternidad Humana, el Papa Francisco envía un video mensaje a los organizadores de la «Mesa Redonda de la Fraternidad Humana y la Alianza para la Tolerancia Global«, en la Expo de Dubai (Emiratos Árabes Unidos), asegurando que «el camino de la fraternidad es largo y difícil pero es ancla para la salvación de la humanidad”.

“En estos años hemos caminado como hermanos conscientes de que, respetando nuestras respectivas culturas y tradiciones, estamos llamados a construir la fraternidad como una defensa contra el odio, la violencia y la injusticia”, dice el Papa saludando al Gran Imán Al-Tayyed que también participa en este acto.

Al final del video mensaje también agradeció “a todos los que trabajan con la convicción de que se puede vivir en paz y armonía”. Y reiteró la propuesta de la fraternidad humana: “caminar el uno al lado del otro, hermanos todos”.

 

¿Qué es la Jornada Internacional de la Fraternidad Humana?

La Jornada Internacional de la Fraternidad Humana fue instituida por la ONU para conmemorar la firma del Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz mundial y la Convivencia común entre el Papa Francisco y el Gran Imán Al-Tayyeb. La firma tenía lugar el 4 de febrero de 2020. Un año después, tenía lugar la primera edición. Y este año corresponde la segunda.

En nuestro país, en continuidad con el trabajo que se viene haciendo a nivel interreligioso, se celebra de manera conjunta con judíos y musulmanes. Así, esta Jornada se presenta como una oportunidad para impulsar un espacio de encuentro y diálogo entre las principales confesiones religiosas presentes en España, de donde puedan surgir propuestas y proyectos concretos que ayuden a intensificar las relaciones interreligiosas.

También es una oportunidad para transmitir un mensaje común a los fieles de las distintas religiones de fraternidad y colaboración ante los retos comunes y ofrecer un testimonio de fraternidad, diálogo y convivencia entre las religiones ante la comunidad política y la sociedad española.

 

 

Fuentes: vaticannews.va y conferenciaepiscopal.es

Seguimos caminando juntos. Encuentro con moderadores de grupos sinodales en Santiago.

Los moderadores del Equipo Sinodal de la Archidiócesis de Santiago, Concepción Mate y Alfredo Losada,  convocan una REUNIÓN-ENCUENTRO de formación e intercambio de experiencias para los MODERADORES O REPRESENTANTES DE GRUPOS SINODALES que están trabajando en la fase diocesana del Sínodo 2021-2023 en nuestra archidiócesis de Santiago.

Tendrá lugar el próximo SÁBADO 5 de FEBRERO de 2022, de 11:00 h. a 13:00 h. en la Casa de Ejercicios, situada en el Campus Sur  de la ciudad de Santiago de Compostela.

A esta reunión están convocadas por tanto las personas que están ejerciendo la responsabilidad de animación y representación de cada grupo o colectivo de reflexión sinodal. También pueden participar sacerdotes, religiosas, y representantes de movimientos y asociaciones laicales que formen parte de la diócesis.

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El objetivo de esta reunión es ir compartiendo como se van desenvolviendo las sesiones de trabajo y como está siendo la implicación de  los miembros de nuestras comunidades  en este proceso sinodal, ya que el camino que emprendemos en este sínodo debemos hacerlo juntos, desde la comunión, la participación y la misión de la Iglesia sinodal que peregrina unida en nuestra archidíocesis de Santiago de Compostela.

Así, en este encuentro habrá un ESPACIO DE DIÁLOGO sobre como se está trabajando este proceso sinodal en cada grupo de reflexión sinodal, analizando si se corresponde con la escucha de todo el Pueblo de Dios.

¡Te esperamos para SEGUIR CAMINANDO JUNTOS…

¡GRACIAS POR TU TIEMPO Y TU PARTICIPACIÓN!

