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Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «Mirar el pasado con misericordia»

La historia nos muestra hechos contra la dignidad de la persona que desgraciadamente hemos sido capaces de cometer. Observándolos desde la misericordia, debemos lamentar lo ocurrido y disponernos a aprender del pasado para no volver a repetir los mismos errores.

La iniciativa “Soñar lo posible”, al finalizar su recorrido por la encíclica Fratelli tutti, aborda el tema del perdón sincero y de la virtud de la misericordia, ambos fuertemente acentuados en el cristianismo.

Para alcanzar la reconciliación el papa Francisco propone:

  • Superar los conflictos a través del diálogo.
  • Abstenerse de enemistades y del odio mutuo.
  • Dialogar con honestidad, apoyados en el amor a la justicia.
  • No caer en el círculo vicioso de la venganza.

Se trata, en definitiva, de entender y revalorizar el sentido del perdón, siguiendo las enseñanzas del Evangelio que pide perdonar hasta “setenta veces siete” (Mt. 18,22).

Índice

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10º Clave: Mirar al pasado con misericordia

 

Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino.

El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día.

Ignorar la historia, despreciar la experiencia de los mayores y mirar solo al futuro crea personas vacías, desarraigadas y desconfiadas. Así hacen las ideologías.

Los pueblos que olvidan su tradición y, por negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia.

En tu historia las preguntas son: Cuánto amor puse en mi trabajo, en qué hice avanzar al pueblo, cuánta paz social sembré, qué provoqué en el lugar que se me encomendó.

Hace falta aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones.

La misericordia de cada persona se extiende a su prójimo, pero la misericordia del Señor alcanza a todos los vivientes.

La comprensión y el compromiso mutuo pueden transformar antiguos conflictos o las tensiones del pasado y alcanzar una unidad en la diversidad que engendra nueva vida.

Es conmovedor ver la capacidad de perdón de algunas personas que han sabido ir más allá del daño sufrido. En todo caso, lo que jamás se debe proponer es el olvido.

No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse. Todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos.

Mira el pasado con misericordia. Pide la gracia de lamentar lo que hemos sido capaces de hacer, de haber despreciado y destruido nuestra carne ¡Nunca más, Señor, nunca más!

 

El perdón permite buscar la justicia sin caer

en el círculo vicioso de la venganza ni en la injusticia del olvido.

 

Estamos llamados a amar a todos, sin excepción. Si el perdón es gratuito, entonces puede perdonarse aun a quien se resiste al arrepentimiento y es incapaz de pedir perdón.

Cuando hay algo que jamás debe ser tolerado, justificado o excusado, sin embargo, podemos perdonar. Cuando hay algo que por ninguna razón debemos permitirnos olvidar, sin embargo, podemos perdonar. El perdón libre y sincero es una grandeza que refleja la inmensidad del perdón divino.

 

Cultura sin alma

  • No hay que despreciar la historia ni rechazar la riqueza espiritual y humana que se ha ido transmitiendo a lo largo de las generaciones. Tampoco hay que ignorar todo lo que ha pasado, perdiendo así el sentido de la historia. Por eso hay que escuchar la experiencia de los mayores (Cf. Ft 13).
  • Sin embargo, en la cultura actual se percibe una especie de deconstruccionismo para construirlo todo desde cero. Para eso se precisa de persona vacías, desarraigadas, desconfiadas de todo, para instaurar nuevas formas de colonización cultural (Cf. Ft 13).
  • En esta nueva cultura, los pueblos, al abandonar su tradición, toleran que se les arrebate el alma. Grandes palabras como democracia, libertad, justicia, unidad son conceptos manoseados y desfigurados en la actualidad. Se les ha vaciado de contenido para poder justificar así cualquier acción (Cf. Ft 14).
  • En un escenario donde se siembra la división, la enemistad y un escepticismo desolador, se impide construir un proyecto común. Sin embargo, cuando se reflexiona y se mira al futuro aparecen interrogantes como ¿qué aporto a la sociedad? ¿qué lazos tengo con mi comunidad y que iniciativas propongo? ¿cómo contribuyo a fortalecer la paz? ¿cuánto amor pongo en mi trabajo? ¿colaboro a mejorar la convivencia en mi entorno? (Cf. Ft 197).

 

Nueva vida

  • Cuando las personas y las comunidades apuntan más allá de los intereses particulares, la comprensión y el compromiso mutuo se transforman en un ámbito donde los conflictos, las tensiones e incluso los que se podrían haber considerado contrarios en el pasado pueden alcanzar una unidad en la diversidad que engendra nueva vida (Cf. Ft 245).
  • Hace falta aprender a cultivar una memoria capaz de asumir el pasado, a veces desde el arrepentimiento, para liberar el futuro de sus insatisfacciones, confusiones o proyecciones. Sólo desde la verdad histórica de los hechos puede hacerse un esfuerzo constante para comprenderse mutuamente y para comenzar un nuevo camino hacia el bien de todos (Cf Ft 226).

 

Reconciliación sin olvido

  • Pero la reconciliación se debe promover, no imponer al conjunto de una sociedad. Porque ¿quién se puede atribuir el derecho de perdonar en nombre de los demás? No es posible decretar una “reconciliación general”, pretendiendo cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con un manto de olvido (Cf. Ft 246).
  • La reconciliación es un hecho personal y es conmovedor ver la capacidad de perdón de algunas personas que han sabido ir más allá del daño sufrido. Como también es humano comprender a quienes no pueden hacerlo. En todo caso, lo que jamás se debe proponer es el olvido (Cf. Ft 246).
  • Un ejemplo es la Shoah –palabra hebrea para referirse al holocausto- no debe ser olvidada. Es el símbolo de hasta dónde puede llegar la maldad del hombre cuando, alimentada por falsas ideologías, se olvida de la dignidad fundamental de la persona, que merece respeto absoluto independientemente del pueblo al que pertenezca o la religión que profese. ¡Nunca más, ¡Señor, nunca más! (Cf. Ft 247).

