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Monseñor Barrio en el inicio del Año Santo Compostelano: “La Casa del Señor Santiago abre sus puertas a todas las gentes”

  • El arzobispo señala en la apertura de la Puerta Santa que el 2021 será “un tiempo de gracia y de bendición”

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, abrió esta tarde la Puerta Santa de la Catedral compostelana, dando así comienzo al Año Jubilar Jacobeo de 2021, un “tiempo de gracia y de bendición” para la Iglesia que peregrina en Compostela y para toda la Iglesia. “Ya ha comenzado el Año Santo”, dijo el arzobispo, “en unas circunstancias especiales que hemos de afrontar con la esperanza cristiana  que “es audaz y sabe mirar más allá de la comodidad personal de las pequeñas seguridades y compensaciones que acortan el horizonte para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más digna”. Monseñor Barrio, en una ceremonia litúrgica plena de simbolismo, indicó en su homilía que “la Casa del Señor Santiago abre sus puertas a todas las gentes” y que “el Año Santo no es una huida espiritualista sino un compromiso para discernir cristianamente la realidad, en medio de la crisis antropológica, espiritual, cultural y sanitaria en la que se han visto radicalmente sacudidas las certezas fundamentales que conforman la vida de los seres humanos.  Hacer presente a Dios es un bien para la sociedad”. En su homilía agradeció también el mensaje del Papa Francisco.

“¡Santo Apóstol!,”, exclamó el arzobispo en su homilía de la Eucaristía con que se inició el Año Jubilar, “haz que desde aquí se fortalezca la esperanza que ayuda a superar la preocupación angustiosa por el presente, y el escepticismo que dificulta el ejercicio de la caridad. Es tiempo para rezar, amar, salir al encuentro de los demás con obras de misericordia, revitalizando la fraternidad que “permite reconocer, valorar y amar más allá de la cercanía física”, procurando que las personas pobres y las más vulnerables tengan siempre la preferencia”.

Con la presencia del Nuncio de Su Santidad, monseñor Bernardito Auza, la del cardenal emérito de la capital española, monseñor Antonio María Rouco Varela, así como la de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago, además de otros arzobispos y obispos, entre ellos el ex auxiliar de Santiago y actual titular de la Diócesis de Astorga, monseñor Jesús Fernández González, el arzobispo de Santiago procedió ayer a la apertura de la Puerta Santa. Tras la procesión ceremonial, monseñor Barrio golpeó con un martillo la Puerta Santa para entrar en la Basílica compostelana y presidir en el Altar Mayor la Eucaristía.

“Hace unos momentos he tenido el gozo de abrir la Puerta Santa, un gesto cargado de simbolismo. He llamado a la puerta de la misericordia, convencido de que al que llama se le abre”, indicó el arzobispo. Monseñor Barrio señaló, además, que “la verdad nos posibilita el ser servidores de la fe en este Año Santo, tiempo de gracia y bendición para los que sufren y han perdido la esperanza, y tiempo de sanación y de encuentro, en el que hemos de “aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones” (FT 226), apoyándonos en la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe”.

El arzobispo destacó la entraña espiritual del Año Santo, más allá de cualquier otra consideración: “En esta experiencia de fe acogemos este don del Año Santo para despertar en nosotros la capacidad de ver lo esencial en medio de lo prescindible y descubrir la grandeza del amor y de la misericordia de Dios que nos busca y acoge a cada uno, nos llama a convertirnos y a superar el miedo que no es propio de quien se siente amado”.

Así, monseñor Barrio resaltó el papel de la ciudad del Apóstol y de la Iglesia en la construcción de un mundo con finalidad plena: “La Casa del Señor Santiago abre sus puertas a todas las gentes, siendo “un hogar para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección” (FT 276) y para ser signo de la Iglesia, que afianza la cohesión de la sociedad y procura a la actividad cotidiana del hombre un sentido más profundo, al impregnarla de una significación más elevada (cf. GS 40). De esta manera la Iglesia contribuye a humanizar la familia humana y su historia, y llama a responder a la vocación a la santidad para no frustrar la gracia de Dios en nosotros, evitando el debilitamiento de los valores espirituales, y el deterioro de la moral y del sentido de responsabilidad”.

