El próximo 4 de marzo tendrá lugar la Asamblea de Catequistas en la Diócesis de Santiago. Aquí encontrarás toda la información.

 

«La alegría del Domingo, Júbilo de los Catequistas» es el lema elegido para desarrollar la Asamblea de Catequistas de este año en la Diócesis de Santiago de Compostela y que está recogido en el cartel. De este modo se relaciona tres palabras decisivas en nuestra vida cristiana que hay que cuidar: el domingo, la alegría y el catequista

Además, en los materiales de reuniones con padres y catequistas del mes de marzo, que se publicarán en breves en esta web, se ofrecerán recursos para preparar en la parroquia este encuentro.

Esta jornada se desarrollará en Santiago de Compostela el próximo sábado 4 de marzo de 10: 00h (Auditorio a Banca) a 17: 00h (Iglesia San Pelayo de Antealtares- Madres Benedictinas) y podéis inscribiros hasta el próximo 24 de febrero.

 

Programa

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Comenzaremos el encuentro a las 10: 00h en el Auditorio A Banca (calle Preguntoiro número 23). Allí se iniciará la primera parte de la Asamblea. Habrá la acogida y posteriormente el saludo por parte del Arzobispo de Santiago de Compostela, don Julián Barrio Barrio y del Delegado de Catequesis don Miguel López Varela.

A continuación , a las 11:00h en el mismo lugar, el Auditorio A Banca (calle Preguntoiro número 23) , tendremos un momento de formación con la conferencia realizada por don José Vidal Novoa, Vicario Episcopal de Pastoral en la Diócesis de Tui- Vigo y don Miguel López Varela, Delegado Episcopal de Catequesis de Santiago de Compostela. De su mano profundizaremos en el lema «La alegría del Domingo, Júbilo de los Catequistas» , descifrando esas tres palabras claves: domingo, alegría y catequistas.

A las 12:00h habrá un momento de descanso del que cada uno dispondrá libremente hasta las 12:30h.

Será a las 12:30h cuando se comenzará la segunda parte de la Asamblea teniendo un momento de oración en la Iglesia de San Pelayo de las Madres Benedictinas (Vía Sacra número 4).

Posteriormente a las 13: 30h tendrá lugar el momento de la comida. Quien quiera tiene la posibilidad de comer lugar en el Comedor Monumental de la Hospedería de San Martín Pinario (Plaza de la Inmaculada número 3). El menú es de 15€ y es necesario indicarlo previamente en la inscripción.

Así llega el tercer y último momento de la jornada, el celebrativo. Será a las 16:00h cuando se retorne a la Iglesia de San Pelayo de las Madres Benedictinas(Vía Sacra número 4) para participar en la Eucaristía. La presidirá el Sr. Arzobispo don Julián Barrio Barrio y, al final de ella se realizará el homenaje a los catequistas que celebren sus 25, 50 o 60 o más años realizando este ministerio, y el envío de todos los catequistas.

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Consideraciones para la inscripción

  • es necesario inscribirse previamente en el siguiente enlace INSCRIPCIONES,
  • el plazo de inscripción es hasta el 24 de febrero,
  • en ella debe indicarse si se va a comer de menú (15€),
  • indicar en la ficha de inscripción si alguna catequista tiene algún tipo de necesidad específica,
  • comunicar si hay alguna catequista homenajeada (que lleve como catequista 25, 50 o 60 años o más),
  • aunque no se pueda asistir a la totalidad de la asamblea, se puede participar en cualquiera de los momentos programados. Basta con indicarlo en la inscripción.

 

 

 

Fuente: catequesisdegalicia.org

Homilia del Papa Francisco: «Cuaresma tiempo favorable para volver a lo que somos, a Dios y los hermanos»

Este 22 de febrero, Miércoles de Ceniza, el Santo Padre centró su homilía en la invitación que nos dirige el profeta Joel (2,12) cuando dice: «Vuelvan a mí de todo corazón». De esta cita bíblica, y ayudado por el rito de la Ceniza, el Pontífice dijo que esto nos introduce en este camino de regreso: “nos invita a volver a lo que realmente somos y a volver a Dios y a los hermanos”.

 

El Papa Francisco presidió la Santa Misa en la Basílica de Santa Sabina este 22 de febrero, Miércoles de Ceniza, con el rito de bendición e imposición de las Cenizas, con el cual se inició el Tiempo de Cuaresma.

 

El Papa preside la celebración Eucarística

 

La Cuaresma es el tiempo favorable para volver a lo esencial

En su homilía, el Santo Padre recordó que, el apóstol Pablo nos ayuda a entrar en el espíritu del tiempo cuaresmal cuando afirma que, «este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación» (2 Co 6,2).

“La Cuaresma ciertamente es el tiempo favorable para volver a lo esencial, para despojarnos de lo que nos pesa, para reconciliarnos con Dios, para reavivar el fuego del Espíritu Santo que habita escondido entre las cenizas de nuestra frágil humanidad. Es el tiempo de gracia para llevar a cabo lo que el Señor nos ha pedido en el primer versículo de la Palabra que hemos escuchado: «Vuelvan a mí de todo corazón»”.

