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Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Julián en la Campaña de Manos Unidas

 

La desigualdad se ha convertido en la mayor amenaza y el mayor desafío a nivel mundial. Para muchas personas, pensar en desigualdad y en hambre es pensar en un reto imposible, un problema sin solución ante el que no se puede hacer nada.

Contra esa desigualdad trata de luchar año tras año Manos Unidas que cada mes de febrero pone en marcha su Campaña de Manos Unidas que se celebra el segundo domingo del mes de febrero.

El lema elegido para este año es «Frenar la desigualdad está en tus manos» y quiere ser un llamamiento a la sociedad para luchar por la dignidad y promover un mundo donde todos valgamos lo mismo y nadie se quede atrás.

Y como cada año con motivo de esta Campaña el arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, ha publicado una Carta Pastoral en la que recuerda que el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza, va aumentando cada vez más lo que debe golpear nuestra conciencia: “¿Qué sociedad es esta nuestra en la que tan poco cuenta la dignidad de la persona y tantas cualidades buenas se están perdiendo? Cada uno de nosotros podría ser esa persona que tiene que resignarse a la herida de la desigualdad provocada”.

 

 

Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2023

“Frenar la desigualdad está en tus manos”

 

 

Queridos diocesanos:

La liturgia de la Iglesia reza así: “Padre nuestro que en los cielos estás, haz a los hombres iguales: que ninguno se avergüence de los demás; que todos al que gime den consuelo; que todos al que sufre del hambre la tortura le regalen en rica mesa de manteles blancos con blanco pan y generoso vino[1]. La Campaña de Manos Unidas llama de nuevo a nuestra conciencia, recordándonos que el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza, va aumentando cada vez más. El cristianismo nace precisamente como amor al hombre. Ayudar a los demás nos permite descubrir quién soy, por qué existo y lo mucho que puedo hacer. Esto suscita en nosotros una pregunta preocupante: ¿Qué sociedad es esta nuestra en la que tan poco cuenta la dignidad de la persona y tantas cualidades buenas se están perdiendo? Cada uno de nosotros podría ser esa persona que tiene que resignarse a la herida de la desigualdad provocada. Cuando sanitariamente preocupa el ponernos la vacuna de turno, nos damos cuenta de que para la pobreza, la desigualdad y el hambre no la tenemos porque son otros intereses humanos los que la dificultan. La pobreza y el hambre no son fruto de la fatalidad ni son culpables los pobres y los que pasan hambre como a veces se argumenta.

Siempre podremos hacer algo

El lema de la campaña de este año ha de inquietarnos: “Frenar la desigualdad está en tus manos”. Es un reto que hemos de asumir. Es posible que nos justifiquemos pensando que poco podemos hacer y que la solución a este problema depende de otras instancias que ostentan el poder. En todo caso esto nunca será excusa para que dejemos de hacer lo que esté en nuestras manos. Esperar a solucionarlo todo para actuar, será una forma de justificar nuestra inactividad.

Los cristianos y toda persona de buena voluntad encontrarán una orientación ética y moral en la Doctrina Social de la Iglesia que recoge el mensaje del Evangelio. Para superar la sima de la desigualdad necesitamos tener como puente un trabajo digno con un salario adecuado que evite el bucle de la dependencia. “Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo[2]. El trabajo por la justicia y la paz es una realidad que nos incumbe a todos, reconociéndonos como hijos de Dios y hermanos los unos de los otros. La desigualdad no se aviene con la fraternidad. El momento de responder es ahora. Como dijo el papa Francisco refiriéndose al juicio final: “la respuesta es sólo una: el cuándo es ahora. Está en nuestras manos, en nuestras obras de misericordia: no en las puntualizaciones y en los análisis refinados, no en las justificaciones individuales o sociales. En nuestras manos y nosotros somos responsables”.

La sociedad puede cambiar

Es posible una sociedad en la que la dignidad humana con todos sus derechos y obligaciones sea el faro orientador. Necesitamos un esfuerzo global para superar las desigualdades, mirando al futuro con esperanza. Recordemos que cualquier cosa que hagamos por los demás, la hacemos a Cristo y superemos la pulsión por el tener que genera toda codicia. Más de 811 millones de personas están pasando hambre. Esta realidad no nos puede ser indiferente, aislándonos en nuestra visión pesimista de la vida. No hagamos dependientes a los demás, tratemos de ayudarles a salir de esa situación inhumana. Servir es posibilitar la igualdad. “Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país… Cuando este principio elemental no queda a salvo, no hay futuro ni para la fraternidad ni para la sobrevivencia de la humanidad[3]. Hemos de atrevernos como Tomás, el incrédulo, a meter nuestras manos en las llagas del mundo y en las propias. Es atreverse a encontrar a Cristo para transformar la realidad.