Agradecimiento al Papa Francisco

Monseñor Barrio  no olvidó dar las gracias al Papa Francisco y a las autoridades: “Moitas grazas ao Santo Pai pola súa mensaxe e polas súas benevolentes atencións a esta Igrexa compostelán. Agradezo a colaboración de todas as institucións e persoas en orde a unha fructuosa celebración do Ano Santo e a unha agarimosa acollida do peregrino. A cidade de Santiago e Galicia han de ser un fogar dos peregrinos. Acabamos de escoitar no Evanxeo que os pastores volveron glorificando e louvando a Deus por canto viran e oíran. Deus queira que vivamos esta mesma experiencia no Anno Santo. Que Santiago de Compostela sexa “unha cidade de innumerables referencias para innumerables pobos”. Así o espero da axuda do Señor Santiago, de San Xosé e da Virxe Peregrina. Baixo o seu amparo poñemos todas as persoas e todos os acontecementos deste Ano Santo”.

 

 

Fuente: archicompostela.es

D. Julián nos escribe una carta a los diocesanos para preparar la Navidad

Solemnidad de la Inmaculada 2020

Preparando la Navidad

Queridos sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos:

En la Solemnidad de la Inmaculada, vislumbrando ya la Navidad y la Apertura del Año Santo Compostelano, quiero haceros llegar una palabra de ánimo y de esperanza en medio de las nuevas iniciativas pastorales que han ido surgiendo durante este tiempo. Conozco las inquietudes que se están viviendo en la labor catequética, en la celebración de la Eucaristía, en la administración de los sacramentos, en la predicación de la Palabra de Dios, en la celebración de las exequias, en el acompañamiento de las familias que están perdiendo a sus seres queridos y en la preocupación por las desfavorecidos, deseando poder tener una mayor participación en la celebración dominical y revitalizar el encuentro personal pastoral.

Pero en estas circunstancias no debemos caer en la pasividad ni en la indiferencia, suprimiendo o posponiendo nuestros compromisos pastorales sino tratando de transformar la realidad en que nos encontramos. Otros modos son posibles según la actuación de Cristo plasmada en el Evangelio. ¡Fijémonos en Él! Viéndonos desvalidos y sin méritos propios hemos de acudir humildemente al Señor compasivo para que venga en nuestra ayuda y recuperar de esta manera la tensión necesaria para mantener la confianza y la creatividad necesarias. La liturgia del Adviento fortalece nuestra esperanza. Baste recordar al profeta Isaías, al precursor Juan Bautista y a la Virgen María, tres referencias claves para interpretar en estos momentos la situación que nos toca afrontar con un acento profético.

Isaías nos dice: “Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí esta vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega  con poder  y con su brazo manda. Mirad,  viene con el su salario y su recompensa los precede” (Is 40, 9-11), pues esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en la que habite la justicia (cf. 2Pe 3, 12). Juan el Bautista nos llama a la conversión, al cambio radical de mentalidad, de corazón y de actitudes, y a un estilo de vida en austeridad como una verdadera exigencia social para responder a las necesidades de tantas personas necesitadas. La Virgen del Adviento, la Inmaculada nos recuerda el “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,37), porque lo que nosotros vemos como imposible para Dios no lo es. La pandemia nos ha colocado en la experiencia de la fragilidad personal y social mostrándonos que somos vulnerables. ¡Cuántas preguntas nos surgen en nuestro interior y en nuestro entorno! Tenemos que guardar muchas cosas en nuestro corazón y tratar de comprenderlas a la luz de la Palabra de Dios. Esta fue la actitud de María. Su condición de llena de gracia no le ahorra el desconcierto. Ella se turbó ante las palabras del ángel que le dijo “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 23) y preguntó: “¿Cómo será esto, pues no conozco varón”? (Lc 1,14). Pero siempre da paz sabernos en los planes de Dios. Las gotas de fe que están en todas partes nos ayudan a recorrer el camino e interpretar la voluntad de Dios. El Señor estuvo con María y está con nosotros, por eso hemos de alegrarnos. En el Adviento percibimos que necesitamos a Dios, dándonos cuenta de nuestra limitación y viviendo en esperanza sobrenatural. Dios vino y vendrá para armonizarlo todo: “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido. Y dijo al que está sentado en el trono: Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 4-5). En la esperanza sobrenatural hemos de vivir las otras esperanzas de cada día que dependen de ella, concienciándonos de que la verdadera vida no es ésta, surcada por tantas limitaciones, sino la eterna. También esto se nos recuerda, urgiéndonos a vivir en vigilancia y fidelidad.

