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D. Julian en esta Cuaresma nos llama a vivir la experiencia de la conversión que nos compromete a vivir la fraternidad sin límites.

 

En su Carta Pastoral para la Cuaresma, el arzobispo de Santiago recuerda el mensaje del papa Francisco para este tiempo litúrgico que se inicia el próximo miércoles día 17 con la imposición de la ceniza. Monseñor Barrio indica que el pontífice nos dice que la Cuaresma “es un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad . El propio arzobispo señala que “hemos de interpretar esta Cuaresma en el contexto del Año Santo Compostelano, año de la gran perdonanza“, como un “tiempo de gracia y bendición para los que sufren y han perdido la esperanza, y tiempo de sanación y de encuentro”.

D Julián nos pide a los diocesanos “vivir la experiencia de la conversión como algo personal con un corazón nuevo, como una vocación a la que tenemos que darle respuesta permanentemente, tomando conciencia de la Providencia divina”, al tiempo que nos invita a alentar y acompañar “a los demás con gestos sencillos y amables” . La gracia de ser hijos de Dios, por la acción de Jesucristo,nos compromete a vivir la fraternidad que no tiene límites“.

El arzobispo nos recuerda “la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 12 y el sábado 13 de marzo, dejándonos guiar por las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás

 

  • Carta Pastoral del arzobispo de Santiago de Compostela en la Cuaresma del 2021:

 

Vivir la fraternidad

 

Queridos diocesanos:

El Papa en su Mensaje para la Cuaresma nos dice que esta es un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad[1]. La Iglesia acompaña la vida, sostiene la esperanza y quiere ser signo de unidad para tender puentes, derribar muros, sembrar reconciliación[2]. En este proceso hemos de mantener nuestra identidad que siempre ha de ajustarse al Evangelio de Jesucristo, de lo contrario “habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza y la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados-enviados”[3]. Este es el tono con que hemos de interpretar esta Cuaresma en el contexto del Año Santo Compostelano, año de la gran perdonanza, tiempo de gracia y bendición para los que sufren y han perdido la esperanza, y tiempo de sanación y de encuentro, en el que hemos de “aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones”[4], apoyándonos en la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe.

Llamada a la conversión

Reiteradamente oímos que la pandemia está generando una crisis religiosa, sanitaria, económica y social. Consecuencia de ello es el aturdimiento espiritual que manifestamos en no pocas ocasiones, mirando lo que acontece desde un punto de vista exclusivamente humano y no desde la fe pues el Señor sigue en la barca con nosotros. Y este aturdimiento se hace palpable desconfianza. Nos falta reflexión interior. “Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Heb 3,7-8). No es extraño que el Señor como a sus apóstoles nos diga: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” (Mc 4,40). La falta de fe genera siempre pesimismo espiritual, olvidando que “todo lo podemos en Aquel que nos conforta” (cf. Fil 4,13). En esta Cuaresma se nos llama a vivir la experiencia de la conversión como algo personal con un corazón nuevo, como una vocación a la que tenemos que darle respuesta permanentemente, tomando conciencia de la Providencia divina: “¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo” (Lc 12,6-7; Mt 10,29-30). Son alentadoras las palabras de Pablo cuando escribe: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y el no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla” (1Co 10,13). La esperanza, dice el Papa, es como agua viva que nos permite continuar nuestro camino, alentando y acompañando a los demás con gestos sencillos y amables. No olvidemos que la identidad del cristiano va unida a la participación en el Misterio de Cristo. Como subraya san Agustín, nosotros somos hijos de Dios por la acción de Jesucristo: Somos hijos en el Hijo (cf. Rom 8,14-17). “Sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad”[5]. No podemos olvidar nuestra condición filial irrenunciable: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1Jn 3,1). Esta gracia de hijos de Dios nos compromete a vivir la fraternidad que no tiene límites: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,44-45). La fe y la esperanza deben manifestarse en la caridad que “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión”[6]. La Iglesia nos llama en este tiempo cuaresmal a practicar el ayuno, la limosna y la oración, actitudes que son el puente de la Cuaresma hacia la Pascua, sabiendo que nuestro único mérito es la misericordia de Dios como manifestaba San Bernardo.

24 Horas para el Señor

En este camino cuaresmal os recuerdo la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 12 y el sábado 13 de marzo, dejándonos guiar por las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración.

¡Buen camino hacia la Pascua! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Mensaje para la Cuaresma de 2021.

[2]Cf. FRANCISCO, Fratelli tutti, 276.

[3] Ibid., 277.

[4] Ibid., 226.

[5] FRANCISCO, Fratelli tutti, 272.

[6] FRANCISCO, Mensaje…, 3.

