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El Papa prorroga el Año Santo Jacobeo recién iniciado a 2022

El Nuncio de Su Santidad, Bernardito Auza, anunció esta misma tarde, al término de la Eucaristía con la que se abrió la Puerta Santa de la Catedral compostelana, la decisión del Santo Padre, el Papa Francisco, a través de la Penitenciaría Apostólica, de prorrogar el Año Santo Jacobeo recién inaugurado durante el año 2022. Esta decisión se adopta debido a las extraordinarias circunstancias provocadas por la pandemia del Covid19.

Tras este anuncio, y antes de impartir la bendición final, el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, agradeció al Santo Padre Francisco esta decisión, que se adopta para que los fieles “saquen piadosos propósitos y fuerza espiritual de vida para testimoniar el Evangelio, en comunión jerárquica y filial devoción con el Sumo Pontífice, fundamento visible de la Iglesia católica y maestro propio de los sagrados misterios”, tal y como reza el Decreto expedido por la Penitenciaría Apostólica.

 

 

Fuente: archicompostela.es

El Papa nos invita a seguir el modelo de la familia de Nazaret y nos da algunas claves para un ambiente familiar sano.

El Papa desde la Biblioteca Apostólica (Vatican media)

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La de Nazaret es la familia-modelo en la que todas las familias del mundo pueden hallar su sólido punto de referencia y una firme inspiración”. Con estas palabras ha dado inicio el Papa Francisco a su discurso antes de rezar la oración mariana del Ángelus, el domingo 27 de diciembre en el que la Iglesia Católica celebraba la Fiesta de la Sagrada Familia. El Papa ha recordado que, a imitación de la Sagrada Familia, “estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza».

Desde la biblioteca privada del Palacio Apostólico Vaticano, el Papa Francisco también nos ha dado algunas claves para un ambiente familiar sano: «si discuten, que no termine el día sin hacer las paces, la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa». Y luego, «en la familia hay tres palabras que hay que custodiar siempre: “Permiso”, “gracias”, “perdón”. Si en el ambiente familiar hay estas tres palabras, la familia está bien».

El Sumo Pontífice anunció que habrá un Año dedicado a la Familia, un año de reflexión sobre la Amoris laetitia  [19 de marzo 2021-26 de junio 2022] con iniciativas coordinadas por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para ayudar a las  familias cristianas a convertirse en “levadura de una nueva humanidad y de solidaridad concreta y universal”.

Tras rezar el Angelus, el Santo padre ha manifestado su cercanía “a las familias que en los últimos meses han perdido a un ser querido o han sido juzgadas por las consecuencias de la pandemia“, y a las familias del personal sanitario. Y antes de concluir, ha confiado al Señor “todas las familias, especialmente las más probadas por las dificultades de la vida y por las heridas de la incomprensión y la división».

 

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A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Pocos días después de la Navidad, la liturgia nos invita a contemplar a la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Es hermoso pensar en el hecho de que el Hijo de Dios ha querido tener, como todos los niños, la necesidad del calor de una familia.Precisamente por esto, porque es la familia de Jesús, la de Nazaret es la familia-modelo, en la que todas las familias del mundo pueden hallar su sólido punto de referencia y una firme inspiración. En Nazaret brotó la primavera de la vida humana del Hijo de Dios, en el instante en que fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María. Entre las paredes acogedoras de la casa de Nazaret se desarrolló en un ambiente de alegría la infancia de Jesús, rodeado de la solicitud maternal de María y los cuidados de José, en el que Jesús pudo ver la ternura de Dios (cf. Carta apost. Patris corde, 2).

A imitación de la Sagrada Familia, estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza. En la familia se podrá experimentar una comunión sincera cuando sea una casa de oración, cuando los afectos sean serios, profundos, puros, cuando el perdón prevalezca sobre las discordias, cuando la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios. De esta manera, la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría. Al mismo tiempo, halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; la familia evangeliza con el ejemplo de vida. Es cierto, en cada familia hay problemas, y a veces también se discute. “Padre, me he peleado…”; somos humanos, somos débiles, y todos tenemos a veces este hecho de que peleamos en la familia. Os diré una cosa: si nos peleamos en familia, que no termine el día sin hacer las paces. “Sí, he discutido”, pero antes de que termine el día, haz las paces. Y sabes ¿por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa. No ayuda. Y luego, en la familia hay tres palabras, tres palabras que hay que custodiar siempre: “Permiso”, “gracias”, “perdón”. “Permiso”, para no entrometerse en la vida de los demás. Permiso: ¿puedo hacer algo? ¿Te parece bien que haga esto? Permiso. Siempre, no ser entrometidos. Permiso, la primera palabra. “Gracias”: tantas ayudas, tantos servicios que nos hacemos en la familia: dar siempre las gracias. La gratitud es la sangre del alma noble. “Gracias”. Y luego, la más difícil de decir: “Perdón”. Porque siempre hacemos cosas malas y muchas veces alguien se siente ofendido por esto: “Perdóname”, “perdóname”. No olvidéis las tres palabras: “permiso”, “gracias”, “perdón”. Si en una familia, en el ambiente familiar hay estas tres palabras, la familia está bien.

Al ejemplo de evangelizar con la familia nos invita precisamente la fiesta de hoy volviéndonos a presentar el ideal del amor conyugal y familiar, tal y como quedó subrayado en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, cuyo quinto aniversario de promulgación tendrá lugar el próximo 19 de marzo. Y habrá un año de reflexión sobre la Amoris laetitia y será una oportunidad para profundizar en los contenidos del documento [19 de marzo 2021-junio 2022].