Revitalicemos nuestra espiritualidad a través de una actitud ascética conforme a la vocación a la que hemos sido llamados. La oración, la meditación, la participación en los sacramentos y el desvivirse por los demás nos ayudarán a preparar el camino a la salvación que nos está viniendo.

Os saluda con fraternal afecto y bendice en el Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio: “As persoas discapacitadas son presenza de Cristo e con elas temos que promover a cultura do encontro”

“O 6 de decembro conmemoramos na Diocese o Día Internacional das Persoas con Discapacidade. A Igrexa sempre se sentiu moi próxima a estas persoas das que tanto aprendemos e cuxa dignidade temos que subliñar sempre. Así comienza la nueva Carta Pastoral de monseñor Julián Barrio dedicada a esta celebración bajo el lema “Contigo son Luz no Camiño”.

En su carta el arzobispo nos recuerda que estas personas con alguna discapacidad son “ese libro humano no que tantas cousas podemos aprender”, un faro de gratitude, de bondade e xenerosidade que nos leva a entrar dentro de nós mesmos, malgastando agarimo e humanizando a nosa vida”

Por tanto, Monseñor Barrio busca sensibilizarnos sobre la condición de estas personas, “apoiando a súa dignidade, os seus dereitos e benestar, e traballando para integralas na comunidade civil e eclesial non como sinxelos suxeitos pasivos senón activos“. “Sería unha pena non contar cos seus dons e posibilidades” nos sigue diciendo el arzobispo, y también agradece a todas aquellas personas que colaboran en esta tarea manifestando “tenrura con elas, utilizando as  mans e corazón para sentirse próximos a elas e coidalas en todo momento»

D Julián concluye animándonos a todos a “vivir esta Xornada na nosa Diocese, ofrecendo unha mensaxe de esperanza ás persoas con discapacidade, que son luz no noso camiño

 

Textos íntegros de la Carta Pastoral del arzobispo D. Julían Barrio con motivo del Día diocesano de las personas con discapacidad. Diciembre 2020:

 

“Contigo son luz no camiño”

Queridos diocesanos:

O 6 de decembro conmemoramos na Diocese o Día Internacional das Persoas con Discapacidade. A Igrexa sempre se sentiu moi próxima a estas persoas das que tanto aprendemos e cuxa dignidade temos que subliñar sempre. Como temos que agradecer ás persoas que coidan os máis débiles, sobre todo nestas circunstancias da pandemia,  a quen hei de facer visibles na vida de cada día! Esta xornada busca sensibilizar á opinión pública sobre a condición destas persoas, apoiando a súa dignidade, os seus dereitos e benestar, e traballando para integralas na comunidade civil e eclesial non como sinxelos suxeitos pasivos senón activos. Sería unha pena non contar cos seus dons e posibilidades. A Doutrina social da Igrexa considera que “a sociedade debe axudar as persoas con discapacidade para que poidan desenvolver todos os seus dons; esa é a base das sociedades xustas e solidarias”.

Luz no noso camiño

As persoas discapacitadas son presenza de Cristo e con elas temos que promover a cultura do encontro. Os cristiáns, dicía San Xoán Paulo II,  somos conscientes de que “en Deus descubrimos a dignidade das persoas  humanas, de cada unha das persoas humanas. O grao de saúde física ou mental non engade nin quita nada á dignidade da persoa; máis aínda, o sufrimento pode darlle dereitos especiais na nosa relación con elas”. Isto é o que se percibe cando un visita os centros ou as casas onde viven estas persoas. Son un faro de gratitude, de bondade e xenerosidade que nos leva a entrar dentro de nós mesmos, malgastando agarimo e humanizando a nosa vida. Son luz no noso camiño que ilumina eses espazos escuros da nosa vida fundamentada na autosuficiencia. Escribíavos o pasado ano nesta Xornada, que cando tanto se valora a fortaleza física da persoa e tanto se fala de transhumanismo, as persoas discapacitadas son ese libro humano no que tantas cousas podemos aprender. A familia onde se recibe a vida, os medios de comunicación e a Igrexa, portadora de verdadeiro humanismo, contribúen a que a sociedade axude estas persoas. Dicía o pasado ano nesta Xornada o papa Francisco: “Teñamos a coraxe de dar voz a aquelas persoas que son discriminadas pola súa condición de discapacidade, porque desafortunadamente nalgúns países, mesmo hoxe, é difícil recoñecelas como persoas de igual dignidade, como irmáns e irmás na humanidade”.

