Síntesis definitiva de la Iglesia en España para la Etapa Continental Europea del Sínodo 2021 2024

La Asamblea continental europea del Sínodo 2021-2024 convoca a 200 delegados en representación de las distintas Conferencias Episcopales de Europa. Encabezan las delegaciones sus 39 presidentes. A ellos se suman otros 390 participantes que entrarán a distancia. También están en la Asamblea algunos delegados de otras confesiones cristianas. Este encuentro se divide en dos fases: del 5 al 9 de febrero participan todos los delegados y del 9 al 12, sólo los presidentes de las Conferencias Episcopales.

En representación de la Conferencia Episcopal Española están en Praga el presidente, cardenal Juan José Omella; el obispo coordinador del Equipo sinodal, Mons. Vicente Jiménez; el secretario del Equipo sinodal, el sacerdote Luis Manuel Romero; la Hna. María José Tuñón, ACI, como responsable de la Vida consagrada y miembro del Equipo sinodal; y Dolores García Pi, presidenta del Foro de Laicos y también miembro del Equipo sinodal de la CEE.

 

En este encuentro van a presentar la Síntesis definitiva de la propuesta de la Iglesia en España para esta asamblea continental. Este texto recoge las aportaciones que han enviado las diócesis, movimientos, congregaciones y distintos grupos en relación al documento enviado por la Secretaría del Sínodo el pasado mes de septiembre. Además, se han incorporado las sugerencias que salieron del encuentro del pasado sábado, 28 de enero, en la sede de la CEE.

 

 

 

SÍNTESIS  PARA LA ETAPA CONTINENTAL EUROPEA
(Texto definitivo e íntegro)

 

Introducción

La pregunta fundamental que guía todo el proceso sinodal es «¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo con la misión que le fue confiada; y qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal?»; tampoco podemos olvidar el lema que inspira los trabajos: «comunión, participación y misión».

Sobre la base de esta doble premisa, el pueblo de Dios que peregrina en España (pastores, vida consagrada y laicos) ha llevado a cabo la recepción del Documento de trabajo para la etapa continental(DEC), «Ensancha el espacio de tu tienda» (Is 54,2). Este documento se ha dado a conocer a los grupos sinodales que participaron en la fase diocesana y han realizado aportaciones las diócesis, la vida consagrada, los movimientos y asociaciones laicales.

El Equipo Sinodal de la Conferencia Episcopal Española ha realizado un esfuerzo de síntesis, siendo fieles a las aportaciones recibidas e intentando reordenar las propuestas para integrarlas en el esquema que pidió la Secretaría General del Sínodo, respondiendo a las tres preguntas que se encuentran en el DEC (106).

Aunque el tiempo para la reflexión y el trabajo diocesano en esta etapa continental ha sido corto y la participación menor que en la fase anterior, la experiencia y el camino recorridos hasta el momento permiten afirmar que la sinodalidad avanza en nuestra Iglesia, pasando de concebirse como una teoría o un concepto abstracto, a entenderse como una realidad que favorece la comunión.

El proceso sinodal no ha llegado a su fin, sino que este modo de ser Iglesia debe continuar configurando todas nuestras acciones pastorales para hacer realidad la vocación de la Iglesia, que es la evangelización, el anuncio explícito de Jesucristo.

            1. ¿Qué intuiciones resuenan más fuertemente con las experiencias y realidades concretas de la Iglesia? ¿Qué experiencias parecen nuevas o iluminadoras?

El DEC ha sido acogido muy positivamente en nuestras distintas realidades eclesiales. Somos conscientes de que no estamos ante un documento magisterial y de que tampoco se trata de un documento definitivo, pero percibimos que recoge en esencia las esperanzas y preocupaciones del pueblo de Dios.

La imagen bíblica de la tienda nos parece muy sugerente e iluminadora como símbolo de lo que estamos llamados a ser: una Iglesia en salida, integrada por personas diversas y plurales que, desde el deseo de ser cada día más acogedora, pero sin olvidar el fundamento de la unidad, abra sus puertas y se haga presente, bajo la guía del Espíritu Santo, en aquellos espacios donde es necesaria.

Resuena como una intuición compartida la valoración positiva de la propia experiencia del camino realizado hasta ahora. Un camino que vamos recorriendo con ilusión, esperanza y alegría, aunque no faltan actitudes de escepticismo, miedo e incluso rechazo, por la novedad que significa en sí misma la experiencia de escuchar, dialogar y, en general, caminar juntos.

El proceso sinodal es un don del Espíritu Santo, verdadero protagonista de este camino, que nos llama a la escucha activa, al diálogo profundo y al discernimiento comunitario a través de la metodología de la conversación espiritual; por eso, puede ayudarnos eficazmente en la tarea de abordar la solución de algunas de las carencias que observamos en la Iglesia.

Intuimos también que, para caminar juntos, es necesaria en cada uno de los miembros de la Iglesia una continua conversión personal, desde el encuentro con Jesucristo, la escucha de la palabra de Dios, la oración y los sacramentos, destacando la centralidad de la eucaristía.

El proceso sinodal está ayudando a tomar conciencia de la dignidad común de todos los bautizados (cf. LG 32)y la necesidad de revitalizarla, para crecer en corresponsabilidad y sentido de pertenencia a la Iglesia. Todo esto se percibe con mayor fuerza en el laicado, pero también aparece en los pastores y en la vida consagrada.

Sigue resonando con intensidad la invitación a ser una Iglesia en salida, en el contexto de la secularización que vivimos en Europa y en España, lo cual nos lleva a priorizar el Primer Anuncio. Además, se subraya el anhelo de una Iglesia misionera, de puertas abiertas, donde se escuche el grito de los más pobres y vulnerables, sin olvidar el clamor de la tierra.

Una experiencia novedosa ha sido la gran coincidencia en la importancia del ecumenismo y del diálogo interreligioso, que amplía el espacio de nuestra tienda, la Iglesia.

Se aprecia también el valor de la religiosidad popular y el papel fundamental que debe tener la pastoral familiar, así como la pastoral de los mayores y ancianos.

En líneas generales, el proceso sinodal está siendo una luz del Espíritu Santo que nos alienta a crecer en fidelidad creativa, caminando juntos, desde la escucha activa, para que vayamos pasando de una Iglesia de mantenimiento a una Iglesia misionera.

2. ¿Qué tensiones o divergencias sustanciales surgen como particularmente importantes? En consecuencia, ¿cuáles son las cuestiones e interrogantes que deberían abordarse y considerarse en las próximas fases del proceso?

El DEC nos invita a imaginar la Iglesia como tienda del encuentro, espacio de acogida, familia, casa y hogar de todos. Esta definición expresa dinamismo, flexibilidad, apertura, aunque también fragilidad. Lo hemos experimentado en este «tiempo de gracia» y ello nos ha permitido identificar tensiones en el camino recorrido.