Estas reflexiones se pondrán a disposición de las comunidades eclesiales y de las familias, para acompañarlos en su camino. A partir de ahora invito a todos a sumarse a las iniciativas que se impulsarán durante el Año y que serán coordinadas por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Encomendamos este camino con las familias de todo el mundo a la Sagrada Familia de Nazaret, en particular a San José, esposo y padre solícito.

Que la Virgen María, a la que ahora nos dirigimos con la oración del Ángelus, obtenga a las familias de todo el mundo sentirse cada vez más fascinadas por el ideal evangélico de la Sagrada Familia, de modo que se conviertan en levadura de nueva humanidad y de una solidaridad concreta y universal.

 

Palabras después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos vosotros, familias, grupos y fieles, que seguís la oración del Ángelus a través de los medios de comunicación social. Mi pensamiento va en particular a las familias que en estos meses han perdido a un familiar o han sido puestas a dura prueba por las consecuencias de la pandemia. Pienso también en los médicos, los enfermeros y todo el personal sanitario cuyo gran compromiso en primera línea en la lucha contra la propagación del virus ha tenido repercusiones significativas sobre su vida familiar.

Hoy encomiendo al Señor todas las familias, especialmente las más probadas por las dificultades de la vida y por las heridas del malentendido y la división. Que el Señor, nacido en Belén, les conceda a todas la serenidad y la fuerza para caminar unidas por el camino del bien.

Y no olvidéis estas tres palabras que ayudarán tanto a vivir la unidad en la familia: “permiso” —para no ser entrometidos, respetar a los demás—, “gracias” —agradecernos mutuamente en la familia— y “perdón” cuando hacemos algo malo. Y este “perdón” —o cuando se discute— por favor decirlo antes de que termine el día: hacer las paces antes de que termine el día.

Os deseo a todos un feliz domingo y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

Fuente:  es.zenit.org

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “Mirar el pasado con misericordia”

La historia nos muestra hechos contra la dignidad de la persona que desgraciadamente hemos sido capaces de cometer. Observándolos desde la misericordia, debemos lamentar lo ocurrido y disponernos a aprender del pasado para no volver a repetir los mismos errores.

La iniciativa “Soñar lo posible”, al finalizar su recorrido por la encíclica Fratelli tutti, aborda el tema del perdón sincero y de la virtud de la misericordia, ambos fuertemente acentuados en el cristianismo.

Para alcanzar la reconciliación el papa Francisco propone:

  • Superar los conflictos a través del diálogo.
  • Abstenerse de enemistades y del odio mutuo.
  • Dialogar con honestidad, apoyados en el amor a la justicia.
  • No caer en el círculo vicioso de la venganza.

Se trata, en definitiva, de entender y revalorizar el sentido del perdón, siguiendo las enseñanzas del Evangelio que pide perdonar hasta “setenta veces siete” (Mt. 18,22).

Índice

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10º Clave: Mirar al pasado con misericordia

 

Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino.

El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día.

Ignorar la historia, despreciar la experiencia de los mayores y mirar solo al futuro crea personas vacías, desarraigadas y desconfiadas. Así hacen las ideologías.

Los pueblos que olvidan su tradición y, por negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia.

En tu historia las preguntas son: Cuánto amor puse en mi trabajo, en qué hice avanzar al pueblo, cuánta paz social sembré, qué provoqué en el lugar que se me encomendó.

Hace falta aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones.

La misericordia de cada persona se extiende a su prójimo, pero la misericordia del Señor alcanza a todos los vivientes.

La comprensión y el compromiso mutuo pueden transformar antiguos conflictos o las tensiones del pasado y alcanzar una unidad en la diversidad que engendra nueva vida.

Es conmovedor ver la capacidad de perdón de algunas personas que han sabido ir más allá del daño sufrido. En todo caso, lo que jamás se debe proponer es el olvido.

No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse. Todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos.

Mira el pasado con misericordia. Pide la gracia de lamentar lo que hemos sido capaces de hacer, de haber despreciado y destruido nuestra carne ¡Nunca más, Señor, nunca más!

 

El perdón permite buscar la justicia sin caer

en el círculo vicioso de la venganza ni en la injusticia del olvido.

 

Estamos llamados a amar a todos, sin excepción. Si el perdón es gratuito, entonces puede perdonarse aun a quien se resiste al arrepentimiento y es incapaz de pedir perdón.

Cuando hay algo que jamás debe ser tolerado, justificado o excusado, sin embargo, podemos perdonar. Cuando hay algo que por ninguna razón debemos permitirnos olvidar, sin embargo, podemos perdonar. El perdón libre y sincero es una grandeza que refleja la inmensidad del perdón divino.

 

Cultura sin alma

  • No hay que despreciar la historia ni rechazar la riqueza espiritual y humana que se ha ido transmitiendo a lo largo de las generaciones. Tampoco hay que ignorar todo lo que ha pasado, perdiendo así el sentido de la historia. Por eso hay que escuchar la experiencia de los mayores (Cf. Ft 13).
  • Sin embargo, en la cultura actual se percibe una especie de deconstruccionismo para construirlo todo desde cero. Para eso se precisa de persona vacías, desarraigadas, desconfiadas de todo, para instaurar nuevas formas de colonización cultural (Cf. Ft 13).
  • En esta nueva cultura, los pueblos, al abandonar su tradición, toleran que se les arrebate el alma. Grandes palabras como democracia, libertad, justicia, unidad son conceptos manoseados y desfigurados en la actualidad. Se les ha vaciado de contenido para poder justificar así cualquier acción (Cf. Ft 14).
  • En un escenario donde se siembra la división, la enemistad y un escepticismo desolador, se impide construir un proyecto común. Sin embargo, cuando se reflexiona y se mira al futuro aparecen interrogantes como ¿qué aporto a la sociedad? ¿qué lazos tengo con mi comunidad y que iniciativas propongo? ¿cómo contribuyo a fortalecer la paz? ¿cuánto amor pongo en mi trabajo? ¿colaboro a mejorar la convivencia en mi entorno? (Cf. Ft 197).