A luz do Nadal

Tamén neste Nadal se nos pide saír das nosas covas nas que esperamos o Señor segundo os nosos plans, e achegarnos ao portal de Belén para comprobar que Deus se nos mostra de maneira imprevisible, arroupándose na sinxeleza, na pobreza, no desvalimento e na humildade. O seu realismo humano é o referente da autenticidade para o home.  O Señor fíxose contemporáneo da vida de cada un de nós, tamén no medio desta pandemia e da nosa fraxilidade que nos desasosegan e cuestionan. Pero como Xesús tamén dicimos: “Douche grazas, Pai, Señor do ceo e da terra, porque escondiches estas cousas aos sabios e entendidos, e reveláchesllas aos pequenos” (Mt 11,25.29-30). Queiramos de maneira especial a estas persoas discapacitadas e manifestemos a nosa tenrura con elas, utilizando as nosas mans e corazón para sentirnos próximos a elas e coidalas en todo momento. Sen dúbida coidalas a elas é coidarnos a nós como criaturas de Deus, creadas ao seu xeito. Tratemos de ver cos ollos de Deus e descubriremos que o que acontece para os que o aman, todo lle serve para o seu ben.

Anímovos a todos a vivir esta Xornada na nosa Diocese, ofrecendo unha mensaxe de esperanza ás persoas con discapacidade, que son luz no noso camiño. Saúdavos con afecto e bendí no Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela

 

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio: “Levemos ás persoas necesitadas material e espiritualmente a Luz que brillou en Belén”

Como todos los años nuestro arzobispo Don Julián nos hace llegar una CARTA PASTORAL para el tiempo de ADVIENTO, donde nos exhorta en este tiempo litúrgico a vivir un Adviento con gran esperanza y corazón, aprovechando esta “oportunidade providencial para acoller o Don gratuíto da salvación saíndo ao encontro do Señor.

Monseñor Barrio nos invita en su carta a que “No medio da crise humanitaria e sanitaria que nos afecta, a distancia social aconsellada ha de acrecentar a proximidade do corazón. A isto chámanos o Nadal coa alegría das panxoliñas e sen o abafo do consumismo”

También nos anima a “seguir vivindo cristiamente o Nadal, imitando a Xesúsque pasou facendo o ben e curando a todos os oprimidos polo diaño porque Deus estaba con el” » recordándonos que “O Señor fíxose contemporáneo da vida de cada un de nós, tamén no medio desta pandemia que nos desasosega e cuestiona”

 

Texto de la “Carta Pastoral no Advento 2020” completo:

 

Nadal: Deus feito home

Queridos diocesanos:

O Advento é o tempo litúrxico no que a Iglesia nos chama a prepararnos para celebrar o Fillo de Deus feito home pola nosa salvación. “Tanto amou Deus ao mundo que entregou o seu Unixénito, para que todo o que cre nel non pereza, senón que teña vida eterna” (Xn 3,16). A actitude espiritual hanos de levar a contemplar cos ollos da esperanza a transcendencia deste gran acontecemento na plenitude do tempo (cf. Gál 4,4). Deus creounos por amor e non nos abandonou na nosa desobediencia. O Advento é unha oportunidade providencial para acoller o Don gratuíto da salvación saíndo ao encontro do Señor.

Pobreza, sinxeleza e humildade

Ao contemplar o Neno Deus nado en Belén, convídovos a ler a pasaxe bíblica referente ao profeta Elías (cf. 1Re 19,9a.11-13a). O Señor tamén nos chama hoxe como ao profeta entón a saír da nosa cova e a achegarnos ao portal de Belén para deixarnos sorprender pola sinxeleza dun neno envolto en cueiros e deitado nun presebe (cf. Lc 2,7). Talvez na nosa fantasía, damos renda solta ás nosas fantasías, pero máis aló delas Deus sempre nos sorprende. Ao profeta Elías dicir: “Sae e permanece en pé no monte ante o Señor” (1Re 19,11). O profeta foi testemuña dun furacán, dun terremoto, dun lume pero nestes fenómenos non estaba o Señor. Despois disto veu o rumoreo dunha brisa suave ante o cal Elías cubriu o seu rostro co manto e nesa circunstancia chegoulle a voz do Señor dicíndolle que volvese ao camiño para realizar a misión que se lle encomendou (cf. 1Re 19,9-18). Dalgunha maneira nese rumoreo presentíase a presenza do Fillo de Deus que “non gritará, non clamará, non voceará polas rúas. A cana fervenza non a crebará, a mecha vacilante non o apagará. Manifestará a xustiza con verdade” (Is 42,2-3). Tamén neste Nadal pídesenos saír das nosas covas nas que esperamos ao Señor segundo os nosos plans, e achegarnos ao cortello de Belén para comprobar que Deus se nos mostra de maneira imprevisible, arroupándose na sinxeleza, na pobreza e na humildade. O seu realismo humano é o referente da autenticidade para o home. Certamente no edificio da nosa espiritualidade toda ostentación esborrállase.