Detectamos que las mismas polarizaciones existentes en la sociedad laten en el seno de la Iglesia: la polarización entre diversidad y unidad y necesidad de diálogo (entre nosotros, a nivel ecuménico y con la sociedad); la polarización entre tradición y renovación (particularmente en la liturgia y en el lenguaje); la polarización entre Iglesia piramidal e Iglesia sinodal (que se manifiesta en nuestras estructuras).

El trinomio «comunión, participación y corresponsabilidad» aparece repetidamente en las aportaciones, admitiéndose que existen impedimentos para crecer en ellos, particularmente por las resistencias de algunos pastores y la pasividad de algunos laicos. Se detecta con fuerza la tensión del clericalismo que lleva a confundir el servicio con el poder. Un primer paso para abordarlo es la formación en los seminarios y noviciados y la que reciben los laicos.

Nos duelen las distancias que se aprecian entre los miembros del pueblo de Dios de distintas vocaciones; también la soledad con la que viven su vocación algunos hermanos sacerdotes y religiosos. Ello nos lleva a insistir en la necesidad de conocernos para amarnos, escucharnos para comprendernos, acompañarnos para crecer en comunión.

Gracias al camino recorrido en estos meses podemos afirmar que la sinodalidad va tomando forma poco a poco en la vida de nuestras Iglesias particulares, aunque no faltan divergencias sobre su comprensión y actuación, que se expresan en desconfianza, escepticismo, miedo, desinterés, confusión e incluso obstaculización. Se manifiesta un deseo de participación real del pueblo de Dios en la vida y en la toma de decisiones en la Iglesia, que se topa con evidentes limitaciones estructurales. De ahí la petición de que los organismos sinodales no sean meramente consultivos, sino lugares donde las decisiones se tomen sobre la base de procesos de discernimiento comunitario.

Al mismo tiempo que señalamos haber realizado una escucha atenta y profunda que se convierte en acogida, enraizada en la Palabra y en el seguimiento de la voz del Espíritu Santo, también asumimos la dificultad —y, en ocasiones, el rechazo— al encuentro con lo diverso, lo diferente, especialmente cuando puede causar escándalo o incomodidad.

Desde esta perspectiva de la acogida, se mencionan cuestiones muy diferentes: las situaciones de pobreza y exclusión social, las personas con discapacidad o con diversidad funcional, el mundo de la inmigración, las personas con diversas situaciones familiares, afectivas o sexuales, o aquellos que se alejaron de la Iglesia o que nunca formaron parte de ella.

También se expresa la tensión entre el sentido de pertenencia a la Iglesia y la propia realidad personal o, más en general, la separación entre la fe y la vida. Esta situación nos cuestiona sobre la relación entre acogida y fidelidad a la doctrina y magisterio de la Iglesia.

El escándalo de los abusos sexuales también provoca tensión: reconocer el mal causado, reparar a las víctimas, aumentar la protección y avanzar hacia una total transparencia, son algunos aspectos importantes que hemos de seguir cuidando para sanar esta herida y reconstruir la confianza y la credibilidad de la Iglesia.

Muy relevante resulta el contraste que se expresa en relación con el papel de la mujer: se manifiesta de modo recurrente el deseo de que se le tenga en cuenta en la vida de la Iglesia, pero en la práctica no está siendo así y está costando mucho avanzar en esta dirección.

Asimismo, se reitera insistentemente la escasa participación de los jóvenes en el proceso sinodal y en la vida de la Iglesia. Nos sentimos interpelados a preguntarnos por el motivo de su ausencia, a aprender a escucharles, a modificar el modo de comunicar el mensaje del Evangelio, que ha de ser creativo, comprensible, integrador y generador de diálogo intergeneracional.

Finalmente, siendo cierto que se precisa y demanda una mayor formación litúrgica, también es clara la llamada a que se muestre la relación de la liturgia con la vida, de tal modo que se encarne en nuestra realidad personal y comunitaria, por medio de una renovación de las formas y del lenguaje que propicien una mayor participación de todo el pueblo de Dios.

3. Mirando lo que surge de las dos preguntas anteriores, ¿cuáles son las prioridades, los temas recurrentes y las llamadas a la acción que pueden ser compartidas con las Iglesias locales de todo el mundo y discutidas durante la primera sesión de la Asamblea Sinodal en octubre de 2023?

La participación en el proceso sinodal nos ha hecho sentirnos llamados a la acción —desde la conciencia de la propia vocación y la complementariedad con el resto de vocaciones—, en un doble sentido.

En primer lugar, respecto a la «forma», partiendo de la positiva experiencia que estamos viviendo, resulta imprescindible en el momento presente estructurar la sinodalidad. Hemos de lograr que cale en nosotros —obispos, sacerdotes, diáconos, vida consagrada y laicos— y en nuestras parroquias y comunidades de referencia la necesidad de caminar juntos, de escucharnos, dialogar y de discernir a la luz del Espíritu sobre las diferentes cuestiones que se nos suscitan, desde un correcto entendimiento de lo que es y significa la sinodalidad. Este camino compartido permitirá reforzar y mejorar los espacios sinodales existentes, ir superando algunas de las tensiones que se han percibido en el proceso —como el clericalismo, las divisiones internas, los prejuicios, la ausencia de diálogo— y, al mismo tiempo, generar comunión entre nosotros y mostrar nuestra unidad allí donde nos hacemos presentes.

En segundo lugar, respecto al «fondo», urge resituar en el momento presente la misión de la Iglesia en el mundo en un contexto secularizado. Resulta necesario revitalizar el papel de la Iglesia en el espacio público y renovar su compromiso con la justicia, los procesos de construcción de la paz y la reconciliación, los derechos humanos, el cambio social, el mundo de la cultura, del trabajo y la cuestión ecológica. En definitiva, seguir avanzando hacia una Iglesia en salida con una clara identidad misionera en todos sus proyectos, propuestas y acciones.

En coherencia con esto, vemos que no se trata de cambiar la misión ni el ser de la Iglesia, sino de actualizarla, de que cada uno de nosotros la hagamos propia en el momento presente, en función de nuestra condición y responsabilidad y desde una espiritualidad de comunión. En este sentido, se perciben con fuerza como prioridades específicas que han de ser objeto de ulterior discernimiento en la Asamblea Sinodal las siguientes:

1.- Potenciar la acogida en nuestras comunidades, particularmente a los bautizados que no participan activamente de la vida de la Iglesia y a cuantos se sienten excluidos por su procedencia, situación afectiva, orientación sexual u otros motivos. Hemos de buscar que las comunidades eclesiales sean espacios integradores desde los que acompañemos a los hombres y mujeres de hoy en sus anhelos y necesidades, compartiendo con ellos la belleza de la fe que profesamos.

2.- Impulsar la corresponsabilidad, real y efectiva, del pueblo de Dios, superando el clericalismo, que empobrece nuestro ser y misión, y potenciando el acompañamiento por parte de sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos. En este sentido, es importante promover los ministerios laicales.