 

Nueva vida

  • Cuando las personas y las comunidades apuntan más allá de los intereses particulares, la comprensión y el compromiso mutuo se transforman en un ámbito donde los conflictos, las tensiones e incluso los que se podrían haber considerado contrarios en el pasado pueden alcanzar una unidad en la diversidad que engendra nueva vida (Cf. Ft 245).
  • Hace falta aprender a cultivar una memoria capaz de asumir el pasado, a veces desde el arrepentimiento, para liberar el futuro de sus insatisfacciones, confusiones o proyecciones. Sólo desde la verdad histórica de los hechos puede hacerse un esfuerzo constante para comprenderse mutuamente y para comenzar un nuevo camino hacia el bien de todos (Cf Ft 226).

 

Reconciliación sin olvido

  • Pero la reconciliación se debe promover, no imponer al conjunto de una sociedad. Porque ¿quién se puede atribuir el derecho de perdonar en nombre de los demás? No es posible decretar una “reconciliación general”, pretendiendo cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con un manto de olvido (Cf. Ft 246).
  • La reconciliación es un hecho personal y es conmovedor ver la capacidad de perdón de algunas personas que han sabido ir más allá del daño sufrido. Como también es humano comprender a quienes no pueden hacerlo. En todo caso, lo que jamás se debe proponer es el olvido (Cf. Ft 246).
  • Un ejemplo es la Shoah –palabra hebrea para referirse al holocausto- no debe ser olvidada. Es el símbolo de hasta dónde puede llegar la maldad del hombre cuando, alimentada por falsas ideologías, se olvida de la dignidad fundamental de la persona, que merece respeto absoluto independientemente del pueblo al que pertenezca o la religión que profese. ¡Nunca más, ¡Señor, nunca más! (Cf. Ft 247).

 

Conciencia colectiva

  • No se puede permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo que ha pasado. Esa memoria es la garantía y el estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno. Se necesita mantener viva la llama de la conciencia colectiva, que recuerde a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió. Lo necesitan las mismas víctimas para no ceder a la lógica que lleva a justificar las represalias y cualquier tipo de violencia en nombre del enorme mal que han sufrido (Cf. Ft 248 y 249).
  • El perdón no implica olvido. Pero cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, sin embargo, se puede perdonar (Cf. Ft 250).

 

La misericordia del Señor alcanza a todos

  • Dios celestial es misericordioso. Siente compasión por los que sufren, ofreciéndoles su apoyo. A la vez que cuida y perdona a los pecadores. Mientras la misericordia de cada persona llega solo a su prójimo, la misericordia del Señor alcanza a todos. Hace salir el sol sobre buenos y malos. Con este precepto se invita a superar la tendencia de mirar solo a nuestro lado, a los que tenemos siempre más cerca (Cf. Ft 59 y 60).
  • Pido a Dios «que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; la gracia de enviarnos, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz (Cf. Ft 254)

 

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

El Papa Francisco convoca el “Año de San José”

El Papa Francisco ha anunciado la celebración de un año dedicado a San José. Con la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir del 8 de diciembre de 2020 y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.

San José fue proclamado patrón de la Iglesia católica universal por el Papa Pío IX mediante el decreto Quemadmodum Deus, del 8 de diciembre de 1870. Hoy se cumplen exactamente 150 años y el Papa Francisco ha querido acercarse a la figura del padre putativo de Jesús, a quien describe en su carta como un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida, y un trabajador siempre en la sombra.

En el trasfondo de la Carta apostólica, está la pandemia de Covid-19 que, según el Papa, “nos ha hecho comprender la importancia de la gente común, de aquellos que, lejos del protagonismo, ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, sembrando la corresponsabilidad”. Como san José, “el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta”. Y sin embargo, el suyo es “un protagonismo sin igual en la historia de la salvación”.

Con su carta apostólica sobre el esposo de la Virgen, Francisco enriquece la figura de un santo cuya fiesta litúrgica fue proclamada el 19 de marzo por el Papa Sixto V a finales del siglo XV. Su proclamación como patrón del mundo obrero el 1 de mayo fue obra de Pío XII en 1955.

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “La mejor política”

Para hacer posible una familia de naciones, para construir una comunidad mundial abierta al diferente, para alcanzar la fraternidad universal entre pueblos y naciones que vivan la amistad social… hace falta la mejor política.

El papa Francisco resume en cinco puntos en qué consiste una buena política:

  • Que trabaje por grandes principios y apueste por un servicio al bien común a largo plazo.
  • Que no busque únicamente garantizarse los votos.
  • Que fomente cauces de encuentro, escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio.
  • Que promueva una economía integrada en un proyecto social, cultural y popular que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial.
  • Que tenga una visión amplia para llevar adelante un cambio integral.
  • El Santo Padre hace una llamada hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social.

