Carta Pastoral de D. Julián para esta Cuaresma: «Dios nos sigue buscando para implicarnos en el proyecto de su Reino llamándonos a la conversión y a creer en el Evangelio”.

 

El arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Julián Barrio, ha hecho público su Carta Pastoral para la Cuaresma: «Subir a Jerusalén, escuela para el discípulo» en la que invita a los diocesanos a reflexionar y vivir este tiempo como un camino de preparación a la solemnidad de la Pascua en el que “Dios nos sigue buscando para implicarnos en el proyecto de su Reino llamándonos a la conversión y a creer en el Evangelio”, siendo la Cuaresma, en palabras de D. Julián, «el desierto en el que labramos nuestra conversión, venciendo a las tentaciones, donde hemos de revitalizar el don de nuestra fe, avivar el deseo de Dios, guardar silencio que nos libere de los ruidos internos y externos, ofrecer nuestra disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios como hizo Jesús  y compartir la fatiga cotidiana sostenidos por una esperanza fiable y con un espíritu sinodal» y todo ello «sintiendo la Iglesia con una actitud agradecida por la trasmisión del Evangelio».

En esta carta, el arzobispo recuerda también que el viernes 24 y el sábado 25 de marzo, se celebrarán las 24 horas para el Señor, una Jornada promovida desde el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización e impulsada por el Papa Francisco es una iniciativa centrada en la adoración al Santísimo Sacramento y la recepción del sacramento de la Reconciliación en tiempo de Cuaresma.  Mons. Barrio exhorta a que se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales, pues “en la adoración eucarística encontramos también el sosiego propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás”.

 

Carta Pastoral íntegra:

 

 

Carta Pastoral en la Cuaresma del 2023

Subir a Jerusalén, escuela para el discípulo

 

 

Queridos diocesanos:

Cuando todavía oímos los ecos de la clausura del Año Santo Compostelano, la liturgia de la Iglesia nos anima a vivir la Cuaresma como preparación a la solemnidad de la Pascua. “El retiro, nos dice el Papa en su Mensaje, no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección”[1]. Dios nos sigue buscando para implicarnos en el proyecto de su Reino (Mc 1,16-24), llamándonos a la conversión y a creer en el Evangelio. Como se nos recordaba en el Año Santo, hemos de salir de nuestra tierra como Abrahán porque Dios nos espera siempre allí donde quiere que lleguemos. Es posible que nos sintamos espiritualmente, como en tierra extraña, estando siempre a la defensiva. El pecado nos encierra en nosotros mismos pero puede abrirnos paradójicamente al amor y a la misericordia de Dios que nos ve mejor de lo que nos vemos nosotros mismos (Jn 8,1-11) y espera siempre con los brazos abiertos al hijo que se ha ido de casa (Lc 15).

La Cuaresma, metáfora del paraíso perdido

La Cuaresma es el desierto, metáfora del paraíso perdido, en el que labramos nuestra conversión, venciendo las tentaciones. En ese ámbito hemos de revitalizar el don de nuestra fe, avivar el deseo de Dios: “Oh Dios, tú eres mi Dios por ti madrugo; mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua” (Ps 62,2), guardar silencio que nos libere de los ruidos internos y externos, ofrecer nuestra disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios como hizo Jesús  tentado en el desierto (Lc 4,1-13) y compartir la fatiga cotidiana sostenidos por una esperanza fiable y con un espíritu sinodal. “Podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es sinodal, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Esto nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio del Reino”[2].

Las raíces de nuestra vida como comunidad cristiana son mantenerse unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir teniendo los sentimientos propios de Cristo (cf. Fil 2,1-11). De manera especial en este tiempo cuaresmal os animo a sentir la Iglesia con una actitud agradecida por la transmisión del Evangelio a través de ella, sabiendo que sus problemas son los nuestros; a sentir en la Iglesia viéndola como un cuerpo cuyos miembros están al servicio de todo el cuerpo; y a sentir con la Iglesia no convirtiendo nuestro criterio personal en criterio absoluto y poniendo al servicio de los demás los dones recibidos.

Recordemos que en la misión no va incluido el éxito, pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia ni a la pasividad. “La ascesis cuaresmal es un compromiso animado por la gracia para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz”[3]. No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que glorifiquen a Dios. Hay que podar las ramas secas que impiden crecer el árbol de nuestra vida. La vocación cristiana debe ser vivida siempre con alegría, manteniendo las lámparas encendidas (cf. Mt 25,1-13) aunque la espera se alargue. Esta actitud interpelará proféticamente y nunca defraudará.

Vivir la fraternidad

Dios Padre quiere que nos sintamos hermanos y vivamos la fraternidad. Así lo percibimos en la parábola del hijo pródigo. Es verdad que la vuelta del hijo menor es interesada: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre” (Lc 15, 17) y que el hijo mayor acapara una filiación que no es exclusivamente suya: “Mira en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado” (Lc 15,29-30), pero el Padre sale al encuentro de los dos aunque no sabemos si el hijo mayor participó en la fiesta preparada con motivo de haber encontrado al hijo menor.