3.- Reconocer definitivamente el papel de la mujer en la Iglesia y fomentar su participación, plena y en condiciones de igualdad, desde la común dignidad bautismal, en todos los niveles de la vida eclesial y, en particular, en el gobierno de las instituciones, invitándose a un discernimiento sin miedo.

4.- Favorecer el acompañamiento de los jóvenes en el momento y circunstancias que cada uno de ellos vive y buscar el modo de articular su integración y participación en nuestras comunidades eclesiales como prioridad pastoral, suscitando asimismo procesos catequéticos con niños y adolescentes.

5.- Dinamizar la formación integral en las cuestiones fundamentales de nuestra fe, específicamente en materia de doctrina social de la Iglesia y moral —también sobre la propia sinodalidad– de tal forma que anime a una mayor coherencia de vida y conduzca a una mayor presencia pública evangelizadora y transformadora de la realidad social.

6.- Fomentar el diálogo con el mundo y la cultura, con otras confesiones religiosas y con la increencia, mejorando la capacidad de escucha y también la comunicación, desde la crítica constructiva en el seno de la propia Iglesia y hacia la sociedad actual.

7.- Cuidar la liturgia a través de la formación, de la actualización del lenguaje y de una mayor comprensión de sus ritos y contenidos, como expresión de una fe viva, consciente y activa.

En definitiva, estamos convencidos de que la clave y fundamento de todas nuestras acciones, anhelos y propuestas debe ser la conversión personal y comunitaria y la comunión con Cristo, entre nosotros y con nuestros hermanos. Es fundamental el encuentro con Jesucristo, que nos lleva a un cambio personal que, posteriormente, influye en la renovación de la vida comunitaria y en la transformación de la sociedad. La comunión es previa a la participación y nos anima a la misión.

Sabemos que estas prioridades encierran grandes desafíos para la Iglesia y exigen un profundo discernimiento que permita unir renovación con tradición, actualización del mensaje evangélico con la fidelidad a Jesucristo. En cualquier caso, todo cuanto estamos experimentando y viviendo con este proceso sinodal, con independencia del resultado final del ejercicio de discernimiento que ha de llevarse a cabo en las siguientes fases, resulta muy valioso en sí mismo para la Iglesia en España, por los frutos que está generando.

Pedimos al Espíritu Santo que ilumine a todos y, en particular, a cuantos participarán en la Asamblea continental europea y en la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, para que sepamos responder a lo que él espera de todos y cada uno de nosotros en esta hora del mundo y de la Iglesia.

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

 

 

Vídeo del Papa. Febrero 2023. Por las parroquias. El Papa Francisco nos invita a replantearnos el estilo de nuestras comunidades parroquiales.

Oremos para que las parroquias, poniendo la comunión en el centro, sean cada vez más comunidades de fe, fraternidad y acogida a los más necesitados.

Papa Francisco – Febrero 2023

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«A veces pienso que deberíamos poner en las parroquias, en la puerta, un cartel que diga: «Entrada libre»»
(Papa Francisco)

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El Vídeo del Papa comparte la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa. Con una espontánea sonrisa, el Papa Francisco comienza el video con su intención de oración para el segundo mes de este año 2023, dedicado a las parroquias. ¿Qué espera el Papa Francisco de las parroquias? que sean realmente «comunidades cercanas, sin burocracia, centradas en la persona»; que sean verdaderos «centros de escucha, de acogida y con las puertas siempre abiertas a todos»; que «no sean un club para pocos», ni tengan ningún requisito especial para entrar; que funcionen como auténticas “escuelas de servicio y generosidad” donde “encontrar el regalo de los sacramentos”.

Para ello nos propone orar todos juntos por las parroquias y nos pide que seamos “audaces”, para poder «replantearnos el estilo de nuestras comunidades parroquiales”.

 

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La riqueza de la Iglesia

El exterior de una parroquia hermosa, pero vacía. Luego, la propia parroquia llena de gente, se vuelve aún más bella. Así comienza El Video del Papa de este mes, recordando que la riqueza de la Iglesia no está en los edificios, sino en las personas que acuden a ellos. Las parroquias en las que piensa Francisco son, de hecho, “comunidades cercanas, sin burocracia, centradas en las personas y donde encontrar el regalo de los sacramentos”.

Las imágenes, procedentes de parroquias de todo el mundo, muestran convivencias, charlas, distribución de material a los más necesitados, visitas a ancianos y enfermos, espectáculos, eventos interiores o exteriores. Se trata de un video lleno de vida, esa vida que fluye en las parroquias y que sigue haciendo de ellas —en un mundo en el que cada vez es más fácil replegarse sobre uno mismo y que tiende a preferir lugares de encuentro virtuales frente a los presenciales— puntos de referencia para muchos, donde se aprende el arte del encuentro.

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La Iglesia entre las casas

Ya en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, publicada al inicio de su pontificado, Francisco había destacado la centralidad de la parroquia: “aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora», había escrito citando una expresión de Juan Pablo II en Christifideles laici, la parroquia tiene la particularidad de ser “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. Por eso debe estar “en contacto con los hogares y con la vida del pueblo” y no convertirse en un club para pocos, que dan una cierta pertenencia social. Por favor, seamos audaces», pide el Sumo Pontífice, en  este “llamado a la revisión y renovación de las parroquias”

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Replantear el estilo

Además el Papa insiste en la idea de que las parroquias continúen este camino de transformación, que sean un centro de acogida y de escucha: “tienen que volver a ser escuelas de servicio y generosidad, con las puertas siempre abiertas a los excluidos. Y a los incluidos. A todos”. Se puede tener éxito, dice, siendo “audaces”: replanteando “el estilo de nuestras comunidades parroquiales” y “poniendo la comunión, la comunión de la gente, la comunión eclesial, en el centro”.

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Las personas en el centro

El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comentó acerca de esta intención de oración: “Hace algunos años Francisco dijo a la diócesis italiana de Isernia-Venafro: ‘Cada comunidad parroquial está llamada a ser un lugar privilegiado de la escucha y el anuncio del Evangelio; casa de oración reunida en torno a la Eucaristía; auténtica escuela de la comunión’”. Escucha, oración y comunión. Son notas sinodales esenciales para la vida de las parroquias. Pero para ello tienen que ser realmente comunidades, con las personas en el centro, porque somos verdaderamente comunidad cuando conocemos al otro, conocemos su nombre, sus necesidades, su voz. ¿Cuántas veces ocurre que la parroquia se ha transformado en una agrupación de personas más o menos desconocidas que se encuentra para la misa del domingo, pero sin vida comunitaria? El desafío es muy grande. Ser una comunidad cristiana es una gracia, nace de la fe compartida, de la fraternidad vivida y de la acogida a los más necesitados; nace de una experiencia espiritual común, del encuentro con Jesucristo Resucitado. Como dice Francisco en El Video del Papa “seamos audaces” con respecto a la escucha del Espíritu Santo, “replanteémonos todos el estilo de nuestras comunidades parroquiales”.