Mensaxe do Neno Deus no portal de Belén

A luz que iluminou o portal de Belén foi irradiándose no Evanxeo e nas actitudes de Xesús ao longo da súa vida aínda que no seu nacemento foi ignorado polos seus contemporáneos e polas forzas que movían entón os fíos da trama social. O Señor fíxose contemporáneo da vida de cada un de nós, tamén no medio desta pandemia que nos desasosega e cuestiona pero temos que seguir vivindo cristiamente o Nadal, imitando a Xesús “que pasou facendo o ben e curando a todos os oprimidos polo diaño porque Deus estaba con el” (Feit 10, 38). El soportou o desprestixio humano de non ter un lugar na convivencia social como tantas e tantas persoas hoxe en día na nosa sociedade: “Para eles non había sitio na pousada” (Lc 2,7). No Sermón da montaña proclamará: “Benaventurados os mansos porque eles herdarán a terra”.  Mantivo un diálogo constante co Pai: “Douche grazas, Pai, Señor do ceo e da terra, porque escondiches estas cousas aos sabios e entendidos, e reveláchesllas aos pequenos… Tomade o meu xugo sobre vós e aprendede de min, que son manso e humilde de corazón e atoparedes descanso para as vosas almas. Porque o meu xugo é levadío e a miña carga liviá” (Mt 11,25.29-30). Indicounos as pautas do noso comportamento: “O Fillo do Home non veu a ser servido senón a servir e a dar a súa vida en rescate por moitos” (Mt 20,28). “Douvos un mandamento novo; que vos amedes uns a outros; como eu vos amei, amádevos tamén uns a outros. Nisto coñecerán todos que sodes discípulos meus; se vos amades uns a outros” (Jn 13,34-35). O apóstolo San Paulo escribiu que “o amor é paciente, é benigno; o amor non ten envexa, non presume, non se engríe; non é indecoroso nin egoísta; non se irrita; non leva contas do mal; non se alegra coa inxustiza senón que goza coa verdade. Todo o escusa, todo o cre, todo o espera, todo o soporta” (1Cor 13,4-7). Unha boa guía para non caer no risco de ser branco dos aduladores, e tratar de actuar sempre en xustiza e en verdade. No medio da crise humanitaria e sanitaria que nos afecta, a distancia social aconsellada ha de acrecentar a proximidade do corazón. A isto chámanos o Nadal coa alegría das panxoliñas e sen o abafo do consumismo.

Exhortación para o Nadal

Non amortigüemos as consecuencias da mensaxe de Xesús sobre os almofadóns dos nosos prexuízos e sentimentalismos. Levemos ás persoas necesitadas material e espiritualmente a Luz que brillou en Belén, ofrecéndolles a nosa axuda. Pola miña banda quero chegar aos vosos fogares e proclamarvos ese gran anuncio de esperanza cristiá: “Hoxe na Cidade de David nace o Salvador, o Mesías, o Señor”. Pido ao Neno Deus que bendiga a todas as familias, en especial ás que nestas datas o recordo das persoas queridas se converte en tristeza. Bo Nadal a todos!

Saúdavos con afecto,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

 

 

Carta Pastoral extraida de archicompostela.es

En la Jornada Mundial por los pobres, “tiende tu mano al pobre”

La Iglesia celebra el 15 de noviembre la IV Jornada Mundial de los Pobres. Una Jornada en la que el papa Francisco invita a toda la Iglesia a ser signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados.

Una oportunidad para recordar la predilección de Jesús por los pobres. Una invitación a mantener la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. “Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial” recalcaba el Santo Padre en su mensaje para la I Jornada.

El 19 de noviembre de 2017 se celebró la primera Jornada Mundial de los Pobres. Cada año el Papa nos vuelve a llevar la mirada sobre esta realidad fundamental para la vida de la Iglesia, porque los pobres están y estarán siempre con nosotros (cf. Jn 12,8) para ayudarnos a acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana.

