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Vía Crucis 2022 en el Coliseo: Familias unidas en un abrazo de paz entre Ucrania y Rusia

 

Este año el Vía Crucis presidido por el Papa Francisco volverá a desarrollarse en el Coliseo el 15 de abril, después de haberse celebrado en la Plaza de San Pedro durante dos años debido a la emergencia por el coronavirus.

 

Las historias, alegrías y dificultades de muchas familias estarán muy presentes en las 14 estaciones del Vía Crucis del Viernes Santo nuevamente en el Coliseo romano. En el Año de la Familia “Amoris Laetitia”, las meditaciones relatan escenas de la vida cotidiana, pero también la guerra en Ucrania y las dificultades de los inmigrantes en los países de acogida.

 

Las meditaciones del Vía Crucis 2022

 

En las meditaciones de este Vía Crucis se verán representadas familias en su vida cotidiana: las alegrías del amor compartido, los problemas de pareja, las preocupaciones por los hijos, el sufrimiento de la enfermedad, el dolor de la pérdida del cónyuge. Y también están los que viven la guerra, como el pueblo ucraniano y ruso, que desde hace más de un mes son protagonistas de un conflicto que sigue registrando muertes atroces, y los que han tenido que dejar su país para buscar un futuro en otro lugar y sufren al ser llamados sólo migrantes.

 

 

Historias reales y concretas. La Pasión que se contará en el Coliseo el Viernes Santo es la de Cristo, pero encarnada en la vida cotidiana de tantos hogares. Los textos escritos por un joven matrimonio (estación I), una familia en misión (estación II), una pareja de ancianos sin hijos (estación III), una familia numerosa (estación IV), una familia con un hijo discapacitado (estación V), una familia que dirige un hogar- familia (estación VI), una familia con un padre enfermo (VII), una pareja de abuelos (VIII), una familia adoptiva (IX), una viuda con hijos (X), una familia con un hijo consagrado (XI), una familia que ha perdido una hija (XII), una familia ucraniana y otra rusa (XIII) y una familia de emigrantes (XIV).

 

Las familias como protagonistas

 

El Papa Francisco ha querido que las familias sean las protagonistas de las 14 estaciones, en el año dedicado a la familia en el que la Iglesia celebra el quinto aniversario de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Un año que concluirá con el décimo Encuentro Mundial de las Familias previsto en Roma del 22 al 26 de junio.

 

 

Los testimonios, que se sitúan junto al viaje de Jesús al Calvario y describen fragmentos de vida en los que pueden encontrarse muchas familias, han sido recogidos por Gigi De Paolo, presidente nacional del Foro de Asociaciones Familiares y de la Fundación para la Natalità, y su esposa Anna Chiara Gambini, quienes también han escrito una meditación. Serán, en su mayoría, las mismas familias que han contado sus historias en las meditaciones las que también llevarán la Cruz al anfiteatro romano, donde la cristiandad se reunirá en la noche del silencio, en todo el mundo, en recuerdo de la crucifixión y muerte de Jesús, que pareció apagar en los discípulos la esperanza encendida por la Buena Noticia.

 

Un matrimonio en ciernes y una pareja en misión

Con Jesús, el viaje de las familias es un verdadero viaje a través de las estaciones de la vida, aunque las 14 estaciones no reflejen totalmente la lista más utilizada por la Tradición. Pero es bien sabido que, en la historia de la devoción, los nombres, y a veces el número, de las estaciones han tenido diferentes patrones.

Abriendo la Vía Dolorosa hay una pareja cuyo matrimonio sólo tiene dos años. En sus reflexiones hay felicidad por el viaje que han emprendido, pero también hay temores e incertidumbres sobre el futuro: el miedo a la separación, porque eso les ha pasado a muchos cónyuges, los malentendidos en el diálogo, la lucha por llegar a fin de mes.