Manos a la obra

La fe cristiana no es el sueño en el que se refugia quien calcula la carga de la vida. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor 12,26), toman en serio el dolor del prójimo y tratan de remediarlo. Se nos llama a trabajar por la realización integral de la persona. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[4].

Pongamos manos a la obra y hagámoslo con esperanza cristiana que “es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal… para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza[5]. La verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad[6]. La campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con las desigualdades, favoreciendo el bien común. Así se nos recuerda que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás[7].

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Himno de Laudes, martes tercera semana de la Liturgia de las Horas.

[2] FRANCISCO, Fratelli tutti, 162.

[3] FRANCISCO, Fratelli tutti, 107.

[4] FRANCISCO, Laudato si’, 231.

[5] Ibid., 55.

[6] Cf. Ibid., 47.

[7] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 190.

 

Fuente: archicompostela.es

Felicidades, Don Julián

 

La Archidiócesis compostelana está de fiesta, pues en esta jornada se cumple el XXX aniversario de la Ordenación Episcopal de nuestro arzobispo, mons. Julián Barrio Barrio. Un 7 de febrero de 1993, en pleno Año Santo, recibió la Ordenación Episcopal en la Catedral compostelana como obispo titular de Sasabe y auxiliar de mons. Antonio María Rouco Varela. Tres años después, el 25 de febrero de 1996 tomaba posesión de la Sede Compostelana tras ser nombrado arzobispo por el papa san Juan Pablo II. Felicidades, Don Julián.

 

Fuente: pastoralsantiago.org

Mensaje de nuestro arzobispo para el período estival “Las vacaciones son un medio propicio para cuidar más el alma”

 

 

Con motivo del período estival, época de vacaciones, nuestro arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, ha querido dirigirse  a todos sus diocesanos con este mensaje:

 

Ha llegado el mes de julio y con él para muchas personas, -ojalá sean muchas- las ansiadas vacaciones.

El verano es tiempo apropiado para buscar algún descanso, aunque todo siga el habitual ritmo del día a día. Y paradójicamente, cuando llega el verano, la vivencia de la fe se viene abajo en la práctica de muchos cristianos, muchos son los que descuidan la participación eucarística, y otros muchos desatienden la oración del día a día.

Refiriéndose al verano y a las vacaciones el Papa Francisco afirmó: “Tómalas–¡de verdad!–. Cambia de ritmo, duerme algo más, lee cosas que te reposen, escucha algo de música, reza más, escucha más la palabra, disfruta en familia… Y todo eso te descansará”.

Disfrutar del tiempo estival, de un tiempo de descanso, no es descansar de Dios sino todo lo contrario: aprovechar que hay más tiempo libre para dedicarlo a esos “asuntos” importantes en nuestra vida: Dios, familia, amigos, crecimiento personal…

Las vacaciones son un medio propicio para cuidar más el alma, dedicando tiempo a la oración, a la lectura de la Biblia, a la participación en la Misa diaria, al rezo del rosario en familia y a otras actividades que dan vigor a nuestro espíritu. Y son un excelente medio para convivir con los demás, sobre todo, con la propia familia, dialogando y compartiendo gozos y alegrías, preocupaciones, penas y proyectos.

Muchos serán los que, aprovechando el tiempo estival, visiten nuestra tierra y se acerquen a la tumba del Apóstol. El Camino de Santiago no se puede interpretar, ni recorrer, sin tener en cuenta la dimensión espiritual. Si esta se perdiera, el Camino se convertiría en una realidad inerte. La ruta que lleva al sepulcro del apóstol nace con la seña de identidad cristiana, subrayando el espíritu penitencial y la conversión. Los peregrinos que llegan a Santiago han de volver calzados con las sandalias de la esperanza.

Ojalá que estas vacaciones sean para todos un momento de armonía y de descanso corporal para seguir construyendo la ciudad de Dios en medio de la ciudad de los hombres.

¡Felices vacaciones!

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de D. Julián con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen 2022

 

“Al acercarse la fecha de la fiesta de la Virgen del Carmen, deseo, como todos los años, acompañaros ofreciéndoos mi palabra y bendición a todas las gentes que, de una manera u otra, viven en torno al mar, de los que Nuestra Señora del Carmen es patrona y protectora”. Así comienza el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio,  su Carta Pastoral dirigida a las gentes de la mar al llegar la festividad de la Virgen del Carmen, el próximo 16 de julio.