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal celebramos las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 24 y el sábado 25 de marzo, recordando las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el sosiego propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

Doy gracias a Dios por todos vosotros que me habéis posibilitado realizar la misión que el Señor me encomendó como vuestro Obispo, unas veces yendo delante, otras en medio y alguna vez también detrás. ¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1]FRANCISCO, Mensaje para la Cuaresma 2023.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

 

Fuente: archicompostela.es

 

Mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma 2023: «El camino cuaresmal es sinodal».

Una invitación a ponerse en camino siguiendo a Jesús para profundizar y acoger su misterio de salvación, desprendiéndose de la mediocridad y de la vanidad. Es lo que aborda el Papa en su mensaje para la Cuaresma 2023, en el que destaca la relación entre el camino cuaresmal y el camino sinodal

 

Ya se ha publicado el MENSAJE PARA LA CUARESMA 2023 del Papa Francisco. Inspirado en el episodio evangélico de la Transfiguración en el monte Tabor, el Pontífice nos invita en esta Cuaresma, orientada a la Pascua, a  “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular y sinodal de ascesis.

En palabras del Papa «esta ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz«. «Un «retiro» que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección», y para ello, “debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades«. Pero además, nos resalta Francisco, «nuestro camino cuaresmal debe ser “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. sabiendo que Él mismo es el Camino»

Este camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros, este año el Papa Francisco en su mensaje nos propone dos “caminos” a seguir junto a Jesús para llegar con Él a la meta. El  primer sendero: Escuchar a Jesús, en su Palabra pero también a través de nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia, como corresponde al estilo de la Iglesia sinodal. El segundo sendero: afrontar sin miedo la realidad con sus luchas cotidianas, sus dificultades y contradicciones sin refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas.

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Texto íntegro del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2023

 

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2023

Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo

Francisco

 

 

 

Fuente: vatican.va

«Os anunciamos, con alegría, la Pascua del Señor».- Material de Cuaresma y Pascua 2023 de ACG

 

Un  año más Acción Católica General pone a nuestra disposición unos materiales de Cuaresma y Pascua que esperan que nos ayuden a vivir el tiempo de Cuaresma y Pascua de una manera más profunda, convirtiendo el corazón al Señor, abriéndonos a su Palabra que trasforma, celebrando la fe, inclinando nuestro corazón a las necesidades de los que nos rodean, viviendo así la misericordia y de este modo anunciando con alegría que Jesucristo ha resucitado y nos quiere hacer partícipes de ella.

 

Bajo el lema ‹ Os anunciamos, con alegría, la Pascua del Señor › estos materiales nos invitan a hacer un camino hacia la Pascua, renovando nuestra adhesión a Jesucristo, experimentando de nuevo en nuestra vida su presencia salvadora y con un anuncio diferente según el lema para cada semana, inspirado en el salmo del domingo correspondiente:

 

Estos materiales se pueden utilizar tanto personal como comunitariamente y se componen de:

  • Itinerario oracional con los salmos para Cuaresma y Pascua, que la liturgia nos ofrece cada domingo
  • Retablos y pasos: un itinerario espiritual.
  • Celebración Penitencial: «Os anunciamos la conversión y la misericordia», que nos ayude a vivir la reconciliación con Dios y con los hermanos
  • Vía Crucis. «Caminamos con Jesús hacia la Pascua», con el que poder contemplar el amor de Jesucristo en su pascua, en su cruz y su resurrección.
  • Material de Infancia. Semana a semana. El Tesoro de Jesús.- donde vamos a contar con la ayuda del MAPA DEL TESORO, dibujado por Patxi Fano, que nos marca el camino de Cuaresma hacia la Pascua del Señor, y de la mano de Jesús y su Evangelio, nos irá llevando por los distintos Lugares para descubrir allí una llamada especial a Anunciar

 

 

 

Se pueden descargar los materiales en el siguiente enlace

 

«Sin alegría el Evangelio no es Buena Noticia»

 

«Sin alegría el Evangelio no es Buena Noticia». Es una de las convicciones el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Juliñan Barrio, transmite en esta carta llena de afecto, dirigida a todos los catequistas.

En ella, además de agradecer el servicio invaluable que realizan los catequistas en las parroquias, se invita a participar en la Asamblea Diocesana de Catequistas, el próximo sábado 4 de marzo; así como en el Día Diocesano de la Catequesis el domingo siguiente, 12 de marzo.

Carta Pastoral de D. Julián íntegra:

 

 

Carta Pastoral en el Día diocesano del Catequista

 

Queridos/as catequistas:

Al dirigirme a vosotros lo hago con todo agradecimiento y con el gozo de saber el gran compromiso que habéis asumido a la hora de transmitir el don de la fe con el mensaje del Evangelio, siempre Buena Nueva. Una misión tanto más significativa en el momento actual que no abunda precisamente en buenas noticias y cuando el desánimo puede prender en nosotros cayendo en la indiferencia.