 

Fuente: archicompostela.es

Carta Pastoral de Monseñor Barrio para la campaña de Manos Unidas 2021 que nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre.

  • Carta del arzobispo para la Campaña de Manos Unidas que centra su atención en las consecuencias de la pandemia del coronavirus en las personas más vulnerables del planeta

En una Carta Pastoral con motivo del inicio de la 62 Campaña de Manos Unidas contra el hambre, el arzobispo de Santiago indica que “no podemos mirar para otro lado ante las injusticias que degradan la dignidad de la persona humana. Son muchos millones de personas que pasan hambre, no tienen las condiciones de higiene necesarias, sin un techo, sin la posibilidad de ser formados y sin acceso al cuidado de la salud”.

Además comenta monseñor Barrio “en medio de tantas precauciones para evitar los contagios de la pandemia del coronavirus, la campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre. Esto conlleva la renuncia personal para favorecer el bien colectivo”, porque como dice el lema de la campaña sólo juntos lo conseguiremos.

  • Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”. Febrero 2021.

 

“Corresponsabilidad del bien común”

Queridos diocesanos:

El Papa Francisco acaba de publicar una carta encíclica dedicada a la fraternidad y a la amistad social. Un contexto en que encuentra razón de ser la llamada a la corresponsabilidad del bien común en esta Campaña 62 de Manos Unidas, sabiendo que “no se sirve a ideas sino a personas” y que “como comunidad estamos conminados a garantizar que cada persona viva con dignidad y tenga las oportunidades adecuadas a su desarrollo integral”[1].

Promoción del bien común

“De la interdependencia cada vez más estrecha y extendida paulatinamente a todo el mundo se sigue que el bien común, esto es, el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección, se hace cada vez más universal y por ello implica derechos y deberes que se refieren a todo el género humano. Todo el grupo debe tener en cuenta las necesidades y aspiraciones legítimas de los demás grupos; más aún, debe tener en cuenta el bien común de toda la familia humana”[2]. Esta doctrina del Concilio Vaticano II es subrayada por el Catecismo de la Iglesia Católica que nos dice que el bien común supone el respeto a la persona, exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo e implica la paz, es decir la estabilidad y la seguridad de un orden justo[3]. Estos mismos aspectos los recoge la Doctrina Social de la Iglesia. Todo progreso social debe estar subordinado al progreso personal.

Corresponsabilidad de todos

Con estos presupuestos doctrinales hemos de considerar que no podemos mirar para otro lado ante las injusticias que degradan la dignidad de la persona humana. Son muchos millones de personas que pasan hambre, no tienen las condiciones de higiene necesarias, sin un techo, sin la posibilidad de ser formados y sin acceso al cuidado de la salud.  Damos la impresión que esta dura realidad parece cuestionar nuestras convicciones sólo cuando la vivimos de cerca, mientras que nos dejan intelectualmente tranquilos cuando sucede a miles de kilómetros de nuestras sociedades modernas. Como si la fragilidad y la precariedad de la existencia fuesen circunstancias que damos por descontadas en los países “pobres”, pero retan a nuestras creencias cuando nos afectan a los países “ricos”.

Llamados a ser solidarios

Nuestra corresponsabilidad encuentra cauce de actuación a través de la caridad social. Esta “nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une”[4]. “Todavía, escribe el Papa, estamos lejos de una globalización de los derechos humanos más básicos. Por eso, la política mundial no puede dejar de colocar entre sus objetivos principales e imperiosos el de acabar eficazmente con el hambre. Porque cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Por otra parte, se desechan toneladas de alimentos. Esto constituye un verdadero escándalo. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable”[5]. En medio de tantas precauciones para evitar los contagios de la pandemia del coronavirus, la campaña de Manos Unidas nos pide contagiar la solidaridad para acabar con el hambre. Esto conlleva la renuncia personal para favorecer el bien colectivo. Así se nos recuerda que “los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”[6].

¡Pasemos de los dichos a los hechos!

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Fratelli tutti, 118.

[2] Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, 26.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, nos. 1906-1912.

[4] Fratelli tutti, 182.

[5] Ibid., 189.

[6] Evangelii gaudium, 190.

 

Fuente:archicompostela.es

Carta Pastoral de Monseñor Barrio para la Jornada del Enfermo: “La fe, la esperanza y la caridad han de tejer la alfombra que pisemos ante el sufrimiento y los enfermos””

 

Las consecuencias de la pandemia que estamos viviendo nos hace tomar una mayor conciencia de nuestra fragilidad. En este tiempo estamos teniendo muy en cuenta a los contagiados por el coronavirus sin olvidar a quienes están afectados por otras enfermedades. Hemos lamentado dolorosamente la soledad en que muchos enfermos se han encontrado incluso en el momento de su muerte”. Así se dirige el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, en su Carta Pastoral con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes con el lema “CUIDÉMONOS mutuamente”.