Con un emocionado recuerdo a los marineros que fallecieron en el naufragio del barco Villa de Pitanxo en aguas de Terranova, el arzobispo se dirige a sus familias y a las familias de todos los fallecidos por distintos trabajos en el mar:En nuestra Galicia, desde el comienzo del milenio, 138 hermanos nuestros perdieron su vida. Los ponemos en los brazos maternales de la Virgen del Carmen, en la seguridad de que Ella sabrá presentarlos a su Hijo y enviar a los que quedan en este mundo el consuelo y la paz”.

El arzobispo incide en el lema elegido para esta jornada, “¡Naveguemo s juntos!”, expresándoles que «las preocupaciones de la Iglesia deben ser las vuestras, dado que, en ese sentido, viajamos todos en el mismo barco, caminando y navegando juntos, dejándonos encontrar por el Señor»  . En este sentido les invita a «acercaros a la Iglesia y ofrecerle vuestras inquietudes y vuestra siempre necesaria colaboración. En esa barca de Pedro en la que nos encontramos en el navegar de esta vida, todas las voces son importantes y todas merecen ser escuchadas. Sentid a la Iglesia como vuestra casa, porque lo es de verdad”.

 

Texto íntegro:

 

Carta Pastoral en la fiesta de la Virgen del Carmen 2022

“Naveguemos juntos”

 

Queridos diocesanos:

Al acercarse la fecha de la fiesta de la Virgen del Carmen, deseo, como todos los años, acompañaros ofreciéndoos mi palabra y bendición a todas las gentes que, de una manera u otra, viven en torno al mar, de los que Nuestra Señora del Carmen es patrona y protectora.

Quiero llevar a vosotros y a vuestras familias la presencia fraternal de la Iglesia, a la que pertenecéis, y que, como comunidad de creyentes unidos en torno a Jesucristo, vive vuestras preocupaciones como cosa propia. Todavía hace muy poco tiempo, el pasado día de Pentecostés, el Papa, saludando a los peregrinos que rezaban en la plaza de San Pedro, les decís: “Manifiesto mi cercanía a los pescadores, pensemos en aquellos pescadores que, a causa del aumento del costo del carburante, se encuentran en riesgo de detener su actividad…” (Regina Coeli 5-Junio-2022). El Papa, como sucesor de Pedro el pescador de Galilea, recuerda vuestras dificultades y problemas, las manifiesta al mundo, para que se tomen las medidas adecuadas, y las lleva en su oración a la presencia de Dios pidiendo que Él ilumine a las autoridades y a todos los que compete ofrecer soluciones para que vuestras condiciones de vida sean las adecuadas.

Al pensar en vuestros sufrimientos, hago memoria con dolor de los fallecidos en el naufragio del pesquero Villa de Pitanxo. Aunque ya tuve ocasión de acercarme a las familias y de compartir la Eucaristía con vosotros, pidiendo por los fallecidos, en aquel momento tan emotivo en la parroquia de Marín, os reitero ahora mis nuestras palabras de consuelo y esperanza y os ofrezco la oración y la colaboración de la Iglesia en lo que humildemente esté en nuestra mano, deseando que se puedan encontrar los cuerpos que aún no han podido ser rescatados, para que podáis encontrar el consuelo de ofrecerles la sepultura y el último homenaje de vuestra fe y vuestro amor.

Pienso en todos vosotros, en vuestras familias y en las familias de todos los fallecidos por distintos trabajos en el mar. En nuestra Galicia, desde el comienzo del milenio, 138 hermanos nuestros perdieron su vida. Los ponemos en los brazos maternales de la Virgen del Carmen, en la seguridad de que Ella sabrá presentarlos a su Hijo y enviar a los que quedan en este mundo el consuelo y la paz.

El lema de este año para la jornada de las gentes del mar es bien significativo: “Naveguemos juntos”. Vuestra vida está unida a la de los demás miembros de la Iglesia, porque vivimos nuestra pertenencia como un misterio de comunión y de amor. Y también expresa que las preocupaciones de la Iglesia deben ser las vuestras, dado que, en ese sentido, viajamos todos en el mismo barco. A lo largo de este año en nuestra diócesis hemos trabajado preparando el sínodo de los Obispos que se celebrará en Roma en el 2023. El Papa ha querido que sean escuchadas todas las voces y que sean tenidas en cuenta todas las opiniones, de modo que vivamos esa “sinodalidad”, caminando y navegando juntos, dejándonos encontrar por el Señor. No dudéis en acercaros a la Iglesia y ofrecerle vuestras inquietudes y vuestra siempre necesaria colaboración. En esa barca de Pedro en la que nos encontramos en el navegar de esta vida, todas las voces son importantes y todas merecen ser escuchadas. Sentid a la Iglesia como vuestra casa, porque lo es de verdad. “Por tu palabra echaré la redes” (Lc 5,5), le dijo Pedro a Jesús después de haber faenado durante toda la noche y volver con las redes vacías. Este ha de ser vuestro convencimiento para interpretar vuestro quehacer laboral que en obediencia al Señor tendrá un resultado fructífero, fiándonos a su gracia y ofreciendo vuestro esfuerzo.