 

Conciencia colectiva

  • No se puede permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo que ha pasado. Esa memoria es la garantía y el estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno. Se necesita mantener viva la llama de la conciencia colectiva, que recuerde a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió. Lo necesitan las mismas víctimas para no ceder a la lógica que lleva a justificar las represalias y cualquier tipo de violencia en nombre del enorme mal que han sufrido (Cf. Ft 248 y 249).
  • El perdón no implica olvido. Pero cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, sin embargo, se puede perdonar (Cf. Ft 250).

 

La misericordia del Señor alcanza a todos

  • Dios celestial es misericordioso. Siente compasión por los que sufren, ofreciéndoles su apoyo. A la vez que cuida y perdona a los pecadores. Mientras la misericordia de cada persona llega solo a su prójimo, la misericordia del Señor alcanza a todos. Hace salir el sol sobre buenos y malos. Con este precepto se invita a superar la tendencia de mirar solo a nuestro lado, a los que tenemos siempre más cerca (Cf. Ft 59 y 60).
  • Pido a Dios «que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; la gracia de enviarnos, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz (Cf. Ft 254)

 

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «La mejor política»

Para hacer posible una familia de naciones, para construir una comunidad mundial abierta al diferente, para alcanzar la fraternidad universal entre pueblos y naciones que vivan la amistad social… hace falta la mejor política.

El papa Francisco resume en cinco puntos en qué consiste una buena política:

  • Que trabaje por grandes principios y apueste por un servicio al bien común a largo plazo.
  • Que no busque únicamente garantizarse los votos.
  • Que fomente cauces de encuentro, escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio.
  • Que promueva una economía integrada en un proyecto social, cultural y popular que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial.
  • Que tenga una visión amplia para llevar adelante un cambio integral.
  • El Santo Padre hace una llamada hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social.

 

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

9ª clave: La mejor política

 

Para muchos, la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que detrás de este hecho están a menudo los errores, la corrupción, la ineficiencia de algunos políticos.

Cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien del propio país, es necesario preocuparse, reaccionar a tiempo y corregir inmediatamente el rumbo.

Es necesaria una política con visión amplia, que lleve adelante un replanteamiento integral de las relaciones y promueva un diálogo interdisciplinario sobre los diversos aspectos de la crisis.

La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y se piensa en el bien común a largo plazo.

Un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común puede abrir camino a oportunidades diferentes, sin detener la creatividad humana y su sueño de progreso.

La caridad política surge cuando un individuo se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, ese es el campo de la más amplia caridad.

La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une.

El verdadero espíritu de la política descubre la dignidad del otro. Los pobres son descubiertos y valorados, respetados en su estilo propio y en su cultura y verdaderamente integrados en la sociedad.

Aquel a quien le toca gobernar está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro. Sabe escuchar el punto de vista del otro y facilita que todos tengan un espacio.

En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben mover el corazón de quienes toman las decisiones: tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón.

La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo. Se funda en el derecho y en el diálogo leal.

La política se renueva con la convicción de que todos encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales.

 

En la actividad política, cada persona es sagrada y merece nuestro cariño y nuestra entrega:

si logras ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de tu vida.

 

La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede generar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. La buena política une al amor la esperanza.

 

La caridad política

  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no es una utopía. Pero exige decisión y capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Unos caminos que desembocan en la caridad (Cf. Ft 180).
  • Pero ¿Cómo entrar en la caridad política?: uniéndose unos a otros para generar juntos procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos. Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social (Cf. Ft 180).
  • La caridad social nos hace querer el bien común y nos lleva a buscar el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une. Cada uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo, y al mismo tiempo no hay verdadero pueblo sin respeto al rostro de cada persona. La buena política busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social, en orden a reequilibrar y reorientar la globalización para evitar sus efectos disgregantes (Cf. Ft 182).
  • Esta caridad es siempre un amor preferencial por los últimos. Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad (Cf. Ft 187).

 

Amor cercano y concreto

  • La caridad política también conlleva abrirse a todos, a favorecer el encuentro, a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio. Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. Vivamos y enseñemos el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano (Cf. Ft 190 y 191).
  • También en la política hay lugar para amar con ternura, que es el amor que se hace cercano y concreto. La ternura es el camino que han recorrido los hombres y las mujeres más valientes y fuertes. En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos: tienen el derecho a llenarnos el alma y el corazón. Son nuestros hermanos y como tales tenemos que amarlos y tratarlos (Cf. Ft 194).
  • La política es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (Cf. Ft 180).

 

Una buena política, no una mala palabra

  • El camino hacia la fraternidad universal y la paz social no es posible sin una buena política. Sin embargo, la política parece más bien que dificulta la marcha hacia un mundo distinto, hacia un mundo abierto en el que haya sitio para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas (Cf. Ft 154 y 155).
  • Los errores, la corrupción o la poca eficacia de algunos políticos provocan que hoy, para muchos, la política sea una mala palabra. No ayudan las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología (Cf. Ft 176).

 

 

 

En momentos difíciles, trabajar por grandes principios

  • La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se trabaja por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. Pensar en los que vendrán no sirve a los fines electorales, pero es lo que demanda una auténtica justicia. Pues la tierra es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la siguiente generación (Cf. Ft 178).
  • La política no debe someterse a la economía. Porque se necesita una política que piense con visión amplia y que lleve adelante un cambio integral. Se necesita una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas. Y esto, no se le puede pedir a la economía, ni se puede aceptar que esta asuma el poder real del Estado (Cf. Ft 177).
  • La sociedad mundial tiene serios problemas estructurales que no se resuelven con parches o soluciones rápidas. Hay cosas que se deben cambiar desde el fondo. Y para liderar esta transformación se necesita una sana política, que convoque a diversos sectores y personalidades de distintos ámbitos. Una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común, abre un camino hacía nuevas oportunidades sin detener la creatividad humana y su sueño de progreso (Cf. Ft 179).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «Unas relaciones internacionales fraternas»

¿Es posible abrirse al vecino en una familia de naciones? El papa Francisco responde en Fratelli tutti señalando el camino que conduce a una fraternidad universal:

  • Acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes y a todos los marginados.
  • Desarrollar la conciencia de que nos salvamos todos o no se salva nadie.
  • Buscar un ordenamiento mundial jurídico, político y económico que tienda hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.
  • Una muestra de la verdadera calidad de los países, afirma el Pontífice, se mide por la capacidad de pensar en todos como familia humana.

