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Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

 

 

«¿UNA CASA PARA TODOS? Renovando el Oikos de Dios» es el lema que se propone este año para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que la Iglesia celebra el 1 de septiembre.

El departamento de Ecología Integral, dentro de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, hace público su mensaje para esta jornada y ofrece un subsidio litúrgico para facilitar la celebración.

La Iglesia en España se une así a la llamada del Papa Francisco para celebrar el Tiempo de la Creación, que comienza el 1 de septiembre, con esta Jornada, y se cierra el 4 de octubredía de san Francisco de Asís, patrón de la ecología.

Un tiempo, recuerda el mensaje, en el que «las comunidades cristianas de todo el mundo se unen en la renovación de su fe en Dios Creador, en la oración compartida y en una especial implicación en diversas tareas en defensa de la Casa Común».

 

 

 

El Tiempo de la Creación 2021

 

 

En medio de las crisis que han sacudido nuestro mundo, la familia cristiana se despertó frente a la urgente necesidad de sanar nuestras relaciones con la creación y entre nosotros en el Tiempo de la Creación.

Durante el TIEMPO DE LA CREACIÓN 2021, del 1 de septiembre al 4 de octubre, miles de cristianos de todos los continentes se unen en un momento de restauración y esperanza, un jubileo para nuestra Tierra y para descubrir formas radicalmente nuevas de vivir con la creación.

Más que nunca, la familia cristiana mundial se une en oración y acción por nuestra casa común y se nos invita a participar.

El lema escogido para este año es “¿UNA CASA PARA TODOS? RENOVANDO EL OIKOS DE DIOS” y el símbolo es la TIENDA DE ABRAHAM.

 

 

 

Fuentes: conferenciaepiscopal.es y seasonofcreation.org/es

 

¡Abierto el plazo de inscripción para la Peregrinación a Lourdes 2021! ¿Te animas?

La Hospitalidad Diocesana Nuestra Señora de Lourdes de La Coruña vuelve a organizar una PEREGRINACIÓN AL SANTUARIO DE LOURDES para el mes de septiembre. Este año la peregrinación será diferente a las anteriores, más espiritual y que nos permitirá estar más cerca, si cabe, de Nuestra Madre en la Gruta de Masabielle, como mujeres y hombres de oración. Además tendrá una serie de condicionantes para una mayor seguridad en estos tiempos de pandemia.

  • Tendrá lugar del 18 al 23 de septiembre de 2021.
    • Fecha de Inscripción del 15 de julio al 5 de septiembre
  • Todas las personas se alojarán en hoteles
    • El precio será de 325€ en habitación doble y 425€ en individual.
  • Será obligatorio llevar y entregar una copia del certificado de estar Vacunado contra el COVID.
  • Será obligatorio cumplir con las medidas higiénicas y de prevención para el COVID, que las Autoridades Sanitarias de España y Francia tengan recomendadas en las fechas de la peregrinación.

Para más información puedes visitar: www.hospitalidadcoruna.es  o leer la siguiente carta

 


La Hospitalidad Nuestra Señora de Lourdes de La Coruña es una asociación privada de fieles voluntarios de apostolado seglar y solidario que ofrece un servicio, sin ánimo de lucro, a favor de personas desfavorecidas o con enfermedades que dificultan o impiden su integración laboral o social. La Hospitalidad tiene como finalidad propagar, difundir y vivir el espíritu del Mensaje de la Virgen Santísima a Santa Bernadette en Lourdes. Pone especial atención en ayudar y asistir adecuadamente a los enfermos, discapacitados, ancianos y personas en riesgo de exclusión social. Depende de la Archidiócesis de Santiago de Compostela.

 

 

Mensaje del Santo Padre Francisco para la V Jornada Mundial de los Pobres

Se ha presentado el Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará el 14 de noviembre próximo, en el que el Papa lanza un fuerte llamamiento a los cristianos y a los gobiernos de todo el mundo para que intervengan con urgencia y de una manera nueva, porque los pobres, también a causa de la pandemia, han aumentado de manera desproporcionada. Es necesario cambiar los estilos de vida, porque es el egoísmo el que causa la pobreza.