 

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

9ª clave: La mejor política

 

Para muchos, la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que detrás de este hecho están a menudo los errores, la corrupción, la ineficiencia de algunos políticos.

Cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien del propio país, es necesario preocuparse, reaccionar a tiempo y corregir inmediatamente el rumbo.

Es necesaria una política con visión amplia, que lleve adelante un replanteamiento integral de las relaciones y promueva un diálogo interdisciplinario sobre los diversos aspectos de la crisis.

La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y se piensa en el bien común a largo plazo.

Un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común puede abrir camino a oportunidades diferentes, sin detener la creatividad humana y su sueño de progreso.

La caridad política surge cuando un individuo se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, ese es el campo de la más amplia caridad.

La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une.

El verdadero espíritu de la política descubre la dignidad del otro. Los pobres son descubiertos y valorados, respetados en su estilo propio y en su cultura y verdaderamente integrados en la sociedad.

Aquel a quien le toca gobernar está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro. Sabe escuchar el punto de vista del otro y facilita que todos tengan un espacio.

En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben mover el corazón de quienes toman las decisiones: tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón.

La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo. Se funda en el derecho y en el diálogo leal.

La política se renueva con la convicción de que todos encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales.

 

En la actividad política, cada persona es sagrada y merece nuestro cariño y nuestra entrega:

si logras ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de tu vida.

 

La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede generar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. La buena política une al amor la esperanza.

 

La caridad política

  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no es una utopía. Pero exige decisión y capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Unos caminos que desembocan en la caridad (Cf. Ft 180).
  • Pero ¿Cómo entrar en la caridad política?: uniéndose unos a otros para generar juntos procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos. Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social (Cf. Ft 180).
  • La caridad social nos hace querer el bien común y nos lleva a buscar el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une. Cada uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo, y al mismo tiempo no hay verdadero pueblo sin respeto al rostro de cada persona. La buena política busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social, en orden a reequilibrar y reorientar la globalización para evitar sus efectos disgregantes (Cf. Ft 182).
  • Esta caridad es siempre un amor preferencial por los últimos. Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad (Cf. Ft 187).

 

Amor cercano y concreto

  • La caridad política también conlleva abrirse a todos, a favorecer el encuentro, a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio. Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. Vivamos y enseñemos el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano (Cf. Ft 190 y 191).
  • También en la política hay lugar para amar con ternura, que es el amor que se hace cercano y concreto. La ternura es el camino que han recorrido los hombres y las mujeres más valientes y fuertes. En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos: tienen el derecho a llenarnos el alma y el corazón. Son nuestros hermanos y como tales tenemos que amarlos y tratarlos (Cf. Ft 194).
  • La política es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (Cf. Ft 180).

 

Una buena política, no una mala palabra

  • El camino hacia la fraternidad universal y la paz social no es posible sin una buena política. Sin embargo, la política parece más bien que dificulta la marcha hacia un mundo distinto, hacia un mundo abierto en el que haya sitio para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas (Cf. Ft 154 y 155).
  • Los errores, la corrupción o la poca eficacia de algunos políticos provocan que hoy, para muchos, la política sea una mala palabra. No ayudan las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología (Cf. Ft 176).

 

 

 

En momentos difíciles, trabajar por grandes principios

  • La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se trabaja por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. Pensar en los que vendrán no sirve a los fines electorales, pero es lo que demanda una auténtica justicia. Pues la tierra es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la siguiente generación (Cf. Ft 178).
  • La política no debe someterse a la economía. Porque se necesita una política que piense con visión amplia y que lleve adelante un cambio integral. Se necesita una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas. Y esto, no se le puede pedir a la economía, ni se puede aceptar que esta asuma el poder real del Estado (Cf. Ft 177).
  • La sociedad mundial tiene serios problemas estructurales que no se resuelven con parches o soluciones rápidas. Hay cosas que se deben cambiar desde el fondo. Y para liderar esta transformación se necesita una sana política, que convoque a diversos sectores y personalidades de distintos ámbitos. Una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común, abre un camino hacía nuevas oportunidades sin detener la creatividad humana y su sueño de progreso (Cf. Ft 179).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “Unas relaciones internacionales fraternas”

¿Es posible abrirse al vecino en una familia de naciones? El papa Francisco responde en Fratelli tutti señalando el camino que conduce a una fraternidad universal:

  • Acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes y a todos los marginados.
  • Desarrollar la conciencia de que nos salvamos todos o no se salva nadie.
  • Buscar un ordenamiento mundial jurídico, político y económico que tienda hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.
  • Una muestra de la verdadera calidad de los países, afirma el Pontífice, se mide por la capacidad de pensar en todos como familia humana.

En la comunión universal cada grupo humano encuentra su belleza.

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

8ª clave: Unas relaciones internacionales fraternas

 

Junto a valiosos progresos históricos, se constata un deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional, y un debilitamiento de los valores espirituales.

Ante una crisis del hambre y de la pobreza, que lleva a la muerte a millones de niños, reina un silencio internacional inaceptable.

El aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación. Es imprescindible la cultura del encuentro.

El panorama mundial hoy nos presenta muchos falsos derechos y, al mismo tiempo, grandes sectores indefensos, víctimas de un mal ejercicio del poder.

Buscamos una nueva red de relaciones internacionales. La desigualdad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales.

La Comunidad Internacional es una comunidad jurídica fundada en la soberanía de cada uno de los Estados miembros, sin vínculos de subordinación que nieguen o limiten su independencia.