En la comunión universal cada grupo humano encuentra su belleza.

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

8ª clave: Unas relaciones internacionales fraternas

 

Junto a valiosos progresos históricos, se constata un deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional, y un debilitamiento de los valores espirituales.

Ante una crisis del hambre y de la pobreza, que lleva a la muerte a millones de niños, reina un silencio internacional inaceptable.

El aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación. Es imprescindible la cultura del encuentro.

El panorama mundial hoy nos presenta muchos falsos derechos y, al mismo tiempo, grandes sectores indefensos, víctimas de un mal ejercicio del poder.

Buscamos una nueva red de relaciones internacionales. La desigualdad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales.

La Comunidad Internacional es una comunidad jurídica fundada en la soberanía de cada uno de los Estados miembros, sin vínculos de subordinación que nieguen o limiten su independencia.

La justicia exige reconocer y respetar los derechos individuales, los derechos sociales y los derechos de los pueblos.

Es preciso una ética global de solidaridad y cooperación para plasmar un futuro marcado por la corresponsabilidad entre toda la familia humana.

Necesitamos un ordenamiento mundial, jurídico, político y económico, que oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.

Es necesaria una reforma de las relaciones entre los países y del entramado económico y financiero para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones.

Los artífices de la política internacional y de la economía mundial deben comprometerse seriamente para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz.

 

Toda persona es valiosa y tiene el derecho a vivir con dignidad. No hay un mundo abierto, sin un corazón abierto.

 

Sin muros, sin fronteras, sin excluidos, sin extraños. Así es el mundo que propone el papa Francisco en su última encíclica. Porque al escribir sobre fraternidad universal, la palabra clave es la apertura. Abrir la mente y el corazón nos ayuda a percibir al diferente.

Dios siempre da gratis y la gratuidad, explica el Papa, es actuar sin esperar ningún resultado exitoso o algo a cambio.

 

Perder el rumbo

  • En los países desarrollados se vive en una contradicciónnos cautivan muchos avances pero no advertimos un rumbo realmente humano. Existen progresos históricos en la ciencia, la industria y el bienestar, pero al mismo tiempo se aprecia un deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional. Se echan en falta los valores espirituales y el sentido de responsabilidad. Al final, todo esto produce una sensación general de frustración, de soledad y de desesperación (Cf. Ft 29).
  • La situación mundial está dominada por la incertidumbre, el miedo al futuro y controlada por intereses económicos miopes. Una situación en la que nacen focos de tensión que sirven de justificación para acumular armas y municiones. Una situación en la que surgen fuertes crisis políticas, injusticias y en donde abunda una mala distribución de los recursos naturales. Una situación que lleva a la muerte a millones de niños, víctimas de la pobreza y del hambre. Mientras tanto, reina un silencio internacional inaceptable (Cf. Ft 29).

 

Cercanía y cultura del encuentro

  • En nuestros días muchas personas, aún sin saberlo, caminan también hacia la desilusión y la decepción. El aislamiento y encerrarse en uno mismo o en los propios intereses no son la vía para recuperar la esperanza. Es necesario un cambio de ruta para coger el camino que lleva a la cercanía y a la cultura del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; mejor cultura del encuentro (Cf. Ft 30).

 

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Soñar en otra humanidad

  • Los graves problemas del mundo no se corrigen pensando únicamente en la ayuda entre individuos o pequeños grupos, porque la desigualdad afecta a países enteros. La solución pasa por una nueva ética de las relaciones internacionales. La justicia -puntualiza- exige reconocer y respetar los derechos individuales, pero también asegurar el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso (Cf. Ft 126).
  • Es posible soñar en otra humanidad si en el centro de los derechos se pone la dignidad humana. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos. La paz real y verdadera es posible si se construye desde una ética global de solidaridad y cooperación, de corresponsabilidad entre toda la familia humana (Cf. Ft 127).

 

Una familia de naciones

  • Para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones, hace falta una reforma de las relaciones entre los países y del entramado económico y financiero. El Papa pide evitar imposiciones culturales o el deterioro de las libertades básicas de las naciones más débiles a causa de diferencias ideológicas (Cf. 173).
  • Y como propone la Carta de las Naciones Unidas, verdadera norma jurídica fundamental, hay que garantizar la negociación y el arbitraje entre las partes. Para conseguir el ideal de la fraternidad universal que se busca nunca debemos olvidar que la justicia es el requisito indispensable (Cf. 173).

 

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Dar voz a las naciones más pobres

  • En la actualidad, el panorama mundial presenta muchos falsos derechos y grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder (Cf. Ft 171).
  • En Fratelli tutti se reclama un ordenamiento jurídico, político y económico a nivel mundial que favorezca la colaboración internacional para el desarrollo solidario de todos los pueblos. Lo que beneficiará a todo el planeta, anticipa el Pontífice, porque la ayuda al desarrollo de los países pobres implica la creación de riqueza para todos (Cf. Ft 138).
  • Esto supone dar voz a las naciones más pobres en las decisiones comunes y procurar incentivar el acceso al mercado internacional de los países lastrados por la pobreza y el subdesarrollo (Cf. Ft 138).
  • En definitiva, hay que hacer un llamamiento a los artífices de la política internacional y de la economía mundial para que se comprometan seriamente en difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz. Para que cuanto antes se pongan manos a la obra y detener ya tanto derramamiento de sangre inocente. Para que reaccionen a tiempo y corrijan inmediatamente el rumbo cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien del propio país. (Cf. Ft 192).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «Los caminos de paz»

En una encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, no podía faltar una reflexión sobre cómo construir los caminos que nos lleven a superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos.

Comprometerse seriamente para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz requiere una voluntad de reencuentro. El papa Francisco nos ofrece algunas claves:

  • La reconciliación verdadera.
  • Un proyecto común que no anula al individuo.
  • Reconocer, garantizar y reconstruir la dignidad de todas las personas.
  • Optar por los más pobres, los últimos, los descartados.

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Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

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7ª Clave: Los caminos de la paz

 

En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia.

Algunas expresiones necesarias para la paz como democracia, libertad, justicia, unidad han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación que arruina la paz.