Este año la Jornada Mundial por los Pobres se celebra en medio de una pandemia que ha zarandeado el mundo. Ha dejado al descubierto la fragilidad humana y ha puesto en crisis muchas certezas. Ha puesto nuevos rostros a la pobreza. Ha traído -escribe el Papa en su mensaje- dolor y muerte, desaliento y desconcierto. Pero también hemos visto como a nuestro alrededor se tendían muchas manos.

En este mensaje el Papa Francisco “Tiende tu mano al pobre” nos recuerda queLa comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad.” 

También nuestro arzobispo D. Julián se ha unido a esta iniciativa y nos escribe una Carta Pastoral a todos los diocesanos. En esta carta, que tiene por lema “Los pobres, luz del Evangelio en nuestro camino”, monseñor Julián Barrio asegura que “hay una pobreza visible en las calles y hay otra que permanece oculta entre las paredes de los hogares” y que “nuestra actitud no debe ser la pasividad y la inactividad sino tender la mano al pobre, que significa, como nos dice el Papa, invitarnos a la responsabilidad y es un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino, llevando las cargas de los más débiles, y dejándose conmover por la pobreza de la que a menudo somos también cómplices” y añade que “hay que pasar de una política “hacia” los pobres a una política “con” y “de” los pobres”

 

En los siguientes enlaces se facilitan algunos materiales para reflexionar y preparar esta Jornada:



Galería de fotos:

 

 

 

Fuentes (texto y fotos): Conferenciaepiscopal.es y archicompostela.es

 

Monseñor Barrio lembra que as achegas dos fieis no Día da Igrexa Diocesana serven para atender os máis necesitados

  • Carta Pastoral do arcebispo co motivo do Día da Igresa Diocesana 2020, na que indica que “como toda familia temos moitas necesidades, tamén económicas, que sacaremos adiante entre todos, coa colaboración xenerosa de cada un”

 

Abramos a xanela da esperanza

Queridos diocesanos:

Ante a celebración do Día da Igrexa Diocesana, o domingo 8 de novembro, pido ao Señor, en primeiro lugar, que todos vós e as vosas familias vos atopedes ben.

Neste ano tan complicado que todos estamos a vivir, ten especial importancia para nós a celebración do Día da Igrexa Diocesana que, evidentemente, non podemos reducir a un día porque se trata máis dunha forma de vivir o noso pertencer á Igrexa que a celebración dunha xornada. É unha nova ocasión para tomar conciencia da nosa pertenza a esta Diocese compostelá, que vive en comuñón con toda a Igrexa universal, e para darnos conta de que todos os cristiáns formamos unha gran familia, na que a alegría dun membro é a alegría de todos e os sufrimentos do outro son os nosos sufrimentos.

Nestes últimos anos vimos facendo especial fincapé en catro aspectos que concretan a nosa participación e colaboración, apoiados nun sentido de pertenza á Igrexa, como membros da familia dos fillos de Deus. Compartir o noso tempo e as nosas calidades, rezar uns por outros como membros da comunidade cristiá e polos que non pertencen a ela, e o noso apoio económico son os alicerces nos que apoiarnos para o sostemento da Igrexa que non se reduce só ao aspecto económico, senón que o transcende na súa realidade pastoral e evanxelizadora. Se nos axudamos uns a outros, creceremos xuntos.

Este ano na celebración o Día da Igrexa Diocesana, 8 de novembro, o domingo anterior á Xornada Mundial dos Pobres convocada polo papa Francisco, lémbrasenos que somos unha gran familia, a familia dos fillos de Deus, que está aberta a todos, especialmente aos máis necesitados. Por iso, somos o que ti nos axudas a ser. Somos unha gran familia contigo. Co teu tempo, as túas calidades, o teu apoio económico e a túa oración somos Igrexa.

É unha chamada á responsabilidade, a non sentirnos excluídos das tarefas que ten ante si a nosa familia diocesana. Como toda familia temos moitas necesidades, tamén económicas, que sacaremos adiante entre todos, coa colaboración xenerosa de cada un, que vos agradezo de todo corazón. Convídovos a seguir colaborando humana e economicamente nas moitas tarefas e servizos que realizamos entre todos na Igrexa diocesana.

Co patrocinio do Apóstolo Santiago o Maior e a axuda da nosa Nai, Santa María, Deus non deixará de bendicirnos con grazas abundantes neste ano Santo que temos por diante.

