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Vivir el Año de la Oración: «La oración nos transforma, infunde la fuerza para perdonar» (Papa Francisco)

“La oración nos transforma: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar”, lo recuerda el Papa Francisco en un post de su cuenta oficial en la red social X @Pontifex este lunes 18 de marzo, motivando así también a vivir el Año de la Oración 2024 como preparación al Jubileo de 2025.

Las palabras fueron pronunciadas por el Santo Padre en la catequesis sobre “la oración en la vida cotidiana”, en la que insistía en la presencia del Señor en la vida del hombre y la mujer: “Jesús nos viene al encuentro hoy, este hoy que estamos viviendo. Y es la oración que transforma este hoy en gracia, o mejor, que nos transforma: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar. En algún momento nos parecerá que ya no somos nosotros los que vivimos, sino que la gracia vive y obra en nosotros mediante la oración”.

En el caminar hacia el próximo Jubileo, la oración va iluminando el peregrinar cuyo camino permite el encuentro con el prójimo: “La oración nos ayuda a amar a los otros, no obstante sus errores y sus pecados. La persona siempre es más importante que sus acciones, y Jesús no ha juzgado al mundo, sino que lo ha salvado”.

Y el Papa invita a vivir esa oración que transforma la relación con Dios y con el prójimo: “Jesús ha venido a salvarnos: abre tu corazón, perdona, justifica a los otros, entiende, también tú sé cercano a los otros, ten compasión, ten ternura como Jesús”.

En aquella catequesis, el Pontífice recordaba lo enseñado por el Catecismo de la Iglesia Católica: «Orar en los acontecimientos de cada día y de cada instante es uno de los secretos del Reino revelados a los “pequeños”, a los servidores de Cristo, a los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para que la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la historia, pero también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas. Todas las formas de oración pueden ser la levadura con la que el Señor compara el Reino».

El Año de la Oración es una oportunidad para dejarnos transformar por el Señor, para ello es necesario entrar en diálogo con él para ser sostenidos por su amor misericordioso que es capaz de borrar el odio de nuestro corazón y llenarlo de la abundante alegría de su paz y de la valentía del perdón.

El Dicasterio para la Evangelización ha publicado algunos subsidios que buscan ayudar a los fieles y a las comunidades a vivir con fe este tiempo tan importante.  Uno de sllos titulado «ENSÉÑANOS A ORAR» ya está disponibles online en la web del Jubileo 2025 y se puede descargar gratuitamente en versión digital en español.  Se puede descargar en PDF pinchando sobre la imagen.

 

 

 

 

Noticia extraída de: vaticannews.va

Concierto-Oración por la Paz de Manos Unidas

Manos Unidas organiza un CONCIERTO-ORACIÓN solidario por la Paz el próximo viernes 15 de marzo a las 20:30 h.

Actuará Chito Morales (Brotes de Olivo) y tendrá lugar en la Iglesia de San Pedro de Mezonzo en A Coruña.

 

 

 

Domingo 17 marzo: Retiro de Cuaresma

La Asociación Católica de Propagandistas organiza en nuestra diócesis de Santiago de Compostela un RETIRO de CUARESMA abierto.

Tendrá lugar en Santiago en la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales (Campus Sur) el domingo 17 de marzo desde 10:15 a las 20:00 h. 

Es necesario inscribirse antes del 13 de marzo en el teléfono 629 89 20 25

 

 

 

Domingos no Mosteiro

Si buscas un encuentro de silencio y oración en un entorno privilegiado para ello como son los monasterios de Galicia, esto es para ti:

 

 

 

Fuente: pastoralsantiago.org

Oración cuaresmal en monasterios y conventos

Ora esta Cuaresma con los contemplativos.

 

Acércate a alguno de estos monasterios el tercer jueves de Cuaresma. El 7 de marzo a las 7 de la tarde. Sus puertas estarán abiertas para que puedas unirte a su oración.

