Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “La mejor política”

Para hacer posible una familia de naciones, para construir una comunidad mundial abierta al diferente, para alcanzar la fraternidad universal entre pueblos y naciones que vivan la amistad social… hace falta la mejor política.

El papa Francisco resume en cinco puntos en qué consiste una buena política:

  • Que trabaje por grandes principios y apueste por un servicio al bien común a largo plazo.
  • Que no busque únicamente garantizarse los votos.
  • Que fomente cauces de encuentro, escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio.
  • Que promueva una economía integrada en un proyecto social, cultural y popular que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial.
  • Que tenga una visión amplia para llevar adelante un cambio integral.
  • El Santo Padre hace una llamada hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social.

 

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

9ª clave: La mejor política

 

Para muchos, la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que detrás de este hecho están a menudo los errores, la corrupción, la ineficiencia de algunos políticos.

Cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien del propio país, es necesario preocuparse, reaccionar a tiempo y corregir inmediatamente el rumbo.

Es necesaria una política con visión amplia, que lleve adelante un replanteamiento integral de las relaciones y promueva un diálogo interdisciplinario sobre los diversos aspectos de la crisis.

La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y se piensa en el bien común a largo plazo.

Un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común puede abrir camino a oportunidades diferentes, sin detener la creatividad humana y su sueño de progreso.

La caridad política surge cuando un individuo se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, ese es el campo de la más amplia caridad.

La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une.

El verdadero espíritu de la política descubre la dignidad del otro. Los pobres son descubiertos y valorados, respetados en su estilo propio y en su cultura y verdaderamente integrados en la sociedad.

Aquel a quien le toca gobernar está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro. Sabe escuchar el punto de vista del otro y facilita que todos tengan un espacio.

En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben mover el corazón de quienes toman las decisiones: tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón.

La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo. Se funda en el derecho y en el diálogo leal.

La política se renueva con la convicción de que todos encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales.

 

En la actividad política, cada persona es sagrada y merece nuestro cariño y nuestra entrega:

si logras ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de tu vida.

 

La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede generar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. La buena política une al amor la esperanza.

 

La caridad política

  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no es una utopía. Pero exige decisión y capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Unos caminos que desembocan en la caridad (Cf. Ft 180).
  • Pero ¿Cómo entrar en la caridad política?: uniéndose unos a otros para generar juntos procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos. Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social (Cf. Ft 180).
  • La caridad social nos hace querer el bien común y nos lleva a buscar el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une. Cada uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo, y al mismo tiempo no hay verdadero pueblo sin respeto al rostro de cada persona. La buena política busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social, en orden a reequilibrar y reorientar la globalización para evitar sus efectos disgregantes (Cf. Ft 182).
  • Esta caridad es siempre un amor preferencial por los últimos. Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad (Cf. Ft 187).

 

Amor cercano y concreto

  • La caridad política también conlleva abrirse a todos, a favorecer el encuentro, a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio. Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. Vivamos y enseñemos el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano (Cf. Ft 190 y 191).
  • También en la política hay lugar para amar con ternura, que es el amor que se hace cercano y concreto. La ternura es el camino que han recorrido los hombres y las mujeres más valientes y fuertes. En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos: tienen el derecho a llenarnos el alma y el corazón. Son nuestros hermanos y como tales tenemos que amarlos y tratarlos (Cf. Ft 194).
  • La política es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (Cf. Ft 180).

 

Una buena política, no una mala palabra

  • El camino hacia la fraternidad universal y la paz social no es posible sin una buena política. Sin embargo, la política parece más bien que dificulta la marcha hacia un mundo distinto, hacia un mundo abierto en el que haya sitio para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas (Cf. Ft 154 y 155).
  • Los errores, la corrupción o la poca eficacia de algunos políticos provocan que hoy, para muchos, la política sea una mala palabra. No ayudan las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología (Cf. Ft 176).

 

 

 

En momentos difíciles, trabajar por grandes principios

  • La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se trabaja por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. Pensar en los que vendrán no sirve a los fines electorales, pero es lo que demanda una auténtica justicia. Pues la tierra es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la siguiente generación (Cf. Ft 178).
  • La política no debe someterse a la economía. Porque se necesita una política que piense con visión amplia y que lleve adelante un cambio integral. Se necesita una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas. Y esto, no se le puede pedir a la economía, ni se puede aceptar que esta asuma el poder real del Estado (Cf. Ft 177).
  • La sociedad mundial tiene serios problemas estructurales que no se resuelven con parches o soluciones rápidas. Hay cosas que se deben cambiar desde el fondo. Y para liderar esta transformación se necesita una sana política, que convoque a diversos sectores y personalidades de distintos ámbitos. Una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común, abre un camino hacía nuevas oportunidades sin detener la creatividad humana y su sueño de progreso (Cf. Ft 179).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española