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Fuente: thepopevideo.org

Banda de gaitas Coribantes: concerto solidario a favor de Manos Unidas

 

Concerto solidario a favor de Manos Unidas, que ofrecerá a Banda de gaitas Coribantes no Teatro Principal de Pontevedra o próximo sábado, día 4 de febreiro.

 

 

Materiales para la Campaña del Enfermo 2023

 

La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Jornada Mundial del Enfermo. La Iglesia en España inicia este día la Campaña del Enfermo, que concluirá con la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua, este año será el 14 de mayo. «DÉJATE CAUTIVAR POR SU ROSTRO DESGASTADO» es el lema para esta Campaña que pone el foco en el cuidado de los mayores.

 

Mensaje del Papa Francisco

Materiales para la Campaña

El departamento de Pastoral de la Salud ha preparado una serie de materiales para esta Jornada en los que explican las líneas fundamentales de la Campaña, ofrecen unos temas para la formación y para reflexionar sobre el cuidado de los mayores y un subsidio litúrgico para las celebraciones eucarísticas del día. Además de un cartel y una estampa..

 

Orientaciones y subdidio litúrgico
Materiales de formación
Estampa
Cartel

 

 

Tened la certeza de estar cada uno en el “corazón” de la Iglesia

El obispo responsable de la Pastoral de la Salud, Mons. Vicente Ribas Prats, dedica las primeras líneas de la presentación de los materiales a saludar y agradecer la misión pastoral de los que «cuidáis a quienes padecen por la enfermedad y las limitaciones que los años nos van imponiendo». Una misión pastoral que «siempre actualiza la caridad de Cristo que tuvo en los que sufren a sus preferidos. Tened la certeza de estar cada uno en el <corazón> de la Iglesia».

En esta Campaña del enfermo, explica, «se nos pone en primer plano a nuestros mayores». Se nos propone «dejarnos cautivar por su rostro” y acoger la invitación del papa Francisco de «volver a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (Evangelii gaudium 288).

«Conviene más que nunca -afirma- comenzar una reflexión cuidadosa, clarividente y honesta sobre cómo la sociedad contemporánea debería “acercarse” a la población de edad avanzada (Academia Pontificia para la Vida, La vejez: nuestro futuro…). Y puntualiza, «No se necesitan estrategias, sino relaciones humanas».

Formarse para el cuidado

Los materiales de formación que ha editado el departamento de Pastoral de la Salud están orientados a ayudar a los que trabajan en esta Pastoral y a las comunidades parroquiales que llevan a cabo la labor de visitar y acompañar «a quienes viven en el otoño de la vida, dejándonos cautivar por su mirada».

Se proponen distintos temas relacionados con el cuidado a los mayores y el acompañamiento a los que acompañan, tanto familiares como profesionales. Además, de unas propuestas concretas en la pastoral del mayor.

También se pueden encontrar entre los materiales de la campaña cinco criterios para la reflexión: Promover una actitud de estima hacia los mayores, la familia es el ámbito adecuado para el cuidado de los mayores, integrarlos en la misión evangelizadora de la Iglesia, cuidar la espiritualidad de los mayores, y una pastoral transversal e intergeneracional.

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

El suicidio sí se puede prevenir

 

Bajo el título: “Prevención del suicidio y familia”, más de un centenar de personas pudimos, el 27 de Enero en el Liceo Casino de Pontevedra, formarnos y reflexionar sobre el suicidio, realidad socialmente tabú, vergonzante, estigmatizada y que tanto sufrimiento comporta, en una conferencia que  formó parte de las actividades de la XXII Semana de la Familia de Pontevedra y fue organizada por el Centro Diocesano de Escucha San Camilo de Pontevedra

Lo hicimos de la mano de un gran experto, D. Alejandro Rocamora Bonilla, psiquiatra, profesor del Centro de Humanización de la Salud, miembro fundador del Teléfono de la Esperanza y de la Sociedad Española de Suicidología, quien con una clara, sencilla y brillante exposición nos ayudó a aclarar ciertos mitos sobre el suicidio (existencia de enfermedad mental, que es contagioso, hereditario, el que lo anuncia no lo hace…) y, sobre todo, puso sobre la mesa la gran necesidad social que de manera urgente, dado el incremento de suicidios, sobre todo en adolescentes y jóvenes, hemos de afrontar entre todos (familia, escuela, sanidad pública, agentes de pastoral…) para prevenir las ideas suicidas y poder acompañar adecuadamente a los supervivientes de personas fallecidas por suicidio.

Aunque no sabemos por qué se produce la conducta suicida, realidad muy compleja en la que es no es fácil, si es que la tiene, encontrar una causa real, insistió en que el suicidio sí se puede prevenir. Destacó el papel del “nosotros” familiar, como agente en la prevención de las ideas suicidas ya que, si al consolidarse vínculos fuertes y significativos es más difícil que las personas carezcan de soporte afectivo y de herramientas para gestionar de manera saludable pensamientos, emociones, la vida.

Es importante que familias, profesores, sanitarios, agentes de pastoral, reconozcan el sufrimiento del otro, lo validen, no condenen ni juzguen a la persona con sentimientos suicidas. Hizo hincapié en no preguntar al que comunica una idea suicida el por qué, sino el para qué, qué es lo que la persona quiere conseguir poniendo fin a su vida, y desde ahí, tratar de acompañarle en la búsqueda de otros caminos que lleven al objetivo que no sea el suicidio, y siempre hay alternativa.

La red está echada. De nuestra entrega a los demás, de nuestra responsabilidad social y familiar depende, más de lo que llegamos a imaginar, la vida y la felicidad de los demás.

 

 

 

 

Círculo de Silencio por los inmigrantes

 

La Red Gallega en Apoyo a las Personas Refugiadas convoca un encuentro «Círculo en silencio» para el jueves 2 de febrero, a las 20:00hs en la Plaza de Pontevedra de A Coruña, para denunciar las leyes que van en contra de los derechos humanos más elementales.

 

 

 

Asamblea de la CEE sobre la Etapa continental del Sínodo sobre la sinodalidad. Participación de nuestra archidiócesis.

 

El sábado 28 de enero tuvo lugar en Madrid la Asamblea de la Conferencia Episcopal Española, dentro de la etapa continental del Sínodo sobre la sinodalidad. El arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Julián Barrio, y el vicedelegado de apostolado seglar de la Diócesis, Alfredo Losada, participaron en este encuentro.

A destacar dos saludos iniciales, que en cualquier otra ocasión podrían pasar desapercibidos, pero que por su ardor evangélico y su pasión sonaron a impulso misionero.

El cardenal Omella resaltó el momento histórico apasionante del sínodo convocado por el papa Francisco, haciendo una similitud entre el proceso sinodal iniciado y el Camino de Santiago, con la alegría de caminar juntos, pero al mismo tiempo resulta costoso.