En este día del Carmen, en el que en tantas parroquias de la costa y también del interior de nuestra diócesis se celebra con alegría el amparo maternal de nuestra madre del Cielo, os encomiendo a todos, hombres y mujeres del mar, los pescadores y los pertenecientes a la marina mercante, los componentes de la Armada y todos los que de un modo u otro, formáis parte de esta familia del mar, a los que pongo bajo el patrocinio del apóstol Santiago y la protección de Nuestra Señora del Carmen.

Con cordial saludo y bendición en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Fuente:archicompostela.es

 

Mons. Barrio destaca el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia

 

En una Carta Pastoral dedicada al Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar, que se celebrará en la solemnidad de Pentecostés, el arzobispo de Santiago recuerda, en continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal, que “se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo”.

En este sentido indica que “no podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia”. Y añade: “la vocación cristiana es por su propia naturaleza vocación apostólica, misionera, evangelizadora”.

En la carta a los laicos, el arzobispo recuerda tres actitudes que configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: “una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción frente al misterio insondable de la libertad humana”.

La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública”, dice mons. Barrio.

 

 

Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2022

“Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita”

 

Queridos diocesanos:

En continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal en el que,  invitados por el papa Francisco para preparar el Sínodo de los Obispos (2023), nos encontramos, se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo (cf. LG 31). No podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Después de la Resurrección el Señor confirió a los apóstoles la misión de anunciar el Evangelio con todas las consecuencias. Hubo dificultades desde el principio pero Pedro ante la prohibición de predicar dirá: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y no les atemoriza ni les abate. No les asusta ser ultrajados con tal de cumplir la misión encomendada. Predicar el Evangelio desemboca en la práctica del culto. Conocer que Cristo ha muerto y resucitado por nuestra salvación ha de llevarnos a adherirnos a Él como nuestro Señor.

En esta Jornada recordamos nuevamente esta consideración del papa Francisco: “He aquí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear  la vida aisladamente… Se necesita una comunidad que nos  sostenga, que nos ayude  y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante. ¿Qué importante es soñar juntos… Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos[1]. “Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial, compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia”[2]. La vocación cristiana es por su propia naturaleza  vocación apostólica, misionera, evangelizadora.

Tres actitudes configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción  frente al misterio insondable de la libertad humana. En nuestro peregrinar apostólico hemos de recordar que hemos sido elegidos en Cristo, amados con Cristo y enviados como Cristo en nuestro Bautismo (cf. Jn 3,3; 5-7). “No podemos obviar el sacramento del Bautismo, porque aquí se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho”[3]. Elegidos como fruto gratuito de una absoluta y amorosa iniciativa del Padre, los cristianos son como una prolongación viviente de Cristo; amados, son como seres transferidos al Reino del Hijo de su Amor hasta que el mismo Cristo habite por la fe  en nuestros corazones (Ef 3,17); enviados, son como testigos vivientes de Cristo para dar fruto y que el fruto permanezca. Sin conciencia de ser elegidos se manifiesta la radical crisis cristiana, sin conciencia de ser amados emerge la irresponsabilidad de la propia identidad ante Dios y ante Cristo, sin conciencia de ser enviados se reduce el cristianismo a puro convencionalismo social o religioso. En este momento caracterizado por cambios imprevisibles que están afectando a la Iglesia, “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad[4].

Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, “garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad”[5]. El papa Francisco nos dice: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración… Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión”[6]La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública, conscientes de que “la Iglesia  no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como hogar entre los hogares, abierto para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección[7].

¡Que el Espíritu Santo nos ilumine en la tarea evangelizadora y revitalice el Apostolado Seglar y la Acción Católica! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Fratelli tutti, 8.

[2] Mensaje de los Obispos. Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, 2022.

[3] Ibid.

[4] PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, nº 1.

[5] Mensaje…

[6] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 25.

[7] FREANCISCO, Fratelli tutti, 276.