La sociedad se hace más pobre cuando niega a otros el derecho a existir y a opinar. Se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos: no se recoge su parte de verdad, sus valores.

Cuando las personas se unen para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, se entra en el campo de la más amplia caridad, la caridad política. Se camina hacia la paz.

La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo. Ella misma es la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos.

La paz social es trabajosa, artesanal. Integrar a los diferentes es difícil y lento, pero es la garantía de una paz real y sólida.

El proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo, un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre a una esperanza más fuerte que la venganza.

La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz.

La paz es el compromiso incansable por reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad de nuestros hermanos, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación.

Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la desigualdad y la falta de un desarrollo humano integral no permiten generar paz.

El objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor.

 

Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos.

Este es el verdadero camino de la paz, que sólo puede lograrse cuando luchamos por la justicia

a través del diálogo, persiguiendo la reconciliación y el desarrollo mutuo.

 

El compromiso cristiano hacia la paz nace del mismo ejemplo de Jesucristo. Él rechazó siempre la violencia y la intolerancia y llamó al amor al prójimo como la seña de identidad del cristiano.

Guerras, atentados, persecuciones por motivos raciales o religiosos y tantas afrentas contra la dignidad humana van multiplicándose dolorosamente en muchas regiones del mundo, hasta asumir las formas de lo que se podría llamar una “tercera guerra mundial en etapas”.

En el mundo actual, los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía. No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una insaciable sed de paz.

El Papa pide a Dios que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura o religión.

 

Artesanos de la paz

  • Nuestro mundo pretende garantizar la estabilidad y la paz con una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza. Por eso, en muchos lugares del mundo hace falta crear caminos de paz, vínculos entre personas que permitan cicatrizar las heridas del odio. Se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia (Cf. Ft. 26 y 225).
  • La paz real y duradera sólo es posible desde una ética global que sostenga la solidaridad y la cooperación entre las personas para construir un futuro mejor. Este se apoya en esa relación y en la corresponsabilidad entre toda la familia humana (Cf. Ft. 227).
  • Hay una “arquitectura” de la paz en la que intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una “artesanía” de la paz que involucra las personas (Cf. Ft. 231).
  • Cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación (Cf. Ft. 231).

 

Cultura del encuentro

  • El Papa advierte que la paz social se debe sostener en la cultura del encuentro, aunque esto sea más trabajoso. Integrar a los diferentes es mucho más difícil y lento pero es la garantía de una paz real y sólida. Lo que vale la pena es generar procesos que construyan un pueblo que sabe acoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro! (Cf. Ft. 217).
  • El objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía. Se trata de compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor (Cf. Ft. 217).
  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos, no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad (Cf. Ft. 180).

 

Pacificar la sociedad

  • La caridad logra caminos eficaces de desarrollo para todos. El amor social es una fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras. Y es que la caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo (Cf. Ft. 183).
  • Si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos. Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la igualdad y el desarrollo humano integral permiten generar paz. Sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión (Cf. Ft. 183).

 

  • Nadie alcanza la paz interior ni se reconcilia con la vida alimentando la ira o intentando destruir al otro. La verdad es que ninguna familia, ningún grupo de vecinos o una etnia, menos un país, tiene futuro si el motor que los une, convoca y tapa las diferencias es la venganza y el odio. No podemos ponernos de acuerdo y unirnos para vengarnos, para hacerle al que fue violento lo mismo que él nos hizo, para planificar ocasiones de desquite bajo formatos aparentemente legales. Así no se gana nada y a la larga se pierde todo (Cf. Ft. 242).

 

Un compromiso constante

  • La realidad es que el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza (Cf. Ft. 226).
  • La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón (Cf. Ft. 227).
  • La fraternidad es el fundamento y el camino de la paz, un camino de solidaridad y cooperación que hay que recorrer juntos toda la familia humana. Con la ayuda de Dios es posible construir un mundo de paz y así, salvarnos juntos (Papa Francisco en Asís).

 

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «Una economía con principios éticos»

El papa Francisco, a la hora de escribir su encíclica sobre la fraternidad y amistad social, también ha pensado en la economía.

Lo hace aportando una lectura evangélica a las consecuencias de los abusos de cualquier modelo económico para la gran mayoría de la humanidad.

En la administración eficaz y razonable de los bienes, el Papa acude a la Doctrina Social de la Iglesia y la desarrolla para recordarnos la subordinación de la propiedad privada al principio del destino universal de los bienes creados y, por tanto, insistiendo en su función social.

En estos tiempos hay que promover una nueva regulación de la actividad financiera que impida riquezas especulativas y ficticias. Esta tarea recae en nuestra corresponsabilidad. Todos debemos iniciar procesos y transformaciones hacia una economía real, como sugiere Fratelli tutti.

 

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

6ª Clave: Una economía con principios éticos

 

El mundo avanzaba de manera implacable hacia una economía que procuraba reducir los “costos humanos”. Se pretende que la libertad de mercado basta para que todo esté asegurado.

La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos.

Es necesaria una nueva economía más atenta a los principios éticos, una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común.

Las políticas económicas deben promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial.

El mercado solo no resuelve todo. Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica.

El desarrollo humano integral exige políticas sociales hacia los pobres y con los pobres.

Se debe abrir camino a oportunidades diferentes, que no implican detener la creatividad humana y su sueño de progreso, sino orientar esa energía con cauces nuevos.

Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos. Es también luchar contra las causas estructurales de la pobreza.

Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. La propiedad privada no es absoluta, tiene una función social.

 

Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas,

en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía,

habremos apagado la melodía que nos desafía a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer

 

El papa Francisco escribe en Fratelli tuti que hay cosas que se deben cambiar con nuevos planteamientos y transformaciones importantes. La economía no es una excepción.

Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero no para todos por igual. Nacen nuevos tipos de pobreza. Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto.

 

Nuevos estilos de vida

  • La pandemia ha llegado en un momento en el que el mundo avanzaba hacia una economía que tenía sus esperanzas en los avances tecnológicos para reducir los costes humanos. Algunos piensan que basta la libertad de mercado para que todo esté asegurado. Sin embargo, el golpe duro e inesperado de esta pandemia ha obligado a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos (Cf. Ft 33).
  • El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que ha despertado la pandemia, hacen plantearse nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia (Cf. Ft 33).
  • Es preciso rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas. La dignidad humana está en el centro de todas las relaciones y sobre ese pilar se deben construir las estructuras sociales y económicas alternativas que necesitamos (Cf. Ft 168).