El presidente de la CEE insistió en que el Espíritu Santo es como el pegamento que nos une, y que nos hace agentes de comunión, y aunque hay resistencias y voces contrarias, las voces no hunden, no puede hundirse Jesús en el lago del mundo.

Asimismo, mostró una adhesión plena y manifiesta a caminar con el sucesor de Pedro.

También monseñor Luis Marín, subsecretario de la secretaria del Sínodo, llamó la atención sobre el tiempo de esperanza que vivimos, siendo la sinodalidad un proceso hacia la coherencia como cristianos y un impulso a la misión.

Animó a recuperar la fraternidad cristiana, que emana del bautismo, y que el insulto, la agresividad y el desprecio atentan contra la comunión, de ahí que afirmase que la revolución pendiente en la Iglesia es la del amor, concluyendo con el imperativo: sed valientes, sed generosos.

Posteriormente, laicos del equipo sinodal de la CEE presentaron un documento de síntesis para la etapa continental europea, fruto de las síntesis enviadas por casi todas las Diócesis españolas.

 

 

Se destacaron las siguientes prioridades: potenciar la acogida en nuestras comunidades, de forma que sean espacios integradores; promover la corresponsabilidad, real y efectiva, del pueblo de Dios, superando el clericalismo; reconocer definitivamente el papel de la mujer en la Iglesia y fomentar su participación en todos los niveles de la vida eclesial; articular la integración y participación de los jóvenes en nuestras comunidades; dinamizar la formación en cuestiones fundamentales de nuestra fe, específicamente en materia de doctrina social de la Iglesia; fomentar el diálogo con el mundo y la cultura; cuidar la liturgia como expresión de una de viva, consciente y activa.

A media mañana hubo una reunión en 12 grupos, donde se subrayaron aspectos de la síntesis y se comentaron aspectos a matizar o lagunas detectadas, realizándose esta tarea mediante el método de la conversación espiritual.

Destacar la apreciación de que la sinodalidad es un don del Espíritu y como tal debemos acogerlo, así como que el proceso sinodal debe llevar a que personas y estructuras eclesiales se dinamicen con espíritu de corresponsabilidad real. Además, destacar la importancia de que la comunión debe llevar a la misión, a la construcción del reino.

 

Alfredo Losada

Subdelegado de Apostolado Seglar y Coordinador diocesano del Sínodo de la Archidiócesis de Santiago de Compostela

 

 

Síntesis de la propuesta de la Iglesia en España para la asamblea continental

 

El Equipo sinodal de la CEE presentó este sábado, 28 de enero de 2023, el texto síntesis con las aportaciones que han enviado las diócesis, movimientos, congregaciones y distintos grupos en relación al documento enviado por la Secretaría del Sínodo el pasado mes de septiembre.

Lo hizo en la sede de la CEE en una reunión en la que participaron más de 100 asistentes, entre los que se encontraban los obispos miembros de la Comisión Permanente; 1 grupo de miembros de la Vida Consagrada y de movimientos laicales y un representante de cada equipo sinodal de las diócesis españolas.

Con este texto se preparará la síntesis final que se enviará a la Asamblea continental del Sínodo.

 

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Introducción

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La pregunta fundamental que guía todo el proceso sinodal —conviene recordarlo— es «¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; y qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal?»; tampoco podemos olvidar el lema que inspira los trabajos: «comunión, participación y misión».

Sobre la base de esta doble premisa, el pueblo de Dios que peregrina en España (pastores, vida consagrada y laicos) ha llevado a cabo la recepción del Documento de trabajo para la etapa continental(DEC), «Ensancha el espacio de tu tienda» (Is 54,2). Este documento se ha dado a conocer a los grupos sinodales que participaron en la fase diocesana y han realizado aportaciones las diócesis, la vida consagrada, y movimientos y asociaciones laicales.

El equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española hemos realizado un esfuerzo de síntesis, siendo fieles a las aportaciones recibidas e intentando reordenar las propuestas para integrarlas en el esquema que pidió la Secretaría General del Sínodo, respondiendo a las tres preguntas que se encuentran en el DEC, 106.

Aunque el tiempo para la reflexión y el trabajo diocesano en esta etapa continental ha sido corto y la participación menor que en la fase anterior, la experiencia y el camino recorridos hasta el momento permiten afirmar que la sinodalidad avanza en nuestra Iglesia que peregrina en España, pasando de concebirse como una teoría o un concepto abstracto, a entenderse como una realidad que favorece la comunión.

El proceso sinodal no ha llegado a su fin, sino que este modo de ser Iglesia debe continuar configurando todas nuestras acciones pastorales para hacer realidad la vocación de la Iglesia, que es la evangelización, el anuncio explícito de Jesucristo.

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            1. ¿Qué intuiciones resuenan más fuertemente con las experiencias y realidades concretas de la Iglesia? ¿Qué experiencias parecen nuevas o iluminadoras?

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El DEC ha sido acogido muy positivamente en nuestras distintas realidades eclesiales. Somos conscientes de que no estamos ante un documento magisterial y de que no se trata de un documento definitivo, pero percibimos que recoge en esencia las esperanzas y preocupaciones del pueblo de Dios.

La imagen bíblica de la tienda nos parece muy sugerente e iluminadora como símbolo de lo estamos llamados a ser: una Iglesia en salida, integrada por personas diversas y plurales que, desde el deseo de ser cada día más acogedora, pero sin olvidar el fundamento de la unidad, abra sus puertas y se haga presente, bajo la guía del Espíritu Santo.

Resuena como una intuición compartida la valoración positiva de la propia experiencia del camino realizado hasta ahora. Un camino que vamos recorriendo con ilusión, esperanza y alegría, aunque no faltan actitudes de escepticismo, miedo e incluso rechazo, por la novedad que significa en sí misma la experiencia de escuchar, dialogar y, en general, caminar juntos.

El proceso sinodal no debemos concebirlo como la solución a los problemas que la Iglesia tiene en su conjunto, sino como un don del Espíritu Santo que nos llama a la escucha activa, al diálogo profundo y al discernimiento comunitario a través de la metodología de la conversación espiritual.

Intuimos también que, para caminar juntos, es necesaria en cada uno de los miembros de la Iglesia una continua conversión personal, desde la escucha de la palabra de Dios, la oración y los sacramentos, destacando la centralidad de la eucaristía.

El proceso sinodal está ayudando a tomar conciencia de la dignidad común de todos los bautizados y la necesidad de revitalizarla, para crecer en corresponsabilidad y sentido de pertenencia a la Iglesia. Todo esto se percibe con mayor fuerza en el laicado, pero también aparece en los pastores y en la vida consagrada.

Sigue resonando con intensidad la invitación a ser una Iglesia en salida, en el contexto de la secularización que vivimos en Europa y en España. Por eso, se subraya el anhelo de una Iglesia misionera, de puertas abiertas, donde se escuche el grito de los más pobres y vulnerables, sin olvidar el clamor de la tierra. Una experiencia novedosa ha sido la gran coincidencia en la importancia del ecumenismo y del diálogo interreligioso, que amplía el espacio de nuestra tienda, la Iglesia.