Encuentra abajo en esta página tu monasterio más cercano. Monjas o monjes de clausura te esperan el 7 de marzo a las 19:00. Las puertas de sus iglesias estarán abiertas. Puedes entrar y rezar con ellos vísperas; o en silencio ante el Santísimo; o el Rosario; o unirte a la celebración de la Eucaristía…

2024 es el Año de la Oración declarado por el papa Francisco, «un año dedicado a redescubrir el gran valor y la absoluta necesidad de la oración en la vida personal, en la vida de la Iglesia y en el mundo».  Motivados por el Santo Padre, en Fundación DeClausura consideramos que no hay mejor escuela de oración que nuestros monasterios.

Por eso te animamos a participar en este encuentro de oración con las comunidades monásticas organizado con motivo de la Cuaresma. Porque, como también dice el Papa, «en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios (…) Desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías.» (Mensaje por la Cuaresma 2024).

 

 

Y recuerda que rezan cada día por ti y que puedes enviarles tu intención a través de nuestra red de oración.

 

Fuente: pastoralsantiago.org

“24 Horas para el Señor” | Invitación del Arzobispo

Con el lema “Caminemos en una vida nueva” (Rom 6,4) la Diócesis de Santiago de Compostela se une a la celebración de las “24 Horas para el Señor”, un día de oración ante el Santísimo que, por deseo del Papa Francisco, busca redescubrir la importancia del encuentro personal con Dios y de la Reconciliación con Él a través del Sacramento de la penitencia.

Se trata de una iniciativa que brota del jubileo del año de la misericordia, y que el Santo padre ha querido que se celebrara el viernes y sábado que anteceden al IV domingo de cuaresma, que este año son los días 8 y 9 de marzo.

El arzobispo de Santiago, mons. Francisco Prieto, invita a todos los diocesanos a que las “24 Horas para el Señor”, sean “esas 24 horas de vuestra vida ante el Señor y con el Señor “. Y añade:

“la Cuaresma nos lleva hacia la Pascua, ¿por qué no orar con el Señor para que alumbre la vida nueva en cada uno de nosotros?

 

 

Fuente: archicompostela.es

Mensaje de Cuaresma del Arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco Prieto

Nuestro arzobispo D. Francisco nos invita a que comencemos este camino de CUARESMA como un camino de encuentro con el Señor a través de la oración. Solo con esa oración y en ese encuentro seremos capaces de reconocer al Señor en el hermano.

 

«La CUARESMA es un tiempo de gracia es también un tiempo de esperanza porque el horizonte es la PASCUA, es Cristo resucitado que es la vida que permanece para siempre»

 

 

 

Fuente: archicompostela.es

El Papa Francisco nos invita a detenernos en Cuaresma.

El papa Francisco ha hecho público su mensaje para la Cuaresma 2024, titulado “A través del desierto Dios nos guía a la libertad” . Este tiempo litúrgico comenzará el próximo 14 de febrero, Miércoles de Ceniza.

El Papa subraya en su escrito que «es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido«.

Texto íntegro:

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A través del desierto Dios nos guía a la libertad

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Queridos hermanos y hermanas:

Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.

El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen.

En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.

Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.

Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.

Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.

Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.

La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (Mt 6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.

En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.[1]

Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de diciembre de 2023, I Domingo de Adviento.

FRANCISCO

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[1] Cf. Ch. Péguy, El pórtico del misterio de la segunda virtud, Madrid 1991, 21-23.

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Viernes 9 de febrero.- ¡Ven al ENCUENTRO de ORACIÓN ECUMÉNICO en Santiago!

Desde hace dos años cristianos de diferentes denominaciones, comunidades y movimientos, se reúnen para alabar, proclamar la Palabra e interceder por nuestra sociedad, juntos. Y aprovechan -como no-, para hacer fiesta, compartir, charlar y conocerse cada vez mas.

Este viernes 9 de febrero viene a celebrarlo con ellos el Arzobispo de Santiago de Compostela, Francisco José Prieto.

Tienes toda la información en el cartel:

 

¡Les encantará verte allí!

 

Vídeo del Papa. Febrero 2024. Por los enfermos terminales: «No siempre se consigue la curación. Pero siempre podemos cuidar al enfermo, acariciar al enfermo»»

 

Oremos para que los enfermos terminales y sus familias reciban siempre los cuidados y el acompañamiento necesarios, tanto desde el punto de vista médico como humano.