En ella, D. Julian nos exhorta a que “la fe, la esperanza y la caridad han de tejer la alfombra que pisemos ante el sufrimiento y los enfermos

Una FE CRISTIANA que, como nos indica el arzobispo, es la que urge a los creyentes en Cristo a que “sufran con los que sufren” (Cf. 1Cor 12,26), tomen en serio el dolor del prójimo, les conmueve y les empuje a hacer algo por remediarlo“. 

Una ESPERANZA SERENA para los enfermos al “contemplar la figura de Cristo resucitado mostrando las palmas de sus manos“, ya que como monseñor asegura, “en ellas y en su Resurrección  reconocemos que el amor del Padre es más fuerte que la muertey que“nuestras vidas están tatuadas en Dios”.

Una CARIDAD DEL CORAZÓN que, en tiempos de tribulación, nos lleva a “hacernos prójimos de todos”, porque como nos recuerda en su carta D. Julián “quien ama a ejemplo de Jesús alivia el sufrimiento y enjuga las lágrimas sin pensar en sí mismo y sin esperar a que se lo pidan”

Además, en esta carta, señala el arzobispo, “a nadie como al cristiano le debe doler tanto el dolor de los demás, pero ese dolor nunca será piedra de tropiezo o escándalo para desconfiar de Dios”.

 

Carta Pastoral en el Día del Enfermo 2021:

 

“Cuidémonos mutuamente”

Queridos diocesanos:

En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes celebramos la Jornada del Enfermo. Sin duda las consecuencias de la pandemia que estamos viviendo, nos hacen tomar una mayor conciencia de nuestra fragilidad. En este tiempo estamos teniendo muy en cuenta a los contagiados por el coronavirus sin olvidar a quienes están afectados por otras enfermedades. Hemos lamentado dolorosamente la soledad en que muchos enfermos se han encontrado incluso en el momento de su muerte. “La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad”[1], manifestando la dependencia que tenemos y sentimos entre nosotros. Todos nos necesitamos y la fuerza del Señor nos ayuda a mantenernos unidos. “Uno solo es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8), nos recuerda el Papa en su Mensaje para esta Jornada. Este convencimiento ha de motivarnos a ser misericordiosos como nuestro Padre Dios, viendo a los otros con los ojos de nuestro corazón y amándonos unos a otros como el Señor nos ama (cf. Jn 13,34) y cuidándonos mutuamente.

Buenos samaritanos con la fe, la esperanza y la caridad

De manera especial ante las personas enfermas nuestra actitud ha de ser la del Buen Samaritano. “Jesús propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar por su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio (cf. Lc 10,30-35)”[2]. La fe, la esperanza y la caridad han de tejer la alfombra que pisemos ante el sufrimiento y los enfermos.

La fe cristiana nos ayuda a percibir en la obscuridad del dolor la luz de Cristo Resucitado y no hace promesas de un futuro mejor a expensas de la realidad presente. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor 12,26), toman en serio el dolor del prójimo, les conmueve y les empuja a hacer algo por remediarlo. Esta fe nos urge a hacernos cargo del impacto lacerante causado por la enfermedad y no necesita del sufrimiento para revalorizarse. Dios no aguarda detrás de la desgracia para que los hombres terminen adorándole. Nuestro dolor es el suyo[3]. Él quiso hacerse uno de nosotros experimentando el dolor y la muerte, y entregó su vida para que nosotros la tengamos en abundancia. En medio del dolor nuestra fe debe permanecer serena en el Sí de Dios que no nos protege inmunes de la desgracia pero nos hace salir de nuestros cobertizos personales e institucionales para hacerlo presente en todos los sufrimientos. Permanecer en la fe implica seguir las huellas del Crucificado y Resucitado. Él está presente en quienes ven resquebrajarse el suelo sobre el que se apoya su vida. A nadie como al cristiano le debe doler tanto el dolor de los demás, pero ese dolor nunca será piedra de tropiezo o escándalo para desconfiar de Dios.

Nuestra esperanza es serena: tiene la certeza de que “nada nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”, ni siquiera esta muerte temporal (Cf. Rom 8,35). Queridos enfermos, os animo a contemplar la figura de Cristo resucitado mostrando las palmas de sus manos. En ellas reconoceremos tatuado el Sí definitivo del Padre a su Hijo Jesucristo, y a todos nosotros, sus hijos. Esas manos son signo de que el amor del Padre es más fuerte que la muerte: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo en persona (Lc 24,39). Quienquiera que las contemple podrá reconocer en ellas todo el peso del dolor del mundo y también el realismo de la esperanza. Quien las está ofreciendo ha experimentado en propia carne la muerte y es el que nos puede decir: “Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos” (Ap 1,18). En su resurrección todos viven de su presente eterno y sus nombres quedan inscritos en el libro de la vida. Nuestras vidas están tatuadas en Dios: “Yo te llevo grabada como un tatuaje en mis manos” (Is 49,16). En las llagas gloriosas del Señor están todos los nombres. Esta es nuestra esperanza.