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Diversidad y creatividad

  • La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos. Se necesita una política económica activa que promueva la economía real que favorece la diversidad productiva y la creatividad empresarial. Esto facilita acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos. Además, hay que desarrollar formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, para que el mercado pueda cumplir plenamente su propia función económica (Cf. Ft 168).
  • Es necesario pensar en la participación social, política y económica de todos, sin olvidar a los movimientos populares. Se trata de animar las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común (Cf. Ft 169).
  • Hay cosas que se deben cambiar desde el fondo para abrir caminos a oportunidades diferentes. Sólo una sana política podría liderarlo, convocando a los más diversos sectores y a los saberes más variados. Una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común para abrir camino a oportunidades diferentes, que no implican detener la creatividad humana y el sueño de progreso, pero sí orientar esa energía con cauces nuevos (Cf. Ft 179).

El ejemplo de solidaridad que se da entre los que sufren

  • El ejemplo de solidaridad que se vive entre los últimos, los que sufren, o los más pobres nos recuerda un valor que nuestra civilización parece haber olvidado. La solidaridad expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. La solidaridad es un modo de hacer historia (Cf. Ft 116).
  • Esa misma solidaridad se vive en algunos barrios populares, donde existe el espíritu del “vecindario” por el que cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un “nosotros”. Ojalá pudiera vivirse esto también entre países cercanos, que sean capaces de construir una vecindad cordial entre sus pueblos. Pero las visiones individualistas se traducen en las relaciones entre países (Ft 152).

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Compartir bienes creados

  • El principio del uso común de los bienes creados para todos es el primer principio de todo el ordenamiento ético-social. Es un derecho natural, originario y prioritario. Todos los demás derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas, incluidos el de la propiedad privada y cualquier otro, no deben estorbar, sino más bien, facilitar su realización (Cf. Ft 120).
  • La labor de los empresarios es producir riqueza y mejorar el mundo para todos. Las capacidades de los empresarios, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas (Cf. Ft 123).
  • Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. El derecho a la propiedad privada no es absoluto o intocable: la propiedad privada debe tener siempre una función social. El primer principio del el ordenamiento ético y social es el uso común de los bienes creados para todos (Cf. Ft120).
  • Todos los demás derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas, incluidos el de la propiedad privada y cualquier otro, no deben estorbar esa realización personal, sino más bien facilitarla. La propiedad privada es un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados. En ocasiones estos derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica (Cf. Ft120).

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El trabajo cauce de realización personal

  • El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna.
  • Por ello, ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo. No existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo (Cf. Ft 162).
  • En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo (Cf Ft 162).

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido»

El papa Francisco también dedica parte de esta encíclica a reflexionar sobre tendencias actuales que ensombrecen la fraternidad universal:

  • La desesperanza y desconfianza sembradas en la sociedad.
  • Las polarizaciones que no ayudan al diálogo y la convivencia.
  • Las personas que parecen “sacrificables” y se descartan.
  • La desigualdad de derechos y las nuevas formas de esclavitud.
  • El deterioro de la ética y el debilitamiento de los valores espirituales.

Ante estas realidades, el Pontífice nos encamina hacia la esperanza, que mira más allá de la comodidad que nos encierra para abrirse a grandes ideales.

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Índice

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5ª Clave: En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido

 

Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. La idea de unidad crea nuevas formas de egoísmo.

El individualismo consumista provoca mucho atropello. Los otros son meros obstáculos para la propia tranquilidad placentera. Son molestos. Crece la agresividad.

Aumenta la soledad. Estamos más solos que nunca en este mundo que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia.

Partes de la humanidad parecen sacrificables –pobres, discapacitados, no nacidos o ancianos-en beneficio de unos pocos que se creen dignos de vivir sin límites.

Debemos levantar la cabeza para reconocer al vecino como un don y para ponernos al lado del que está caído en el camino.

Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio. Entonces el ser humano despliega múltiples iniciativas en favor del bien común.

El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día.

¡Qué bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!

Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien.

La esperanza nos habla de una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independiente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive.

El anhelo de plenitud eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor.

La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna.

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El bien, el amor, la justicia y la solidaridad han de ser conquistados cada día. Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien.

 

 

La sociedad globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos, advierte el Papa Francisco. Toca hacer un recorrido por las sombras que oscurecen el mundo y reclamar que nadie quede excluido.

Nadie se salva solo; únicamente es posible salvarse juntos. El reto consiste en recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes.

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Una unidad que se rompe

  • Después de décadas en las que parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía hacia diversas formas de integración, la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden de nuevo conflictos que se consideraban superados: resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos (Cf. Ft 10 y 11).
  • No hay que conformarse con los logros del pasado y disfrutarlos. No podemos olvidar que todavía hoy muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos. Por eso, cada generación tiene que hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día (Cf. Ft 11).

 

 

“Sálvese quien pueda”

  • La persona es el valor primero que hay que respetar y amparar, por su misma dignidad. Especialmente aquellos que son pobres o discapacitados, aquellos a los que se considera que “todavía no son útiles” como los no nacidos, o que “ya no sirven” como los ancianos. Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de un selecto grupo que se cree digno de vivir sin límites (Cf. Ft 18).
  • También el individualismo consumista hace ver al otro como un obstáculo, una molestia. Estas actitudes hacen crecer la agresividad, una agresividad que se acentúa en épocas de crisis y en momentos difíciles donde sale a plena luz el espíritu del “sálvese quien pueda” (Cf. Ft 222).
  • Esta actitud egoísta se extiende también al comportamiento en grupo dentro de la sociedad. El desinterés por el bien común es instrumentalizado para imponer un modelo cultural único que divide a las personas. La globalización nos hace más cercanos, pero no más hermanos. Nos puede pasar que, en un mundo masificado, estemos realmente solos (Cf. Ft 12).