 

Fuente: archicompostela.es

Nota de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago ante la Jornada Interdiocesana de Enseñanza Religiosa

 

 

Queridos padres y madres:

La educación se presenta hoy como una tarea compleja, afectada por rápidos cambios sociales, económicos y culturales. Su misión específica sigue siendo el crecimiento y la formación integral de la persona y es una tarea primordial de la familia, siempre desde la responsabilidad profundamente sentida por el bien de los propios hijos: los padres sois los primeros y principales educadores de vuestros hijos, y habéis de ejercer con libertad este derecho. Para ello, en el respeto y la colaboración con esta responsabilidad primera de la familia, la escuela realiza una labor imprescindible, como en un compromiso compartido.

El próximo curso entra en vigor una nueva ley educativa, la LOMLOE, la octava ley en cuarenta años de democracia, lo que evidencia, una vez más, la necesidad, y al mismo tiempo la incapacidad, de alcanzar un Pacto por la Educación. La asignatura de Religión conserva una situación conocida, aunque no sea la deseada: oferta obligatoria en todas las etapas y libre elección; sigue siendo evaluable, pero no computable cuando entran en concurrencia los currículos, y se limita la carga lectiva, reduciéndola a los mínimos posibles según la ley. Lamentamos que no haya habido en las autoridades responsables mayor percepción de la necesidad de cuidar un ámbito tan decisivo para la educación integral de la persona. Esperamos que la propuesta de atención educativa para los alumnos que no cursen Religión sea planteada por las autoridades educativas de modo serio y regulado, a fin de no discriminar a los que han optado por cursar Religión Católica.

En la formación integral de vuestros hijos la Enseñanza de la Religión ofrece conocimientos y valores necesarios para su desarrollo personal y social, los prepara para el futuro, y desarrolla su autonomía y su espíritu crítico desde la visión cristiana de la persona. Les permite comprender y conocer el propio mundo moral y religioso, y entender mejor nuestra cultura, llena de expresiones artísticas, de costumbres, fiestas, ritos y modos de vida marcados por la huella cristiana.

Por ello, os hacemos una llamada para que, desde vuestros derechos y responsabilidad como padres y madres, matriculéis a vuestros hijos el próximo curso en la Enseñanza Religiosa Escolar, como una formación necesaria para crecer en la inteligencia de la fe y en la capacidad de convivencia y de diálogo en una sociedad cada vez más multicultural y plurireligiosa.

Queremos hacer, al mismo tiempo, un reconocimiento al buen trabajo del profesorado en general, y especialmente de los profesores de Religión, que han realizado un enorme esfuerzo en su misión educativa durante estos dos últimos cursos condicionados por la pandemia. Los alentamos a seguir siendo un testimonio de calidad evangélica en todos los ámbitos de su tarea docente.

Optar por la enseñanza religiosa en la escuela es la expresión responsable de quien se preocupa por una educación integral de nuestros niños y jóvenes. Acogiendo verdaderamente este compromiso y con la colaboración de todos, los padres, la escuela y las autoridades educativas, será posible construir el necesario “Pacto educativo” al que nos invita también el papa Francisco.

Os saludan con afecto y os bendicen en el Señor.

+ Julián, Arzobispo de Santiago.
+ Luis, Obispo de Tui-Vigo.
+ Alfonso, Obispo de Lugo.
+ José Leonardo, Obispo de Ourense.
+Fernando, Obispo de Mondoñedo-Ferrol.
+ Francisco José, Obispo Auxiliar de Santiago.

 

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EN GALEGO:

 

Queridos pais e nais:

A educación preséntase hoxe como unha tarefa complexa, afectada por rápidos cambios sociais, económicos e culturais. A súa misión específica segue sendo o crecemento e a formación integral da persoa e é unha tarefa primordial da familia, sempre desde a responsabilidade profundamente sentida polo ben dos propios fillos: os pais sodes os primeiros e principais educadores dos vosos fillos, e habedes de exercer con liberdade este dereito. Para iso, no respecto e a colaboración con esta responsabilidade primeira da familia, a escola realiza un labor imprescindible, como nun compromiso compartido.

O próximo curso entra en vigor unha nova lei educativa, a LOMLOE, a oitava lei en corenta anos de democracia, o que evidencia, unha vez máis, a necesidade, e ao mesmo tempo a incapacidade, de alcanzar un Pacto pola Educación. A materia de Relixión conserva unha situación coñecida, aínda que non sexa a desexada: oferta obrigatoria en todas as etapas e libre elección; segue sendo avaliable, pero non computable cando entran en concorrencia os currículos, e limítase a carga lectiva, reducíndoa aos mínimos posibles segundo a lei. Lamentamos que non houbese nas autoridades responsables maior percepción da necesidade de coidar un ámbito tan decisivo para a educación integral da persoa. Esperamos que a proposta de atención educativa para os alumnos que non cursen Relixión sexa exposta polas autoridades educativas de modo serio e regulado, a fin de non discriminar aos que optaron por cursar Relixión Católica.