 

“El rito de la ceniza nos introduce en este camino de regreso, nos invita a volver a lo que realmente somos y a volver a Dios y a los hermanos”

 

El Papa en la homilía

 

La ceniza nos invita a volver a lo que realmente somos

Un primer aspecto que destacó el Papa Francisco fue la invitación a “volver a lo que realmente somos”. La ceniza, precisó el Papa, nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos, nos reconduce a la verdad fundamental de la vida, es decir, sólo el Señor es Dios y nosotros somos obra de sus manos.

“Nosotros tenemos la vida mientras que Él es la vida. Él es el Creador, mientras nosotros somos frágil arcilla que se moldea en sus manos. Nosotros venimos de la tierra y necesitamos del Cielo, de Él. Con Dios resurgiremos de nuestras cenizas, pero sin Él somos polvo. Mientras inclinamos la cabeza, con humildad, para recibir las cenizas, traigamos a la memoria del corazón esta verdad: somos del Señor, le pertenecemos. Él, en verdad, «modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida» (Gn 2,7), es decir, existimos porque Él ha exhalado el aliento de la vida en nosotros”.

 

“Y, como Padre tierno y misericordioso, Él también vive la Cuaresma, porque nos desea, nos espera, aguarda nuestro regreso. Y siempre nos anima a no desesperar, incluso cuando caemos en el polvo de nuestra fragilidad y de nuestro pecado, porque «Él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo» (Sal 103,14)”

 

Imposición de las Cenizas al Papa Francisco (Foto Vatican Media)

 

La Cuaresma es el tiempo para recordar quién es el Creador y quién la criatura

La Cuaresma, subrayó el Santo Padre, es por tanto el tiempo para que recordemos quién es el Creador y quién la criatura; para proclamar que sólo Dios es el Señor; para desnudarnos de la pretensión de bastarnos a nosotros mismos y del afán de ponernos en el centro, de ser los primeros de la clase, de pensar que sólo con nuestras capacidades podemos ser protagonistas de la vida y trasformar el mundo que nos rodea.

“Este es el tiempo favorable para convertirnos, para cambiar la mirada antes que nada sobre nosotros mismos, para vernos por dentro. Cuántas distracciones y superficialidades nos apartan de lo que es importante. Cuántas veces nos centramos en nuestros deseos o en lo que nos falta, alejándonos del centro del corazón, olvidándonos de abrazar el sentido de nuestro ser en el mundo”.

 

“La Cuaresma es un tiempo de verdad para quitarnos las máscaras que llevamos cada día aparentando ser perfectos a los ojos del mundo; para luchar, como nos ha dicho Jesús en el Evangelio, contra la falsedad y la hipocresía. No las de los demás, sino las nuestras”

 

La ceniza nos invita a volver a Dios y a los hermanos

Un segundo aspecto que destacó el Papa Francisco fue recordar que, “la ceniza nos invita a volver a Dios y a los hermanos”. De hecho, si volvemos a la verdad de lo que somos y nos damos cuenta de que nuestro yo no es autosuficiente, entonces descubrimos que existimos gracias a las relaciones, tanto la originaria con el Señor como las vitales con los demás.

“Así, la ceniza que hoy recibimos en la cabeza nos dice que cada presunción de autosuficiencia es falsa y que idolatrar el yo es destructivo y nos encierra en la jaula de la soledad. Nuestra vida, sin embargo, es sobre todo una relación; la hemos recibido de Dios y de nuestros padres, y siempre podemos renovarla y regenerarla gracias al Señor y a aquellos que Él ha puesto junto a nosotros”.

 

“La Cuaresma es el tiempo favorable para reavivar nuestras relaciones con Dios y con los demás; para abrirnos en el silencio a la oración y a salir del baluarte de nuestro yo cerrado; para romper las cadenas del individualismo y redescubrir, a través del encuentro y la escucha, quién es el que camina a nuestro lado cada día, y volver a aprender a amarlo como hermano o hermana”

 

Imposición de las Cenizas

 

Tres grandes vías para volver a Dios y a los demás

Pero, cómo podemos realizar todo esto, se pregunta el Santo Padre. Para completar este camino —volver a lo que realmente somos y volver a Dios y a los demás— el Pontífice indicó que hoy, se nos invita a recorrer tres grandes vías: la limosna, la oración y el ayuno.

“Como hemos escuchado en el Evangelio, Jesús nos advierte: no se trata de ritos exteriores, sino de gestos que deben expresar una renovación del corazón”.

 

“La limosna no es un gesto rápido para limpiarse la conciencia, sino un tocar con las propias manos y con las propias lágrimas los sufrimientos de los pobres. La oración no es ritualidad, sino diálogo de verdad y amor con el Padre. El ayuno no es un simple sacrificio, sino un gesto fuerte para recordarle a nuestro corazón qué es lo que permanece y qué es lo pasajero”

 

Celebración del Miércoles de Ceniza

 

La sinceridad del alma y la coherencia de las obras

Jesús nos hace «una advertencia que conserva también para nosotros su validez saludable: a los gestos exteriores debe corresponder siempre la sinceridad del alma y la coherencia de las obras.