En las meditaciones aparecen también los días de una familia en misión que ha querido llevar el amor de Cristo a lugares donde todavía es desconocido, pero que vive con la angustia de llevar una vida precaria, lejos de sus orígenes. “No es fácil vivir sólo de la fe y la caridad, porque a menudo no nos apoyamos plenamente en la Providencia. Y a veces, ante el dolor y el sufrimiento de una madre que muere al dar a luz y, además, bajo las bombas -se lee en la segunda estación-, o de una familia destruida por la guerra o el hambre y los abusos, surge la tentación de responder con la espada, de huir… Pero eso sería traicionar a nuestros hermanos más pobres, que son tu carne en el mundo y que nos recuerdan que eres el Viviente.

 

Los hijos

Están las parejas que no pueden tener hijos, que siguen caminando cada día cogidos de la mano, cuidando de los demás, que con el tiempo se han convertido en hogar y familia. También están los cónyuges que, en cambio, han cambiado sus sueños profesionales por el bien de sus hijos, con el temor de negarlo todo, como Pietro: con “la angustia y la tentación del arrepentimiento ante el enésimo gasto inesperado”. Pero si no fue fácil sacrificar los viejos deseos por la familia, “es infinitamente más bello así”.

Para los que tienen un hijo discapacitado, en cambio, la cruz es el juicio de las personas que llaman a su vástago una carga. Pero lo que aprendemos es que “la discapacidad no es un alarde ni una etiqueta, sino la vestimenta de un alma que a menudo prefiere callar ante los juicios injustos, no por vergüenza sino por misericordia hacia los que juzgan”.

“Jesús es azotado y coronado de espinas”, recuerda la 6ª estación meditada por dos matrimonios con 42 años de casados, 3 hijos naturales, 9 nietos y 5 hijos adoptados que no son autosuficientes y tienen problemas mentales. “Para quienes creen que no es humano dejar solos a los que sufren, el Espíritu Santo mueve en sus corazones la voluntad de actuar y de no permanecer indiferentes, ajenos”, explican, y añaden que “el dolor nos devuelve a lo esencial, ordena las prioridades de la vida y devuelve la sencillez de la dignidad humana”. Y quienes protagonizan una adopción revelan, por otra parte, que al cargar ellos mismos, “padres e hijos”, con esa cruz que es la historia de una vida marcada por el abandono, sanada por una acogida, se esconde un secreto de felicidad.

En la undécima estación, “Jesús promete el Reino al buen ladrón”, se describe como malhechores a dos padres que inicialmente no aceptaron la elección de su hijo como sacerdote. Luego, la constatación de que estaban equivocados, oponiéndose a esa vocación de diversas maneras, y la confesión a Dios: “Nosotros somos una vasija y Tú eres el mar”. Nosotros somos una chispa y Tú eres el fuego. Por eso, como el buen ladrón, te pedimos que te acuerdes de nosotros cuando vengas a tu Reino”.

 

Las cargas de los abuelos y las familias rotas

En el camino hacia el Gólgota, también está la historia de un marido que se enfrenta a la enfermedad de su mujer, una cruz inesperada, como la que soportó Jesús, que ha alterado el equilibrio familiar pero que ha traído muchas ayudas. También describen a dos abuelos jubilados, que soñaban con una vejez tranquila, pero que tienen que mantener a las familias de sus hijas en dificultades y cuidar de sus nietos. “Cargados de una cruz”, ellos también reconocen un regalo, sin embargo, que “ser ‘oxígeno’ para las familias” de sus hijos, porque “nunca se deja de ser mamá y papá”.

Una madre soltera con dos hijos sostiene también que “bajo la cruz, toda familia, incluso la más desequilibrada, la más dolorosa, la más extraña, la más atrofiada, encuentra su sentido más profundo”, descubriendo el amor del Creador, el de sus hermanos y “una Iglesia que, con todos sus defectos, le tiende la mano”. Del mismo modo, una mujer que ha perdido a su marido y a su hija, a pesar de los interrogantes que le plantea el dolor, ve su cruz “habitada por el Señor” y sigue viéndose como una familia, identificándose con María a los pies de Jesús.