“Los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres on sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él”. Es lo que escribe el Papa en su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres sobre el tema: «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7).  “Es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien”, afirma el Santo Padre, pero “no se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres”

Francisco subraya con fuerza: “quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos”. Los pobres – observa – están “en el centro del camino de la Iglesia”.

 

A continuación se trascribe el mensaje completo:

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE
para la V Jornada Mundial de los Pobres

14 de noviembre de 2021, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

«A los pobres los tienen siempre con ustedes»(Mc 14,7)

1. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy valioso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Ese gesto suscitó gran asombro y dio lugar a dos interpretaciones diversas.

La primera fue la indignación de algunos de los presentes, entre ellos los discípulos que, considerando el valor del perfume —unos 300 denarios, equivalentes al salario anual de un obrero— pensaron que habría sido mejor venderlo y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta opinión: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?». Y el evangelista señala: «Esto no lo dijo porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa del dinero en común, robaba de lo que echaban en ella» (12,5-6). No es casualidad que esta dura crítica salga de la boca del traidor, es la prueba de que quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos. A este respecto, recordamos las contundentes palabras de Orígenes: «Judas parecía preocuparse por los pobres […]. Si ahora todavía hay alguien que tiene la bolsa de la Iglesia y habla a favor de los pobres como Judas, pero luego toma lo que ponen dentro, entonces, que tenga su parte junto a Judas» (Comentario al Evangelio de Mateo, XI, 9).

La segunda interpretación la dio el propio Jesús y permite captar el sentido profundo del gesto realizado por la mujer. Él dijo: «¡Déjenla! ¿Por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo» (Mc 14,6). Jesús sabía que su muerte estaba cercana y vio en ese gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto en el sepulcro. Esta visión va más allá de cualquier expectativa de los comensales. Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por esto a representar a todo el universo femenino que a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá violencia, inauguró la significativa presencia de las mujeres que participan en el momento culminante de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y sepultura, y su aparición como Resucitado. Las mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas al margen de los puestos de responsabilidad, en las páginas de los Evangelios son, en cambio, protagonistas en la historia de la revelación. Y es elocuente la expresión final de Jesús, que asoció a esta mujer a la gran misión evangelizadora: «Les aseguro que, para honrar su memoria, en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia se contará lo que ella acaba de hacer conmigo» (Mc 14,9).

2. Esta fuerte “empatía” entre Jesús y la mujer, y el modo en que Él interpretó su unción, en contraste con la visión escandalizada de Judas y de los otros, abre un camino fecundo de reflexión sobre el vínculo inseparable que hay entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio.

El rostro de Dios que Él revela, de hecho, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf. Mt 5,3).

Los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre. «Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198-199).

3. Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tienen siempre con ustedes» también indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones. Los pobres no son personas “externas” a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social. Por otra parte, se sabe que una obra de beneficencia presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él.

Tenemos muchos ejemplos de santos y santas que han hecho del compartir con los pobres su proyecto de vida. Pienso, entre otros, en el padre Damián de Veuster, santo apóstol de los leprosos. Con gran generosidad respondió a la llamada de ir a la isla de Molokai, convertida en un gueto accesible sólo a los leprosos, para vivir y morir con ellos. Puso manos a la obra e hizo todo lo posible para que la vida de esos pobres, enfermos y marginados, reducidos a la extrema degradación, fuera digna de ser vivida. Se hizo médico y enfermero, sin reparar en los riesgos que corría, y llevó la luz del amor a esa “colonia de muerte”, como era llamada la isla. La lepra lo afectó también a él, signo de un compartir total con los hermanos y hermanas por los que había dado la vida. Su testimonio es muy actual en nuestros días, marcados por la pandemia de coronavirus. La gracia de Dios actúa ciertamente en el corazón de muchos que, sin aparecer, se gastan por los más pobres en un concreto compartir.

4. Necesitamos, pues, adherirnos con plena convicción a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,15). Esta conversión consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. A menudo los pobres son considerados como personas separadas, como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. Seguir a Jesús implica, en este sentido, un cambio de mentalidad, es decir, acoger el reto de compartir y participar. Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf. Mt 6,19-20).