“En efecto, ¿de qué sirve […] rasgarse las vestiduras, si el corazón sigue lejos del Señor, es decir, del bien y de la justicia?» (Benedicto XVI, Homilía miércoles de ceniza, 1 marzo 2006). Muchas veces, sin embargo, nuestros gestos y ritos no tocan la vida, no son auténticos, quizás los hacemos sólo para que los demás nos admiren, para recibir el aplauso, para atribuirnos el crédito”.

 

“Recordemos que, en la vida personal, como en la vida de la Iglesia, lo que cuenta no es lo exterior, los juicios humanos y el aprecio del mundo; sino sólo la mirada de Dios, que lee el amor y la verdad”

 

No quedarnos en gestos exteriores

En este sentido, el Papa Francisco invitó a ponernos humildemente bajo su mirada, entonces la limosna, la oración y el ayuno no se quedan en gestos exteriores, sino que expresan quiénes somos verdaderamente: hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

“La limosna, la caridad, manifestará nuestra compasión con quien está necesitado, nos ayudará a volver a los demás; la oración dará voz a nuestro íntimo deseo de encontrar al Padre, haciéndonos volver a Él; el ayuno será una gimnasia espiritual para renunciar con alegría a lo que es superfluo y nos sobrecarga, para ser interiormente más libres y volver a lo que realmente somos”.

 

Miércoles de Ceniza en la Basílica de Santa Sabina de Roma

 

Pongámonos en camino con la caridad, oración y ayuno

Finalmente, el Santo Padre exhortó a que, inclinemos la cabeza, recibamos la ceniza, aligeremos el corazón y que no desperdiciemos la gracia de este tiempo santo.

Pongámonos en camino por medio de la caridad:

“Nos han dado cuarenta días favorables para recordarnos que el mundo no se cierra en los estrechos límites de nuestras necesidades personales y para redescubrir la alegría, no en las cosas que se acumulan, sino en el cuidado de aquellos que se encuentran en la necesidad y en la aflicción”.

Pongámonos en camino por medio de la oración:

“Se nos otorgan cuarenta días favorables para dar a Dios la primacía de nuestra vida, para volver a dialogar con Él de todo corazón, no en ratos perdidos”.

Pongámonos en camino por medio del ayuno:

“Se nos ofrecen cuarenta días favorables para reencontrarnos, para frenar la dictadura de las agendas siempre llenas de cosas por hacer; de las pretensiones de un ego cada vez más superficial y engorroso; y de elegir lo que de verdad importa”.

 

“Fijemos nuestra mirada en el Crucificado y caminemos. Respondamos con generosidad a las llamadas fuertes de la Cuaresma. Al final del trayecto encontraremos con más alegría al Señor de la vida, al único que nos hará resurgir de nuestras cenizas”

 

 

 

Fuente: vaticannews.va

Cuaresma, una invitación para mejorar el mundo

 

El Miércoles de Ceniza da comienzo al tiempo litúrgico de la Cuaresma: son los 40 días que llevan hasta la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Este año el calendario litúrgico marca el comienzo de la Cuaresma el 22 de febrero.

 

Tiempo de ponerse en camino

 

Es un tiempo para la renovación de las promesas bautismales en Pascua de Resurrección mediante la oración, la limosna y el ayuno. Es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión.

 

La web de la CEE ofrece un especial sobre Cuaresma, en su apartado «Creemos». En él se puede acceder a:

 

Así, en este tiempo de conversión, el papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma, nos exhorta a  «vivir la oración y el ayuno para mejorar el mundo«. La Cuaresma «es una llamada -explica el Papa- a la caridad y al desarrollo humano integral, en un mundo en el que debemos preguntarnos si no es nuestra indiferencia la que hace más duro el camino de quienes viven la vida como una «subida demasiado empinada».

El Santo Padre indica que «es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar«.

 

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Fuente: conferenciaepiscopal.es

Carta Pastoral de D. Julián para esta Cuaresma: «Dios nos sigue buscando para implicarnos en el proyecto de su Reino llamándonos a la conversión y a creer en el Evangelio”.

 

El arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Julián Barrio, ha hecho público su Carta Pastoral para la Cuaresma: «Subir a Jerusalén, escuela para el discípulo» en la que invita a los diocesanos a reflexionar y vivir este tiempo como un camino de preparación a la solemnidad de la Pascua en el que “Dios nos sigue buscando para implicarnos en el proyecto de su Reino llamándonos a la conversión y a creer en el Evangelio”, siendo la Cuaresma, en palabras de D. Julián, «el desierto en el que labramos nuestra conversión, venciendo a las tentaciones, donde hemos de revitalizar el don de nuestra fe, avivar el deseo de Dios, guardar silencio que nos libere de los ruidos internos y externos, ofrecer nuestra disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios como hizo Jesús  y compartir la fatiga cotidiana sostenidos por una esperanza fiable y con un espíritu sinodal» y todo ello «sintiendo la Iglesia con una actitud agradecida por la trasmisión del Evangelio».