La fe actúa mediante la caridad” (Gal 5,6). En tiempos de tribulación, permanezcamos en la fe, que no es la quietud de un fervor individualista, sino el hacernos prójimos de todos con la caridad que “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión”[4]. Quien ama a ejemplo de Jesús alivia el sufrimiento y enjuga las lágrimas sin pensar en sí mismo y sin esperar a que se lo pidan.

A vosotros, queridos enfermos y enfermas, os tengo muy presentes en mi oración con la intercesión de la Virgen María, salud de los enfermos. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO Mensaje para la XXIX Jornada Mundial del enfermo, 11 de febrero de 2021, 3.

[2] Ibid., 1.

[3]“Dios no puede padecer, pero puede compadecer. El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús. Por eso en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la consolatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza”: BENEDICTO XVI, Spe salvi, 39.

[4] FRANCISCO, Mensaje para la Cuaresma del 2021, 3.

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio: “Preguntémonos ¿qué lugar ocupa en nuestra vida la Palabra de Dios?”

En una Carta Pastoral dedicada al Domingo de la Palabra, que se celebrará este próximo día 24 de enero, el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, invita a todos los diocesanos a hacer “silencio en nuestro interior para escucharla y meditarla”, al tiempo que asegura que “desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo”, tal y como escribía San Jerónimo. “Preguntémonos”, interpela monseñor Barrio, “¿qué lugar ocupa en nuestra vida la Palabra de Dios?”. La celebración de este Domingo de la Palabra es una iniciativa del Papa Francisco y se ha fijado en el III Domingo del Tiempo Ordinario. En su carta, el arzobispo recuerda que “los cristianos hemos de contemplar la Palabra de Dios como sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de la fe, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual”.

Es preciso comprenderla, poseerla y expresarla con actitudes de fe, de sencillez, de gratuidad y de constancia ya nos llame al desierto o al Tabor. Dios ha escondido en su Palabra variedad de tesoros para que cada uno pueda enriquecerse. Hemos de leer la Palabra de Dios como fuente de verdad que determina los contenidos de fe y como guía pedagógica del proceso que ha de alumbrarla. Ante la ambigüedad de los hechos la Palabra de Dios permite conocer el verdadero sentido”, explica en su Carta Pastoral el arzobispo compostelano.

Como se sabe el Papa Francisco instituyó el 30 de septiembre del año 2019 con la Carta Apostólica en forma de Motu proprio “Aperuit illis” el Domingo de la Palabra de Dios. El 19 de diciembre pasado, La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó una nota para “recordar algunos principios teológicos, celebratorios y pastorales sobre la Palabra de Dios proclamada en la Misa”. El documento tiene por objeto contribuir a despertar la conciencia de la importancia de la Sagrada Escritura para la vida de los creyentes, especialmente en la liturgia, “que los coloca en un diálogo vivo y permanente con Dios”.

  • Texto íntegro de la Carta Pastoral de mons. Barrio:

 

En el Domingo de la Palabra, 24 de enero de 2021

 

Queridos diocesanos:

“El Domingo de la Palabra de Dios, querido por el Papa Francisco en el III Domingo del Tiempo Ordinario de cada año, recuerda a todos, pastores y fieles, la importancia y el valor de la Sagrada Escritura para la vida cristiana… Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera”[1].

“Mira que he puesto mis palabras en tu boca” (Jr 1,9). Los cristianos hemos de contemplar la Palabra de Dios como sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de la fe, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual. Es preciso comprenderla, poseerla y expresarla con actitudes de fe, de sencillez, de gratuidad y de constancia ya nos llame al desierto o al Tabor. Dios ha escondido en su Palabra variedad de tesoros para que cada uno pueda enriquecerse. Hemos de leer la Palabra de Dios como fuente de verdad que determina los contenidos de fe y como guía pedagógica del proceso que ha de alumbrarla. Ante la ambigüedad de los hechos la Palabra de Dios permite conocer el verdadero sentido. “La Palabra eterna y divina entra en el espacio y en el tiempo y asume un rostro y una identidad humana, tan es así que es posible acercarse a ella directamente pidiendo, como hizo aquel grupo de griegos presentes en Jerusalén: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12, 20-21)”[2]. La Palabra es eternamente fiel como el Dios que la pronuncia y la habita. Por eso el que acoge con fe la Palabra no estará nunca solo; en la vida como en la muerte se entra a través de ella en el corazón de Dios: “Aprende a conocer el corazón de Dios en sus palabras” (San Gregorio Magno). “Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,31-32).