Na formación integral dos vosos fillos o ensino da Relixión ofrece coñecementos e valores necesarios para o seu desenvolvemento persoal e social, prepáraos para o futuro, e desenvolve a súa autonomía e o seu espírito crítico desde a visión cristiá da persoa. Permítelles comprender e coñecer o propio mundo moral e relixioso, e entender mellor a nosa cultura, chea de expresións artísticas, de costumes, festas, ritos e modos de vida marcados pola pegada cristiá.

Por iso, facémosvos unha chamada para que, desde os vosos dereitos e responsabilidade como pais e nais, matriculedes aos vosos fillos o próximo curso no Ensino Relixioso Escolar, como unha formación necesaria para crecer na intelixencia da fe e na capacidade de convivencia e de diálogo nunha sociedade cada vez máis multicultural e plurirelixiosa.

Queremos facer, ao mesmo tempo, un recoñecemento ao bo traballo do profesorado en xeral, e especialmente dos profesores de Relixión, que realizaron un enorme esforzo na súa misión educativa durante estes dous últimos cursos condicionados pola pandemia. Alentámolos a seguir sendo un testemuño de calidade evanxélica en todos os ámbitos da súa tarefa docente.

Optar polo ensino relixioso na escola é a expresión responsable de quen se preocupa por unha educación integral dos nosos nenos e mozos. Acollendo verdadeiramente este compromiso e coa colaboración de todos, os pais, a escola e as autoridades educativas, será posible construír o necesario “Pacto educativo” ao que nos convida tamén o papa Francisco.

Saúdanvos con afecto e bendinvos no Señor.

+ Julián, Arcebispo de Santiago
+ Luis, Bispo de Tui-Vigo
+ Alfonso, Bispo de Lugo
+ José Leonardo, Bispo de Ourense
+ Fernando, Bispo de Mondoñedo-Ferrol
+ Francisco José, Bispo Auxiliar de Santiago

 

 

Noticia extraída de: archicompostela.es

Representantes de diferentes confesiones cristianas rezan en Santiago por la Paz

 

El arzobispo de Santiago de Compostela, mons Julián Barrio, y su obispo auxiliar, mons. Francisco Prieto, participaron este miércoles día 3 de marzo en una oración ecuménica para pedir la Paz en Ucrania.

La celebración, organizada por el delegado de ecumenismo de la Diócesis Francisco Buide, tuvo lugar en la Iglesia Compostela de Santa Susana a las 19:00hs. En ella participaron fieles católicos, evangélicos, ortodoxos, anglicanos, etc.

Esta vigilia fue presidida el Padre Vasili, natural de Ucrania y sacerdote de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla. Los ucranianos presentes en la celebración se emocionaron profundamente ante la gran multitud congregada en la Iglesia para rezar por el fin del conflicto armado en su tierra.

 

 

 

Noticia extraída de pastoralsantiago.org

Nuestro arzobispo nos escribe una Carta Pastoral en la que nos invita a vivir esta Cuaresma fortaleciendo nuestro espíritu.

 

En esta ocasión, el arzobispo de Santiago comienza su Carta Pastoral para la Cuaresma recordando el mensaje del papa Francisco para este tiempo litúrgico que se inicia el próximo miércoles día 2 de marzo con la imposición de la ceniza. Monseñor Barrio incide en lo que pontífice nos dice sobre la Cuaresma, que “es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”.

En este sentido, D. Julián nos invita a sembrar generosamente siendo “el ayuno, la limosna y la oración, semillas para esta siembra cuaresmal, que nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción”. Además mons. Barrio nos recuerda que este es un tiempo para “fortalecer nuestro espíritu” y asegura que “las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios”, por lo que nos invita a acudir a Jesús que es «la acequia de  gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos».

En este camino cuaresmal, el arzobispo invita a participar en la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo, en momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales que se programen en el contexto de esta celebración. Ya que como nos indica “en la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás”.