La justicia exige reconocer y respetar los derechos individuales, los derechos sociales y los derechos de los pueblos.

Es preciso una ética global de solidaridad y cooperación para plasmar un futuro marcado por la corresponsabilidad entre toda la familia humana.

Necesitamos un ordenamiento mundial, jurídico, político y económico, que oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.

Es necesaria una reforma de las relaciones entre los países y del entramado económico y financiero para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones.

Los artífices de la política internacional y de la economía mundial deben comprometerse seriamente para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz.

 

Toda persona es valiosa y tiene el derecho a vivir con dignidad. No hay un mundo abierto, sin un corazón abierto.

 

Sin muros, sin fronteras, sin excluidos, sin extraños. Así es el mundo que propone el papa Francisco en su última encíclica. Porque al escribir sobre fraternidad universal, la palabra clave es la apertura. Abrir la mente y el corazón nos ayuda a percibir al diferente.

Dios siempre da gratis y la gratuidad, explica el Papa, es actuar sin esperar ningún resultado exitoso o algo a cambio.

 

Perder el rumbo

  • En los países desarrollados se vive en una contradicciónnos cautivan muchos avances pero no advertimos un rumbo realmente humano. Existen progresos históricos en la ciencia, la industria y el bienestar, pero al mismo tiempo se aprecia un deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional. Se echan en falta los valores espirituales y el sentido de responsabilidad. Al final, todo esto produce una sensación general de frustración, de soledad y de desesperación (Cf. Ft 29).
  • La situación mundial está dominada por la incertidumbre, el miedo al futuro y controlada por intereses económicos miopes. Una situación en la que nacen focos de tensión que sirven de justificación para acumular armas y municiones. Una situación en la que surgen fuertes crisis políticas, injusticias y en donde abunda una mala distribución de los recursos naturales. Una situación que lleva a la muerte a millones de niños, víctimas de la pobreza y del hambre. Mientras tanto, reina un silencio internacional inaceptable (Cf. Ft 29).

 

Cercanía y cultura del encuentro

  • En nuestros días muchas personas, aún sin saberlo, caminan también hacia la desilusión y la decepción. El aislamiento y encerrarse en uno mismo o en los propios intereses no son la vía para recuperar la esperanza. Es necesario un cambio de ruta para coger el camino que lleva a la cercanía y a la cultura del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; mejor cultura del encuentro (Cf. Ft 30).

 

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Soñar en otra humanidad

  • Los graves problemas del mundo no se corrigen pensando únicamente en la ayuda entre individuos o pequeños grupos, porque la desigualdad afecta a países enteros. La solución pasa por una nueva ética de las relaciones internacionales. La justicia -puntualiza- exige reconocer y respetar los derechos individuales, pero también asegurar el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso (Cf. Ft 126).
  • Es posible soñar en otra humanidad si en el centro de los derechos se pone la dignidad humana. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos. La paz real y verdadera es posible si se construye desde una ética global de solidaridad y cooperación, de corresponsabilidad entre toda la familia humana (Cf. Ft 127).

 

Una familia de naciones

  • Para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones, hace falta una reforma de las relaciones entre los países y del entramado económico y financiero. El Papa pide evitar imposiciones culturales o el deterioro de las libertades básicas de las naciones más débiles a causa de diferencias ideológicas (Cf. 173).
  • Y como propone la Carta de las Naciones Unidas, verdadera norma jurídica fundamental, hay que garantizar la negociación y el arbitraje entre las partes. Para conseguir el ideal de la fraternidad universal que se busca nunca debemos olvidar que la justicia es el requisito indispensable (Cf. 173).

 

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Dar voz a las naciones más pobres

  • En la actualidad, el panorama mundial presenta muchos falsos derechos y grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder (Cf. Ft 171).
  • En Fratelli tutti se reclama un ordenamiento jurídico, político y económico a nivel mundial que favorezca la colaboración internacional para el desarrollo solidario de todos los pueblos. Lo que beneficiará a todo el planeta, anticipa el Pontífice, porque la ayuda al desarrollo de los países pobres implica la creación de riqueza para todos (Cf. Ft 138).
  • Esto supone dar voz a las naciones más pobres en las decisiones comunes y procurar incentivar el acceso al mercado internacional de los países lastrados por la pobreza y el subdesarrollo (Cf. Ft 138).
  • En definitiva, hay que hacer un llamamiento a los artífices de la política internacional y de la economía mundial para que se comprometan seriamente en difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz. Para que cuanto antes se pongan manos a la obra y detener ya tanto derramamiento de sangre inocente. Para que reaccionen a tiempo y corrijan inmediatamente el rumbo cuando una determinada política siembra el odio o el miedo hacia otras naciones en nombre del bien del propio país. (Cf. Ft 192).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “Los caminos de paz”

En una encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, no podía faltar una reflexión sobre cómo construir los caminos que nos lleven a superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos.

Comprometerse seriamente para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz requiere una voluntad de reencuentro. El papa Francisco nos ofrece algunas claves:

  • La reconciliación verdadera.
  • Un proyecto común que no anula al individuo.
  • Reconocer, garantizar y reconstruir la dignidad de todas las personas.
  • Optar por los más pobres, los últimos, los descartados.

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Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

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7ª Clave: Los caminos de la paz

 

En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia.

Algunas expresiones necesarias para la paz como democracia, libertad, justicia, unidad han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación que arruina la paz.

La sociedad se hace más pobre cuando niega a otros el derecho a existir y a opinar. Se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos: no se recoge su parte de verdad, sus valores.