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Campaña Mundial del Enfermo 2022

La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO. Este día se inicia la Campaña que concluye el 22 de mayo, cuando la Iglesia en España celebra la PASCUA DEL ENFERMO.

 

 

«ACOMPAÑAR EN EL SUFRIMIENTO» es el lema que propone el departamento de Pastoral de la Salud, para esta jornada instituida hace 30 años por san Juan Pablo II para sensibilizar sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan.

 

Desde la Conferencia Episcopal Española y el Departamento de Pastoral de la Salud nos proponen una serie de MATERIALES para esta Jornada Mundial del Enfermo: carteles (en castellano y en gallego) y una oración, que se puede descargar también en castellano y en gallego.

 

 

El papa Francisco, en su mensaje, recuerda con agradecimiento que en este tiempo se ha avanzado bastante, pero, puntualiza, «todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado».

A continuación compartimos el texto íntegro del mensaje del Papa Francisco que se publicó en su momento para esta jornada:

 

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO

PARA LA XXX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

11 de febrero de 2022

«Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6,36).
Estar al lado de los que sufren en un camino de carida
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Queridos hermanos y hermanas:

Hace treinta años, san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo para sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan [1].

Estamos agradecidos al Señor por el camino realizado en las Iglesias locales de todo el mundo durante estos años. Se ha avanzado bastante, pero todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado. Que la XXX Jornada Mundial del Enfermo —cuya celebración conclusiva no tendrá lugar en Arequipa, Perú, debido a la pandemia, sino en la Basílica de San Pedro en el Vaticano— pueda ayudarnos a crecer en el servicio y en la cercanía a las personas enfermas y a sus familias.

1. Misericordiosos como el Padre

El tema elegido para esta trigésima Jornada, «Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso»(Lc 6,36), nos hace volver la mirada hacia Dios «rico en misericordia» (Ef 2,4), que siempre mira a sus hijos con amor de padre, incluso cuando estos se alejan de Él. De hecho, la misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza. Es fuerza y ternura a la vez. Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en sí misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad (cf. Is 49,15), porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo.

2. Jesús, misericordia del Padre

El testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos es su Hijo unigénito. ¡Cuántas veces los Evangelios nos narran los encuentros de Jesús con personas que padecen diversas enfermedades! Él «recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de los judíos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente» (Mt 4,23). Podemos preguntarnos: ¿por qué esta atención particular de Jesús hacia los enfermos, hasta tal punto que se convierte también en la obra principal de la misión de los apóstoles, enviados por el Maestro a anunciar el Evangelio y a curar a los enfermos? (cf. Lc 9,2).

Un pensador del siglo XX nos sugiere una motivación: «El dolor aísla completamente y es de este aislamiento absoluto del que surge la llamada al otro, la invocación al otro» [2]. Cuando una persona experimenta en su propia carne la fragilidad y el sufrimiento a causa de la enfermedad, también su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican; hallar respuesta a la pregunta sobre el sentido de todo lo que sucede es cada vez más urgente. Cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal. He aquí, pues, la importancia de contar con la presencia detestigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre [3].

3. Tocar la carne sufriente de Cristo

La invitación de Jesús a ser misericordiosos como el Padre adquiere un significado particular para los agentes sanitarios. Pienso en los médicos, los enfermeros, los técnicos de laboratorio, en el personal encargado de asistir y cuidar a los enfermos, así como en los numerosos voluntarios que donan un tiempo precioso a quienes sufren. Queridos agentes sanitarios, su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión. Sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre. Sean conscientes de la gran dignidad de su profesión, como también de la responsabilidad que esta conlleva.