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La guerra en Ucrania

La decimotercera estación contará con la presencia de una familia rusa y otra ucraniana. La cruz será llevada por estas dos familias que oran juntas por la paz en sus paises: Ucrania y Rusia. Las de una enfermera ucraniana, Irina, en el centro de cuidados paliativos “Juntos en la cura ” de la Fundación Policlínico Universitario “Campus Bio-Medico” de Roma. Y de una estudiante rusa, Albina, en el curso de Enfermería del Campus Universitario Bio-Médico. Sus voces, diariamente cercanas a los que sufren, expresan la misma esperanza de paz. El mundo necesita paz y amor.

Esta familia ucraniana y otra rusa rastrean todo lo que la guerra cambia: “la existencia, los días, la despreocupación por la nieve del invierno, la recogida de los niños del colegio, el trabajo, los abrazos, las amistades”. Le preguntan a Dios por qué, en medio de las lágrimas que se han agotado y la ira que “ha dado paso a la resignación”, y se desesperan porque ya no pueden sentir el amor del Todopoderoso. Conscientes de la dificultad de la reconciliación, invocan al Señor para que hable “en el silencio de la muerte y de la división”, enseñando “a hacer la paz, a ser hermanos, a reconstruir lo que las bombas habrían querido destruir”.

Los testimonios de Albina e Irina están recogidos en el siguiente enlace.

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Las esperanzas de los emigrantes

Por último, una familia de emigrantes se confiesa, tras duros viajes, percibidos como una carga en el país de acogida. “Aquí hay muchos números, categorías, simplificaciones. Sin embargo, somos mucho más que inmigrantes. Somos personas”, leemos entre las líneas de la 14ª estación, “El cuerpo de Jesús está depositado en el sepulcro”, junto con sus sacrificios y su pasado. Pero no hay resignación en sus palabras, sino esperanza. “Sabemos que la gran piedra que está a la puerta del sepulcro será removida un día”, concluyen, esperando la Pascua y la nueva vida de Cristo.

 

 

 

 

Fuente: vaticannews.com (artículo de Tiziana Campisi . Fotos: vaticannews)

Celebraciones de Semana Santa presididas por el Papa Francisco

 

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado las celebraciones de Semana Santa presididas por el Papa Francisco: 

 

El 10 de abril de 2022, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, a las diez de la mañana en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre bendecirá las palmas y los olivos, y al final de la procesión, presidirá la Celebración Eucarística.

El 14 de abril, Jueves Santo, en la Basílica de San Pedro a las 9.30 de la mañana presidirá la concelebración de la Misa Crismal con los Patriarcas, Cardenales, Arzobispos, obispos y Presbíteros presentes en Roma.

El Viernes Santo el Sumo Pontífice presidirá la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Santa Cruz y la Santa Comunión en la Basílica de San Pedro a las cinco de la tarde, mientras que, a las 21.15 horas, presidirá en el Coliseo el pío ejercicio del “Vía Crucis”, al final del cual dirigirá sus palabras a los fieles e impartirá la Bendición Apostólica.

El Sábado Santo en la Basílica de San Pedro tendrá lugar la Solemne Vigilia Pascual a las siete y media de la tarde. El Santo Padre bendecirá el fuego nuevo en el atrio de la Basílica de San Pedro; tras el ingreso procesional en la Basílica con el cirio pascual y el canto del Exsultet, presidirá la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Bautismal y la Liturgia Eucarística, que será concelebrada con los Patriarcas, los Cardenales, los Obispos que lo deseen y algunos Presbíteros.

Por último, el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, en la Plaza de San Pedro, a las 10 de la mañana, el Santo Padre presidirá la celebración eucarística. Al final de la celebración, a las 12 horas, desde la logia central de la Basílica Vaticana impartirá la bendición “Urbi et Orbi”.