Cuando las personas se unen para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, se entra en el campo de la más amplia caridad, la caridad política. Se camina hacia la paz.

La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo. Ella misma es la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos.

La paz social es trabajosa, artesanal. Integrar a los diferentes es difícil y lento, pero es la garantía de una paz real y sólida.

El proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo, un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre a una esperanza más fuerte que la venganza.

La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz.

La paz es el compromiso incansable por reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad de nuestros hermanos, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación.

Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la desigualdad y la falta de un desarrollo humano integral no permiten generar paz.

El objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor.

 

Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos.

Este es el verdadero camino de la paz, que sólo puede lograrse cuando luchamos por la justicia

a través del diálogo, persiguiendo la reconciliación y el desarrollo mutuo.

 

El compromiso cristiano hacia la paz nace del mismo ejemplo de Jesucristo. Él rechazó siempre la violencia y la intolerancia y llamó al amor al prójimo como la seña de identidad del cristiano.

Guerras, atentados, persecuciones por motivos raciales o religiosos y tantas afrentas contra la dignidad humana van multiplicándose dolorosamente en muchas regiones del mundo, hasta asumir las formas de lo que se podría llamar una “tercera guerra mundial en etapas”.

En el mundo actual, los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía. No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una insaciable sed de paz.

El Papa pide a Dios que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura o religión.

 

Artesanos de la paz

  • Nuestro mundo pretende garantizar la estabilidad y la paz con una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza. Por eso, en muchos lugares del mundo hace falta crear caminos de paz, vínculos entre personas que permitan cicatrizar las heridas del odio. Se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia (Cf. Ft. 26 y 225).
  • La paz real y duradera sólo es posible desde una ética global que sostenga la solidaridad y la cooperación entre las personas para construir un futuro mejor. Este se apoya en esa relación y en la corresponsabilidad entre toda la familia humana (Cf. Ft. 227).
  • Hay una “arquitectura” de la paz en la que intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una “artesanía” de la paz que involucra las personas (Cf. Ft. 231).
  • Cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación (Cf. Ft. 231).

 

Cultura del encuentro

  • El Papa advierte que la paz social se debe sostener en la cultura del encuentro, aunque esto sea más trabajoso. Integrar a los diferentes es mucho más difícil y lento pero es la garantía de una paz real y sólida. Lo que vale la pena es generar procesos que construyan un pueblo que sabe acoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro! (Cf. Ft. 217).
  • El objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía. Se trata de compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor (Cf. Ft. 217).
  • Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos, no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad (Cf. Ft. 180).

 

Pacificar la sociedad

  • La caridad logra caminos eficaces de desarrollo para todos. El amor social es una fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras. Y es que la caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo (Cf. Ft. 183).
  • Si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos. Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la igualdad y el desarrollo humano integral permiten generar paz. Sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión (Cf. Ft. 183).

 

  • Nadie alcanza la paz interior ni se reconcilia con la vida alimentando la ira o intentando destruir al otro. La verdad es que ninguna familia, ningún grupo de vecinos o una etnia, menos un país, tiene futuro si el motor que los une, convoca y tapa las diferencias es la venganza y el odio. No podemos ponernos de acuerdo y unirnos para vengarnos, para hacerle al que fue violento lo mismo que él nos hizo, para planificar ocasiones de desquite bajo formatos aparentemente legales. Así no se gana nada y a la larga se pierde todo (Cf. Ft. 242).

 

Un compromiso constante

  • La realidad es que el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza (Cf. Ft. 226).
  • La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón (Cf. Ft. 227).
  • La fraternidad es el fundamento y el camino de la paz, un camino de solidaridad y cooperación que hay que recorrer juntos toda la familia humana. Con la ayuda de Dios es posible construir un mundo de paz y así, salvarnos juntos (Papa Francisco en Asís).

 

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “Una economía con principios éticos”

El papa Francisco, a la hora de escribir su encíclica sobre la fraternidad y amistad social, también ha pensado en la economía.

Lo hace aportando una lectura evangélica a las consecuencias de los abusos de cualquier modelo económico para la gran mayoría de la humanidad.

En la administración eficaz y razonable de los bienes, el Papa acude a la Doctrina Social de la Iglesia y la desarrolla para recordarnos la subordinación de la propiedad privada al principio del destino universal de los bienes creados y, por tanto, insistiendo en su función social.

En estos tiempos hay que promover una nueva regulación de la actividad financiera que impida riquezas especulativas y ficticias. Esta tarea recae en nuestra corresponsabilidad. Todos debemos iniciar procesos y transformaciones hacia una economía real, como sugiere Fratelli tutti.

 

Índice

1. Soñar como una única humanidad.
2. Una nueva cultura basada en la amistad.
3. Las religiones, al servicio de la fraternidad.
4. Ser el buen samaritano.
5. En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido.
6. Una economía con principios éticos.
7. Los caminos de paz.
8. Unas relaciones internacionales fraternas.
9. La mejor política.
10. Mirar al pasado con misericordia.

 

6ª Clave: Una economía con principios éticos

 

El mundo avanzaba de manera implacable hacia una economía que procuraba reducir los “costos humanos”. Se pretende que la libertad de mercado basta para que todo esté asegurado.

La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos.

Es necesaria una nueva economía más atenta a los principios éticos, una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común.

Las políticas económicas deben promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial.

El mercado solo no resuelve todo. Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica.

El desarrollo humano integral exige políticas sociales hacia los pobres y con los pobres.