Bendigamos al Señor por los progresos que la ciencia médica ha realizado, sobre todo en estos últimos tiempos. Las nuevas tecnologías han permitido desarrollar tratamientos que son muy beneficiosos para las personas enfermas; la investigación sigue aportando su valiosa contribución para erradicar enfermedades antiguas y nuevas; la medicina de rehabilitación ha desarrollado significativamente sus conocimientos y competencias. Todo esto, sin embargo, no debe hacernos olvidar la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y sus fragilidades [4]. El enfermo es siempre más importante que su enfermedad y por eso cada enfoque terapéutico no puede prescindir de escuchar al paciente, de su historia, de sus angustias y de sus miedos. Incluso cuando no es posible curar, siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir una cercanía que muestra interés por la persona antes que por su patología. Por eso espero que la formación profesional capacite a los agentes sanitarios para saber escuchar y relacionarse con el enfermo .

4. Los centros de asistencia sanitaria, casas de misericordia

La Jornada Mundial del Enfermo también es una ocasión propicia para centrar nuestra atención en los centros de asistencia sanitaria. A lo largo de los siglos, la misericordia hacia los enfermos ha llevado a la comunidad cristiana a abrir innumerables “posadas del buen samaritano”, para acoger y curar a enfermos de todo tipo, sobre todo a aquellos que no encontraban respuesta a sus necesidades sanitarias, debido a la pobreza o a la exclusión social, o por las dificultades a la hora de tratar ciertas patologías. En estas situaciones son sobre todo los niños, los ancianos y las personas más frágiles quienes sufren las peores consecuencias. Muchos misioneros, misericordiosos como el Padre, acompañaron el anuncio del Evangelio con la construcción de hospitales, dispensarios y centros de salud. Son obras valiosas mediante las cuales la caridad cristiana ha tomado forma y el amor de Cristo, testimoniado por sus discípulos, se ha vuelto más creíble. Pienso sobre todo en los habitantes de las zonas más pobres del planeta, donde a veces hay que recorrer largas distancias para encontrar centros de asistencia sanitaria que, a pesar de contar con recursos limitados, ofrecen todo lo que tienen a su disposición. Aún queda un largo camino por recorrer y en algunos países recibir un tratamiento adecuado sigue siendo un lujo. Lo demuestra, por ejemplo, la falta de disponibilidad de vacunas contra el virus del Covid-19 en los países más pobres; pero aún más la falta de tratamientos para patologías que requieren medicamentos mucho más sencillos.

En este contexto, deseo reafirmar la importancia de las instituciones sanitarias católicas: son un tesoro precioso que hay que custodiar y sostener; su presencia ha caracterizado la historia de la Iglesia por su cercanía a los enfermos más pobres y a las situaciones más olvidadas [5]. ¡Cuántos fundadores de familias religiosas han sabido escuchar el grito de hermanos y hermanas que no disponían de acceso a los tratamientos sanitarios o que no estaban bien atendidos y se han entregado a su servicio! Aún hoy en día, incluso en los países más desarrollados, su presencia es una bendición, porque siempre pueden ofrecer, además del cuidado del cuerpo con toda la pericia necesaria, también aquella caridad gracias a la cual el enfermo y sus familiares ocupan un lugar central. En una época en la que la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida, estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural.

5. La misericordia pastoral: presencia y cercanía

A lo largo de estos treinta años el servicio indispensable que realiza la pastoral de la salud se ha reconocido cada vez más. Si la peor discriminación que padecen los pobres —y los enfermos son pobres en salud— es la falta de atención espiritual, no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe [6]. A este propósito, quisiera recordar que la cercanía a los enfermos y su cuidado pastoral no sólo es tarea de algunos ministros específicamente dedicados a ello; visitar a los enfermos es una invitación que Cristo hace a todos sus discípulos. ¡Cuántos enfermos y cuántas personas ancianas viven en sus casas y esperan una visita! El ministerio de la consolación es responsabilidad de todo bautizado, consciente de la palabra de Jesús: «Estuve enfermo y me visitaron» ( Mt 25,36).