La enseñanza de Jesús también en este caso va a contracorriente, porque promete lo que sólo los ojos de la fe pueden ver y experimentar con absoluta certeza: «Y todo el que deje casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). Si no se elige convertirse en pobres de las riquezas efímeras, del poder mundano y de la vanagloria, nunca se podrá dar la vida por amor; se vivirá una existencia fragmentaria, llena de buenos propósitos, pero ineficaz para transformar el mundo. Se trata, por tanto, de abrirse con decisión a la gracia de Cristo, que puede hacernos testigos de su caridad sin límites y devolverle credibilidad a nuestra presencia en el mundo.

5. El Evangelio de Cristo impulsa a estar especialmente atentos a los pobres y pide reconocer las múltiples y demasiadas formas de desorden moral y social que generan siempre nuevas formas de pobreza. Parece que se está imponiendo la idea de que los pobres no sólo son responsables de su condición, sino que constituyen una carga intolerable para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas. Un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social.

El año pasado, además, se añadió otra plaga que produjo ulteriormente más pobres: la pandemia. Esta sigue tocando a las puertas de millones de personas y, cuando no trae consigo el sufrimiento y la muerte, es de todas maneras portadora de pobreza. Los pobres han aumentado desproporcionadamente y, por desgracia, seguirán aumentando en los próximos meses. Algunos países, a causa de la pandemia, están sufriendo gravísimas consecuencias, de modo que las personas más vulnerables están privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro. Una mirada atenta exige que se encuentren las soluciones más adecuadas para combatir el virus a nivel mundial, sin apuntar a intereses partidistas. En particular, es urgente dar respuestas concretas a quienes padecen el desempleo, que golpea dramáticamente a muchos padres de familia, mujeres y jóvenes. La solidaridad social y la generosidad de la que muchas personas son capaces, gracias a Dios, unidas a proyectos de promoción humana a largo plazo, están aportando y aportarán una contribución muy importante en esta coyuntura.

6. Sin embargo, permanece abierto el interrogante, que no es obvio en absoluto: ¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación. Hay muchas pobrezas de los “ricos” que podrían ser curadas por la riqueza de los “pobres”, ¡si sólo se encontraran y se conocieran! Ninguno es tan pobre que no pueda dar algo de sí mismo en la reciprocidad. Los pobres no pueden ser sólo los que reciben; hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder. ¡Cuántos ejemplos de compartir están ante nuestros ojos! Los pobres nos enseñan a menudo la solidaridad y el compartir. Es cierto, son personas a las que les falta algo, frecuentemente les falta mucho e incluso lo necesario, pero no les falta todo, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.

7. Por eso se requiere un enfoque diferente de la pobreza. Es un reto que los gobiernos y las instituciones mundiales deben afrontar con un modelo social previsor, capaz de responder a las nuevas formas de pobreza que afectan al mundo y que marcarán las próximas décadas de forma decisiva. Si se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental. La pobreza, por el contrario, debería suscitar una planificación creativa, que permita aumentar la libertad efectiva para poder realizar la existencia con las capacidades propias de cada persona. Pensar que la libertad se concede e incrementa por la posesión de dinero es una ilusión de la que hay que alejarse. Servir eficazmente a los pobres impulsa a la acción y permite encontrar los medios más adecuados para levantar y promover a esta parte de la humanidad, demasiadas veces anónima y sin voz, pero que tiene impresa en sí el rostro del Salvador que pide ayuda.

8. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien. En el fondo se puede entrever el antiguo mandato bíblico: «Si hubiese un hermano pobre entre los tuyos, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu hermano el pobre. Por el contrario, tiéndele la mano y préstale lo que necesite, lo que le falte. […] Le prestarás, y no de mala gana, porque por eso el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas y emprendas. Ya que no faltarán pobres en la tierra» (Dt 15.7-8.10-11). El apóstol Pablo se sitúa en la misma línea cuando exhorta a los cristianos de sus comunidades a socorrer a los pobres de la primera comunidad de Jerusalén y a hacerlo «no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con alegría» (2 Co 9,7). No se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres.