 

 

Promover la equidad y la inclusión social

  • Se ha producido un retroceso en el proyecto de conseguir un mundo más unido y más justo. Observando con atención nuestras sociedades contemporáneas, encontramos numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias (Cf. Ft 22).
  • Sin embargo, el respeto de estos derechos es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común (Cf. Ft 22).
  • En este mundo en el que vivimos con la impresión de que se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana. Sería deseable que con el crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas se correspondiera también una equidad y una inclusión social cada vez mayores. Que, al mismo tiempo que se descubre nuevos planetas lejanos, se volviera a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí, que están a nuestro lado (Cf. Ft 31).

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Caminemos en esperanza

  • A pesar de estas sombras densas que no conviene ignorar, conviene hacerse eco de tantos caminos de esperanza. Las sombras están, pero no pueden ocultar la esperanza. Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida. En la pandemia aprendemos que nadie se salva solo (Cf. Ft 54).
  • Independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vivimos, la esperanza nos habla desde los más hondo del ser humano. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor (Cf. Ft 55).
  • La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza (Cf. Ft 55).
  • Esta esperanza está puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra. La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo, a pesar de todo. Cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales (Ft 196).
  • Las grandes transformaciones no son fabricadas en escritorios o despachos. Cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación. Hay también una “artesanía” de la paz que nos involucra a todos. Los caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente (Ft 231).
  • La Iglesia, un hogar entre los hogares, está abierta para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección. Una casa de puertas abiertas. La Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre. Queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación (Ft 276).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «Ser buen samaritano»

FRATELLI TUTTI  llama a ser parte activa en la rehabilitación de las sociedades heridas, que al ser arrastradas por el determinismo o fatalismo pretenden justificar la indiferencia. Desentenderse de los demás es frecuente en nuestros días, lo que fomenta una exclusión a la que gran parte de la sociedad mira con indiferencia.

Para un cristiano no es “todos debemos ser iguales”. Todos somos iguales porque todos somos hijos e hijas de un mismo Padre. Esta igualdad es la fuente de la irrenunciable dignidad de todo ser humano. Y las implicaciones concretas de esta común dignidad es la que expone la encíclica.

El amor sabe de compasión y de dignidad. El amor rompe cadenas y tiende puentes. Al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o de allá…

Índice

4ª clave: Ser buen samaritano

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Todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano.

Cuando se ama no se mira si el hermano herido o necesitado es de aquí o es de allá. El amor rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes.

El amor permite construir una gran familia donde todos podemos sentirnos en casa. Es un amor que sabe de compasión y de dignidad.

El buen samaritano nos invita a renovar nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social.

La parábola del buen samaritano orienta al hombre para que la sociedad se encamine a la consecución del bien común, reconstruyendo una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano.

La existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro.

Para reconstruir este mundo que nos duele, ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano. No hay otra opción que compadecerse del dolor del hombre herido en el camino.

Se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres, que se hacen prójimos, que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión.

Dios confía en lo mejor del espíritu humano y le alienta a que se adhiera al amor, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre.

Cuidemos la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, la actitud de proximidad del buen samaritano.

El amor al prójimo es realista y no desperdicia nada que sea necesario para una transformación de la historia que beneficie a los últimos.

 

«Jesús no nos invita a preguntarnos quiénes son los que están cercar de nosotros,

sino a volvernos nosotros cercanos”.

En medio de la oscuridad que estamos viviendo en nuestros días, el Papa busca luz en la parábola del buen samaritano. Esta parábola nos la enseñó Jesús hace dos mil años, pero hoy sigue interpelando a las personas de buena voluntad, más allá de sus convicciones religiosas.

¿Quién es el prójimo? Jesús pone el ejemplo del buen samaritano. Otros pasaron de largo, pero él paró conmovido al ver en el camino a un hombre herido. Se acercó, vendó y curó sus heridas. Atendió sus necesidades y lo trató con misericordia.

Hoy Jesús nos sigue diciendo que tenemos que ir y hacer lo mismo con los hombres de nuestro tiempo.

Cada vez hay más heridos

  • Hoy, y cada vez más, hay heridos. Cada día nos enfrentamos a la opción de ser buenos samaritanos o ser viajantes indiferentes que pasan de largo. Si cada uno mira en su propia historia podrá reconocerse en los personajes de la parábola: todos tenemos algo de herido, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano. En nuestro recorrido diario siempre encontraremos a una persona herida, postrada en nuestro camino, que precisa de nuestra fraternidad humana (Cf. Ft 69).
  • Por eso el Papa va más allá. Si vemos a la persona herida con amor no vamos a considerar si el hermano herido es de aquí o es de allá. El amor es el que rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes. El amor nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa. El amor sabe de compasión y de dignidad (Cf. Ft 62).
  • La propuesta es hacerse presentes ante el que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de pertenencia. La propuesta es que demos a nuestra capacidad de amar una dimensión universal, capaz de traspasar todos los prejuicios, todas las barreras históricas o culturales, todos los intereses mezquinos (Cf. Ft 81 y 83).

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Miremos el modelo del buen samaritano

  • Todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades. Ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor. No caigamos en esa miseria. Siguiendo el modelo del buen samaritano. Él, con sus gestos, reflejó que la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro. Seamos constructores de un nuevo vínculo social, revivamos nuestra vocación de ciudadanos capaces de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones (Cf. Ft 65-66 y 77).
  • Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo. Sin olvidar que la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro. Estamos invitados a convocar y encontrarnos en un “nosotros” que sea más fuerte que la suma de pequeñas individualidades. El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas (Cf. Ft 66 y 78).