Queridos hermanos y hermanas, encomiendo todos los enfermos y sus familias a la intercesión de María, Salud de los enfermos. Que unidos a Cristo, que lleva sobre sí el dolor del mundo, puedan encontrar sentido, consuelo y confianza. Rezo por todos los agentes sanitarios para que, llenos de misericordia, ofrezcan a los pacientes, además de los cuidados adecuados, su cercanía fraterna.

A todos les imparto con afecto la Bendición Apostólica.

Roma, San Juan de Letrán, 10 de diciembre de 2021, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Loreto.

Francisco


[1] Cf. Carta al Cardenal Fiorenzo Angelini, Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, con ocasión de la institución de la Jornada Mundial del Enfermo (13 mayo 1992).

[2] E. Lévinas, « Une éthique de la souffrance », en Souffrances. Corps et âme, épreuves partagées, J.-M. von Kaenel edit., Autrement, París 1994, pp. 133-135.

[3] Cf. Misal Romano, Prefacio Común VIII, Jesús, buen samaritano.

[4] Cf. Discurso a la Federación Nacional de los Colegios de Médicos y Cirujanos Dentales (20 septiembre 2019).

[5] Cf. Ángelus desde el Policlínico «Gemelli» de Roma (11 julio 2021).

[6] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 200.

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

2 de febrero. Enciende una vela contra la trata de personas.

«Silencio, oración, reflexión y escucha contra la trata de personas»

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La Conferencia Episcopal Española, a través del departamento de Trata, ha organizado diversos actos  con los que se une este año a la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas para dar visibilidad a este drama «invisible» para la sociedad. Una jornada que se celebra en la Iglesia el 8 de febrero con el lema «La fuerza del cuidado. Mujeres, economía, trata de personas».

Uno de los actos programados es el CÍRCULO DE SILENCIO en el que se podrá participar online a través del canal de YouTube del departamento de Trata y de la página web de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la Promoción Humana. Será el miércoles 2 de febrero, a las 19.00 horas.

La directora del departamento de Trata de personas, Mª Francisca Sánchez Vara, será el hilo conductor para unir a los participantes en el silencio, la oración, la reflexión y la escucha.

Para la escucha, se escuchará a las víctimas a través del testimonio de dos mujeres supervivientes de la trata a través de Cáritas. Y dos profesionales compartirán su experiencia de acompañamiento.

Para la reflexión, se contará con las intervenciones de Francesca Donà, de la sección de Migrantes y refugiados del Dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral; Carmen Galante, responsable social del área de Justicia y Solidaridad de la CONFER; y el obispo de Vitoria y responsable del departamento de Trata de personas, Mons. Juan Carlos Elizalde, que será el encargado de cerrar el acto.

El silencio vendrá detrás de cada intervención y se irán intercalando los momentos de oración.

Se invita a los participantes a encender una vela contra la Trata durante el tiempo que dure esta celebración.

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¿Por qué celebra la Iglesia esta Jornada el 8 de febrero?

El papa Francisco convoca esta Jornada desde el año 2015 y eligió el día en el que se recuerda la memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que padeció durante su vida los sufrimientos de la esclavitud.

En el Ángelus del 8 de febrero de 2015, el Papa manifestaba su deseo: «que cuantos tienen responsabilidades de gobierno tomen decisiones para remover las causas de esta vergonzosa plaga, plaga indigna de una sociedad civil. Que cada uno de nosotros se sienta comprometido a ser portavoz de estos hermanos y hermanas nuestros, humillados en su dignidad».

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Todos podemos participar intercediendo por la PEJ´22. Únete al proyecto «Orantes de guardia». ¡Inscríbete ya!