 

Fuente: www.vaticannews.va

Oración de Consagración a Rusia y Ucrania a la Santísima Virgen

“Que tu llanto, Oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos”

El Papa Francisco pronunciará el viernes esta oración para consagrar a la Virgen María a las naciones en guerra.
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La Santa Sede ha publicado el texto de la oración de Consagración y encomienda de la humanidad, y especialmente de Rusia y Ucrania, al Inmaculado Corazón de María que el Papa Francisco pronunciará al final de la Liturgia de la Penitencia en la Basílica de San Pedro, en la tarde del viernes 25 de marzo, fiesta de la Anunciación.

La liturgia comenzará a las 17:00 horas (hora de Roma), mientras que la consagración tendrá lugar hacia las 18:30 horas. El Papa ha pedido a todos los obispos, sacerdotes, religiosos y demás fieles del mundo que se unan a él en esta oración:

 

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

 

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.

Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.

Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.

Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.

Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.

Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.

Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.

 

Fuente: vaticannews.va

El arzobispo de Santiago invita a los diocesanos a unirse al Papa en la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María

 

El Papa Francisco ha invitado a los obispos de todo el mundo, a sus sacerdotes y a todos los fieles a unirse a él en la oración por la paz y en la consagración y encomienda de Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María.

Con este motivo, el arzobispo de Santiago de Compostela ha publicado una Carta Pastoral invitando a todos los diocesanos a unirse a las intenciones del Santo Padre en la que muestra su preocupación por las personas que de una u otra manera las están sufriendo la guerra: “Os invito a unirse al papa Francisco que realizará la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María”.

Este acto, que se celebrará en comunión con las Iglesias de todo el mundo en la tarde del viernes 25 de marzo, tendrá lugar en la Basílica de San Pedro de Roma durante la celebración de las”24 horas para el Señor”.

“La Consagración de Rusia y Ucrania que realizará el papa Francisco – continúa mons. Barrio -encuentra un eco especial entre nosotros en el Santuario de las Apariciones de Pontevedra, donde la paz del mundo se hizo promesa por parte de la Madre del cielo”.

 

 

Texto íntegro de la Carta Pastoral:.

 

Carta Pastoral en la Consagración de Rusia  y Ucrania

al Corazón Inmaculado de María,

25 de marzo de 2022

 

Queridos diocesanos:

Sabemos de las trágicas consecuencias que está teniendo la guerra en Ucrania y que toda nuestra preocupación por las personas que de una u otra manera las están sufriendo, siempre será poca. Así se está demostrando en esta corriente de solidaridad y fraternidad que está surgiendo en estos días.

Nuestra fe actúa a través de la caridad y nos impulsa a la oración. En este sentido os invito a unirse al papa Francisco que realizará la Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María en la Basílica de San Pedro el próximo día 25 de marzo a las 17 horas, durante la celebración de la Penitencia con la que se inicia en Roma la jornada “24 horas para el Señor”. También es providencia que en España ese día, solemnidad de la Anunciación, celebramos la Jornada por la vida con el lema “Acoger y cuidar la vida, don de Dios”.

La Consagración de Rusia y Ucrania que realizará el papa Francisco encuentra un eco especial entre nosotros en el Santuario de las Apariciones de Pontevedra, donde la paz del mundo se hizo promesa por parte de la Madre del cielo.

Tratando de cuidar siempre la vida y sintiendo la necesidad de intensificar la oración, os pido a todos, sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos acompañar en oración al Santo Padre en este acto.  No  olvidemos que lo que a nosotros nos parece imposible, para Dios no lo es.

En este camino hacia la Pascua a través de la Cuaresma oremos por la paz del mundo. Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Fuente: archicompostela.es

24 horas para el Señor: «En Él, tenemos el perdón»

 

La Iglesia en el mundo se une el próximo viernes, 25 de marzo, junto al papa Francisco en el acto de Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María. Será a las 17.00 horas en la Basílica de San Pedro.

Así se inicia este año la jornada «24 horas para el Señor», que promueve el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización en la víspera del IV domingo de Cuaresma«Por medio de Él tenemos el perdón (Cfr. Col 1, 13-14)» es el lema que se propone para esta Jornada especial de oraciones y confesiones que tendrá lugar desde la tarde del viernes  25 a la tarde del sábado 26.