Se debe abrir camino a oportunidades diferentes, que no implican detener la creatividad humana y su sueño de progreso, sino orientar esa energía con cauces nuevos.

Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos. Es también luchar contra las causas estructurales de la pobreza.

Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. La propiedad privada no es absoluta, tiene una función social.

 

Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas,

en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía,

habremos apagado la melodía que nos desafía a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer

 

El papa Francisco escribe en Fratelli tuti que hay cosas que se deben cambiar con nuevos planteamientos y transformaciones importantes. La economía no es una excepción.

Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero no para todos por igual. Nacen nuevos tipos de pobreza. Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto.

 

Nuevos estilos de vida

  • La pandemia ha llegado en un momento en el que el mundo avanzaba hacia una economía que tenía sus esperanzas en los avances tecnológicos para reducir los costes humanos. Algunos piensan que basta la libertad de mercado para que todo esté asegurado. Sin embargo, el golpe duro e inesperado de esta pandemia ha obligado a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos (Cf. Ft 33).
  • El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que ha despertado la pandemia, hacen plantearse nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia (Cf. Ft 33).
  • Es preciso rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas. La dignidad humana está en el centro de todas las relaciones y sobre ese pilar se deben construir las estructuras sociales y económicas alternativas que necesitamos (Cf. Ft 168).

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Diversidad y creatividad

  • La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos. Se necesita una política económica activa que promueva la economía real que favorece la diversidad productiva y la creatividad empresarial. Esto facilita acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos. Además, hay que desarrollar formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, para que el mercado pueda cumplir plenamente su propia función económica (Cf. Ft 168).
  • Es necesario pensar en la participación social, política y económica de todos, sin olvidar a los movimientos populares. Se trata de animar las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común (Cf. Ft 169).
  • Hay cosas que se deben cambiar desde el fondo para abrir caminos a oportunidades diferentes. Sólo una sana política podría liderarlo, convocando a los más diversos sectores y a los saberes más variados. Una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común para abrir camino a oportunidades diferentes, que no implican detener la creatividad humana y el sueño de progreso, pero sí orientar esa energía con cauces nuevos (Cf. Ft 179).

El ejemplo de solidaridad que se da entre los que sufren

  • El ejemplo de solidaridad que se vive entre los últimos, los que sufren, o los más pobres nos recuerda un valor que nuestra civilización parece haber olvidado. La solidaridad expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Solidaridad es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. La solidaridad es un modo de hacer historia (Cf. Ft 116).
  • Esa misma solidaridad se vive en algunos barrios populares, donde existe el espíritu del “vecindario” por el que cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un “nosotros”. Ojalá pudiera vivirse esto también entre países cercanos, que sean capaces de construir una vecindad cordial entre sus pueblos. Pero las visiones individualistas se traducen en las relaciones entre países (Ft 152).

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Compartir bienes creados

  • El principio del uso común de los bienes creados para todos es el primer principio de todo el ordenamiento ético-social. Es un derecho natural, originario y prioritario. Todos los demás derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas, incluidos el de la propiedad privada y cualquier otro, no deben estorbar, sino más bien, facilitar su realización (Cf. Ft 120).
  • La labor de los empresarios es producir riqueza y mejorar el mundo para todos. Las capacidades de los empresarios, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas (Cf. Ft 123).
  • Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. El derecho a la propiedad privada no es absoluto o intocable: la propiedad privada debe tener siempre una función social. El primer principio del el ordenamiento ético y social es el uso común de los bienes creados para todos (Cf. Ft120).
  • Todos los demás derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas, incluidos el de la propiedad privada y cualquier otro, no deben estorbar esa realización personal, sino más bien facilitarla. La propiedad privada es un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados. En ocasiones estos derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica (Cf. Ft120).

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El trabajo cauce de realización personal

  • El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna.
  • Por ello, ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo. No existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo (Cf. Ft 162).
  • En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo (Cf Ft 162).

 

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

Soñar lo posible. Una lectura de Fratelli tutti. “En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido”

El papa Francisco también dedica parte de esta encíclica a reflexionar sobre tendencias actuales que ensombrecen la fraternidad universal:

  • La desesperanza y desconfianza sembradas en la sociedad.
  • Las polarizaciones que no ayudan al diálogo y la convivencia.
  • Las personas que parecen “sacrificables” y se descartan.
  • La desigualdad de derechos y las nuevas formas de esclavitud.
  • El deterioro de la ética y el debilitamiento de los valores espirituales.

Ante estas realidades, el Pontífice nos encamina hacia la esperanza, que mira más allá de la comodidad que nos encierra para abrirse a grandes ideales.

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Índice

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5ª Clave: En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido

 

Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. La idea de unidad crea nuevas formas de egoísmo.

El individualismo consumista provoca mucho atropello. Los otros son meros obstáculos para la propia tranquilidad placentera. Son molestos. Crece la agresividad.

Aumenta la soledad. Estamos más solos que nunca en este mundo que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia.

Partes de la humanidad parecen sacrificables –pobres, discapacitados, no nacidos o ancianos-en beneficio de unos pocos que se creen dignos de vivir sin límites.

Debemos levantar la cabeza para reconocer al vecino como un don y para ponernos al lado del que está caído en el camino.

Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio. Entonces el ser humano despliega múltiples iniciativas en favor del bien común.

El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día.

¡Qué bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!

Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien.

La esperanza nos habla de una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independiente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive.

El anhelo de plenitud eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor.

La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna.