Acudamos a la Palabra de Dios, saboreándola en la liturgia, en la lectura espiritual, en la oración. “El fundamento de toda espiritualidad cristiana auténtica y viva es la Palabra de Dios anunciada, acogida, celebrada y meditada en la Iglesia”[3]. Hagamos silencio en nuestro interior para escucharla y meditarla. Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo, escribe San Jerónimo. Preguntémonos ¿qué lugar ocupa en nuestra vida la Palabra de Dios?

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] Nota de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, 17 de diciembre 2020.

[2] Mensaje final del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios, 26 de octubre de 2008, nº 4.

[3] BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Verbum Domini, 121.

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio pide a los niños y niñas de la Diócesis ayuda y oración en el Día de la Infancia Misionera

La Jornada de la Infancia Misionera, se celebrará el próximo domingo 17 de enero, con el lema “Con Jesús a Nazaret, ¡somos una gran familia!” y, por este motivo nuestro arzobispo ha querido dirigirse a los niños y niñas de la Diócesis en una Carta Pastoral. Según sus palabras, D. Julián les escribe para que “fijándoos en Él (en Jesús), le ayudéis a ser mensajeros de ese amor, buena noticia, que ha de llegar a todos lo niños del mundo”. Para ello, les pide su oración e implicación para contribuir al esfuerzo misionero, y les recuerda que son muchos los pequeños afectados en el mundo por la pandemia y que “hemos de pensar en ellos y tratar de ayudarles también con nuestra aportación económica”

 

 

“Con Jesús a Nazaret, ¡somos una gran familia!”

 

Queridos niños y niñas diocesanos:

La Iglesia el día 17 de este mes celebra la Jornada de la Infancia misionera. Cuando todavía percibimos los ecos del nacimiento de Jesús que nos anunciaba el amor de Dios, os escribo para que fijándoos en Él, le ayudéis a ser mensajeros de ese amor, buena noticia, que ha de llegar a todos los niños del mundo.

Jornada Mundial de la Infancia Misionera

Este año vamos con Jesús a Nazaret, para descubrir cómo discurría su vida junto a María y José en el entorno familiar. Vemos que Jesús, Niño Dios, crece en la sencillez y en la humildad del hogar de Nazaret donde el sol del Amor brillaba todos los días aún en medio de las dificultades. Allí vivió en la obediencia filial a su Padre celestial, dejándose enseñar por María y José. Después de visitar el templo por la fiesta de la Pascua donde escuchó e hizo preguntas a los maestros que admiraron su talento y las respuestas que daba, nos dice el evangelista Lucas que “bajó con María y José y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo eso en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 51). Está sujeto a ellos porque María y José están sujetos a Dios. “El núcleo familiar de Jesús, María y José, dice el papa Francisco, es para todo creyente y en especial para las familias, una auténtica escuela del Evangelio… Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser iglesia doméstica para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y llegar a ser fermento de bien en la sociedad”. Es necesaria una sana vida espiritual donde se mantenga la presencia de Dios orientándonos con su luz y fortaleciéndonos con su bendición. Decir vida espiritual significa vida de oración, de escucha de la Palabra de Dios, de vida sacramental, de amor a Dios y al prójimo, y de trabajo. El taller de José es símbolo de ese otro taller en el que con Jesús hemos de conformar nuestra personalidad siempre en esa actitud de aprender en la vida de cada día.

¡Somos una familia! Tenemos una familia en el hogar en que vivimos y de la que forman también parte los familiares cercanos. En ella aprendemos a querernos y ayudarnos. Pero tenemos otra gran familia: la Iglesia en la que debemos ocuparnos de nuestros hermanos, especialmente de los más necesitados: la familia es iglesia doméstica y la Iglesia es familia de Dios en el mundo.

Acoger el espíritu misionero nos lleva a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás y anunciarles la buena nueva del Evangelio. Siempre me alegra vuestra presencia y participación en la catequesis y conocer vuestras iniciativas e inquietudes. También en esta ocasión quiero recordaros que sois los pequeños misioneros que imitando a Jesús comunicáis que Dios nos ama, una noticia que tiene que llegar hasta el confín de la tierra. Aunque las dificultades no sean pequeñas, no debemos acobardarnos confiando en la providencia de Dios Padre que está siempre pendiente de nosotros. De manera especial en esta pandemia en la que los niños del mundo también se han visto afectados, hemos de pensar en ellos y tratar de ayudarles con nuestra aportación económica.