24 horas para el Señor, una jornada para la confesión y la oración

Con esta iniciativa el papa Francisco vuelve a invitar a todas las diócesis del mundo a abrir las iglesias, del viernes 25 al sábado26 de marzo, para esta jornada intensiva de confesiones y oración. Las diócesis españolas se suman a esta convocatoria designando distintas parroquias, o la catedral, que permanecerán abiertas durante 24 horas sin interrupción. Además, durante este tiempo se contará con la presencia de sacerdotes para facilitar la confesión.

El Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización ha editado un subsidio litúrgico que ofrece algunas sugerencias para ayudar a las parroquias y comunidades cristianas a preparar la iniciativa 24 horas para el Señor. Se trata de propuestas que pueden adaptarse a las necesidades y costumbres locales.

La primera parte de este subsidio presenta algunos pensamientos que ayudan a reflexionar sobre la razón de ser del Sacramento de la Reconciliación. La segunda parte puede utilizarse durante el tiempo en que permanezca abierta la Iglesia, para que los que vengan a confesarse puedan ser ayudados en la oración y la meditación a través de un camino basado en la Palabra de Dios.

 

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Fuente: conferenciaepiscopal.es

Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2022: “No nos cansemos de hacer el bien”

El Papa Francisco ha hecho público hoy, jueves 24 de enero, su MENSAJE PARA LA CUARESMA 2022. El Pontífice invita a reflexionar en este camino cuaresmal sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a)».

El Papa Francisco nos exhorta a meditar asiduamente la Palabra de Dios, para fortalecer la vida cristiana como “colaboradores de Dios” haciendo el bien con la oración, el ayuno y la caridad, porque como nos dice en su mensaje: “el ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda”.

El Papa nos pide que: “no nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario «orar siempre sin desanimarse» (Lc 18,1). Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa”; que “no nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida” , que dejemos que el “ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado”; que “no nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar”; y que “no nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo, durante esta Cuaresma dando con alegría”

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Texto íntegro del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2022

 

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2022

«No nos cansemos de hacer el bien,
porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo.
Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).

1. Siembra y cosecha

En este pasaje el Apóstol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jesús tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kairós, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. ¿Qué es para nosotros este tiempo favorable? Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen [1]. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir.

El primer agricultor es Dios mismo, que generosamente «sigue derramando en la humanidad semillas de bien» (Carta enc. Fratelli tutti, 54). Durante la Cuaresma estamos llamados a responder al don de Dios acogiendo su Palabra «viva y eficaz» (Hb 4,12). La escucha asidua de la Palabra de Dios nos hace madurar una docilidad que nos dispone a acoger su obra en nosotros (cf. St 1,21), que hace fecunda nuestra vida. Si esto ya es un motivo de alegría, aún más grande es la llamada a ser «colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), utilizando bien el tiempo presente (cf. Ef 5,16) para sembrar también nosotros obrando el bien. Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda.

¿Y la cosecha? ¿Acaso la siembra no se hace toda con vistas a la cosecha? Claro que sí. El vínculo estrecho entre la siembra y la cosecha lo corrobora el propio san Pablo cuando afirma: «A sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa» (2 Co 9,6). Pero, ¿de qué cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad. En Dios no se pierde ningún acto de amor, por más pequeño que sea, no se pierde ningún «cansancio generoso» (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279). Al igual que el árbol se conoce por sus frutos (cf. Mt 7,16.20), una vida llena de obras buenas es luminosa (cf. Mt 5,14-16) y lleva el perfume de Cristo al mundo (cf. 2 Co 2,15). Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos (cf. Rm 6,22).

En realidad, sólo vemos una pequeña parte del fruto de lo que sembramos, ya que según el proverbio evangélico «uno siembra y otro cosecha» (Jn 4,37). Precisamente sembrando para el bien de los demás participamos en la magnanimidad de Dios: «Una gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra» (Carta enc. Fratelli tutti, 196). Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios.