 

Texto íntegro de la Carta Pastoral:

 

 

Carta Pastoral de mons. Barrio en la Cuaresma del 2022

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Queridos diocesanos:

El Papa en su Mensaje para esta Cuaresma nos dice que ésta es “un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado”. En esta perspectiva nos llama a reflexionar sobre este texto de san Pablo a los Gálatas: “No nos cansemos de hacer el bien que, sino desmayamos, a su tiempo cosecharemos” (Gal 6,9-10a). La invitación es a sembrar generosamente porque quien siembra tacañamente no puede pretender cosechar abundantemente. El ayuno, la limosna y la oración, semillas para la siembra cuaresmal,  nos ayudarán en este propósito a entender nuestra relación con las cosas y las personas y nuestro estilo de vida y acción.

Fortalecer nuestro espíritu

Escribe San Pablo que “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio” (Rom. 8, 28), pero era consciente de que las cosas no iban bien y no acontecían como él hubiera deseado. Tal vez pueda ser esta nuestra impresión. Es el amor de Dios el que pone el bien allí donde, a los ojos del mundo, sólo hay mal. Pues desde el amor el mal se vuelve ocasión para desarrollar el servicio, la acogida, el cuidado, la solidaridad. La caridad no pasará nunca (cf. 1Cor. 13, 8). No debemos dejar que enferme y se debilite nuestro espíritu. Las gracias jubilares nos ayudan a fortalecer nuestra espiritualidad, viviendo el sentido penitencial y la conversión a Dios.

Cristo, acequia de gracia

La siembra necesita unas condiciones para que sea fructífera. El hombre que confía en el Señor es como un “un árbol plantado al borde de la  acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas” (Sal 1, 3). Jesús es la acequia de  gracia que nos refresca y hace que no nos marchitemos. San Pablo nos transmite su experiencia: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil. 4,13). El fruto no está nunca en nuestras manos. En la misión no va incluido el éxito, pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia ni a la pasividad. No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que den gloria a Dios. La vida misma es vocación que debe ser vivida siempre con esperanza cristiana, manteniendo las lámparas encendidas (cf. Mt. 25, 1-13) aunque la espera se alargue. Esta actitud interpelará proféticamente y nunca defraudará.

La fe cristiana habla con las manos

La fe cristiana no es el sueño en el que se refugia quien calcula la carga de la vida. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor. 12, 26), toman en serio el dolor del prójimo y les conmueve tratando de hacer algo por remediarlo. En los momentos de oscuridad es cuando mejor se puede percibir el brillar de la única luz verdadera, Jesús Resucitado, que es el amor crucificado de Dios por nosotros. La fe no necesita del sufrimiento para revalorizarse, ni “cotiza al alza” cuando el ser humano está sufriendo, ni Dios nos aguarda pacientemente detrás de la desgracia para que le glorifiquemos. La fe en Cristo habla con las manos, porque “actúa mediante la caridad” (Gal. 5, 2), no olvidando al huérfano y protegiendo a la viuda, para que, cuando presentemos nuestra oración no oigamos: “aunque multipliquéis vuestras plegarias, no os escucharé” (cf. Is. 1, 15-17). “La fe sin obras es una fe muerta” (Sant 2,17). Se nos llama a trabajar por la realización integral de la persona. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[1].

Tatuados en Dios

Cristo ha entregado su vida y está presente en quienes vieron resquebrajarse el suelo sobre el que se apoyaban. Las manos llagadas del resucitado son signo de que el amor del Padre es más fuerte que la muerte: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona (Lc. 24,39). Quienquiera que contemple con fe estas manos podrá reconocer en ellas todo el peso del dolor del mundo y también el realismo de su esperanza. Quien las está mostrando nos dice: “Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos” (Ap. 1, 18). En su resurrección vivimos de su presente eterno y nuestros nombres quedan inscritos en el libro de la vida porque estamos tatuados en Dios: “Yo te llevo grabada como un tatuaje en mis manos” (Is. 49,16).

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal un referente es la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 25 y el sábado 26 de marzo, recordando las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1]FRANCISCO, Laudato si’, 231.

 

 

Fuente: archicompostela.es

 

Carta Pastoral de nuestro arzobispo en el Día del Enfermo 2022

 

Hace ya treinta años, san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo para sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan.