Co meu afectuoso saúdo e bendición.

+ Julián Barrio Barrio.
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

Fuente: Archicompostela.com

Don Julián escribe unha carta a todos os diocesanos na Solemnidade de Todos os Santos

Camiño da santidade

 

Queridos sacerdotes, membros de vida consagrada e laicos:

Na Solemnidade de Todos os Santos diríxome para saudarvos con fraternal e pastoral afecto. Neste día celebramos o misterio da comuñón dos santos lembrando que creron o que nós cremos, esperaron o que nós esperamos e agora únenos a caridade que sempre permanece, animándonos a seguir no camiño á meta. Lémbrasenos a nosa vocación á santidade: “O Señor pídeo todo, e o que ofrece é a verdadeira vida, a felicidade para a cal fomos creados”[1]. Celebrar a todos os santos e lembrar aos defuntos é boa ocasión para animar cristianamente a peregrinación á Cidadanía celestial.

Novamente por causa da pandemia vémonos envolvidos nunhas circunstancias que aínda que talvez esperadas, están a condicionar nosas prácticas e formas pastorais pero ofrécennos retos e posibilidades que temos que afrontar. O risco pode ser que caiamos no abafo e no desánimo, na indiferenza e no esgotamento. Non nos é fácil o reunirnos para a celebración dos retiros, dos exercicios espirituais e dos encontros de formación nos que sempre nos agrada comunicarnos os uns cos outros. Botamos en falta unha participación maior nas celebracións litúrxicas. Ábrense novos camiños para a catequese de nenos e novos. Dámosnos/Dámonos conta de que xa non nos vale aquilo de pensar que sempre se fixo así. É necesario buscar alternativas e solucións con optimismo.

É tempo de discernimiento que podemos desenvolver coa oración, a reflexión, a lectura espiritual e o consello. Isto evitaranos estar a mercé das ocorrencias de cada momento. Dinos o papa Francisco: “Unha condición esencial para o progreso no discernimiento é educarse na paciencia de Deus e nos seus tempos, que nunca son os nosos. O non fai caer lume sobre os infieis (cf. Lc 9,54), nin permite aos celosos arrincar a cizaña que crece xunto ao trigo (cf. Mt 13,29). Tamén se require xenerosidade  porque hai máis dita en dar que en recibir (cf. Hch 20,35). Non se discierne  para descubrir que máis lle podemos sacar a esta vida, senón para recoñecer como podemos cumprir mellor a misión que se nos confiou no Bautismo, e isto implica estar dispostos a renunciar ata dalo todo”[2].

Como vos escribía en marzo pasado, necesitamos acompañar e sentirnos acompañados, axudándonos os uns aos outros, material e espiritualmente, orando intensamente e avivando a esperanza cristiá. Temos moi presentes a quen está afectados polo coronavirus ou outras enfermidades que ante a pandemia pode dar a impresión de que quedan un pouco marxinadas.

O teléfono e os medios telemáticos axúdannos a manter ese contacto dos uns cos outros, convertendo a distancia en proximidade e animando a nosa fraternidade para non perdernos en nós mesmos. Termino dicíndovos que como o voso pastor necesítovos a todos e téñovos moi presentes na miña oración encomendándovos á Providencia divina coa intercesión de Santa María e o patrocinio do apóstolo Santiago.

Saúdavos con fraternal afecto e bendí no Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela

 

[1] FRANCISCO, Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, 1.

[2] Ibid., 174.

 

Versión en castelán

 

Fuente: Archicompostela.es

El arzobispo de Santiago de Compostela une su voz a la de las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el trabajo decente

Nuestro arzobispo D. Julián se dirige a los diocesanos en su CARTA PASTORAL con motivo de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente que se celebrará el próximo 7 de octubre.

En unión al manifiesto de las distintas entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente, en esta carta el arzobispo nos invita a participar en los diferentes actos, de forma individual o colectiva, para mantener viva la conciencia de la necesidad de un trabajo decente. Además, Monseñor Barrio lamenta la precariedad laboral y nos recuerda la importancia de la Doctrina Social de la Iglesia.