Hoy quiero recordaros que en vuestro ministerio de catequistas estáis ungidos con la unción de la alegría y de la bondad. “Alegraos y regocijaos (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1)”(1).

En esta ocasión pido que el Señor os unja con la unción de la alegría tan necesaria en vuestra misión como catequistas. “El Espíritu Santo es la alegría que viene de Dios. Desde Jesús esta alegría se derrama sobre nosotros en su Evangelio, en la buena noticia de que Dios nos conoce, que es bueno y que su bondad es un poder sobre todos los poderes; que somos queridos y amados por Él. La alegría es el fruto del amor” (2). Esta alegría es algo distinto del puro entretenimiento, penetra en nuestro corazón y es misionera porque a través de ella consoláis y evangelizáis a los niños y a los jóvenes que se os han encomendado. La alegría va acompañada de la fidelidad y de la mansedumbre. El papa Francisco alude a las actitudes que ayudan a acoger el anuncio como la cercanía, la apertura al diálogo, la paciencia, la acogida cordial que no condena (EG 165). Sin alegría el Evangelio no es Buena Noticia. “La alegría del Evangelio llena los corazones y la vida entera de los que se encuentran con Jesús… Con Jesucristo la alegría siempre nace y renace” (EG 1).

El Día diocesano del Catequista lo tendremos, Dios mediante, el 4 de marzo, y el 12 será el Día de la Catequesis en las Parroquias. Os invito a participar y a celebrar festivamente estos días. No olvidéis que la Iglesia diocesana os necesita y os agradece vuestra entrega y generosidad. Mi gratitud a la Delegación Diocesana de Catequesis y a todos sus colaboradores, reconociendo la encomiable labor que están realizando con tanto esfuerzo y dedicación.

Rezo con todos vosotros pidiendo que el Señor haya concedido su gloria a las personas catequistas que terminaron su peregrinación en esta vida a lo largo del pasado año. Que a todos vosotros el Señor os bendiga y os guarde de todo mal y os mantenga en su santo servicio. Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

(1) FRANCISCO, Gaudete et exultate, 1-2.

(1) BENEDICTO XVI, Homilía a los sacerdotes el día uno de abril de 2010

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Julián en la Campaña de Manos Unidas

 

La desigualdad se ha convertido en la mayor amenaza y el mayor desafío a nivel mundial. Para muchas personas, pensar en desigualdad y en hambre es pensar en un reto imposible, un problema sin solución ante el que no se puede hacer nada.

Contra esa desigualdad trata de luchar año tras año Manos Unidas que cada mes de febrero pone en marcha su Campaña de Manos Unidas que se celebra el segundo domingo del mes de febrero.

El lema elegido para este año es «Frenar la desigualdad está en tus manos» y quiere ser un llamamiento a la sociedad para luchar por la dignidad y promover un mundo donde todos valgamos lo mismo y nadie se quede atrás.

Y como cada año con motivo de esta Campaña el arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, ha publicado una Carta Pastoral en la que recuerda que el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza, va aumentando cada vez más lo que debe golpear nuestra conciencia: “¿Qué sociedad es esta nuestra en la que tan poco cuenta la dignidad de la persona y tantas cualidades buenas se están perdiendo? Cada uno de nosotros podría ser esa persona que tiene que resignarse a la herida de la desigualdad provocada”.

 

 

Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2023

“Frenar la desigualdad está en tus manos”

 

 

Queridos diocesanos:

La liturgia de la Iglesia reza así: “Padre nuestro que en los cielos estás, haz a los hombres iguales: que ninguno se avergüence de los demás; que todos al que gime den consuelo; que todos al que sufre del hambre la tortura le regalen en rica mesa de manteles blancos con blanco pan y generoso vino”[1]. La Campaña de Manos Unidas llama de nuevo a nuestra conciencia, recordándonos que el número de personas que pasan hambre y viven en la pobreza, va aumentando cada vez más. El cristianismo nace precisamente como amor al hombre. Ayudar a los demás nos permite descubrir quién soy, por qué existo y lo mucho que puedo hacer. Esto suscita en nosotros una pregunta preocupante: ¿Qué sociedad es esta nuestra en la que tan poco cuenta la dignidad de la persona y tantas cualidades buenas se están perdiendo? Cada uno de nosotros podría ser esa persona que tiene que resignarse a la herida de la desigualdad provocada. Cuando sanitariamente preocupa el ponernos la vacuna de turno, nos damos cuenta de que para la pobreza, la desigualdad y el hambre no la tenemos porque son otros intereses humanos los que la dificultan. La pobreza y el hambre no son fruto de la fatalidad ni son culpables los pobres y los que pasan hambre como a veces se argumenta.

Siempre podremos hacer algo

El lema de la campaña de este año ha de inquietarnos: “Frenar la desigualdad está en tus manos”. Es un reto que hemos de asumir. Es posible que nos justifiquemos pensando que poco podemos hacer y que la solución a este problema depende de otras instancias que ostentan el poder. En todo caso esto nunca será excusa para que dejemos de hacer lo que esté en nuestras manos. Esperar a solucionarlo todo para actuar, será una forma de justificar nuestra inactividad.