El proyecto «ORANTES DE GUARDIA» nace para rezar para que Dios toque el corazón de todas aquellas personas que participen en la PEJ y también para que toda la diócesis se sienta partícipe de esta peregrinación.
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Se organizará una cadena de oración desde el miércoles de ceniza (2 de marzo de 2022) hasta el día de S. Ignacio de Loyola (31 de julio de 2022).
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Todas aquellas congregaciones, comunidades religiosas, parroquias, movimientos, grupos, colegios… que quieran pueden participar reservando un día y concretando de qué manera se va a realizar esa intercesión (Eucaristía, rosario, hora santa, etc.) en este formulario.
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Se publicará un calendario de intercesión con los grupos que están de guardia en la web de la Delegación de Infancia y Juventud de la diócesis: www.depasxuventude.com y en las redes sociales (@depasxuventude).
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Para cualquier duda puedes escribir a orantesdeguadia.pej22@gmail.com
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También, está disponible la oración oficial de la PEJ 22, compuesta por nuestros arzobispo.
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Noticia extraída de depasxuventude.com

«Ven a Santiago» – Videoclip oficial del himno de la PEJ22

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El videoclip oficial del himno de la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ22) ya se puede disfrutar en las distintas plataformas.
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Este cortometraje musical, producido por Hugh McGinley, contiene imágenes de la ciudad de Santiago, concretamente de la plaza del Obradoiro y la Catedral, además del entorno del Monte do Gozo. Y en él aparecen varios de los jóvenes que serán voluntarios en la Peregrinación Europea de Jóvenes que se celebrará en agosto de 2022 en nuestra ciudad.
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Este himno  «Ven a Santiago» fue compuesto por Rubén de Lis, natural de Gondomar, en medio de la pandemia.
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.En una entrevista, Rubén de Lis cuenta que el lema, “Joven, levántate y sé testigo” le suscitó exhortar a los jóvenes para que compartan su fe. En este sentido, afirma que la Peregrinación a Santiago es algo más que un Camino, es un reencuentro, un recomienzo.
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Del Año Santo, De Lis destaca su espiritualidad. Además de la música, el arte y el paisaje, subraya la posibilidad de la confesión y el poder compartir la fe. Por eso afirma que es importante “vivir la vida sobrenatural de la forma más natural posible”.
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Rubén de Lis se define a sí mismo como “El guitarrista de Dios”. Es cristiano, compositor, músico versátil, guitarrista y escritor musical. Cuenta con una amplia carrera artística a nivel mundial, además de una extensa formación, tales como “Grado 8” con méritos en la Rock School de Londres, y un Máster en “Guitarra Góspel” por la Escola de Música Cursón de Brasil.
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Vive transitando entre  España, Brasil y EEUU y otros países. Interpreta canciones de todos sus álbumes con una característica muy especial, versátil y emocionante con sus pedales de efectos, tocando  la guitarra y simulando otros instrumentos en tiempo real e interactuando con el público de una manera espectacular.
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Fuentes: depasxuventude.com y pastoralsantiago.org

«Escuchar con los oídos del corazón»

Esta es  la propuesta que el  Papa Francisco ha dado a los periodistas (y a todos) para hacer más humana la comunicación, tal como se recoge en su mensaje, recientemente publicado, para la 56° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el próximo 29 de mayo de 2022, y que, a continuación compartimos íntegramente:

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“Escuchar con los oídos del corazón”:

 

Queridos hermanos y hermanas:

El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas.

Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico. En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil.

Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana.

A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”.

Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.

 

Escuchar con los oídos del corazón

En las páginas bíblicas aprendemos que la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. «Shema’ Israel – Escucha, Israel» (Dt 6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que San Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (Rm 10,17).

Efectivamente, la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.

La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor.

Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo. El hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y “cerrar los oídos” para no tener que escuchar.

El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él (cf. Hch 7,57). Así, por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha.

El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.

Por eso Jesús pide a sus discípulos que verifiquen la calidad de su escucha: «Presten atención a la forma en que escuchan» (Lc 8,18); los exhorta de ese modo después de haberles contado la parábola del sembrador, dejando entender que no basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien.

Solo da frutos de vida y de salvación quien acoge la Palabra con el corazón “bien dispuesto y bueno” y la custodia fielmente (cf. Lc 8,15).

Solo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómo escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 171).

Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón.