En esta carta, el arzobispo recuerda también que el viernes 24 y el sábado 25 de marzo, se celebrarán las 24 horas para el Señor, una Jornada promovida desde el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización e impulsada por el Papa Francisco es una iniciativa centrada en la adoración al Santísimo Sacramento y la recepción del sacramento de la Reconciliación en tiempo de Cuaresma.  Mons. Barrio exhorta a que se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales, pues “en la adoración eucarística encontramos también el sosiego propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás”.

 

Carta Pastoral íntegra:

 

 

Carta Pastoral en la Cuaresma del 2023

Subir a Jerusalén, escuela para el discípulo

 

 

Queridos diocesanos:

Cuando todavía oímos los ecos de la clausura del Año Santo Compostelano, la liturgia de la Iglesia nos anima a vivir la Cuaresma como preparación a la solemnidad de la Pascua. “El retiro, nos dice el Papa en su Mensaje, no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección”[1]. Dios nos sigue buscando para implicarnos en el proyecto de su Reino (Mc 1,16-24), llamándonos a la conversión y a creer en el Evangelio. Como se nos recordaba en el Año Santo, hemos de salir de nuestra tierra como Abrahán porque Dios nos espera siempre allí donde quiere que lleguemos. Es posible que nos sintamos espiritualmente, como en tierra extraña, estando siempre a la defensiva. El pecado nos encierra en nosotros mismos pero puede abrirnos paradójicamente al amor y a la misericordia de Dios que nos ve mejor de lo que nos vemos nosotros mismos (Jn 8,1-11) y espera siempre con los brazos abiertos al hijo que se ha ido de casa (Lc 15).

La Cuaresma, metáfora del paraíso perdido

La Cuaresma es el desierto, metáfora del paraíso perdido, en el que labramos nuestra conversión, venciendo las tentaciones. En ese ámbito hemos de revitalizar el don de nuestra fe, avivar el deseo de Dios: “Oh Dios, tú eres mi Dios por ti madrugo; mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua” (Ps 62,2), guardar silencio que nos libere de los ruidos internos y externos, ofrecer nuestra disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios como hizo Jesús  tentado en el desierto (Lc 4,1-13) y compartir la fatiga cotidiana sostenidos por una esperanza fiable y con un espíritu sinodal. “Podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es sinodal, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Esto nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio del Reino”[2].

Las raíces de nuestra vida como comunidad cristiana son mantenerse unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir teniendo los sentimientos propios de Cristo (cf. Fil 2,1-11). De manera especial en este tiempo cuaresmal os animo a sentir la Iglesia con una actitud agradecida por la transmisión del Evangelio a través de ella, sabiendo que sus problemas son los nuestros; a sentir en la Iglesia viéndola como un cuerpo cuyos miembros están al servicio de todo el cuerpo; y a sentir con la Iglesia no convirtiendo nuestro criterio personal en criterio absoluto y poniendo al servicio de los demás los dones recibidos.

Recordemos que en la misión no va incluido el éxito, pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia ni a la pasividad. “La ascesis cuaresmal es un compromiso animado por la gracia para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz”[3]. No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que glorifiquen a Dios. Hay que podar las ramas secas que impiden crecer el árbol de nuestra vida. La vocación cristiana debe ser vivida siempre con alegría, manteniendo las lámparas encendidas (cf. Mt 25,1-13) aunque la espera se alargue. Esta actitud interpelará proféticamente y nunca defraudará.

Vivir la fraternidad

Dios Padre quiere que nos sintamos hermanos y vivamos la fraternidad. Así lo percibimos en la parábola del hijo pródigo. Es verdad que la vuelta del hijo menor es interesada: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre” (Lc 15, 17) y que el hijo mayor acapara una filiación que no es exclusivamente suya: “Mira en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado” (Lc 15,29-30), pero el Padre sale al encuentro de los dos aunque no sabemos si el hijo mayor participó en la fiesta preparada con motivo de haber encontrado al hijo menor.

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal celebramos las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 24 y el sábado 25 de marzo, recordando las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el sosiego propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

Doy gracias a Dios por todos vosotros que me habéis posibilitado realizar la misión que el Señor me encomendó como vuestro Obispo, unas veces yendo delante, otras en medio y alguna vez también detrás. ¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1]FRANCISCO, Mensaje para la Cuaresma 2023.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

 

Fuente: archicompostela.es

 

Mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma 2023: «El camino cuaresmal es sinodal».

Una invitación a ponerse en camino siguiendo a Jesús para profundizar y acoger su misterio de salvación, desprendiéndose de la mediocridad y de la vanidad. Es lo que aborda el Papa en su mensaje para la Cuaresma 2023, en el que destaca la relación entre el camino cuaresmal y el camino sinodal

 

Ya se ha publicado el MENSAJE PARA LA CUARESMA 2023 del Papa Francisco. Inspirado en el episodio evangélico de la Transfiguración en el monte Tabor, el Pontífice nos invita en esta Cuaresma, orientada a la Pascua, a  “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular y sinodal de ascesis.