En este contexto también es bueno recordar las palabras de san Juan Crisóstomo: «El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino sólo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre sólo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémosle del hambre. […] El hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia» (Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).

9. Es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza. El estado de relativo bienestar al que se está acostumbrados hace más difícil aceptar sacrificios y privaciones. Se es capaz de todo, con tal de no perder lo que ha sido fruto de una conquista fácil. Así, se cae en formas de rencor, de nerviosismo espasmódico, de reivindicaciones que llevan al miedo, a la angustia y, en algunos casos, a la violencia. Este no ha de ser el criterio sobre el que se construya el futuro; sin embargo, estas también son formas de pobreza de las que no se puede apartar la mirada. Debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy.

Deseo que la Jornada Mundial de los Pobres, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida… Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón. Hagamos nuestras las apremiantes palabras de don Primo Mazzolari: «Quisiera pedirles que no me pregunten si hay pobresquiénes son y cuántos son, porque temo que tales preguntas representen una distracción o el pretexto para apartarse de una indicación precisa de la conciencia y del corazón. […] Nunca he contado a los pobres, porque no se pueden contar: a los pobres se les abraza, no se les cuenta» (“Adesso” n. 7 – 15 abril 1949). Los pobres están entre nosotros. Qué evangélico sería si pudiéramos decir con toda verdad: también nosotros somos pobres, porque sólo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación.

 

Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2021,
Memoria litúrgica de san Antonio de Padua

 

Francisco

 

Fuente: www.press.vatican.va

Carta Pastoral de nuestro arzobispo en el día del Corpus Christi y el Día de la Caridad: “una llamada a estar pendientes de los demás”

El próximo domingo día 6 de junio, Día del Corpus Christi, la Iglesia celebra el Día de la Caridad, coincidencia de fechas que, según recuerda el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, la Iglesia ve “como llamada a estar pendientes de los demás, sobre todo de los más pobres y necesitados material y espiritualmente. Como pueblo que peregrina hacia Dios, la acción caritativa ha de realizarse en la Iglesia, con la Iglesia y al servicio de la Iglesia”.

En la Carta Pastoral escrita con este motivo por el arzobispo de Santiago se indica que el misterio eucarístico del Corpus Christi es para los cristianos una ocasión para testimoniar la caridad “con nuestra actitud al servicio de los últimos con el objetivo de construir una sociedad más justa y fraterna. Esta necesidad la estamos percibiendo de manera especial en las consecuencias de esta pandemia que está visibilizando duramente nuestra vulnerabilidad. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren”.

En este Día de la Caridad, tal y como explica monseñor Julián Barrio, al reflexionar sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, los cristianos deberían de reflexionar sobre su compromiso con los más necesitados: “La solemnidad del Corpus Christi fundamenta la misión evangelizadora en una sociedad secularizada.  La Eucaristía ha estado siempre en el centro de la vida de la Iglesia.  La crisis de fe lleva a preguntar cuántos creen que Jesús está real y verdaderamente presente en la Eucaristía. Con frecuencia tratamos de adecentar la fachada sin darnos cuenta que los cimientos se están resquebrajando, lo que se manifiesta en el proceso de descristianización. La preocupación es buscar una renovación tanto exterior como interior de la comunidad cristiana ”, indica el arzobispo.

Tras recordar que el “amor de Dios y el amor al prójimo son inseparables”, el arzobispo agradece a todos los diocesanos “vuestra generosa colaboración económica con Cáritas para ayudar a los necesitados”.

El arzobispo presidirá el domingo día 6 de junio la celebración del Corpus Christi a las 19:30 horas en la Catedral, con una posterior procesión en el interior del templo, tras la cual procederá a la Bendición con el Santísimo Sacramento.

 

 

Fuente: archicompostela.es

Nuestro arzobispo preside en la Catedral la Misa de Pentecostés en el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

  • Monseñor Barrio destaca el papel de los laicos en la Iglesia

El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, presidió hoy la Eucaristía de la Solemnidad de Pentecostés en la Catedral compostelana, una fecha en la que la Iglesia celebra también el día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Precisamente a los laicos se dirigió especialmente el arzobispo, animándoles a revitalizar la fe y a vivirla coherentemente en la vida personal y en el entorno familiar, profesional y cívico. Monseñor Barrio señaló, en relación con la fiesta litúrgica del día que el Espíritu Santo otorga fortaleza para testimoniar la fe y difundir el Evangelio. La Iglesia, dijo, el arzobispo, ha de construirse desde el diálogo y la acogida.