El rey Salomón, a pesar de ser muy joven, demostró sabiduría porque pidió al Señor que le concediera «un corazón capaz de escuchar» (1 Re 3,9). Y San Agustín invitaba a escuchar con el corazón (corde audire), a acoger las palabras no exteriormente en los oídos, sino espiritualmente en el corazón: «No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón».[1] Y San Francisco de Asís exhortaba a sus hermanos a «inclinar el oído del corazón».[2]

La primera escucha que hay que redescubrir cuando se busca una comunicación verdadera es la escucha de sí mismo, de las propias exigencias más verdaderas, aquellas que están inscritas en lo íntimo de toda persona. Y no podemos sino escuchar lo que nos hace únicos en la creación: el deseo de estar en relación con los otros y con el Otro. No estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos.

 

La escucha como condición de la buena comunicación

Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas. De hecho, una tentación siempre presente y que hoy, en el tiempo de las redes sociales, parece haberse agudizado, es la de escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés.

Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.

Lamentablemente, la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia.

La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.

En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista. En estas situaciones, como señala el filósofo Abraham Kaplan,[3] el diálogo es un “duálogo”, un monólogo a dos voces. En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el tú como el yo están “en salida”, tienden el uno hacia el otro.

Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar. Para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado durante largo tiempo.

Para contar un evento o describir una realidad en un reportaje es esencial haber sabido escuchar, dispuestos también a cambiar de idea, a modificar las propias hipótesis de partida. En efecto, solamente si se sale del monólogo se puede llegar a esa concordancia de voces que es garantía de una verdadera comunicación.

Escuchar diversas fuentes, “no conformarnos con lo primero que encontramos” —como enseñan los profesionales expertos— asegura fiabilidad y seriedad a las informaciones que transmitimos. Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces. Pero, ¿por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha?

Un gran diplomático de la Santa Sede, el Cardenal Agostino Casaroli, hablaba del “martirio de la paciencia”, necesario para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad.

Pero también en situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad — aunque sea tan sólo un fragmento de la verdad— de la persona que estamos escuchando. Sólo el asombro permite el conocimiento. Me refiero a la curiosidad infinita del niño que mira el mundo que lo rodea con los ojos muy abiertos.

Escuchar con esta disposición de ánimo —el asombro del niño con la consciencia de un adulto— es un enriquecimiento, porque siempre habrá alguna cosa, aunque sea mínima, que puedo aprender del otro y aplicar a mi vida.

La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la “información oficial” ha causado una “infodemia”, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información.

Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas. También la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo.

Repito que, para vencer los prejuicios sobre los migrantes y ablandar la dureza de nuestros corazones, sería necesario tratar de escuchar sus historias, dar un nombre y una historia a cada uno de ellos. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y muchos otros lo harían si pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias!

Después, cada uno será libre de sostener las políticas migratorias que considere más adecuadas para su país. Pero, en cualquier caso, ante nuestros ojos ya no tendremos números o invasores peligrosos, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, esperanzas, sufrimientos de hombres y mujeres que hay que escuchar.

 

Escucharse en la Iglesia

También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. «Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios».[4]

El teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios.[5] En la acción pastoral, la obra más importante es “el apostolado del oído”.

Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19). Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad.

Hace poco ha comenzado un proceso sinodal. Oremos para que sea una gran ocasión de escucha recíproca. La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas.

Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces.

Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.

Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.

FRANCISCO

 

[1] «Nolite habere cor in auribus, sed aures in corde» (Sermo 380, 1: Nuova Biblioteca Agostiniana 34, 568).

[2] Carta a toda la Orden: Fuentes Franciscanas, 216.

[3] Cf. The life of dialogue, en J. D. Roslansky ed., Communication. A discussion at the Nobel Conference, North-Holland Publishing Company – Amsterdam 1969, 89-108.

[4] D. Bonhoeffer, Vida en comunidad, Sígueme, Salamanca 2003, 92.