La Palabra de Dios ensancha y eleva aún más nuestra mirada, nos anuncia que la siega más verdadera es la escatológica, la del último día, el día sin ocaso. El fruto completo de nuestra vida y nuestras acciones es el «fruto para la vida eterna» (Jn 4,36), que será nuestro «tesoro en el cielo» (Lc 18,22; cf. 12,33). El propio Jesús usa la imagen de la semilla que muere al caer en la tierra y que da fruto para expresar el misterio de su muerte y resurrección (cf. Jn 12,24); y san Pablo la retoma para hablar de la resurrección de nuestro cuerpo: «Se siembra lo corruptible y resucita incorruptible; se siembra lo deshonroso y resucita glorioso; se siembra lo débil y resucita lleno de fortaleza; en fin, se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual» (1 Co 15,42-44). Esta esperanza es la gran luz que Cristo resucitado trae al mundo: «Si lo que esperamos de Cristo se reduce sólo a esta vida, somos los más desdichados de todos los seres humanos. Lo cierto es que Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto primero de los que murieron» (1 Co 15,19-20), para que aquellos que están íntimamente unidos a Él en el amor, en una muerte como la suya (cf. Rm 6,5), estemos también unidos a su resurrección para la vida eterna (cf. Jn 5,29). «Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (Mt 13,43).

2. «No nos cansemos de hacer el bien»

La resurrección de Cristo anima las esperanzas terrenas con la «gran esperanza» de la vida eterna e introduce ya en el tiempo presente la semilla de la salvación (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 3; 7). Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Efectivamente, incluso los mejores recursos son limitados, «los jóvenes se cansan y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen» (Is 40,30). Sin embargo, Dios «da fuerzas a quien está cansado, acrecienta el vigor del que está exhausto. […] Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, vuelan como las águilas; corren y no se fatigan, caminan y no se cansan» (Is 40,29.31). La Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor (cf. 1 P 1,21), porque sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9).

No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario «orar siempre sin desanimarse» ( Lc 18,1). Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad (cf. Is 7,9). Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia [2]; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. La fe no nos exime de las tribulaciones de la vida, pero nos permite atravesarlas unidos a Dios en Cristo, con la gran esperanza que no defrauda y cuya prenda es el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf. Rm 5,1-5).

No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar [3].  No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal, y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 166). Uno de estos modos es el riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrece las relaciones humanas. La Cuaresma es un tiempo propicio para contrarrestar estas insidias y cultivar, en cambio, una comunicación humana más integral (cf. ibíd., 43) hecha de «encuentros reales» ( ibíd., 50), cara a cara.

No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna, dando con alegría (cf. 2 Co 9,7). Dios, «quien provee semilla al sembrador y pan para comer» (2 Co 9,10), nos proporciona a cada uno no sólo lo que necesitamos para subsistir, sino también para que podamos ser generosos en el hacer el bien a los demás. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida (cf. Lc 10,25-37). La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 193).

3. «Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos»

La Cuaresma nos recuerda cada año que «el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día» (ibíd., 11). Por tanto, pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor (cf. St 5,7) para no desistir en hacer el bien, un paso tras otro. Quien caiga tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en volver a Él, que «es rico en perdón» (Is 55,7). En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda. Tenemos la certeza en la fe de que «si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos» y de que, con el don de la perseverancia, alcanzaremos los bienes prometidos (cf. Hb 10,36) para nuestra salvación y la de los demás (cf. 1 Tm 4,16). Practicando el amor fraterno con todos nos unimos a Cristo, que dio su vida por nosotros (cf. 2 Co 5,14-15), y empezamos a saborear la alegría del Reino de los cielos, cuando Dios será «todo en todos» (1 Co 15,28).

Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador y que «conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19) nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna.

 

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2021, Memoria de san Martín de Tours, obispo.

 

FRANCISCO

 


[1] Cf. S. Agustín, Sermo, 243, 9,8; 270, 3; Enarrationes in Psalmos, 110, 1.