En palabras del Papa «esta ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz«. «Un «retiro» que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección», y para ello, “debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades«. Pero además, nos resalta Francisco, «nuestro camino cuaresmal debe ser “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. sabiendo que Él mismo es el Camino»

Este camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros, este año el Papa Francisco en su mensaje nos propone dos “caminos” a seguir junto a Jesús para llegar con Él a la meta. El  primer sendero: Escuchar a Jesús, en su Palabra pero también a través de nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia, como corresponde al estilo de la Iglesia sinodal. El segundo sendero: afrontar sin miedo la realidad con sus luchas cotidianas, sus dificultades y contradicciones sin refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas.

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Texto íntegro del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2023

 

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2023

Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo

Francisco

 

 

 

Fuente: vatican.va

«Os anunciamos, con alegría, la Pascua del Señor».- Material de Cuaresma y Pascua 2023 de ACG

 

Un  año más Acción Católica General pone a nuestra disposición unos materiales de Cuaresma y Pascua que esperan que nos ayuden a vivir el tiempo de Cuaresma y Pascua de una manera más profunda, convirtiendo el corazón al Señor, abriéndonos a su Palabra que trasforma, celebrando la fe, inclinando nuestro corazón a las necesidades de los que nos rodean, viviendo así la misericordia y de este modo anunciando con alegría que Jesucristo ha resucitado y nos quiere hacer partícipes de ella.

 

Bajo el lema ‹ Os anunciamos, con alegría, la Pascua del Señor › estos materiales nos invitan a hacer un camino hacia la Pascua, renovando nuestra adhesión a Jesucristo, experimentando de nuevo en nuestra vida su presencia salvadora y con un anuncio diferente según el lema para cada semana, inspirado en el salmo del domingo correspondiente:

 

Estos materiales se pueden utilizar tanto personal como comunitariamente y se componen de:

  • Itinerario oracional con los salmos para Cuaresma y Pascua, que la liturgia nos ofrece cada domingo
  • Retablos y pasos: un itinerario espiritual.
  • Celebración Penitencial: «Os anunciamos la conversión y la misericordia», que nos ayude a vivir la reconciliación con Dios y con los hermanos
  • Vía Crucis. «Caminamos con Jesús hacia la Pascua», con el que poder contemplar el amor de Jesucristo en su pascua, en su cruz y su resurrección.
  • Material de Infancia. Semana a semana. El Tesoro de Jesús.- donde vamos a contar con la ayuda del MAPA DEL TESORO, dibujado por Patxi Fano, que nos marca el camino de Cuaresma hacia la Pascua del Señor, y de la mano de Jesús y su Evangelio, nos irá llevando por los distintos Lugares para descubrir allí una llamada especial a Anunciar

 

 

 

Se pueden descargar los materiales en el siguiente enlace

 

«Sin alegría el Evangelio no es Buena Noticia»

 

«Sin alegría el Evangelio no es Buena Noticia». Es una de las convicciones el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Juliñan Barrio, transmite en esta carta llena de afecto, dirigida a todos los catequistas.

En ella, además de agradecer el servicio invaluable que realizan los catequistas en las parroquias, se invita a participar en la Asamblea Diocesana de Catequistas, el próximo sábado 4 de marzo; así como en el Día Diocesano de la Catequesis el domingo siguiente, 12 de marzo.

Carta Pastoral de D. Julián íntegra:

 

 

Carta Pastoral en el Día diocesano del Catequista

 

Queridos/as catequistas:

Al dirigirme a vosotros lo hago con todo agradecimiento y con el gozo de saber el gran compromiso que habéis asumido a la hora de transmitir el don de la fe con el mensaje del Evangelio, siempre Buena Nueva. Una misión tanto más significativa en el momento actual que no abunda precisamente en buenas noticias y cuando el desánimo puede prender en nosotros cayendo en la indiferencia.

Hoy quiero recordaros que en vuestro ministerio de catequistas estáis ungidos con la unción de la alegría y de la bondad. “Alegraos y regocijaos (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1)”(1).

En esta ocasión pido que el Señor os unja con la unción de la alegría tan necesaria en vuestra misión como catequistas. “El Espíritu Santo es la alegría que viene de Dios. Desde Jesús esta alegría se derrama sobre nosotros en su Evangelio, en la buena noticia de que Dios nos conoce, que es bueno y que su bondad es un poder sobre todos los poderes; que somos queridos y amados por Él. La alegría es el fruto del amor” (2). Esta alegría es algo distinto del puro entretenimiento, penetra en nuestro corazón y es misionera porque a través de ella consoláis y evangelizáis a los niños y a los jóvenes que se os han encomendado. La alegría va acompañada de la fidelidad y de la mansedumbre. El papa Francisco alude a las actitudes que ayudan a acoger el anuncio como la cercanía, la apertura al diálogo, la paciencia, la acogida cordial que no condena (EG 165). Sin alegría el Evangelio no es Buena Noticia. “La alegría del Evangelio llena los corazones y la vida entera de los que se encuentran con Jesús… Con Jesucristo la alegría siempre nace y renace” (EG 1).