Con la Solemnidad de Pentecostés se cierra el ciclo litúrgico de la Pascua. Esta fiesta recuerda el momento en que los apóstoles recibieron el don del Espíritu Santo. Pentecostés, según dijo hoy el arzobispo, hace referencia a la unidad y a la misión de la Iglesia, que ha de abrirse a la sociedad para hacer presente su mensaje de entrega, generosidad, perdón y sanación, así como su preferencia por los más débiles y necesitados. Una tarea en la que los laicos tienen un papel significativo que cumplir en este momento.

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de D. Julián en el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2021: “Hay que discernir qué lugar ocupa el apostolado seglar en nuestras parroquias, y cómo impulsar la acción de los laicos”

 

Nuestro arzobispo, D. Julián nos ha escrito a todos los diocesanos una Carta Pastoral, dedicada al Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar, que se celebrará en la solemnidad de Pentecostés, el próximo 23 de mayo, con el lema “Los sueños se construyen juntos”.

En dicha carta monseñor Barrio, recordando el reciente Congreso Nacional de Laicos y el Sínodo Diocesano, nos indica que “necesitamos abrirnos a la trascendencia y a la fraternidad, al discernimiento y a la sinodalidad.”. El arzobispo añade que “en la Iglesia diocesana ha de crecer la conciencia de que el laico tiene una misión eclesial por derecho propio y como consecuencia de su pertenencia a la Iglesia”, insistiendo en que “es la hora de caminar juntos como Pueblo de Dios, pastores, consagrados y laicos, conscientes de que todos somos necesarios a la hora de evangelizar”.

Esta carta de nuestro arzobispo constituye un reconocimiento a la tarea de los laicos y, a la vez, una llamada a su responsabilidad para construir junto a los pastores una Iglesia capaz de afrontar los retos del futuro. Así, el arzobispo asegura que: “hay que pasar del laico consumidor de actividades eclesiásticas a un laicado corresponsable en la misión evangelizadora de la Iglesia, evitando el peligro del clericalismo que lleva a funcionalizar el laicado y a diluir la gracia bautismal. En este sentido hay que discernir qué lugar ocupa el apostolado seglar en nuestras parroquias, y cómo impulsar la acción de los laicos en aquellas experiencias fundamentales como son la familia, la educación, la cultura, la actividad laboral y la presencia en la vida pública

“En este momento caracterizado por cambios imprevisibles que están afectando a la Iglesia”, afirma monseñor Barrio, “estamos llamados a edificar la ciudad de Dios en medio de la ciudad de los hombres, siendo amables y  comprensivos, entregando la vida por los demás como comprobamos también durante esta pandemia”.

A continuación trascribimos la carta íntegra:

 

“Los sueños se construyen juntos”

 

Queridos diocesanos:

Seguimos haciendo memoria del Congreso Nacional de Laicos y de nuestro Sínodo diocesano. En este contexto celebramos el día de la Acción Católica y  del Apostolado Seglar en la solemnidad de Pentecostés. En esta Jornada nos referimos a este texto clarificador del Papa: “He aquí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermoso aventura. Nadie puede pelear  la vida aisladamente… Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude  y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante. ¡Qué importante es soñar juntos!… Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos[1].

En este momento caracterizado por cambios imprevisibles que están afectando a la Iglesia, “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad[2]. No ignoramos que se está produciendo una ruptura en la transmisión generacional de la fe en nuestras comunidades cristianas. “Algunas causas de esta ruptura son: la falta de espacios de diálogo familiar, la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo desenfrenado que alienta el mercado, la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres, la ausencia de una acogida cordial en nuestras instituciones, y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural[3]. No cabe duda de que “cuanto más se seculariza la sociedad civil y política, más deben comprender los  católicos, por encima de toda posible confusión, que su pertenencia a la Iglesia que les trasmite ya en este mundo el germen de la vida divina, libera el fondo de su ser haciéndole respirar en lo eterno”[4].