Jornada de la Infancia Misionera

El papa Francisco recuerda que “la Jornada de la Infancia Misionera es la fiesta de los niños que viven con alegría el don de la fe y rezan para que la luz de Jesús llegue a todos los niños del mundo”. Con Jesús en Nazaret tratad de ser misioneros mirándole y viéndole en los demás niños. No olvidéis que estáis ayudando a millones de niños y niñas que necesitan de vuestra oración, sacrificio y amor, ayudándoles a conocer a Jesús y a tener una buena formación. Ellos esperan vuestra respuesta. Rezamos por los misioneros y misioneras. Os lo agradezco también en su nombre. Pido que el Niño Dios os bendiga a vosotros, a vuestras familias y a nuestra Diócesis. Recemos unos por otros, encomendándonos al patrocinio del Apóstol Santiago el Mayor en este Año Santo Compostelano.

En la Solemnidad de la Epifanía del Señor, con mi afectuoso saludo y bendición,

  + Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

 

Fuente: archicompostela.es

 

Monseñor Barrio en el inicio del Año Santo Compostelano: “La Casa del Señor Santiago abre sus puertas a todas las gentes”

  • El arzobispo señala en la apertura de la Puerta Santa que el 2021 será “un tiempo de gracia y de bendición”

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, abrió esta tarde la Puerta Santa de la Catedral compostelana, dando así comienzo al Año Jubilar Jacobeo de 2021, un “tiempo de gracia y de bendición” para la Iglesia que peregrina en Compostela y para toda la Iglesia. “Ya ha comenzado el Año Santo”, dijo el arzobispo, “en unas circunstancias especiales que hemos de afrontar con la esperanza cristiana  que “es audaz y sabe mirar más allá de la comodidad personal de las pequeñas seguridades y compensaciones que acortan el horizonte para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más digna”. Monseñor Barrio, en una ceremonia litúrgica plena de simbolismo, indicó en su homilía que “la Casa del Señor Santiago abre sus puertas a todas las gentes” y que “el Año Santo no es una huida espiritualista sino un compromiso para discernir cristianamente la realidad, en medio de la crisis antropológica, espiritual, cultural y sanitaria en la que se han visto radicalmente sacudidas las certezas fundamentales que conforman la vida de los seres humanos.  Hacer presente a Dios es un bien para la sociedad”. En su homilía agradeció también el mensaje del Papa Francisco.

“¡Santo Apóstol!,”, exclamó el arzobispo en su homilía de la Eucaristía con que se inició el Año Jubilar, “haz que desde aquí se fortalezca la esperanza que ayuda a superar la preocupación angustiosa por el presente, y el escepticismo que dificulta el ejercicio de la caridad. Es tiempo para rezar, amar, salir al encuentro de los demás con obras de misericordia, revitalizando la fraternidad que “permite reconocer, valorar y amar más allá de la cercanía física”, procurando que las personas pobres y las más vulnerables tengan siempre la preferencia”.

Con la presencia del Nuncio de Su Santidad, monseñor Bernardito Auza, la del cardenal emérito de la capital española, monseñor Antonio María Rouco Varela, así como la de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago, además de otros arzobispos y obispos, entre ellos el ex auxiliar de Santiago y actual titular de la Diócesis de Astorga, monseñor Jesús Fernández González, el arzobispo de Santiago procedió ayer a la apertura de la Puerta Santa. Tras la procesión ceremonial, monseñor Barrio golpeó con un martillo la Puerta Santa para entrar en la Basílica compostelana y presidir en el Altar Mayor la Eucaristía.

“Hace unos momentos he tenido el gozo de abrir la Puerta Santa, un gesto cargado de simbolismo. He llamado a la puerta de la misericordia, convencido de que al que llama se le abre”, indicó el arzobispo. Monseñor Barrio señaló, además, que “la verdad nos posibilita el ser servidores de la fe en este Año Santo, tiempo de gracia y bendición para los que sufren y han perdido la esperanza, y tiempo de sanación y de encuentro, en el que hemos de “aprender a cultivar una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones” (FT 226), apoyándonos en la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe”.

El arzobispo destacó la entraña espiritual del Año Santo, más allá de cualquier otra consideración: “En esta experiencia de fe acogemos este don del Año Santo para despertar en nosotros la capacidad de ver lo esencial en medio de lo prescindible y descubrir la grandeza del amor y de la misericordia de Dios que nos busca y acoge a cada uno, nos llama a convertirnos y a superar el miedo que no es propio de quien se siente amado”.