Además, se intuye el valor de la religiosidad popular y el papel fundamental que debe tener la pastoral familiar.

En líneas generales, el proceso sinodal está siendo una luz del Espíritu Santo que nos alienta a seguir caminando juntos, desde la escucha activa, para que vayamos pasando de una Iglesia de mantenimiento a una Iglesia misionera.

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            2. ¿Qué tensiones o divergencias sustanciales surgen como particularmente importantes? En consecuencia, ¿cuáles son las cuestiones e interrogantes que deberían abordarse y considerarse en las próximas fases del proceso?

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El DEC nos invita a imaginar la Iglesia como tienda del encuentro, espacio de acogida, familia, casa y hogar de todos. Esta definición expresa dinamismo, flexibilidad y apertura. Lo hemos experimentado en este «tiempo de gracia» y ello nos ha permitido identificar tensiones en el camino recorrido.

Detectamos que las mismas polarizaciones existentes en la sociedad laten en el seno de la Iglesia: la polarización entre diversidad y unidad y necesidad de diálogo (entre nosotros, a nivel ecuménico y con la sociedad); la polarización entre tradición y renovación (particularmente en la liturgia y en el lenguaje); la polarización entre Iglesia piramidal e Iglesia sinodal (que se manifiesta en nuestras estructuras).

El trinomio «comunión, participación y corresponsabilidad» aparece repetidamente en las aportaciones, admitiéndose que existen impedimentos para crecer en ellos, particularmente por las resistencias del clero y la pasividad de los laicos. Se detecta con fuerza la tensión del clericalismo que lleva a confundir el servicio con el poder. Nos duelen las distancias existentes entre los miembros del pueblo de Dios de distintas vocaciones y la soledad en la que viven algunos de ellos. Un primer paso para abordarlo es la formación en los seminarios y noviciados y la que reciben los laicos.

El camino recorrido en estos meses nos lleva a afirmar que la sinodalidad va tomando forma poco a poco en la vida de nuestras Iglesias particulares, aunque no faltan divergencias sobre su comprensión y actuación, que se expresan en desconfianza, escepticismo, miedo, desinterés, confusión e incluso obstaculización. Se manifiesta un deseo de participación real del pueblo de Dios en la vida y en la toma de decisiones en la Iglesia, que se topa con evidentes limitaciones estructurales. De ahí la petición de que los organismos sinodales no sean meramente consultivos, sino lugares donde las decisiones se tomen en base a procesos de discernimiento comunitario.

Al mismo tiempo que afirmamos haber realizado una escucha atenta y profunda que se convierte en acogida, enraizada en la Palabra y en el seguimiento de la voz del Espíritu Santo, también asumimos la dificultad —y, en ocasiones, el rechazo— al encuentro con lo diverso, lo diferente, especialmente cuando puede causar escándalo o incomodidad. Se mencionan temas muy variados: los pobres, los marginados, las personas con discapacidad, el mundo de la inmigración, las personas con situaciones familiares o afectivas diversas o aquellos que se alejaron de la Iglesia o que nunca formaron parte de ella.

Unido a lo anterior, se expresa la tensión entre el sentido de pertenencia a la Iglesia y la propia realidad personal. Esta situación nos cuestiona sobre la relación entre acogida y fidelidad a la doctrina y magisterio de la Iglesia, así como entre verdad y misericordia.

El escándalo de los abusos sexuales también provoca tensión: reconocer el mal causado, reparar a las víctimas, aumentar la protección y avanzar hacia una mayor transparencia, son algunos aspectos importantes que hemos de seguir cuidando para sanar esta herida y reconstruir la confianza y la credibilidad de la Iglesia.

Muy relevante resulta el contraste que se expresa en relación al papel de la mujer, invitándose a un discernimiento sin miedo, desde la común dignidad bautismal.

Asimismo, se reitera insistentemente la escasa participación de los jóvenes en el proceso sinodal y en la vida de la Iglesia. Nos sentimos interpelados a aprender a escucharles, a modificar el modo de comunicar el mensaje del Evangelio, que ha de ser creativo, comprensible, integrador y generador de diálogo intergeneracional.

Finalmente, siendo cierto que se precisa y demanda una mayor formación litúrgica, también es clara la llamada a que se muestre la relación de la liturgia con la vida, de tal modo que se encarne en nuestra realidad personal y comunitaria, por medio de una renovación de las formas y del lenguaje que propicien una mayor participación de todo el pueblo de Dios.

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3. Mirando lo que surge de las dos preguntas anteriores, ¿cuáles son las prioridades, los temas recurrentes y las llamadas a la acción que pueden ser compartidas con las Iglesias locales de todo el mundo y discutidas durante la primera sesión de la Asamblea Sinodal en octubre de 2023?

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La participación en el proceso sinodal nos ha hecho sentirnos llamados a la acción —desde la conciencia de la propia vocación y la complementariedad con el resto de vocaciones—, en un doble sentido.

En primer lugar, respecto a la «forma», partiendo de la positiva experiencia que estamos viviendo, resulta imprescindible en el momento presente estructurar la sinodalidad. Hemos de lograr que cale en nosotros —obispos, sacerdotes, diáconos, vida consagrada y laicos— y en nuestras comunidades de referencia la necesidad de caminar juntos, de escucharnos, dialogar y de discernir a la luz del Espíritu sobre las diferentes cuestiones que se nos suscitan, desde la complementariedad de nuestras vocaciones y un correcto entendimiento de lo que es y significa la sinodalidad. Este camino compartido permitirá reforzar los espacios sinodales existentes, ir superando algunas de las tensiones que se han percibido en el proceso —como el clericalismo, las divisiones internas, los prejuicios, la ausencia de diálogo— y, al mismo tiempo, generar comunión entre nosotros y mostrar nuestra unidad allí donde nos hacemos presentes.

En segundo lugar, respecto al «fondo», urge resituar en el momento presente la misión de la Iglesia en el mundo en un contexto secularizado. Resulta necesario revitalizar el papel de la Iglesia en el espacio público y renovar su compromiso con la justicia, los procesos de construcción de la paz y la reconciliación, los derechos humanos, el cambio social, el mundo del trabajo y la cuestión ecológica. En definitiva, seguir avanzando hacia una Iglesia en salida con una clara identidad misionera en todos sus proyectos, propuestas y acciones.

En coherencia con esto, vemos que no se trata de cambiar la misión ni el ser de la Iglesia, sino de actualizarla, de que cada uno de nosotros la hagamos propia en el momento presente, en función de nuestra condición y responsabilidad y desde una espiritualidad de comunión. En este sentido, se perciben con fuerza como prioridades específicas que han de ser objeto de ulterior discernimiento en la Asamblea Sinodal las siguientes:

1.- Potenciar la acogida en nuestras comunidades, particularmente a cuantos se sienten excluidos por su procedencia, situación afectiva, orientación sexual u otros motivos. Que las comunidades sean espacios integradores desde los que acompañemos a los hombres y mujeres de hoy en sus anhelos y necesidades, compartiendo con ellos la belleza de la fe que profesamos.