Purificando cada día nuestra fe, estamos llamados a edificar la ciudad de Dios en medio de la ciudad de los hombres, siendo amables y  comprensivos, entregando la vida por los demás como comprobamos también durante esta pandemia. Necesitamos “comunidades eclesiales maduras[5]; comunidades de fe confesada en la adhesión a la Palabra de Dios, celebrada en los sacramentos y vivida en la caridad como alma de la existencia moral cristiana[6], sabiendo que el laico cristiano ha de crecer interiormente en el itinerario progresivo de la santidad. Esto exige una formación para la misión: evangelizar en la calle con una vida coherente, viviendo la experiencia de Dios. Hay que pasar del laico consumidor de actividades eclesiásticas a un laicado corresponsable en la misión evangelizadora de la Iglesia, evitando el peligro del clericalismo que lleva a funcionalizar el laicado y a diluir la gracia bautismal. En este sentido hay que discernir qué lugar ocupa el apostolado seglar en nuestras parroquias, y cómo impulsar la acción de los laicos en aquellas experiencias fundamentales como son la familia, la educación, la cultura, la actividad laboral y la presencia en la vida pública.

Necesitamos abrirnos a la trascendencia y a la fraternidad, al discernimiento y a la sinodalidad. Es posible que no hayamos armonizado conocimiento y experiencia de fe, ni prestado atención a las inquietudes de las personas, ni realizado una revisión precisa de nuestra acción pastoral. Ante estos desafíos hemos estado tal vez distraídos y no hemos percibido la relevancia de los mismos. En este sentido el papa Francisco nos dice: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración… Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión”[7]Es la hora de caminar juntos como Pueblo de Dios, pastores, consagrados y laicos, conscientes de que todos somos necesarios a la hora de evangelizar. La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública, conscientes de que “la Iglesia  no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como hogar entre los hogares, abierto para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección[8].

No olvidemos que el “apostolado de los laicos, que surge de su misma vocación cristiana, no puede faltar nunca a la Iglesia” (AA 1). En la Iglesia diocesana ha de crecer la conciencia de que el laico tiene una misión eclesial por derecho propio y como consecuencia de su pertenencia a la Iglesia. Es en la historia en donde todas las realidades creadas comienzan a ser transformadas por la fuerza del Evangelio. Hay que anunciar la novedad de Cristo en esta sociedad en la que los miembros de las asociaciones de apostolado laical han de “personalizar la fe y vivirla evangélicamente, seguir un proceso de formación permanente, celebrar comunitariamente la fe, encontrar el ámbito eclesial de discernimiento comunitario, asumir las responsabilidades personales y ser fieles a los compromisos adquiridos en la comunidad eclesial y en la vida pública, constituir el sujeto social necesario para una presencia pública significativa y eficaz”[9].

¡Que el Espíritu Santo nos ilumine en la tarea evangelizadora y revitalice el Apostolado Seglar y la Acción Católica! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

  • [1] FRANCISCO, Fratelli tutti, 8.
  • [2] PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, nº 1.
  • [3] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 70.
  • [4]  HENRI DE LUBAC, Diálogo sobre el Vaticano II, Madrid 1985, 81.
  • [5] Christifideles laici, 34.
  • [6] Cf. Ibid., 33.
  • [7] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 25.
  • [8] FREANCISCO, Fratelli tutti, 276.
  • [9] Ibid., 97.

 

Fuente: archicompostela.es

Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2021: “Los sueños se construyen juntos”

 

El próximo 23 de mayo, solemnidad de Pentecostés, se celebra el DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTOLADO SEGLAR, este año bajo el lema, «LOS SUEÑOS SE CONSTRUYEN JUNTOS», que está inspirado en el Congreso de Laicos y tomado de la carta encíclica del Papa Francisco, Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, en su capítulo 8: «(…) ¡Que importante es soñar juntos! (…) Los sueños se construyen juntos. (…)»

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¿Cuál es el mensaje de los obispos?