Así, monseñor Barrio resaltó el papel de la ciudad del Apóstol y de la Iglesia en la construcción de un mundo con finalidad plena: “La Casa del Señor Santiago abre sus puertas a todas las gentes, siendo “un hogar para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección” (FT 276) y para ser signo de la Iglesia, que afianza la cohesión de la sociedad y procura a la actividad cotidiana del hombre un sentido más profundo, al impregnarla de una significación más elevada (cf. GS 40). De esta manera la Iglesia contribuye a humanizar la familia humana y su historia, y llama a responder a la vocación a la santidad para no frustrar la gracia de Dios en nosotros, evitando el debilitamiento de los valores espirituales, y el deterioro de la moral y del sentido de responsabilidad”.

Agradecimiento al Papa Francisco

Monseñor Barrio  no olvidó dar las gracias al Papa Francisco y a las autoridades: “Moitas grazas ao Santo Pai pola súa mensaxe e polas súas benevolentes atencións a esta Igrexa compostelán. Agradezo a colaboración de todas as institucións e persoas en orde a unha fructuosa celebración do Ano Santo e a unha agarimosa acollida do peregrino. A cidade de Santiago e Galicia han de ser un fogar dos peregrinos. Acabamos de escoitar no Evanxeo que os pastores volveron glorificando e louvando a Deus por canto viran e oíran. Deus queira que vivamos esta mesma experiencia no Anno Santo. Que Santiago de Compostela sexa “unha cidade de innumerables referencias para innumerables pobos”. Así o espero da axuda do Señor Santiago, de San Xosé e da Virxe Peregrina. Baixo o seu amparo poñemos todas as persoas e todos os acontecementos deste Ano Santo”.

 

 

Fuente: archicompostela.es

D. Julián nos escribe una carta a los diocesanos para preparar la Navidad

Solemnidad de la Inmaculada 2020

Preparando la Navidad

Queridos sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos:

En la Solemnidad de la Inmaculada, vislumbrando ya la Navidad y la Apertura del Año Santo Compostelano, quiero haceros llegar una palabra de ánimo y de esperanza en medio de las nuevas iniciativas pastorales que han ido surgiendo durante este tiempo. Conozco las inquietudes que se están viviendo en la labor catequética, en la celebración de la Eucaristía, en la administración de los sacramentos, en la predicación de la Palabra de Dios, en la celebración de las exequias, en el acompañamiento de las familias que están perdiendo a sus seres queridos y en la preocupación por las desfavorecidos, deseando poder tener una mayor participación en la celebración dominical y revitalizar el encuentro personal pastoral.

Pero en estas circunstancias no debemos caer en la pasividad ni en la indiferencia, suprimiendo o posponiendo nuestros compromisos pastorales sino tratando de transformar la realidad en que nos encontramos. Otros modos son posibles según la actuación de Cristo plasmada en el Evangelio. ¡Fijémonos en Él! Viéndonos desvalidos y sin méritos propios hemos de acudir humildemente al Señor compasivo para que venga en nuestra ayuda y recuperar de esta manera la tensión necesaria para mantener la confianza y la creatividad necesarias. La liturgia del Adviento fortalece nuestra esperanza. Baste recordar al profeta Isaías, al precursor Juan Bautista y a la Virgen María, tres referencias claves para interpretar en estos momentos la situación que nos toca afrontar con un acento profético.

Isaías nos dice: “Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí esta vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega  con poder  y con su brazo manda. Mirad,  viene con el su salario y su recompensa los precede” (Is 40, 9-11), pues esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en la que habite la justicia (cf. 2Pe 3, 12). Juan el Bautista nos llama a la conversión, al cambio radical de mentalidad, de corazón y de actitudes, y a un estilo de vida en austeridad como una verdadera exigencia social para responder a las necesidades de tantas personas necesitadas. La Virgen del Adviento, la Inmaculada nos recuerda el “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,37), porque lo que nosotros vemos como imposible para Dios no lo es. La pandemia nos ha colocado en la experiencia de la fragilidad personal y social mostrándonos que somos vulnerables. ¡Cuántas preguntas nos surgen en nuestro interior y en nuestro entorno! Tenemos que guardar muchas cosas en nuestro corazón y tratar de comprenderlas a la luz de la Palabra de Dios. Esta fue la actitud de María. Su condición de llena de gracia no le ahorra el desconcierto. Ella se turbó ante las palabras del ángel que le dijo “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 23) y preguntó: “¿Cómo será esto, pues no conozco varón”? (Lc 1,14). Pero siempre da paz sabernos en los planes de Dios. Las gotas de fe que están en todas partes nos ayudan a recorrer el camino e interpretar la voluntad de Dios. El Señor estuvo con María y está con nosotros, por eso hemos de alegrarnos. En el Adviento percibimos que necesitamos a Dios, dándonos cuenta de nuestra limitación y viviendo en esperanza sobrenatural. Dios vino y vendrá para armonizarlo todo: “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido. Y dijo al que está sentado en el trono: Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 4-5). En la esperanza sobrenatural hemos de vivir las otras esperanzas de cada día que dependen de ella, concienciándonos de que la verdadera vida no es ésta, surcada por tantas limitaciones, sino la eterna. También esto se nos recuerda, urgiéndonos a vivir en vigilancia y fidelidad.