El Día diocesano del Catequista lo tendremos, Dios mediante, el 4 de marzo, y el 12 será el Día de la Catequesis en las Parroquias. Os invito a participar y a celebrar festivamente estos días. No olvidéis que la Iglesia diocesana os necesita y os agradece vuestra entrega y generosidad. Mi gratitud a la Delegación Diocesana de Catequesis y a todos sus colaboradores, reconociendo la encomiable labor que están realizando con tanto esfuerzo y dedicación.

Rezo con todos vosotros pidiendo que el Señor haya concedido su gloria a las personas catequistas que terminaron su peregrinación en esta vida a lo largo del pasado año. Que a todos vosotros el Señor os bendiga y os guarde de todo mal y os mantenga en su santo servicio. Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

(1) FRANCISCO, Gaudete et exultate, 1-2.

(1) BENEDICTO XVI, Homilía a los sacerdotes el día uno de abril de 2010

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Julián en la Campaña de Manos Unidas

 

La desigualdad se ha convertido en la mayor amenaza y el mayor desafío a nivel mundial. Para muchas personas, pensar en desigualdad y en hambre es pensar en un reto imposible, un problema sin solución ante el que no se puede hacer nada.

Contra esa desigualdad trata de luchar año tras año Manos Unidas que cada mes de febrero pone en marcha su Campaña de Manos Unidas que se celebra el segundo domingo del mes de febrero.

El lema elegido para este año es «Frenar la desigualdad está en tus manos» y quiere ser un llamamiento a la sociedad para luchar por la dignidad y promover un mundo donde todos valgamos lo mismo y nadie se quede atrás.

Y como cada año con motivo de esta Campaña el arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, ha publicado una Carta Pastoral en la que recuerda que el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza, va aumentando cada vez más lo que debe golpear nuestra conciencia: “¿Qué sociedad es esta nuestra en la que tan poco cuenta la dignidad de la persona y tantas cualidades buenas se están perdiendo? Cada uno de nosotros podría ser esa persona que tiene que resignarse a la herida de la desigualdad provocada”.

 

 

Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2023

“Frenar la desigualdad está en tus manos”

 

 

Queridos diocesanos:

La liturgia de la Iglesia reza así: “Padre nuestro que en los cielos estás, haz a los hombres iguales: que ninguno se avergüence de los demás; que todos al que gime den consuelo; que todos al que sufre del hambre la tortura le regalen en rica mesa de manteles blancos con blanco pan y generoso vino”[1]. La Campaña de Manos Unidas llama de nuevo a nuestra conciencia, recordándonos que el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza, va aumentando cada vez más. El cristianismo nace precisamente como amor al hombre. Ayudar a los demás nos permite descubrir quién soy, por qué existo y lo mucho que puedo hacer. Esto suscita en nosotros una pregunta preocupante: ¿Qué sociedad es esta nuestra en la que tan poco cuenta la dignidad de la persona y tantas cualidades buenas se están perdiendo? Cada uno de nosotros podría ser esa persona que tiene que resignarse a la herida de la desigualdad provocada. Cuando sanitariamente preocupa el ponernos la vacuna de turno, nos damos cuenta de que para la pobreza, la desigualdad y el hambre no la tenemos porque son otros intereses humanos los que la dificultan. La pobreza y el hambre no son fruto de la fatalidad ni son culpables los pobres y los que pasan hambre como a veces se argumenta.

Siempre podremos hacer algo

El lema de la campaña de este año ha de inquietarnos: “Frenar la desigualdad está en tus manos”. Es un reto que hemos de asumir. Es posible que nos justifiquemos pensando que poco podemos hacer y que la solución a este problema depende de otras instancias que ostentan el poder. En todo caso esto nunca será excusa para que dejemos de hacer lo que esté en nuestras manos. Esperar a solucionarlo todo para actuar, será una forma de justificar nuestra inactividad.

Los cristianos y toda persona de buena voluntad encontrarán una orientación ética y moral en la Doctrina Social de la Iglesia que recoge el mensaje del Evangelio. Para superar la sima de la desigualdad necesitamos tener como puente un trabajo digno con un salario adecuado que evite el bucle de la dependencia. “Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo”[2]. El trabajo por la justicia y la paz es una realidad que nos incumbe a todos, reconociéndonos como hijos de Dios y hermanos los unos de los otros. La desigualdad no se aviene con la fraternidad. El momento de responder es ahora. Como dijo el papa Francisco refiriéndose al juicio final: “la respuesta es sólo una: el cuándo es ahora. Está en nuestras manos, en nuestras obras de misericordia: no en las puntualizaciones y en los análisis refinados, no en las justificaciones individuales o sociales. En nuestras manos y nosotros somos responsables”.