[2] Cf. Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia (27 de marzo de 2020).

[3] Cf. Ángelus del 17 de marzo de 2013.

 

 

El Papa invita a una jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania el 2 de marzo

“Que la Reina de la Paz preserve al mundo de la locura de la guerra.”

 

El papa Francisco, al finalizar la audiencia general del miércoles 23 de febrero, ha hecho un llamamiento a creyentes y no creyentes a unirse en oración y ayuno por la paz en Ucrania el próximo 2 de marzo, miércoles de ceniza.

El Santo Padre exhorta a todas la partes implicadas «que se abstengan de toda acción que provoque aún más sufrimiento a las poblaciones, desestabilizando la convivencia entre las naciones y desacreditando el derecho internacional».

 

 

 

4 febrero. Día Internacional de la Fraternidad Humana: “O somos hermanos o todo se derrumba”

 

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Fraternidad Humana, el Papa Francisco envía un video mensaje a los organizadores de la “Mesa Redonda de la Fraternidad Humana y la Alianza para la Tolerancia Global“, en la Expo de Dubai (Emiratos Árabes Unidos), asegurando que “el camino de la fraternidad es largo y difícil pero es ancla para la salvación de la humanidad”.

“En estos años hemos caminado como hermanos conscientes de que, respetando nuestras respectivas culturas y tradiciones, estamos llamados a construir la fraternidad como una defensa contra el odio, la violencia y la injusticia”, dice el Papa saludando al Gran Imán Al-Tayyed que también participa en este acto.

Al final del video mensaje también agradeció “a todos los que trabajan con la convicción de que se puede vivir en paz y armonía”. Y reiteró la propuesta de la fraternidad humana: “caminar el uno al lado del otro, hermanos todos”.

 

¿Qué es la Jornada Internacional de la Fraternidad Humana?

La Jornada Internacional de la Fraternidad Humana fue instituida por la ONU para conmemorar la firma del Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz mundial y la Convivencia común entre el Papa Francisco y el Gran Imán Al-Tayyeb. La firma tenía lugar el 4 de febrero de 2020. Un año después, tenía lugar la primera edición. Y este año corresponde la segunda.

En nuestro país, en continuidad con el trabajo que se viene haciendo a nivel interreligioso, se celebra de manera conjunta con judíos y musulmanes. Así, esta Jornada se presenta como una oportunidad para impulsar un espacio de encuentro y diálogo entre las principales confesiones religiosas presentes en España, de donde puedan surgir propuestas y proyectos concretos que ayuden a intensificar las relaciones interreligiosas.

También es una oportunidad para transmitir un mensaje común a los fieles de las distintas religiones de fraternidad y colaboración ante los retos comunes y ofrecer un testimonio de fraternidad, diálogo y convivencia entre las religiones ante la comunidad política y la sociedad española.

 

 

Fuentes: vaticannews.va y conferenciaepiscopal.es

La Iglesia reza por la paz en Ucrania: «que pueda ver florecer la fraternidad y supere las heridas, los miedos y divisiones”.

 

La Iglesia celebra hoy, miércoles 26 de enero de 2022, una Jornada de oración por la paz en Ucrania convocada por el Papa Francisco el pasado domingo tras el rezo del Ángelus.

El Santo Padre, tras reconocer que sigue «con preocupación el aumento de las tensiones que amenazan con infligir un nuevo golpe a la paz en Ucrania y cuestionan la seguridad en el continente europeo, con repercusiones aún más amplias». Hacía un «sentido llamamiento a todas las personas de buena voluntad, para que eleven oraciones a Dios omnipotente, para que cada acción e iniciativa política esté al servicio de la fraternidad humana, más que a los intereses de las partes. Quien persigue sus propios fines en detrimento de los demás, desprecia su propia vocación de hombre, porque todos hemos sido creados hermanos»

Ante esta situción, y «dadas las tensiones actuales», el papa Francisco proponía para este miércoles una jornada de oración por la paz.