Los cristianos y toda persona de buena voluntad encontrarán una orientación ética y moral en la Doctrina Social de la Iglesia que recoge el mensaje del Evangelio. Para superar la sima de la desigualdad necesitamos tener como puente un trabajo digno con un salario adecuado que evite el bucle de la dependencia. “Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo”[2]. El trabajo por la justicia y la paz es una realidad que nos incumbe a todos, reconociéndonos como hijos de Dios y hermanos los unos de los otros. La desigualdad no se aviene con la fraternidad. El momento de responder es ahora. Como dijo el papa Francisco refiriéndose al juicio final: “la respuesta es sólo una: el cuándo es ahora. Está en nuestras manos, en nuestras obras de misericordia: no en las puntualizaciones y en los análisis refinados, no en las justificaciones individuales o sociales. En nuestras manos y nosotros somos responsables”.

La sociedad puede cambiar

Es posible una sociedad en la que la dignidad humana con todos sus derechos y obligaciones sea el faro orientador. Necesitamos un esfuerzo global para superar las desigualdades, mirando al futuro con esperanza. Recordemos que cualquier cosa que hagamos por los demás, la hacemos a Cristo y superemos la pulsión por el tener que genera toda codicia. Más de 811 millones de personas están pasando hambre. Esta realidad no nos puede ser indiferente, aislándonos en nuestra visión pesimista de la vida. No hagamos dependientes a los demás, tratemos de ayudarles a salir de esa situación inhumana. Servir es posibilitar la igualdad. “Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país… Cuando este principio elemental no queda a salvo, no hay futuro ni para la fraternidad ni para la sobrevivencia de la humanidad”[3]. Hemos de atrevernos como Tomás, el incrédulo, a meter nuestras manos en las llagas del mundo y en las propias. Es atreverse a encontrar a Cristo para transformar la realidad.

Manos a la obra

La fe cristiana no es el sueño en el que se refugia quien calcula la carga de la vida. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor 12,26), toman en serio el dolor del prójimo y tratan de remediarlo. Se nos llama a trabajar por la realización integral de la persona. “El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de caridad”[4].

Pongamos manos a la obra y hagámoslo con esperanza cristiana que “es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal… para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”[5]. La verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad[6]. La campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con las desigualdades, favoreciendo el bien común. Así se nos recuerda que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”[7].

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Himno de Laudes, martes tercera semana de la Liturgia de las Horas.

[2] FRANCISCO, Fratelli tutti, 162.

[3] FRANCISCO, Fratelli tutti, 107.

[4] FRANCISCO, Laudato si’, 231.

[5] Ibid., 55.

[6] Cf. Ibid., 47.

[7] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 190.

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Julián en el Día del Enfermo

 

La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Jornada Mundial del Enfermo. En este día se inicia la X Campaña del Enfermo, que concluirá con la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua, este año será el 14 de mayo.

El arzobispo de Santiago ha dirigido a todos los diocesanos una Carta Pastoral en la que les invita a sentir muy cercanas a las personas enfermas acompañándolas en su situación concreta: “Hemos de cuidar a nuestros mayores y de manera especial si se encuentran enfermos ya estén en casa, en las residencias o en los hospitales. Muchos de ellos añaden a la enfermedad el peso de los años. Hemos de dejarnos cautivar por su rostro desgastado y surcado por las arrugas en las que se perciben ecos de esperanza, evitando la «cultura del descarte» y caminando con y junto a ellos como Dios «que es cercanía, compasión y ternura”, lo hace»”.

 

 

Carta Pastoral en el Día del Enfermo 2023

“Déjate cautivar por su rostro desgastado”

 

Queridos diocesanos:

En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes celebramos la XXXI Jornada Mundial del Enfermo, sintiendo muy cercanas a las personas enfermas y acompañándolas en la situación concreta. Orienta nuestra reflexión el lema: “No me rechaces ahora en la vejez, no me abandones” (Sal 71,9).

Nuestros mayores

Miramos a nuestros mayores de manera especial. Con este sentir el papa Francisco llama a la Iglesia a fijarse en la parábola de Buen Samaritano. Hemos de cuidar a nuestros mayores y de manera especial si se encuentran enfermos ya estén en casa, en las residencias o en los hospitales. Muchos de ellos añaden a la enfermedad el peso de los años. Hemos de dejarnos cautivar por su rostro desgastado y surcado por las arrugas en las que se perciben ecos de esperanza, evitando la “cultura del descarte” y caminando con y junto a ellos como Dios “que es cercanía, compasión y ternura”, lo hace. La necesidad “del cuidado y de la compasión” nos urge a todos. Cuidar a nuestros mayores más que una obligación, recordada en el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, es algo que debemos sentir como una necesidad no sólo por caridad sino también por justicia. Es verdad que la enfermedad puede acompañarnos siendo niños, jóvenes, adultos o mayores. Percibimos esta realidad en nosotros o en los demás en la vida de cada día. “La enfermedad forma parte de nuestra experiencia humana. Pero, si se vive en el aislamiento y en el abandono, si no va acompañada del cuidado y de la compasión, puede llegar a ser inhumana”[1]. En nuestro peregrinar humano necesitamos ser acompañados y acompañar si queremos llegar lejos, tratando de que los demás no nos pasen desapercibidos en su situación concreta. “Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida… Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante”[2].