La sociedad puede cambiar

Es posible una sociedad en la que la dignidad humana con todos sus derechos y obligaciones sea el faro orientador. Necesitamos un esfuerzo global para superar las desigualdades, mirando al futuro con esperanza. Recordemos que cualquier cosa que hagamos por los demás, la hacemos a Cristo y superemos la pulsión por el tener que genera toda codicia. Más de 811 millones de personas están pasando hambre. Esta realidad no nos puede ser indiferente, aislándonos en nuestra visión pesimista de la vida. No hagamos dependientes a los demás, tratemos de ayudarles a salir de esa situación inhumana. Servir es posibilitar la igualdad. “Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país… Cuando este principio elemental no queda a salvo, no hay futuro ni para la fraternidad ni para la sobrevivencia de la humanidad”[3]. Hemos de atrevernos como Tomás, el incrédulo, a meter nuestras manos en las llagas del mundo y en las propias. Es atreverse a encontrar a Cristo para transformar la realidad.

Manos a la obra

La fe cristiana no es el sueño en el que se refugia quien calcula la carga de la vida. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor 12,26), toman en serio el dolor del prójimo y tratan de remediarlo. Se nos llama a trabajar por la realización integral de la persona. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[4].

Pongamos manos a la obra y hagámoslo con esperanza cristiana que “es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal… para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”[5]. La verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad[6]. La campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con las desigualdades, favoreciendo el bien común. Así se nos recuerda que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”[7].

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Himno de Laudes, martes tercera semana de la Liturgia de las Horas.

[2] FRANCISCO, Fratelli tutti, 162.

[3] FRANCISCO, Fratelli tutti, 107.

[4] FRANCISCO, Laudato si’, 231.

[5] Ibid., 55.

[6] Cf. Ibid., 47.

[7] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 190.

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Julián en el Día del Enfermo

 

La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Jornada Mundial del Enfermo. En este día se inicia la X Campaña del Enfermo, que concluirá con la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua, este año será el 14 de mayo.

El arzobispo de Santiago ha dirigido a todos los diocesanos una Carta Pastoral en la que les invita a sentir muy cercanas a las personas enfermas acompañándolas en su situación concreta: “Hemos de cuidar a nuestros mayores y de manera especial si se encuentran enfermos ya estén en casa, en las residencias o en los hospitales. Muchos de ellos añaden a la enfermedad el peso de los años. Hemos de dejarnos cautivar por su rostro desgastado y surcado por las arrugas en las que se perciben ecos de esperanza, evitando la «cultura del descarte» y caminando con y junto a ellos como Dios «que es cercanía, compasión y ternura”, lo hace»”.

 

 

Carta Pastoral en el Día del Enfermo 2023

“Déjate cautivar por su rostro desgastado”

 

Queridos diocesanos:

En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes celebramos la XXXI Jornada Mundial del Enfermo, sintiendo muy cercanas a las personas enfermas y acompañándolas en la situación concreta. Orienta nuestra reflexión el lema: “No me rechaces ahora en la vejez, no me abandones” (Sal 71,9).

Nuestros mayores

Miramos a nuestros mayores de manera especial. Con este sentir el papa Francisco llama a la Iglesia a fijarse en la parábola de Buen Samaritano. Hemos de cuidar a nuestros mayores y de manera especial si se encuentran enfermos ya estén en casa, en las residencias o en los hospitales. Muchos de ellos añaden a la enfermedad el peso de los años. Hemos de dejarnos cautivar por su rostro desgastado y surcado por las arrugas en las que se perciben ecos de esperanza, evitando la “cultura del descarte” y caminando con y junto a ellos como Dios “que es cercanía, compasión y ternura”, lo hace. La necesidad “del cuidado y de la compasión” nos urge a todos. Cuidar a nuestros mayores más que una obligación, recordada en el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, es algo que debemos sentir como una necesidad no sólo por caridad sino también por justicia. Es verdad que la enfermedad puede acompañarnos siendo niños, jóvenes, adultos o mayores. Percibimos esta realidad en nosotros o en los demás en la vida de cada día. “La enfermedad forma parte de nuestra experiencia humana. Pero, si se vive en el aislamiento y en el abandono, si no va acompañada del cuidado y de la compasión, puede llegar a ser inhumana”[1]. En nuestro peregrinar humano necesitamos ser acompañados y acompañar si queremos llegar lejos, tratando de que los demás no nos pasen desapercibidos en su situación concreta. “Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida… Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante”[2].

“Cuida de él” (Lc 10,35)

“Cuida de él” (Lc 10,35) es la recomendación del samaritano al posadero. Jesús nos lo recuerda también a cada uno de nosotros, y al final nos exhorta: “Anda y haz tú lo mismo”. Escribe el papa Francisco: “La Encíclica Fratelli tutti propone una lectura actualizada de la parábola del buen samaritano. La escogí como eje, como punto de inflexión, para poder salir de las sombras de un mundo cerrado y pensar y gestar un mundo abierto (cf. n. 56). De hecho, existe una conexión profunda entre esta parábola de Jesús y las múltiples formas en las que se niega hoy la fraternidad. En particular, el hecho de que la persona golpeada y despojada sea abandonada al borde del camino, representa la condición en la que se deja a muchos de nuestros hermanos y hermanas cuando más necesitados están de ayuda. No es fácil distinguir cuáles agresiones contra la vida y su dignidad proceden de causas naturales y cuáles, en cambio, provienen de la injusticia y la violencia. En realidad, el nivel de las desigualdades y la prevalencia de los intereses de unos pocos ya afectan a todos los entornos humanos, hasta tal punto que resulta difícil considerar cualquier experiencia como natural. Todo sufrimiento tiene lugar en una cultura y en medio de sus contradicciones”[3].