2.- Promover la corresponsabilidad, real y efectiva, del pueblo de Dios, superando el clericalismo, que empobrece nuestro ser y misión, y potenciando el acompañamiento por parte de sacerdotes y miembros de la vida consagrada.

3.- Reconocer definitivamente el papel de la mujer en la Iglesia y fomentar su participación, plena y en condiciones de igualdad, en todos los niveles de la vida eclesial y, en particular, en el gobierno de las instituciones.

4.- Articular la integración y participación de los jóvenes en nuestras comunidades como prioridad pastoral.

5.- Dinamizar la formación en las cuestiones fundamentales de nuestra fe, específicamente en materia de doctrina social de la Iglesia —también sobre la propia sinodalidad— a fin de reforzar nuestra presencia pública evangelizadora y transformadora de la realidad social.

6.- Fomentar el diálogo con el mundo y la cultura, con otras confesiones religiosas y con la increencia, mejorando la capacidad de escucha y también la comunicación.

7.- Cuidar la liturgia a través de la formación y de una mayor comprensibilidad de sus ritos y contenidos, como expresión de una fe viva, consciente y activa.

Sabemos que estas prioridades encierran grandes desafíos para la Iglesia y exigen un profundo discernimiento que permita unir renovación con tradición, actualización del mensaje evangélico con la fidelidad a Jesucristo.

Pedimos al Espíritu Santo que ilumine a todos y, en particular, a cuantos participarán en la Asamblea continental europea y en la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, para que sepamos responder a lo que él espera de todos y cada uno de nosotros en esta hora del mundo y de la Iglesia.

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Programa del Encuentro del sábado 28

La jornada comenzó a las 10.30 horas con una oración dirigida por la hermana María José Tuñón, miembro del Equipo Sinodal. Primeramente, intervino el presidente de la CEE, cardenal Juan José Omella. También se hizo presente, con un vídeo mensaje, Mons. Luis Marín, subsecretario de la Secretaría General del Sínodo.

Después, Mons. Vicente Jiménez, obispo coordinador del Equipo Sinodal, realizó un recorrido sobre la etapa sinodal, y Luis Manuel Romero, secretario de este Equipo, explicó cómo sería la jornada. En torno a las 11.15 horas fue la presentación de la síntesis con las aportaciones diocesanas al documento continental, por otros tres miembros del Equipo Sinodal, Isaac Martín, Olalla Rodríguez y Dolores García Pi

Una vez conocido este texto, hubo un tiempo para el discernimiento personal, antes de comenzar el trabajo compartido por grupos para perfilar el documento presentado, añadiendo o matizando las aportaciones que los participantes consideraron necesarias.

La jornada de este sábado concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el cardenal Juan José Omella, y una comida de hermandad.

 

Programa

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Preparación para la Asamblea continental de Praga

Este encuentro también sirvió de preparación para la Asamblea continental europea que se celebrará en Praga durante los días 5 al 9 de febrero. A ella asistirán, en representación de la CEE, su presidente, cardenal Omella; el obispo coordinador del Equipo sinodal, Mons. Vicente Jiménez; el secretario del Equipo sinodal, el sacerdote Luis Manuel Romero; la Hna. María José Tuñón, ACI, como responsable de la Vida consagrada y miembro del Equipo sinodal y Dolores García Pi, Presidenta del Foro de Laicos y también miembro del Equipo sinodal de la CEE.

Reunión del Consejo Pastoral Diocesano

 

  • Mons. Prieto afirmó que “siempre hay que tener muy claro hacia dónde vamos, por dónde queremos ir, y con quién hacemos ese camino”.
  • José María Albalad, director del Secretariado de sostenimiento de la Iglesia (de la CEE). habló sobre “La Sostenibilidad de la Iglesia”.

 

El sábado, 28 de enero, mons. Francisco Prieto presidió el Pleno del Consejo Pastoral Diocesano en la Casa de Ejercicios de Santiago de Compostela, ante la ausencia del arzobispo de Santiago, mons. Julián Barrio, que estaba participando en Madrid en el grupo de trabajo del Equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española.

Después de la oración inicial, el obispo auxiliar de Santiago de Compostela, se dirigió a todos los asistentes destacando que todo plan pastoral debe poner siempre como punto de partida y como meta, aquel envío que el Señor hace en cada momento a la Iglesia, a todo el pueblo de Dios y proclamar. Y afirmó que todos los miembros de este Consejo pastoral, como expresión en su diversidad de rostros de carismas, de tareas de misión, tienen una vocación y una visión compartida que nace de la común vocación bautismal.

 

 

Mons. Prieto también indicó que “la diversidad no es para marcar la diferencia que nos separa, sino la riqueza que nos une y que nos conforman. Solo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y al mismo tiempo realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad, nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos provocamos la división”.

El obispo auxiliar resaltó dos propuestas para caminar en un mismo sentir y en un mismo amor, que son claves ahora mismo y que es necesario asumir como Iglesia diocesana: la sinodalidad y la corresponsabilidad. En este sentido afirmó que “es el momento de ir pasando ya de una sinodalidad pensada a una sinodalidad militar (…). En esta diversidad de rostros referentes comunitarios, parroquias, lugares de nuestra iglesia hay que pasar de ser meros colaboradores a ser corresponsables en el ser y el actuar de la Iglesia”. Y destacó “la necesidad de ser discípulos misioneros 24×7, 24 horas al día, 7 días a la semana”.

En la revisión del Plan Pastoral, el obispo auxiliar indicó que “siempre hay que tener muy claro hacia dónde vamos, por dónde queremos ir, y con quién hacemos ese camino”. Y terminó su intervención reflexionando en torno a tres palabras que empiezan con “a”: alegres, agradecidos y acogedores.

Posteriormente, y antes del trabajo por grupos, el vicario episcopal de Santiago, José Antonio Seoane Ares, reflexionó sobre las directrices del Programa Pastoral Diocesano Trienal 2022/25 con el lema “Poneos en camino”, un camino en tres etapas el primer año centrado en la comunión, el segundo en la celebración y el tercer año en el testimonio.

En su intervención, Seoane analizó la situación diocesana actual y destacó las claves teológicas eclesiales y pastorales.

Ya en la segunda parte de la mañana, tuvo lugar la ponencia marco sobre “La Sostenibilidad de la Iglesia”, a cargo de José María Albalad, director del Secretariado de sostenimiento de la Iglesia (de la CEE).