“Cuida de él” (Lc 10,35)

“Cuida de él” (Lc 10,35) es la recomendación del samaritano al posadero. Jesús nos lo recuerda también a cada uno de nosotros, y al final nos exhorta: “Anda y haz tú lo mismo”. Escribe el papa Francisco: “La Encíclica Fratelli tutti propone una lectura actualizada de la parábola del buen samaritano. La escogí como eje, como punto de inflexión, para poder salir de las sombras de un mundo cerrado y pensar y gestar un mundo abierto (cf. n. 56). De hecho, existe una conexión profunda entre esta parábola de Jesús y las múltiples formas en las que se niega hoy la fraternidad. En particular, el hecho de que la persona golpeada y despojada sea abandonada al borde del camino, representa la condición en la que se deja a muchos de nuestros hermanos y hermanas cuando más necesitados están de ayuda. No es fácil distinguir cuáles agresiones contra la vida y su dignidad proceden de causas naturales y cuáles, en cambio, provienen de la injusticia y la violencia. En realidad, el nivel de las desigualdades y la prevalencia de los intereses de unos pocos ya afectan a todos los entornos humanos, hasta tal punto que resulta difícil considerar cualquier experiencia como natural. Todo sufrimiento tiene lugar en una cultura y en medio de sus contradicciones”[3].

Agentes sanitarios y familias

Decía el papa Benedicto XVI, “Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar también en todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, especialmente en los médicos, en los agentes sanitarios y en quienes prestan la asistencia religiosa en los hospitales. Son reservas de amor, que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. En la encíclica Deus caritas est, expliqué que, en este valioso servicio, hace falta ante todo competencia profesional -que es una primera necesidad fundamental-, pero esta por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, que necesitan humanidad y atención cordial. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una formación del corazón: se les ha de guiar hacia el encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro”[4].

No me olvido y agradezco con afecto a tantas familias que en sus casas atienden y cuidan a los mayores enfermos. No olvidéis que compartir la debilidad de las personas enfermas es tallar para sí un corazón misericordioso. “La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por su propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene de lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón”[5].

¡Santa María, “Salud de los enfermos, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”! Queridos enfermos y enfermas, os tengo muy presentes en mi oración y me encomiendo a la vuestra. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Mensaje del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial del Enfermo en 2023.

[2] C. HONORÉ, Elogio de la lentitud.

[3] Mensaje del Papa …

[4] BENEDICTO XVI, Angelus del 1-7-2012.

[5] FRANCISCO, Misericordiae vultus, nº 6.

 

 

Fuente:archicompostela.es

«La sinodalidad nos invita a dejarnos abrir a la novedad»

 

Testimonio de D. Luis Manuel Romero Sánchez, Representante de la Delegación Española en la Asamblea Continental Europea del Sínodo 2021 2024 en Praga.

 

En primer lugar, me gustaría afirmar que mi participación en la Asamblea Continental Europea en Praga (5-9 febrero 2023), ha sido una experiencia personal inolvidable, al tener la oportunidad de compartir la fe con personas (obispos, sacerdotes, vida consagrada y laicos) de otras iglesias de Europa.

Pienso que el solo hecho de habernos encontrado, conocido, escuchado, dialogado abiertamente y haber realizado un ejercicio de discernimiento comunitario, es la más importante puesta en práctica de sinodalidad.

Ahora bien, las aportaciones realizadas por las delegaciones, los trabajos en grupo y en las plenarias han sido sumamente interesantes y siento que han ido muy sintonía con la Síntesis que aportamos la delegación española.

En estos días, hemos descubierto que en Europa hay una gran diversidad, tensiones e interrogantes, que no deben ser interpretados de modo negativo, sino como una realidad que nos interpela para ir recorriendo un camino juntos, con el objetivo de subrayar la unidad frente a la diversidad, sin caer en la uniformidad.

 

El proceso sinodal no consiste en una lucha por imponer mis/nuestras ideas frente a otros, sino de que hagamos un camino con los otros, desde la escucha del Espíritu Santo, que nos da una gran libertad para dialogar, sin miedo, desde el respeto.

 

La sinodalidad es un modo de ser Iglesia, un estilo de vida, que debe atravesar todas nuestras acciones pastorales, y que nos llama a crecer en comunión, a ser una Iglesia más inclusiva, a vivir la corresponsabilidad de todos los que formamos parte del pueblo de Dios. De un modo particular, en estos días, se ha insistido en el hecho de que hay que superar el clericalismo y dar mayor participación a los laicos, a la mujer y a los jóvenes, en la toma de decisiones eclesiales. Y el fundamento de la corresponsabilidad es el sacramento del bautismo, por el que todos somos iguales en la Iglesia.