Agentes sanitarios y familias

Decía el papa Benedicto XVI, “Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar también en todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, especialmente en los médicos, en los agentes sanitarios y en quienes prestan la asistencia religiosa en los hospitales. Son reservas de amor, que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. En la encíclica Deus caritas est, expliqué que, en este valioso servicio, hace falta ante todo competencia profesional -que es una primera necesidad fundamental-, pero esta por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, que necesitan humanidad y atención cordial. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una formación del corazón: se les ha de guiar hacia el encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro”[4].

No me olvido y agradezco con afecto a tantas familias que en sus casas atienden y cuidan a los mayores enfermos. No olvidéis que compartir la debilidad de las personas enfermas es tallar para sí un corazón misericordioso. “La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por su propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene de lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón”[5].

¡Santa María, “Salud de los enfermos, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”! Queridos enfermos y enfermas, os tengo muy presentes en mi oración y me encomiendo a la vuestra. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Mensaje del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial del Enfermo en 2023.

[2] C. HONORÉ, Elogio de la lentitud.

[3] Mensaje del Papa …

[4] BENEDICTO XVI, Angelus del 1-7-2012.

[5] FRANCISCO, Misericordiae vultus, nº 6.

 

 

Fuente:archicompostela.es

«La sinodalidad nos invita a dejarnos abrir a la novedad»

 

Testimonio de D. Luis Manuel Romero Sánchez, Representante de la Delegación Española en la Asamblea Continental Europea del Sínodo 2021 2024 en Praga.

 

En primer lugar, me gustaría afirmar que mi participación en la Asamblea Continental Europea en Praga (5-9 febrero 2023), ha sido una experiencia personal inolvidable, al tener la oportunidad de compartir la fe con personas (obispos, sacerdotes, vida consagrada y laicos) de otras iglesias de Europa.

Pienso que el solo hecho de habernos encontrado, conocido, escuchado, dialogado abiertamente y haber realizado un ejercicio de discernimiento comunitario, es la más importante puesta en práctica de sinodalidad.

Ahora bien, las aportaciones realizadas por las delegaciones, los trabajos en grupo y en las plenarias han sido sumamente interesantes y siento que han ido muy sintonía con la Síntesis que aportamos la delegación española.

En estos días, hemos descubierto que en Europa hay una gran diversidad, tensiones e interrogantes, que no deben ser interpretados de modo negativo, sino como una realidad que nos interpela para ir recorriendo un camino juntos, con el objetivo de subrayar la unidad frente a la diversidad, sin caer en la uniformidad.

 

El proceso sinodal no consiste en una lucha por imponer mis/nuestras ideas frente a otros, sino de que hagamos un camino con los otros, desde la escucha del Espíritu Santo, que nos da una gran libertad para dialogar, sin miedo, desde el respeto.

 

La sinodalidad es un modo de ser Iglesia, un estilo de vida, que debe atravesar todas nuestras acciones pastorales, y que nos llama a crecer en comunión, a ser una Iglesia más inclusiva, a vivir la corresponsabilidad de todos los que formamos parte del pueblo de Dios. De un modo particular, en estos días, se ha insistido en el hecho de que hay que superar el clericalismo y dar mayor participación a los laicos, a la mujer y a los jóvenes, en la toma de decisiones eclesiales. Y el fundamento de la corresponsabilidad es el sacramento del bautismo, por el que todos somos iguales en la Iglesia.

 

La iglesia europea ha reconocido “sus heridas” (destacando los abusos sexuales y de poder), desde el arrepentimiento sincero, pero con la convicción de que tenemos que seguir mirando hacia adelante, porque nuestro horizonte es la evangelización en un contexto caracterizado por la secularización.

 

Constatamos que nos falta el ardor misionero para transmitir una fe más atrayente, manteniendo la Tradición, pero con un espíritu renovado, porque existe una fractura entre fe y cultura actual, y como Iglesia no estamos respondiendo a los signos de los tiempos, que incluyen el grito de los más pobres y marginados.

 

 

En síntesis, me voy de Praga con ilusión y esperanza, porque he percibido en la Iglesia que peregrina en Europa un auténtico deseo de crecer en sinodalidad, aunque pienso que este camino no ha hecho más que comenzar.

 

No debemos tener miedo a morir a ciertas formas de ser Iglesia, que pueden estar caducas, y debemos abrirnos a la novedad, dejándonos sorprender por el Señor, que camina con nosotros, abiertos también a la sorpresa de los hermanos con los que compartimos la vocación bautismal y, por tanto, la misión evangelizadora.

 

 

Luis Manuel Romero Sánchez,

Representante de la Delegación Española en Praga

 

 

 

Noticia extraída de: religiondigital.org