 

 

El Consejo Pastoral es un instrumento al servicio de la comunión eclesial facilitando la coordinación de los diversos sectores y de las acciones que están al servicio de la tarea evangelizadora. Este Consejo tiene como finalidad general estudiar, analizar, valorar, discernir, sugerir propuestas y evaluar aquello que se refiere a las actividades pastorales de la Diócesis, así como propiciar el encuentro, el diálogo y la conjunción entre la diversas instituciones y organismos implicados en la acción pastoral.

 

 

 

Fuente: pastoralsantiago.org

Catequesis del Papa: Cinco elementos esenciales del primer anuncio de Jesús

 

 

El Papa Francisco, durante su catequesis del miércoles 25 enero, señala los cinco elementos que considera importantes del primer anuncio de Jesús: alegría, liberación, luz, sanación y asombro.

 

Esta mañana el Papa Francisco pronuncia su tercera CATEQUESIS sobre el nuevo tema: “PASIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN: EL CELO APOSTÓLICO DEL CREYENTE” y presenta a JESÚS como “MAESTRO DEL ANUNCIO”. Para ello, ha reflexionado concretamente sobre “el primer anuncio de Jesús” cuando predica en la sinagoga de su pueblo, Nazaret y lee un pasaje del profeta Isaías. El Papa Francisco ha identificado los cinco elementos que considera esenciales:

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La alegría

El primer elemento que señala el Papa es la alegría. Francisco recuerda que:

 

“no se puede hablar de Jesús sin alegría, porque la fe es una estupenda historia de amor para compartir«

 

Además – asegura – “cuando falta la alegría, el Evangelio no pasa, porque este – lo dice la palabra misma – es buena nueva, anuncio de alegría”. Además – agrega – “un cristiano triste puede hablar de cosas muy hermosas, pero todo es vano si el anuncio que transmite no es alegre”.

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La liberación

El segundo aspecto primordial para Francisco es la liberación, recordando que Jesús dice que ha sido enviado «a proclamar la liberación a los cautivos».

 

“Esto significa que quien anuncia a Dios no puede hacer proselitismo, no puede presionar a los otros, sino aligerarlos: no imponer pesos, sino aliviar de ellos; llevar paz, no sentimientos de culpa”.

 

Por ello, para el Papa, “quien testimonia a Cristo muestra la belleza de la meta, más que la fatiga del camino”. En este sentido, pone de ejemplo un hecho cotidiano para entenderlo mejor: “Nos habrá sucedido contarle a alguien sobre un bonito viaje que hemos hecho: habremos hablado de la belleza de los lugares, de lo que hemos visto y vivido, ¡no del tiempo que tardamos en llegar ni de las colas del aeropuerto!”.

 

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La luz

“La luz” es el tercer aspecto que identifica el Papa, asegurando que Jesús dice que ha venido a traer «la vista a los ciegos».

 

“Aquí no se trata solo de la vista física, sino de una luz que hace ver la vida de forma nueva. Si lo pensamos, así empezó para nosotros la vida cristiana: con el Bautismo, que antiguamente se llamaba precisamente “iluminación”. ¿Y qué luz nos dona Jesús? La luz de la filiación: Él es el Hijo amado del Padre, viviente para siempre; con Él también nosotros somos hijos de Dios amados para siempre, a pesar de nuestros errores y defectos.

 

Entonces- puntualiza el Papa- la vida ya no es un ciego avanzar hacia la nada, no es cuestión de suerte o fortuna, no es algo que depende de la casualidad o de los astros, y tampoco de la salud y de las finanzas. No. La vida depende del amor del Padre, que cuida de nosotros, sus hijos amados”. Y el Papa pregunta: “¿Se te ha ocurrido pensar que la vida de cada uno de nosotros -mi vida, tu vida, nuestra vida – es un acto de amor? ¿Es una invitación al amor? ¡Es maravilloso! Pero tantas veces lo olvidamos, ante las dificultades, ante las malas noticias, incluso ante -y esto es malo- la mundanidad, el modo de vida mundano”.

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La sanación

El cuarto aspecto que señala del primer anuncio es la sanación, pues Jesús dice que ha venido “para dar libertad a los oprimidos”. “Oprimido es quien en la vida se siente aplastado por algo que sucede: enfermedades, fatigas, pesos del corazón, sentimientos de culpa, errores, vicios, pecados… Lo que nos oprime, sobre todo, es precisamente ese mal que ninguna medicina o remedio humano puede resanar: el pecado, explica el Papa

 

“la buena noticia es que con Jesús este mal antiguo, el pecado, que parece invencible, ya no tiene la última palabra. Puedo pecar porque soy débil. Cada uno de nosotros puede hacerlo, pero esa no es la última palabra. La última palabra es la mano tendida de Jesús que te levanta del pecado. Y Padre, ¿cuándo ocurre esto? ¿Una vez? No. ¿Dos veces? No. ¿Tres veces? No. Siempre. Siempre que estés enfermo, el Señor tiene la mano tendida. Sólo quiere (sujetarse) y dejarse llevar. Jesús nos sana del pecado siempre y gratuitamente. ¿Y cuánto tengo que pagar por la sanación? Nada”

 

Además, el Papa dice, “acompañar a alguien al encuentro con Jesús es llevar al médico del corazón, que levanta la vida. Es decir: “Hermano, hermana, yo no tengo respuesta a muchos de tus problemas, pero Jesús te conoce y te ama, te puede sanar y serenar el corazón””. Por tanto: “Quien lleva pesos necesita una caricia sobre el pasado, necesita perdón y quien cree en Jesús tiene precisamente eso para donar a los otros.” En este contexto, el Papa pide que no olvidemos que “Dios lo olvida todo”. “Dios perdona todo porque olvida nuestros pecados. Sólo quiere que nos acerquemos al Señor y nos perdona todo. Jesús nos espera para perdonarnos, para restaurarnos. ¿Y cuánto? ¿Una vez? ¿Dos veces? No. Siempre. «Pero padre, siempre hago lo mismo…» ¡Y hará lo mismo de siempre! Perdonarte, abrazarte. Por favor, no desconfiemos de esto”.

 

El asombro

Como último aspecto el Papa señala el asombro. “El anuncio de Jesús debe llevar siempre el asombro de la gracia”

 

“No somos nosotros los que hacemos grandes cosas, sino que es la gracia del Señor que, también a través de nosotros, realiza cosas imprevisibles, esto son las sorpresas de Dios”.

 

Por último, el Pontífice recuerda que no debemos olvidar que la buena nueva está dirigida “a los pobres”: “A menudo nos olvidamos de ellos, sin embargo, son destinatarios mencionados explícitamente por Jesús, porque son los predilectos de Dios. Acordémonos de ellos y recordemos que, para acoger al Señor, cada uno de nosotros debe hacerse “pobre dentro””. Si alguien me dice:

 

“Padre, ¿cuál es el camino más corto para conocer a Jesús? Hazte el necesitado. Hazte necesitado de gracia, necesitado de perdón, necesitado de alegría. Y Él vendrá a ti”.

 

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Fuente: vaticanews.va