Cada 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia celebra también esta jornada para simbolizar la voluntad de ponerse al servicio del otro, del prójimo, para ayudarlo y acompañarlo en su padecimiento. Con tal motivo el arzobispo de Santiago, mons. Julián Barrio, ha dirigido a todos los diocesanos esta Carta Pastoral:

 

Carta Pastoral en el Día del Enfermo 2022

 

Queridos diocesanos:

En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes celebramos la XXX Jornada Mundial del Enfermo. Este año se nos pide: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Con esta motivación el papa Francisco llama a toda la Iglesia a vivir la experiencia de la misericordia con el enfermo. Ella es visible y palpable en la ternura de los que cuidan a los más frágiles y necesitados, en el perdón mutuo y en el sacramento de la reconciliación. Por eso deseo que todos tengamos abiertos los oídos del corazón para percibir el susurro del Espíritu que nos indica: “sed misericordiosos los unos con los otros”. Estoy seguro de que ninguno de nosotros puede decir que no necesita de la misericordia de Dios y de la de los demás. Y los demás esperan siempre nuestra actitud misericordiosa para ser mirados con los ojos del corazón.

Cristo, rostro de la misericordia del Padre

“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, “rico en misericordia” (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como  “Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad” (Ex 34,6), no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la “plenitud del tiempo” (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”[1].

No es difícil fascinarse ante la grandiosidad y belleza de la creación, pero como afirmaba el papa emérito Benedicto XVI, esta inmensidad y poder son superados todavía por la grandeza y belleza de la misericordia[2]. Sin duda, la primera es accesible a todos los ojos, y la segunda sólo a los del corazón. Los que más de cerca viven este misterio son aquellos hombres y mujeres que experimentan la ternura de Dios. Testigos veraces de ella son para nosotros el leproso tocado por Jesús (Mc 1,40-45), la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8,3-10), el publicano cobrador de impuestos (Mt 9,9), la mujer que padecía flujos de sangre (Lc 8,43-48) o el paralítico al que le fueron perdonados sus pecados (Lc 5,24). Pedro dejándose lavar los pies comprendió que su amor por Cristo no provenía de sí mismo (Jn 13,9); Pablo, presumiendo ser buscador del Señor se dejó alcanzar por Él (Flp 3,12-14). Todas estas experiencias que nos acerca la Palabra de Dios son iconos vivos donde todos podemos contemplar y dejarnos hacer por misericordia. El mismo Jesús en la cruz abre su corazón “desentrañándose” por la humanidad. “Cristo no sólo habla de misericordia y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia”[3]¡Verdaderamente cada gota del Evangelio contiene el océano de la misericordia! “Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de sus interlocutores y respondía a sus necesidades más reales”[4].

La misericordia, idioma universal

La misericordia habla un idioma que es universal. Todos hemos sido testigos de ella y la experimentamos a lo largo de la vida en la ternura y cuidado que nos ofrecen los demás en las diferentes etapas de nuestra vida y, sobre todo en la experiencia de la enfermedad. También nosotros tocamos el borde del manto de Jesús cuando se nos conmueven las entrañas y ofrecemos nuestra mano a los que sufren o cuando la compasión de los demás hacia nuestra fragilidad nos acerca el sol de la misericordia divina. Tengo presente a muchas religiosas y religiosos, a tantas madres de familia y a tantas otras personas que en sus casas atienden y cuidan a enfermos. ¡Cómo no hacer referencia a médicos, enfermeras, enfermeros y personal sanitario en el delicado cuidado de los enfermos en los hospitales! Compartiendo la debilidad de las personas enfermas se tallan para sí un corazón misericordioso. En este sentido nos dice el papa Francisco: “La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por su propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene de lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón”[5].

María, madre de misericordia

Miremos a María diciéndole: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”. María es madre de misericordia, la tuvo en su seno y la sostuvo en sus brazos; pudo nacer de ella, porque se hizo humilde sierva de la Palabra de Dios. A vosotros, queridos enfermos y enfermas, os tengo muy presentes en mi oración con la intercesión de la Virgen María, salud de los enfermos.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Bula Misericordiae vultus1.

[2] Cf. Benedicto XVI, Audiencia general. Miércoles 1 de febrero de 2006.

[3] San Juan Pablo II, Carta encíclica “Dives in misericordia”, 2.

[4] FRANCISCO, Bula “Misericordiae vultus”, 8.

[5] FRANCISCO, Ibid., 6.

 

Fuente: archicompostela.es

Muchas Felicidades, Don Julián

La Archidiócesis compostelana está de fiesta, pues en esta jornada se cumple el XXIX aniversario de la Ordenación Episcopal de nuestro arzobispo, mons. Julián Barrio Barrio. Un 7 de febrero de 1993, en pleno Año Santo, recibió la Ordenación Episcopal en la Catedral compostelana como obispo titular de Sasabe y auxiliar de mons. Antonio María Rouco Varela. Tres años después, el 25 de febrero de 1996 tomaba posesión de la Sede Compostelana tras ser nombrado arzobispo por el papa san Juan Pablo II. Felicidades, Don Julián.