Papa Francisco – FEBRERO 2024

 

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"Francisco pide cuidar y acompañar a los enfermos terminales y sus familias”

 

En una nueva intención de oración de El Video del Papa correspondiente al mes de febrero, mes en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo, el Papa Francisco hace un llamamiento para que los enfermos terminales reciban siempre los cuidados y el acompañamiento médico, psicológico, espiritual y humano necesarios.  Y remarca que “las familias no pueden quedarse solas”.

El Santo Padre  constata que “hay dos palabras que, cuando algunos hablan de enfermedades terminales, no debemos confundir: incurable e in-cuidable”.

“Curar si es posible, cuidar siempre”, afirma Francisco haciendo referencia a san Juan Pablo II en el videomensaje que dirige a cada creyente, a través de la Red Mundial de Oración del Papa.

 

 

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Cuidar y curar

 

Una pareja, de espaldas, contempla el mar: el niño abraza a la niña, que se ha quedado sin cabello a causa de la quimioterapia. Una niña está en la cama de su abuelo, en el hospital, abrazándole. Un hombre está junto a la cama de su padre, con una Biblia en el regazo y un Rosario en las manos. Una enfermera acompaña al jardín a un paciente que ya no puede caminar. Un médico explica a una familia el difícil camino que tendrá que recorrer a partir de ahora con su ser querido.

Según cómo las miremos, estas imágenes de El Video del Papa de febrero nos hablan de una serie de fracasos o de éxitos: fracasos, si el único resultado aceptable es la sanación; éxitos, si el objetivo es el cuidado. Sanar y curar parecen sinónimos, pero no lo son. Francisco lo explica claramente: incluso cuando hay pocas posibilidades de curación, «todos los enfermos tienen derecho al acompañamiento médico, al acompañamiento psicológico, al acompañamiento espiritual, al acompañamiento humano». Y continúa: “No siempre se consigue la curación. Pero siempre podemos cuidar al enfermo, acariciar al enfermo”.

 

 

Enfermos, familias y cuidados paliativos

 

En nuestra cultura del descarte no hay lugar para los enfermos terminales. Y no es casualidad que, en las últimas décadas, la tentación de la eutanasia haya ido ganando terreno en muchos países. En cambio, Francisco nos invita a mirar al enfermo con amor -a comprender, por ejemplo, que el contacto físico puede dar mucho incluso a quien ya no es capaz de hablar y parece no reconocer ya a sus propios familiares- y a acompañarle de la mejor manera posible, durante todo el tiempo que necesite.

No se trata de prolongar innecesariamente el sufrimiento: al contrario, el Papa insiste en la importancia de los cuidados paliativos y de la familia, que “está al lado del enfermo y da testimonio de su valor único e irrepetible”.

Sobre los cuidados paliativos, Francisco reitera que “garantizan al paciente no solo la atención médica, sino también un acompañamiento humano y cercano”. En tanto, al hablar sobre el rol de las familias, recuerda que “no pueden quedarse solas en esos momentos difíciles”, pues “su papel es decisivo y tienen que tener los medios adecuados para desarrollar el apoyo físico, espiritual y social”.

 

Como el Buen Samaritano

 

El Padre Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, ante la pregunta: “¿Para qué sirve rezar por esta intención?  ¿Realmente cambia algo rezar? responde: “Cuando la enfermedad llama a la puerta de nuestra vida, siempre aflora en nosotros la necesidad de tener cerca a alguien que nos mire a los ojos, que nos tome de la mano, que manifieste su ternura y nos cuide, como el Buen Samaritano de la parábola evangélica. Esta cercanía y cariño con las personas en fase terminal podría parecer accesorio y secundario respecto al acompañamiento médico, al igual que puede parecerlo la oración; sin embargo, este apoyo es esencial. Es el amor que se expresa a través de estos gestos y nuestra oración. En esos momentos difíciles, las familias tienen un papel decisivo, dice Francisco. Oremos, pues, para que los enfermos terminales y sus familias reciban siempre los cuidados y el acompañamiento necesarios”.

 

 

 

 

 

 

 

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Fuente: thepopevideo.org