[5] Cf. ibíd., 90-91.

 

Fuente: Vatican News

La Iglesia reza por la paz en Ucrania: «que pueda ver florecer la fraternidad y supere las heridas, los miedos y divisiones”.

 

La Iglesia celebra hoy, miércoles 26 de enero de 2022, una Jornada de oración por la paz en Ucrania convocada por el Papa Francisco el pasado domingo tras el rezo del Ángelus.

El Santo Padre, tras reconocer que sigue «con preocupación el aumento de las tensiones que amenazan con infligir un nuevo golpe a la paz en Ucrania y cuestionan la seguridad en el continente europeo, con repercusiones aún más amplias». Hacía un «sentido llamamiento a todas las personas de buena voluntad, para que eleven oraciones a Dios omnipotente, para que cada acción e iniciativa política esté al servicio de la fraternidad humana, más que a los intereses de las partes. Quien persigue sus propios fines en detrimento de los demás, desprecia su propia vocación de hombre, porque todos hemos sido creados hermanos»

Ante esta situción, y «dadas las tensiones actuales», el papa Francisco proponía para este miércoles una jornada de oración por la paz.

«Que esa tierra pueda ver florecer la fraternidad y supere heridas, los miedos y divisiones»

Hoy, al final de la audiencia general, el Santo Padre ha elevado su plegaria por la paz en Ucrania, pidiendo “al Señor con insistencia que esa tierra pueda ver florecer la fraternidad y supere las heridas, los miedos y divisiones”.

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

 

Octavario por la Unidad de los Cristianos día a día. Último día.

Día 8: De las rutas cotidianas de la división a los nuevos caminos de Dios.

«Regresaron a su país por otro camino» (Mt 2, 12)

 

Lecturas

    • Jr 31, 31-34       Pactaré una nueva alianza con Israel y con Judá.
    • Sal 16                    Tú me muestras el camino de la vida.
    • Ef 4, 20-23        Dad lugar a la renovación espiritual de vuestra mente.
    • Mt 11, 25-30     Porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los sencillos.

Reflexión

No sabemos lo que pensaron los Sabios —expertos en astronomía y travesías— cuando se les advirtió que regresaran por otra ruta. Probablemente quedaran confundidos, pero la misma luz que iluminó su viaje les mostró que había otro camino, otra posibilidad. Estaban llamados a cambiar de dirección.

Nosotros nos sentimos a menudo encorsetados por una determinada manera de hacer las cosas o por nuestra visión particular del mundo. Cuando nos damos cuenta de que estos caminos o «rutas» están cerrados, nos preguntamos cómo actuar y continuar con nuestro viaje. La providencia de Dios siempre sale a nuestro encuentro para mostrarnos que hay otro rumbo posible preparado para nosotros. Dios está ahí para renovar su alianza y sacarnos de la frustración que experimentamos ante los obstáculos. Solo tenemos que confiar en que el Eterno que nos dio la luz siempre nos muestra una nueva manera de avanzar cuando nuestros caminos se bloquean. Siempre es posible un nuevo comienzo cuando estamos dispuestos y abiertos a la acción del Espíritu. Como Iglesias, miramos al pasado para encontrar la iluminación necesaria, y miramos al futuro para buscar nuevos senderos por los que la luz del Evangelio siga brillando con una energía renovada, y así podamos acogernos unos a otros como el mismo Cristo nos acoge para mayor gloria de Dios.

Por nuestros antiguos caminos las comunidades cristianas han acabado separadas unas de otras. En los nuevos caminos a los que Dios nos llama, los cristianos han de caminar juntos y descubrirse compañeros de peregrinación. Encontrar estos nuevos caminos exige discernimiento, humildad y coraje. Ahora es el momento de la conversión y la reconciliación.