Aquí transcribimos la carta pastoral íntegra:

 

Carta Pastoral en la Jornada Mundial por el Trabajo decente. Octubre 2020

 

“Nos movemos por el trabajo decente”

Queridos diocesanos:

Me alegra poder comunicarme con vosotros con motivo del Jornada Mundial por el Trabajo decente que tendrá lugar el 7 de octubre. La comunidad cristiana está invitada a manifestar esta preocupación a través de las vigilias de oración, participación en la Eucaristía y otras actividades cívicas que traten de concienciar sobre esta realidad.

Distintas entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente nos convocan por sexto año consecutivo, a participar en los diferentes actos, de forma individual o colectiva, para mantener viva la conciencia de la necesidad de un trabajo decente, uniendo las voces reivindicativas para recordar “el sentido creador del trabajo” y luchar para erradicar “la lacra de la precariedad laboral que caracteriza el actual sistema de relaciones laborales y que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias. En el Manifiesto para esta Jornada se subraya que la realidad actual está visibilizando las consecuencias de un modelo productivo incapaz de generar empleo con alto valor añadido y marcado por las altas tasas de precariedad laboral. Se constata que demasiados empleos considerados esenciales mantienen condiciones laborales tan precarias que algunas veces rozan la vulneración de derechos y muchas la imposibilidad del sostenimiento de la vida. El papa Francisco, preocupado por las personas que no cuentan con un empleo, nos recuerda que la dignidad de estas se ve menoscabada al no ser capaces de aportar alguna ayuda a la familia por medio de su trabajo, e insiste que “sin el trabajo el hombre no sólo no puede alimentarse, sino que tampoco puede autorrealizarse, es decir, llegar a su dimensión verdadera”.

La crisis de la pandemia ha puesto de relieve las debilidades estructurales del Estado de bienestar en España y la necesidad del trabajo decente para el desarrollo de una sociedad fraterna. Esta crisis nos ha enseñado que se puede consumir menos y mejor, que el servicio de aquellos oficios menos valorados, social y económicamente son los que sostienen la vida y el cuidado comunitario[1]. Es responsabilidad de la comunidad cristiana acompañar a las personas que no tienen un trabajo, manteniendo una actitud profética que denuncie aquellas situaciones contrarias a la dignidad humana, y ahora con mayor intensidad viendo la incidencia que está teniendo la pandemia en la destrucción de los puestos de trabajo. Los movimientos de Iglesia por el trabajo decente trabajan con el fin de visibilizar la lucha por conseguir que el trabajo decente sea cada día más real en la vida de las personas y respetuoso con la casa común. Hemos de concienciarnos de que no debemos tratar de solucionar lo propio olvidando las situaciones precarias de los demás.

La búsqueda y el ofrecimiento de un trabajo decente se sitúan en el bien común. “La participación de todos en la promoción del bien común implica, como todo deber ético, una conversión renovada sin cesar, de los miembros de la sociedad. El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos escapan a la obligación de la ley y a las prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia. Es preciso ocuparse del desarrollo de instituciones que mejoran las condiciones de la vida humana” (CIC 1916). No es el momento de generar confusión cuando tanta unidad necesitamos para combatir la pandemia que nos asola. No obstante, hay que afirmar con rotundidad que “en el trabajo la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al hombre mismo que es su autor y destinatario. Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos, y para prestar servicio a la comunidad humana” (CIC 2428). En el día a día vemos que la vida económica está mediatizada por intereses diversos con frecuencia opuestos entre sí, lo que explica el surgimiento de conflictos que la caracteriza.

La Doctrina Social de la Iglesia nos urge a recordar la dignidad inviolable de la persona humana, el destino universal de los bienes de la creación, la participación de todos en la búsqueda de bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, y nos llama a renovar nuestro compromiso con la cultura del trabajo que exige renunciar a conductas consumistas y materialistas que no lo valoran, y asumir un estilo de vida en austeridad como ayuda al otro. Se han de defender los derechos de los que trabajan pero no se pueden ignorar los de quienes no encuentran trabajo, cuando el trabajo es un derecho y un deber. Las condiciones difíciles o precarias del trabajo hacen difíciles y precarias las condiciones de la misma sociedad y de un vivir ordenado según las exigencias del bien común. Por ello, “urgimos a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas, con condiciones que permitan mantener una vida digna y que la protección social llegue a todas las personas que lo necesitan¡Redescubramos la dimensión social de la fe, plasmándola en pautas de comportamiento personal y comunitario!

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] Manifiesto de la iniciativa Iglesia por el trabajo decente para la Jornada del Trabajo decente, 7 de octubre de 2020.

 

Fuente: archicompostela.es