 

La iglesia europea ha reconocido “sus heridas” (destacando los abusos sexuales y de poder), desde el arrepentimiento sincero, pero con la convicción de que tenemos que seguir mirando hacia adelante, porque nuestro horizonte es la evangelización en un contexto caracterizado por la secularización.

 

Constatamos que nos falta el ardor misionero para transmitir una fe más atrayente, manteniendo la Tradición, pero con un espíritu renovado, porque existe una fractura entre fe y cultura actual, y como Iglesia no estamos respondiendo a los signos de los tiempos, que incluyen el grito de los más pobres y marginados.

 

 

En síntesis, me voy de Praga con ilusión y esperanza, porque he percibido en la Iglesia que peregrina en Europa un auténtico deseo de crecer en sinodalidad, aunque pienso que este camino no ha hecho más que comenzar.

 

No debemos tener miedo a morir a ciertas formas de ser Iglesia, que pueden estar caducas, y debemos abrirnos a la novedad, dejándonos sorprender por el Señor, que camina con nosotros, abiertos también a la sorpresa de los hermanos con los que compartimos la vocación bautismal y, por tanto, la misión evangelizadora.

 

 

Luis Manuel Romero Sánchez,

Representante de la Delegación Española en Praga

 

 

 

Noticia extraída de: religiondigital.org

 

Comunicado Asamblea Continental Europea del Sínodo

 

Conclusiones de la Asamblea continental europea del Sínodo que ha reunido en Praga, del 5 al 9 de febrero, a 200 delegados en representación de las distintas Conferencias Episcopales de Europa. Además de las conclusiones que se hacen públicas ahora, próximamente se conocerá el documento final definitivo. Tras esta primera fase de la Asamblea, continúan reunidos, hasta el 12 de febrero, los presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa.

 

 

El secretario del Equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española, Luis Manuel Romero, y la presidenta del Foro de Laicos y también miembro de este equipo, Dolores García Pi, han sido los encargados de presentar en Praga la Síntesis de la Iglesia en España para esta asamblea continental.

 

Presentación de la Síntesis de la Iglesia española en Praga

 

Texto íntegro de las conclusiones:

 

Hemos vivido cuatro días de escucha y diálogo a partir de las resonancias suscitadas por el Documento de Trabajo para la Etapa Continental en las Iglesias de las que venimos. Como Asamblea Continental Europea, nos damos cuenta de que hemos tenido una experiencia profundamente espiritual a través del método sinodal.

Damos gracias al Espíritu que nos guió por el don recibido y aquí queremos compartirlo. Profundizamos en las intuiciones que las comunidades eclesiales de nuestro continente han adquirido a través del proceso sinodal, así como en las tensiones e interrogantes que enfrentan las Iglesias europeas [1] . Sobre todo, volvimos a sentir el dolor de las heridas que marcan nuestra historia reciente, comenzando por las que la Iglesia ha infligido a través de los abusos perpetrados por personas que estaban ejerciendo un ministerio u oficio eclesial. Hemos mencionado varias veces la violencia despiadada de la guerra de agresión que desfigura a Ucrania. Pensamos en las víctimas del terremoto que asoló Turquía y Siria.

Nuestro trabajo ha sido rico y apasionante, aunque no exento de problemas y dificultades. Nos ha permitido mirar a los ojos a la Iglesia en Europa, con todos los tesoros de las dos grandes tradiciones latina y oriental que la componen. Con una conciencia que ha ido creciendo a lo largo de la Asamblea, sentimos hoy que podemos afirmar que nuestra Iglesia es hermosa, mostrando una variedad que es también nuestra riqueza. Sentimos que la amamos aún más, a pesar de las heridas que ha infligido, por las que necesita pedir perdón para poder avanzar en la reconciliación, la curación de la memoria y la acogida de los heridos. Estamos convencidos de que estos sentimientos también llenan el corazón de todas las personas que se han involucrado en el camino del Sínodo 2021-2024 desde septiembre de 2021.

A lo largo de los días de Asamblea pasamos por una experiencia espiritual de que es posible encontrarse, escucharse y dialogar a partir de nuestras diferencias y más allá de los muchos obstáculos, muros y barreras que nuestra historia pone en nuestro camino. Necesitamos amar la variedad dentro de nuestra Iglesia y apoyarnos unos a otros en la estima mutua, fortalecidos por nuestra fe en el Señor y el poder de su Espíritu.

Por eso queremos seguir caminando en estilo sinodal: más que una metodología, la consideramos un modo de vida de nuestra Iglesia, de discernimiento comunitario y de discernimiento de los signos de los tiempos. En concreto, queremos que esta Asamblea Continental no se quede en una experiencia aislada, sino que se convierta en una cita periódica, basada en la adopción general del método sinodal que impregne todas nuestras estructuras y procedimientos a todos los niveles. En este estilo, será posible abordar los temas en los que nuestros esfuerzos necesitan madurar e intensificarse: el acompañamiento de los heridos, el ‘protagonismo’ de los jóvenes y mujeres, el aprendizaje de las personas marginadas, etc.