Oración

Dios misericordioso, tú sales a nuestro encuentro cuando nosotros nos obstinamos en seguir un camino a pesar de saber que está bloqueado, cayendo en la desesperación. Eres el Dios de las promesas renovadas. Te encontramos inventando un nuevo sendero que para nosotros era impensable. Te damos gracias porque continuamente superas nuestras expectativas. Te damos gracias por tu infinita sabiduría que sobrepasa nuestra inteligencia. Te damos gracias por tus caminos creativos que nos abren a posibilidades imprevistas. Sigue siendo, Señor, nuestro guía cuando en nuestros mapas no encontremos rutas por las que avanzar. Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor, en la comunión del Espíritu Santo, que una y otra vez nos hace retornar a ti.
Amén.

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Octavario por la Unidad de los Cristianos día a día

Día 7: Los dones de la comunión.

«Sacaron luego los tesoros que llevaban consigo y le ofrecieron oro, incienso y mirra» (Mt 2, 11)

 

Lecturas

    • Os 6, 1-6              Porque quiero amor y no sacrificio.
    • Sal 100                Cruzad sus puertas dando gracias, sus atrios con alabanzas.
    • Hch 3, 1-10         No tengo plata ni oro, pero te daré lo que poseo.
    • Mt 6, 19-21        Pues donde tengas tu riqueza, allí tendrás también el corazón.

Reflexión

En nuestro camino a Belén, la ciudad del pan, podemos ver a los Sabios que peregrinan para adorar al Niño Dios. Al encontrarlo abrieron los cofres de sus tesoros y ofrecieron al rey recién nacido sus dones de oro, incienso y mirra.

Nuestras divisiones históricas, nuestras posturas erróneas consolidadas, reglamentadas y ritualizadas, y nuestra preocupación por asuntos mundanos, han destruido la comunión y nos han distanciado. Podríamos preguntarnos, ¿cuáles son los dones que hemos preparado para ofrecer al rey que viene a iluminar nuestra vida y a traernos el regalo de la unidad? Sabemos que Dios no quiere nuestras riquezas ni nuestras ofrendas vacías, sino que ejerce su poder sirviéndose de nuestra pobreza.: «No tengo plata ni oro». El Señor desea un corazón apasionado y enamorado: corazones repletos de amor hacia él y hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo, de quienes vivimos separados; corazones de los que manan obras de misericordia; y corazones verdaderamente arrepentidos y deseosos de conversión.

Preparemos para Dios el don de un corazón rebosante de amor. Arrodillarse en adoración requiere un corazón contrito por el pecado que nos divide y obediente al Señor, a quien servimos. Esta obediencia revive, sana y reconcilia todo lo que está roto o herido en nosotros, a nuestro alrededor y entre los cristianos.

Cristo ya le ha otorgado el don de la unidad a su Iglesia. Crecemos en comunión en la medida en que compartimos los dones recibidos en 44 Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2022 nuestras diversas tradiciones eclesiales, reconociendo que la fuente de todos estos dones es el Señor.

Oración

Toda alabanza, gloria y acción de gracias a ti, oh, Dios. Tú te has revelado en la epifanía de tu Hijo al pueblo que esperaba tu venida desde antiguo, y a aquellos que no te esperaban. Tú, Señor, conoces el sufrimiento que nos rodea y el dolor causado por las divisiones. Contemplas este mundo en lucha y ves la penosa situación de Próximo Oriente, el lugar donde escogiste nacer, el lugar santificado por tu presencia. Te pedimos, Señor, que permitas que nuestro corazón y nuestra mente lleguen a conocerte. Y al unirnos a los Reyes Magos en su peregrinación desde tierras lejanas, oramos para que se abran nuestros corazones al amor por los hermanos y hermanas que nos rodean. Concédenos la determinación y los medios para trabajar en la transformación de este mundo, y para estar dispuestos a compartir nuestros dones para crecer en comunión. Regálanos, Señor, tus infinitos dones y bendiciones. Acoge nuestra oración en el nombre de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo.
Amén.

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es