«Que esa tierra pueda ver florecer la fraternidad y supere heridas, los miedos y divisiones»

Hoy, al final de la audiencia general, el Santo Padre ha elevado su plegaria por la paz en Ucrania, pidiendo “al Señor con insistencia que esa tierra pueda ver florecer la fraternidad y supere las heridas, los miedos y divisiones”.

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

 

Domingo de la Palabra de Dios: 23 de enero de 2022.

Este domingo, 23 de enero, por tercer año consecutivo, la Iglesia celebra en todo el mundo el Domingo de la Palabra de Dios.

El Papa Francisco instituyó esta jornada el año 2019, para que se celebrase todos los años cada tercer domingo del Tiempo Ordinario. Lo hacía a través del motu proprio Aperuit Illis. En este documento explicaba los motivos por los que el Pontífice propone este Domingo dedicado completamente a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios:

  • Para comprender la riqueza inagotable  que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo.
  • Para que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable.
  • Para que nunca falte la relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe.

Además, la celebración se ha hecho coincidir con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Un tiempo «en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».

 

 

En realidad, cada domingo tenemos la oportunidad de encontrarnos con la Palabra de Dios a través de las lecturas que se proclaman en las celebraciones dominicales, y de la homilía que viene a continuación de ellas. Pero en este Domingo de la Palabra se nos pide que, con gestos sencillos y significativos, promovamos la lectura de las Sagradas Escrituras y la concienciación entre los fieles de la presencia e importancia de la Palabra de Dios en sus diversas expresiones. Además de las Sagradas escrituras, la Tradición, el Magisterio, la liturgia, el testimonio de los santos y de los mártires, la cultura cristiana y la belleza expresa en tantas obras de arte presentes en nuestros templos y fuera de ellos (cf. Directorio para la Catequesis, 2020, nn. 90-109).

Señalamos sólo algunos de estos gestos e iniciativas que se pueden realizar:

  • introducir en la celebración de la Misa con una procesión solemne el Leccionario dominical desde el que se proclaman las lecturas, y que lo entronicemos en un lugar destacado y visible para toda la comunidad;
  • promover una pública lectura continua de la entera Biblia durante todo el día, hecha por medio de turnos de voluntarios; incluso realizada en varias lenguas, entre las que se pueden encontrar las lenguas bíblicas, hebreo, arameo y griego;
  • Que se realice una lectura orante de la Palabra de Dios, o lectio divina, bien en grupos parroquiales o en las casas con la familia;
  • Finalmente, que se distribuyan los santos Evangelios y/o la Biblia entre los fieles.

 

El área de Pastoral Bíblica de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado ha editado unos materiales para contribuir a la celebración de esta Jornada. Entre ellos está una presentación del director del secretariado de esta Comisión, Francisco Julián Romero, y un método para ayudar a leer la Palabra de Dios.

 

 

Y además en este domingo 23 enero de 2022, el papa Francisco celebrará una Misa en la Basílica de San Pedro a las 9:30 h, dentro de la cual se realizará la institución de los ministerios de Lector y también el de Catequista. Se puede seguir en el siguiente enlace

 

Se trata de un evento significativo ya que, por primera vez, se confiere el ministerio de catequista, desde que el pasado mes de mayo el Papa lo instituyese para toda la iglesia. A esta celebración acudirán cerca de 150 catequistas provenientes de diferentes partes del mundo, entre los que también estará una catequista española.

Con esta celebración se cumple un gesto que ayuda a visibilizar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia. Sin duda, entre los grandes anunciadores y maestros de la Palabra de Dios, los catequistas ocupan un lugar privilegiado. Damos gracias a Dios porque no deja de hablar a sus hijos de muchas maneras, y porque lo ha hecho a través de su Hijo Jesucristo, la Palabra que se ha hecho carne de nuestra carne. Gracias a los catequistas por su generosidad y tiempo a la hora de proclamarla incansablemente a las nuevas generaciones.

Buen domingo a todos.

 

Fuentes: catequesisdegalicia.org    y   conferenciaepiscopal.es