El estilo sinodal también nos permite abordar las tensiones desde una perspectiva misionera, sin dejarnos paralizar por el miedo, pero sacando de ellas la energía para continuar el camino. Dos en particular han surgido en nuestro trabajo. El primero favorece la unidad en la diversidad, escapando a la tentación de la uniformidad. El segundo vincula la disponibilidad para acoger como testimonio del amor incondicional del Padre por sus hijos con la valentía de anunciar la verdad del Evangelio en su totalidad: es Dios quien promete “El amor y la verdad se encontrarán” (Sal 85, 11). .

Sabemos que todo esto es posible porque lo hemos experimentado durante esta Asamblea, pero más aún porque la vida de las Iglesias de las que venimos da testimonio de ello. Estamos pensando aquí en particular en el diálogo ecuménico, que ha tenido un fuerte eco en nuestro trabajo, y también en el diálogo interreligioso. Pero, sobre todo, creemos que es posible porque se trata de la gracia: construir una Iglesia cada vez más sinodal es un camino para concretar la igualdad en dignidad de todos los miembros de la Iglesia, fundada en el bautismo. Nos configura como hijos de Dios y miembros del cuerpo de Cristo, corresponsables de la única misión de evangelización encomendada por el Señor a su Iglesia.

Confiamos en que la continuación del Sínodo 2021-2024 pueda apoyarnos y acompañarnos, en particular abordando a nivel de Asamblea Sinodal algunas prioridades:

  • profundizar la práctica, la teología y la hermenéutica de la sinodalidad. Tenemos que redescubrir algo que es antiguo, pertenece a la naturaleza de la Iglesia y es siempre nuevo. Esta es una tarea para nosotros. Estamos dando los primeros pasos de un camino que se abre a medida que lo recorremos;
  • abordar la cuestión de una Iglesia todo ministerial, como horizonte de una reflexión sobre los carismas y ministerios (ordenados y no ordenados) y las relaciones entre ellos;
  • explorar las formas de un ejercicio sinodal de la autoridad, es decir, el servicio de acompañar a la comunidad y salvaguardar la unidad;
  • aclarar los criterios de discernimiento sobre el proceso sinodal y qué decisiones pertenecen a qué nivel, desde lo local hasta lo universal.
  • tomar decisiones concretas y valientes sobre el papel de la mujer dentro de la Iglesia y sobre su mayor participación a todos los niveles, también en la toma de decisiones y en los procesos de toma de decisiones;
  • considerar las tensiones en torno a la liturgia, para volver a comprender sinodalmente la Eucaristía como fuente de comunión;
  • promover la formación para la sinodalidad de todo el Pueblo de Dios, con especial atención al discernimiento de los signos de los tiempos con vistas al cumplimiento de la misión común;
  • renovar un sentido vivo de misión, salvando la brecha entre fe y cultura para llevar el Evangelio de vuelta al sentir de las personas, encontrando un lenguaje capaz de articular tradición y aggiornamento, pero sobre todo, caminando con las personas en lugar de hablar de ellas o para ellas. El Espíritu nos pide que escuchemos el grito de los pobres y de la tierra en Europa, y en particular el grito desesperado de las víctimas de la guerra que reclaman una paz justa.

Amar a la Iglesia, la riqueza de su diversidad, no es una forma de sentimentalismo por sí mismo. La Iglesia es bella porque el Señor quiere que lo sea en vista de la tarea que le ha encomendado: anunciar el Evangelio e invitar a todas las mujeres y hombres a entrar en la dinámica de comunión, participación y misión que constituye su razón de ser, animados por la vitalidad perenne del Espíritu. Construir nuestra Iglesia europea significa, pues, renovar nuestro compromiso de realizar esta misión, también en nuestro continente, en una cultura marcada por las múltiples diversidades que conocemos.

¡Encomendamos la continuación de nuestro camino sinodal a los Santos Patronos y mártires de Europa!

 ¡Adsumus Sancte Spiritus !

[1] De este trabajo se dará cuenta de un documento más articulado que será enviado a la Secretaría General del Sínodo como contribución a los próximos pasos del proceso sinodal, y principalmente a la redacción del Instrumentum laboris de la Asamblea sinodal que se está llevando a cabo. en octubre. Junto con mucha información sobre nuestro trabajo y grabaciones en video de todas las sesiones plenarias, este documento estará disponible en el sitio web de la Asamblea Continental de Praga, https://prague.synod2023.org, y en los sitios web de las Conferencias Episcopales. que deseen hacerlo público en los diferentes idiomas nacionales.

 

Nota: Traducción no oficial.

 

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Fuente: conferenciaepiscopal.es

Arranca la Campaña contra el hambre: «Frenar la desigualdad está en tus manos» de Manos Unidas, también en nuestra archidiócesis

 

«Frenar la desigualdad está en tus manos» es el lema que propone Manos Unidas para la 64º Campaña contra el hambre en el mundo que arranca esta semana: el viernes, 10 de febrero, con el Día del Ayuno Voluntario, y el domingo 12, con la colecta de la Campaña contra el hambre en el mundo.