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El bien, el amor, la justicia y la solidaridad han de ser conquistados cada día. Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien.

 

 

La sociedad globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos, advierte el Papa Francisco. Toca hacer un recorrido por las sombras que oscurecen el mundo y reclamar que nadie quede excluido.

Nadie se salva solo; únicamente es posible salvarse juntos. El reto consiste en recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes.

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Una unidad que se rompe

  • Después de décadas en las que parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía hacia diversas formas de integración, la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden de nuevo conflictos que se consideraban superados: resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos (Cf. Ft 10 y 11).
  • No hay que conformarse con los logros del pasado y disfrutarlos. No podemos olvidar que todavía hoy muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos. Por eso, cada generación tiene que hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día (Cf. Ft 11).

 

 

“Sálvese quien pueda”

  • La persona es el valor primero que hay que respetar y amparar, por su misma dignidad. Especialmente aquellos que son pobres o discapacitados, aquellos a los que se considera que “todavía no son útiles” como los no nacidos, o que “ya no sirven” como los ancianos. Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de un selecto grupo que se cree digno de vivir sin límites (Cf. Ft 18).
  • También el individualismo consumista hace ver al otro como un obstáculo, una molestia. Estas actitudes hacen crecer la agresividad, una agresividad que se acentúa en épocas de crisis y en momentos difíciles donde sale a plena luz el espíritu del “sálvese quien pueda” (Cf. Ft 222).
  • Esta actitud egoísta se extiende también al comportamiento en grupo dentro de la sociedad. El desinterés por el bien común es instrumentalizado para imponer un modelo cultural único que divide a las personas. La globalización nos hace más cercanos, pero no más hermanos. Nos puede pasar que, en un mundo masificado, estemos realmente solos (Cf. Ft 12).

 

 

Promover la equidad y la inclusión social

  • Se ha producido un retroceso en el proyecto de conseguir un mundo más unido y más justo. Observando con atención nuestras sociedades contemporáneas, encontramos numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias (Cf. Ft 22).
  • Sin embargo, el respeto de estos derechos es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común (Cf. Ft 22).
  • En este mundo en el que vivimos con la impresión de que se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana. Sería deseable que con el crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas se correspondiera también una equidad y una inclusión social cada vez mayores. Que, al mismo tiempo que se descubre nuevos planetas lejanos, se volviera a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí, que están a nuestro lado (Cf. Ft 31).

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Caminemos en esperanza

  • A pesar de estas sombras densas que no conviene ignorar, conviene hacerse eco de tantos caminos de esperanza. Las sombras están, pero no pueden ocultar la esperanza. Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida. En la pandemia aprendemos que nadie se salva solo (Cf. Ft 54).
  • Independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vivimos, la esperanza nos habla desde los más hondo del ser humano. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor (Cf. Ft 55).
  • La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza (Cf. Ft 55).
  • Esta esperanza está puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra. La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo, a pesar de todo. Cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales (Ft 196).
  • Las grandes transformaciones no son fabricadas en escritorios o despachos. Cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación. Hay también una “artesanía” de la paz que nos involucra a todos. Los caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente (Ft 231).
  • La Iglesia, un hogar entre los hogares, está abierta para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección. Una casa de puertas abiertas. La Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre. Queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación (Ft 276).

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española

En la Jornada Mundial por los pobres, “tiende tu mano al pobre”

La Iglesia celebra el 15 de noviembre la IV Jornada Mundial de los Pobres. Una Jornada en la que el papa Francisco invita a toda la Iglesia a ser signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados.

Una oportunidad para recordar la predilección de Jesús por los pobres. Una invitación a mantener la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. “Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial” recalcaba el Santo Padre en su mensaje para la I Jornada.

El 19 de noviembre de 2017 se celebró la primera Jornada Mundial de los Pobres. Cada año el Papa nos vuelve a llevar la mirada sobre esta realidad fundamental para la vida de la Iglesia, porque los pobres están y estarán siempre con nosotros (cf. Jn 12,8) para ayudarnos a acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana.

Este año la Jornada Mundial por los Pobres se celebra en medio de una pandemia que ha zarandeado el mundo. Ha dejado al descubierto la fragilidad humana y ha puesto en crisis muchas certezas. Ha puesto nuevos rostros a la pobreza. Ha traído -escribe el Papa en su mensaje- dolor y muerte, desaliento y desconcierto. Pero también hemos visto como a nuestro alrededor se tendían muchas manos.

En este mensaje el Papa Francisco “Tiende tu mano al pobre” nos recuerda queLa comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad.” 

También nuestro arzobispo D. Julián se ha unido a esta iniciativa y nos escribe una Carta Pastoral a todos los diocesanos. En esta carta, que tiene por lema “Los pobres, luz del Evangelio en nuestro camino”, monseñor Julián Barrio asegura que “hay una pobreza visible en las calles y hay otra que permanece oculta entre las paredes de los hogares” y que “nuestra actitud no debe ser la pasividad y la inactividad sino tender la mano al pobre, que significa, como nos dice el Papa, invitarnos a la responsabilidad y es un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino, llevando las cargas de los más débiles, y dejándose conmover por la pobreza de la que a menudo somos también cómplices” y añade que “hay que pasar de una política “hacia” los pobres a una política “con” y “de” los pobres”

 

En los siguientes enlaces se facilitan algunos materiales para reflexionar y preparar esta Jornada:



Galería de fotos:

 

 

 

Fuentes (texto y fotos): Conferenciaepiscopal.es y archicompostela.es