 

A través de la Comisión Episcopal de Laicos, Familia y Vida, los obispos centran esta Jornada en la carta encíclica del Papa Francisco, Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social y en el Congreso de Laicos que ha cumplido su primer aniversario. En este contexto actual, marcado por la pandemia, la línea a seguir es continuar remando como Iglesia, con el fin de hacer realidad los sueños expresados en el Congreso, marcados por la senda del discernimiento y de la sinodalidad.

Unos sueños que no son nuestros, sino de Dios para nosotros, para la Iglesia que peregrina en España, y que desea llevar a cabo un renovado Pentecostés“, como nos dicen los obispos en su mensaje. Y sólo gracias al discernimiento podremos “captar estos sueños de Dios, su plan de salvación“, “captar como Dios está actuando en la historia”, “porque Dios nos habla en la historia y en nuestra historia hablamos de Dios”, siendo interpelados a “descubrir la voz de Dios en el grito de cada uno de los seres humanos que encontramos en nuestro caminar” y de ahí “nos llevemos a preguntar, como aparece en el Evangelio «Entonces ¿qué debemos hacer?» (Lc 3,10)”

Otro aspecto importante que destacan los obispos es el otro gran sueño de Dios para su Iglesia, el de la sinodalidad, que nos debe llevar a descubrir que somos un único Pueblo de Dios, pastores, vida religiosa y laicos, y que todos somos necesarios para llevar a cabo la tarea evangelizadora“, siendo conscientes de que los laicos no somos actores de reparto o secundarios, sino protagonistas en nuestra misión de anunciar el Evangelio de Jesucristo, y que “para ir haciendo realidad este sueño es imprescindible que evitemos caer en la tentación del clericarismo”. 

No debemos olvidar que los sueños se construyen juntos, los obispos apuntan que este sueño de “la sinodalidad nos debe llevar también a vivir la comunión entre Movimientos y Asociaciones, y en relación a la diócesis y las parroquias. El sueño de una Iglesia sinodal se traduce en una Iglesia en salida, del acompañamiento, de la fraternidad. Una Iglesia que busca crear puentes de diálogo, de encuentro con los que son y piensan diferente a nosotros, frente a una cultura del enfrentamiento, del descarte”.

Por tanto, estos sueños también deben interpelarnos como laicado a estar en el corazón del mundo. “Es necesario que volvamos a redescubrir que lo propio y peculiar de los laicos es su compromiso en la vida pública”, impulsando entre otras cosas la caridad política.

Terminan este mensaje agradeciendo “el trabajo de las delegaciones diocesanas de Apostolado Seglar, los Movimientos y Asociaciones, la Acción Católica, el Consejo Asesor de Laicos, y el testimonio silencioso y abnegado de tantos laicos de nuestras parroquias, que se esfuerzan ¡cada día por vivir su vocación laical en la Iglesia y en el mundo, desde el discernimiento y la sinodalidad”,  y deseando que nos sirva de estímulo este día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar para discernir y seguir el camino construyendo juntos, sinodalmente (pastores, vida consagrada y laicos), “haciendo realidad, en la Iglesia y en nuestras sociedad, los sueños de Dios para la humanidad”.

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Pascua del Enfermo. 9 de mayo de 2021.

La Iglesia española se acerca tradicionalmente en este domingo, en el seno de sus comunidades parroquiales, al mundo de los enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios, así como mostrando el rostro de Cristo curando y acompañándolos.

La Pascua del Enfermo (VI Domingo de Pascua) es el final de un itinerario que se inicia el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo. Este año la Campaña, marcada por la pandemia que estamos padeciendo, se centra en el tema: “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8) y como lema para la campaña, en sintonía con este tema elegimos: “Cuidémonos mutuamente”.

El VI Domingo de Pascua este año 2021 se celebrará el 9 de mayo. Es un día en el que las comunidades parroquiales oran con y por los enfermos y se administra el sacramento de la unción de los enfermos.