Con la Campaña de este año, Manos Unidas comienza un quinquenio en el que va a centrar su trabajo en las brechas de desigualdad que siguen creciendo y comprometen la dignidad de todo ser humano. Porque para promover sociedades más justas, pacíficas e inclusivas, no basta con reducir la pobreza y el hambre, o mejorar la calidad de la educación o del medioambiente, sino que es necesario apostar decididamente por la eliminación de las inequidades que atentan contra la vida digna de millones de personas.

En nuestra archidiócesis, además  del ayuno voluntario y las colectas,  las delegaciones de Manos Unidas han organizado dos conferencias, en Santiago (9 de febrero) y Pontevedra (10 de febrero) impartidas por misioneras de Bolivia y Camerún, que nos acercarán a sus realidades y como los proyectos de Manos Unidas están reduciendo esas brechas de desigualdad en estos paises en vías de desarrollo.

 

 

Las cifras del hambre en el mundo siguen aumentando

Manos Unidas recuerda que las cifras de la pobreza y el hambre han aumentado. Más de 811 millones de personas pasan hambre en nuestro mundo, y entre 5 y 11 personas mueren por minuto. En el Sur, el grupo humano más pobre y hambriento es el de las mujeres, porque el hambre tiene, también, rostro de mujer.

Ante estos datos, afirman que el desarrollo será inclusivo o no será. No vale un mundo dividido entre los del centro y los de la periferia, los integrados y los excluidos, los dignos necesarios y los sobrantes descartables. Hay que buscar un modelo económico que respete los derechos de todas las personas para reducir las desigualdades y superar el asistencialismo, y una gestión pública que ponga en el centro, empoderándolos, a los más vulnerables.

También destacan que como organización de cooperación católica, deben procurar que desaparezca la desigualdad de nuestro mundo. Así, nuestra lucha contra el hambre y la pobreza podrá ser efectiva y podremos empujar, junto a otros, hacia un mundo justo, inclusivo, sostenible y en paz.

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¿Por qué el lema y la imagen de esta Campaña?

 

«Frenar la desigualdad está en tus manos» es el lema de la Campaña 2023 de Manos Unidas.

Queremos que la sociedad una sus manos a las nuestras para terminar con la desigualdad y el hambre.

La desigualdad se ha convertido en la mayor amenaza y el mayor desafío a nivel mundial. Para muchas personas, pensar en desigualdad y en hambre es pensar en un reto imposible, un problema sin solución ante el que no se puede hacer nada.

Desde Manos Unidas quieren dar un giro a esta idea y dejar la solución en manos de cada uno de nosotros. Porque cuando hablamos de ayudar todos usamos un elemento común, las manos, un elemento muy poderoso y con mucha fuerza, tanto física como metafóricamente, que es símbolo principal y esencia de nuestra organización.

Por eso, la imagen elegida para acompañarnos en 2023 muestra unas manos en blanco y negro: fuertes, que transmiten ternura y nos invitan, al mismo tiempo, a tender las nuestras a nuestros hermanos más vulnerables y descartados.

Y es que, para hacer frente a la desigualdad, todas las manos suman, todas cuentan y todas son necesarias y pueden ayudar a acabar con esta lacra.

Con el lema y la imagen de esta Campaña «Frenar la desigualdad está en tus manos«, queremos hacer un llamamiento a la sociedad para luchar por la dignidad y promover un mundo donde todos valgamos lo mismo y nadie se quede atrás.

Porque el combate contra la desigualdad solo es posible desde la convicción de que el futuro de las desigualdades no es cosa de otros, sino que depende de cada uno de nosotros, y está en nuestras manos.

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En datos

Con motivo de la Campaña, Manos Unidas hace públicos los datos de quiénes son, cómo se financia y sus campos de actuación.

Esta Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países en vías de desarrollo. Es, a su vez, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar.

Manos Unidas mantiene dos líneas de trabajo: dar a conocer y denunciar la existencia del hambre y de la pobreza, sus causas y sus posibles soluciones. Y reunir medios económicos para financiar los programas, planes y proyectos de desarrollo integral dirigidos a atender estas necesidades.

 

 

 

 

Fuente: manosunidas.org

Felicidades, Don Julián

 

La Archidiócesis compostelana está de fiesta, pues en esta jornada se cumple el XXX aniversario de la Ordenación Episcopal de nuestro arzobispo, mons. Julián Barrio Barrio. Un 7 de febrero de 1993, en pleno Año Santo, recibió la Ordenación Episcopal en la Catedral compostelana como obispo titular de Sasabe y auxiliar de mons. Antonio María Rouco Varela. Tres años después, el 25 de febrero de 1996 tomaba posesión de la Sede Compostelana tras ser nombrado arzobispo por el papa san Juan Pablo II. Felicidades, Don Julián.

 

Fuente: pastoralsantiago.org