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Sin esperar nada a cambio

  • La entrega y la generosidad no debe esperar nada a cambio; ni reconocimientos ni gratitudes. Para el buen samaritano, la entrega al servicio fue su satisfacción frente a su Dios y a su vida, y por eso, un deber. Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra. Cualquier otra opción termina o bien al lado de los salteadores o bien al lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del hombre herido en el camino (Cf. Ft 67 y 79).
  • La historia del buen samaritano se repite: se torna cada vez más visible que la desidia social y política hace de muchos lugares de nuestro mundo un camino desolado, donde las disputas internas e internacionales y los saqueos de oportunidades dejan a tantos marginados, tirados a un costado del camino. Sin embargo, Jesús confía en lo mejor del espíritu humano y con la parábola lo alienta a que se adhiera al amor, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre (Cf. Ft 71).
  • En su parábola, Jesús no plantea vías alternativas, como ¿Qué hubiera sido de aquel malherido o del que lo ayudó, si la ira o la sed de venganza hubieran ganado espacio en sus corazones? Él confía en lo mejor del espíritu humano y con la parábola lo alienta a que se adhiera al amor, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre. (Cf. Ft 71). Una sociedad que huya del desencanto y de la desesperanza no dejándose engañar por el “todo está mal” y “nadie puede arreglarlo” (Cf. Ft 75).

Quitarse las máscaras

  • El papa Francisco es contundente al escribir que solo hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo. Nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? (Cf. Ft 70).
  • Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que, en este momento, todo el que no es salteador o todo el que no pasa de largo, o bien está herido o está poniendo sobre sus hombros a algún herido (Cf. Ft 70).
  • El samaritano del camino se fue sin esperar reconocimientos ni gratitudes. La entrega al servicio era la gran satisfacción frente a su Dios y a su vida, y por eso, un deber. Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra. Cuidemos la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, la actitud de proximidad del buen samaritano. La propuesta es la de hacerse presentes ante el que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de pertenencia (Cf. Ft 79-81).
  • Para ello es importante que la catequesis y la predicación incluyan de modo más directo y claro el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos (Cf. Ft 86).

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. «Las religiones al servicio de la fraternidad»

Las distintas religiones ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad. Así lo desarrolla el papa Francisco en su tercera encíclica Fratelli tutti:

  • El punto de partida debe ser la mirada de Dios, que mira con el corazón.
  • La violencia no encuentra fundamento en las convicciones religiosas.
  • El culto a Dios sincero y humilde lleva al respeto de la vida, de la dignidad y la libertad.

La tercera semana de recorrido por la encíclica se detiene en el tema, “Las religiones, al servicio de la fraternidad”.

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Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti: «Una nueva cultura basada en la amistad»

Continuamos el recorrido por la encíclica Fratelli Tutti propuesto por la Conferencia Episcopal Española: «Soñar lo posible». En la segunda semana, siguiendo el índice de la propuesta, nos paramos en el tema 2: una nueva cultura basada en la amistad.

“Soñar lo imposible”: Índice
  • 1. Soñar como una única humanidad.
  • 2. Una nueva cultura basada en la amistad.
  • 3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
  • 4. Ser el buen samaritano.
  • 5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
  • 6. Una economía con principios éticos.
  • 7. Los caminos de paz.
  • 8. Unas relaciones internacionales fraternas.
  • 9. La mejor política.
  • 10. Mirar al pasado con misericordia.

El papa Francisco nos propone una nueva cultura basada en la amistad. El camino es la cercanía y la cultura del encuentro. Buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos.

2ª clave: «Una nueva cultura basada en la amistad»

Dios ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos.

Seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras, frente a las diversas formas de eliminar o de ignorar a otros.

El cultivo de la amistad es el cultivo de una reciprocidad estable, de un consenso que madura con el tiempo. Trata de construir verdaderamente un “nosotros” que tiende puentes y une a la humanidad.

Nuestra relación, si es sana y verdadera, nos abre a los otros que nos amplían y enriquecen.

El amor que es auténtico, que ayuda a crecer, y las formas más nobles de la amistad, residen en corazones que se dejan completar.

La pareja y el amigo son para abrir el corazón en círculos, para volvernos capaces de salir de nosotros mismos hasta acoger a todos.

El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida.

Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos.

Reconocer a cada ser humano como un hermano y buscar la amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles.

Procurar la amistad social implica también la búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables.

 

La amistad es un regalo de la vida y un don de Dios. A través de los amigos el Señor nos va puliendo y nos va madurando.

 

Entre las preocupaciones del papa Francisco siempre han estado las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social, temas a los que se ha referido reiteradas veces en distintos lugares.

Aquí, en este documento pontificio, nos llama ahora a salir de nosotros mismos, nos invita a ampliar el círculo de nuestras relaciones, incluso más allá de nuestras fronteras, reencontrándonos con los sectores más empobrecidos y vulnerables, sin olvidar la importancia de la verdadera amistad en la era digital.

 

San Francisco de Asís como inspiración

 

  • Para escribir sobre la amistad, el Papa vuelve a inspirarse en San Francisco de Asís, que se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne (Cf. Ft 2).

 

  • El santo de Asís entendió el sentido de la amistad más profundo: acercarse al otro en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos. Acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos (Cf. Ft 4)

 

Salir de nosotros mismos

 

  • El ser humano no puede prescindir de relacionarse con los demás. No hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas. Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros. La vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Para ello, el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo (Cf. Ft 87-88).

 

  • La vida no se puede reducir a la relación con un pequeño grupo, ni siquiera a la relación con la propia familia. Es imposible entenderse uno mismo sin un tejido más amplio de relaciones. Mi relación con una persona que aprecio no puede ignorar que esa persona no vive sólo por su relación conmigo, ni yo vivo sólo por mi referencia a ella. Nuestra relación, si es sana y verdadera, nos abre a los otros que nos amplían y enriquecen (…) El amor que es auténtico, que ayuda a crecer, y las formas más nobles de la amistad, residen en corazones que se dejan completar. La pareja y el amigo son para abrir el corazón en círculos, para volvernos capaces de salir de nosotros mismos hasta acoger a todos (Cf. Ft 89).

 

El amor se extiende más allá de nuestras fronteras

 

  • El papa Francisco amplía el círculo de las relaciones para llegar a lo que denomina “amistad social” en cada ciudad o en cada país. El amor se extiende más allá de las fronteras. Cuando es genuina, esta amistad social dentro de una sociedad es una condición de posibilidad de una verdadera apertura universal. (Cf. Ft 99)
  • Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia. Este es un principio elemental de la vida social que suele ser ignorado de distintas maneras por quienes sienten que no aporta a su cosmovisión o no sirve a sus fines (Cf. Ft 106).
  • Hay que mirar lo global, que nos rescata de la mezquindad casera. La fraternidad universal y la amistad social dentro de cada sociedad son dos polos inseparables y coesenciales. Separarlos lleva a una deformación y a una polarización dañina (Cf. Ft 142).