El Papa Francisco en una Audiencia el 26 de febrero de 2014 nos recordaba algunos aspectos fundamentales sobre la administración de este sacramento de la unción de los enfermos:

  • “Antiguamente se le llamaba «Extrema unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios”.
  • Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino”.
  • “Se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación”.
  • “Jesús, en efecto, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y por quienes sufren y les transmitió la capacidad y la tarea de seguir dispensando en su nombre y según su corazón alivio y paz, a través de la gracia especial de ese sacramento”.
  • “Cada persona de más de 65 años, puede recibir este sacramento, mediante el cual es Jesús mismo quien se acerca a nosotros”.
  • El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos».
  • “Es siempre hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno”.
  • “Pero el consuelo más grande deriva del hecho de que quien se hace presente en el sacramento es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada — ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él”.

 

Noticia extraida de: www.archicompostela.es/pastoralsalud

1º Maio 2021: “Agora máis que nunca Traballo Decente!”

1º Maio 2021: “Agora máis que nunca: Traballo Decente!”

 

Nunha nota de prensa co motivo da celebración do Primeiro de Maio, Día Internacional do Traballo, a iniciativa «Igrexa polo Traballo Decente» advirte que a pandemia debilita o dereito ao traballo e pon en crise o pacto social e a democracia. Ademáis, insta a garantir o acceso a medidas de protección social para quen non poida traballar ou as súas condicións laborais non lles permitan chegar “a fin de mes”, e reclama un amplo diálogo para configurar un novo contrato social baseado na centralidade da persoa, o traballo decente e o coidado do planeta.

Baixo o lema AGORA MÁIS QUE NUNCA: TRABALLO DECENTE!”, esta iniciativa Igrexa polo Traballo Decente (ITD), lanza un Manifesto con motivo do 1º de Maio no que alerta como o impacto da pandemia está a debilitar o dereito ao traballo, e empobrecendo, precarizando e descartando a millóns de traballadores.

Asinan o manifesto as entidades de inspiración cristiá que impulsan en España esta iniciativa: Cáritas, Conferencia Española de Religiosos, CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica, HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica JEC e Juventud Obrera Cristiana JOC .

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Cambiar o sistema produtivo para pór ás persoas no centro

Para ITD, esta profunda crise pon de relevo a necesidade dun cambio de sistema produtivo, baseado en traballos que acheguen valor, suxeitos a unhas condicións laborais dignas, e onde as persoas estean no centro. É urxente subliñar, nese sentido, a importancia do traballo como actividade humana que acrecenta a dignidade de cada persoa e das súas familias, á vez que participamos no coidado do conxunto da sociedade e do planeta.

O Manifesto denuncia a destrución no último ano de miles de empregos e que moitos dos ERTE postos en marcha resolvéronse en despedimentos. Así mesmo, os empregos considerados esenciais –moitas veces exercidos en condicións precarias, tanto a nivel laboral como de protección sanitaria—, tampouco se viron recoñecidos nunha mellora das súas condicións. “E as medidas de protección social deseñadas para paliar os efectos da crise –afírmase— non chegaron ás persoas que máis o necesitan, como tampouco sucedeu co subsidio temporal previsto para as traballadoras do fogar ou o ingreso mínimo vital”.

Outra das consecuencias sociais da pandemia é o agravamento das condicións de pobreza entre a poboación migrante en situación administrativa irregular, onde o desemprego e a economía informal son maioritarios, sen posiblidades de acceso ao sistema de protección.

Ante este panorama, ITD insta “agora máis que nunca a adoptar as medidas necesarias para conseguir que o traballo decente sexa unha realidade accesible para todas as persoas, con condicións que permitan manter unha vida digna e unha protección social que chegue a todas as persoas que o necesitan”. No manifesto expóñense algunhas medidas urxentes para reconducir a situación.

Xunto coas mobilizacións e actos de rúa convocados para o 1º de Maio , a ITD tamén convida a celebrar neste Primeiro de Maio mediante xestos de oración persoal ou comunitaria, xunto a unha “mobilización dos balcóns” para dar visibilidade a estas reivindicacións nas xanelas dos nosos domicilios. A mobilización en redes sociais levarase a cabo co hashtag: #AhoraMásqueNuncaTrabajoDecente

 

Ver Nota de Prensa ITD 1ª Maio 2021

 

Ver Manifesto ITD 1ª Maio 2021

 

Ver Guión Litúrxico ITD 1º Maio 2021