  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles (Cf. Ft 180).
  • El papa Francisco en la encíclica nos marca algunos caminos para dar sentido a una naciente cultura basada en la amistad social: un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables. La paz «no sólo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros (Cf. Ft 233).

 

El encuentro en el ambiente digital

 

  • Hablando de relaciones y de amistad, en nuestros días toca aludir a las comunicaciones digitales que eximen del laborioso cultivo de una amistad, presentado una apariencia de sociabilidad. No construyen verdaderamente un “nosotros” sino que suelen disimular y amplificar el individualismo. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad.

  • El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. A veces la velocidad del mundo moderno nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. No hay que perder la capacidad de escucha. San Francisco de Asís escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transforma en un estilo de vida (Cf. Ft 48).
  • Todos nosotros, personas humanas estamos naturalmente abiertos a las relaciones, a establecer vínculos unos con otros. Estamos necesitados de trascender a nosotros mismos y el camino es el encuentro con los otros (Cf. Ft 111).
  • Sin duda, lo que el Papa nos pide es que seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras (Cf. Tt 6)

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli Tutti. «Soñar como una única humanidad».

¡Qué importante es soñar juntos! nos exhorta el papa Francisco en “Fratelli tutti”. Por eso, una de las propuestas que lanza en su escrito es “soñar como única humanidad”.

Feliz quien ame al otro tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él. Necesitamos un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio.

Estamos llamados a una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física. Más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite.

Para ello pedimos un corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión.

«Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16). De ese modo fue se despierta el sueño de una sociedad fraterna.

Sólo el hombre que acepta acercarse a otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre.

Todos los seres humanos hemos sido creados por Dios iguales. Iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad. Él nos ha llamado a convivir como hermanos.

He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente.

Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!

Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos.

Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos.

Cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.

 

Para un cristiano no es que todos “debemos” ser iguales, es que ya, ahora, todos somos iguales, porque todos somos hijos e hijas de un mismo Padre. Esta igualdad es la fuente de la irrenunciable dignidad de todo ser humano. Esa común dignidad sostiene la esperanza de que un mundo mejor es posible.

 

A cada paso, la encíclica nos anima a superar barreras, diferencias, opiniones y darnos cuenta del elemento común de todos los hombres y mujeres de esta humanidad: una igual dignidad, un mismo valor intrínseco. Así se respira en la encíclica y esta mirada nueva a toda la humanidad puede animar nuestra oración, nuestra reflexión y la vida de la Iglesia.

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El sueño: una fraternidad abierta

 

  • «Fratelli tutti», escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio. El poverello de Asís señala que la felicidad está en quien ama al otro, «tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él». Con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite (Cf. Ft 1).
  • Francisco de Asís buscaba comunicar el amor de Dios. Había entendido las palabras del apóstol Juan: «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1Jn 4,16). Así despierta el sueño de una sociedad fraterna. Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos (Cf. Ft 3).

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Dios camina junto a ti y te ofrece una esperanza

 

  • Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida.
  • Nos damos cuenta de que nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes que, sin lugar a dudas, escribieron los acontecimientos decisivos de nuestra historia compartida: médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de los supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas… comprendieron que nadie se salva solo (Cf. Ft 54).
  • Existe una una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independiente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos. Nos habla de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna» (Cf. Ft 55).

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Reaccionar para ofrecer a otros este sueño de fraternidad

 

  • El objetivo de esta encíclica es reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Una reflexión escrita desde las convicciones cristianas del Papa Francisco, y abierta al diálogo con todas las personas de buena voluntad (Cf. Ft 6).
  • Que pueda surgir de nuevo, en esta época que nos toca vivir, el sentimiento de una fraternidad profunda. Que podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad, reconociendo la dignidad de cada persona humana. He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura: Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos (Cf. Ft 8).
  • Hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que, en este momento, todo el que no pasa de largo ante el dolo ajeno, o bien es porque él mismo está herido o bien es porque está poniendo sobre sus hombros a algún herido (Cf. Ft 70).

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Un sueño que tiene su esencia en el amor: el otro es uno conmigo

 

  • En un intento de precisar en qué consiste la experiencia de amar que Dios hace posible con su gracia, santo Tomás de Aquino la explicaba como un movimiento que centra la atención en el otro «considerándolo como uno consigo». La atención afectiva que se presta al otro, provoca una orientación a buscar su bien gratuitamente. Todo esto parte de un aprecio, de una valoración, que en definitiva es lo que está detrás de la palabra “caridad”: el ser amado es “caro” para mí, es decir, «es estimado como de alto valor». Y «del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis» (Cf. Ft 93)
  • El amor va más allá de acciones benéficas. El amor surge de una unión que inclina más y más hacia el otro considerándolo valioso, digno, grato y bello, más allá de las apariencias físicas o morales. El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos (Cf. Ft 94)

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Desearles a todos lo mejor y hacerlo posible

 

  • El deseo y la búsqueda del bien de los demás y de toda la humanidad implican también procurar una maduración de las personas y de las sociedades en los distintos valores morales que lleven a un desarrollo humano integral. Se trata de procurar lo excelente, lo mejor para los demás: su maduración, su crecimiento en una vida sana, el cultivo de los valores y no sólo el bienestar material. Hay una expresión latina semejante: bene-volentia, que significa la actitud de querer el bien del otro. Es un fuerte deseo del bien, una inclinación hacia todo lo que sea bueno y excelente, que nos mueve a llenar la vida de los demás de cosas bellas, sublimes, edificantes (Cf. Ft 112).
  • Se trata de promover el bien, para nosotros mismos y para toda la humanidad, y así alcanzar un crecimiento genuino e integral. Cada sociedad necesita asegurar que los valores se transmitan, porque si esto no sucede se difunde el egoísmo, la violencia, la corrupción en sus diversas formas, la indiferencia y, en definitiva, una vida cerrada a toda trascendencia y clausurada en intereses individuales (Cf. Ft 113)
  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad. Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política». Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social (Cf. Ft. 180).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española