Revitalicemos nuestra espiritualidad a través de una actitud ascética conforme a la vocación a la que hemos sido llamados. La oración, la meditación, la participación en los sacramentos y el desvivirse por los demás nos ayudarán a preparar el camino a la salvación que nos está viniendo.

Os saluda con fraternal afecto y bendice en el Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio: “As persoas discapacitadas son presenza de Cristo e con elas temos que promover a cultura do encontro”

“O 6 de decembro conmemoramos na Diocese o Día Internacional das Persoas con Discapacidade. A Igrexa sempre se sentiu moi próxima a estas persoas das que tanto aprendemos e cuxa dignidade temos que subliñar sempre. Así comienza la nueva Carta Pastoral de monseñor Julián Barrio dedicada a esta celebración bajo el lema “Contigo son Luz no Camiño”.

En su carta el arzobispo nos recuerda que estas personas con alguna discapacidad son “ese libro humano no que tantas cousas podemos aprender”, un faro de gratitude, de bondade e xenerosidade que nos leva a entrar dentro de nós mesmos, malgastando agarimo e humanizando a nosa vida”

Por tanto, Monseñor Barrio busca sensibilizarnos sobre la condición de estas personas, “apoiando a súa dignidade, os seus dereitos e benestar, e traballando para integralas na comunidade civil e eclesial non como sinxelos suxeitos pasivos senón activos“. “Sería unha pena non contar cos seus dons e posibilidades” nos sigue diciendo el arzobispo, y también agradece a todas aquellas personas que colaboran en esta tarea manifestando “tenrura con elas, utilizando as  mans e corazón para sentirse próximos a elas e coidalas en todo momento»

D Julián concluye animándonos a todos a “vivir esta Xornada na nosa Diocese, ofrecendo unha mensaxe de esperanza ás persoas con discapacidade, que son luz no noso camiño

 

Textos íntegros de la Carta Pastoral del arzobispo D. Julían Barrio con motivo del Día diocesano de las personas con discapacidad. Diciembre 2020:

 

“Contigo son luz no camiño”

Queridos diocesanos:

O 6 de decembro conmemoramos na Diocese o Día Internacional das Persoas con Discapacidade. A Igrexa sempre se sentiu moi próxima a estas persoas das que tanto aprendemos e cuxa dignidade temos que subliñar sempre. Como temos que agradecer ás persoas que coidan os máis débiles, sobre todo nestas circunstancias da pandemia,  a quen hei de facer visibles na vida de cada día! Esta xornada busca sensibilizar á opinión pública sobre a condición destas persoas, apoiando a súa dignidade, os seus dereitos e benestar, e traballando para integralas na comunidade civil e eclesial non como sinxelos suxeitos pasivos senón activos. Sería unha pena non contar cos seus dons e posibilidades. A Doutrina social da Igrexa considera que “a sociedade debe axudar as persoas con discapacidade para que poidan desenvolver todos os seus dons; esa é a base das sociedades xustas e solidarias”.

Luz no noso camiño

As persoas discapacitadas son presenza de Cristo e con elas temos que promover a cultura do encontro. Os cristiáns, dicía San Xoán Paulo II,  somos conscientes de que “en Deus descubrimos a dignidade das persoas  humanas, de cada unha das persoas humanas. O grao de saúde física ou mental non engade nin quita nada á dignidade da persoa; máis aínda, o sufrimento pode darlle dereitos especiais na nosa relación con elas”. Isto é o que se percibe cando un visita os centros ou as casas onde viven estas persoas. Son un faro de gratitude, de bondade e xenerosidade que nos leva a entrar dentro de nós mesmos, malgastando agarimo e humanizando a nosa vida. Son luz no noso camiño que ilumina eses espazos escuros da nosa vida fundamentada na autosuficiencia. Escribíavos o pasado ano nesta Xornada, que cando tanto se valora a fortaleza física da persoa e tanto se fala de transhumanismo, as persoas discapacitadas son ese libro humano no que tantas cousas podemos aprender. A familia onde se recibe a vida, os medios de comunicación e a Igrexa, portadora de verdadeiro humanismo, contribúen a que a sociedade axude estas persoas. Dicía o pasado ano nesta Xornada o papa Francisco: “Teñamos a coraxe de dar voz a aquelas persoas que son discriminadas pola súa condición de discapacidade, porque desafortunadamente nalgúns países, mesmo hoxe, é difícil recoñecelas como persoas de igual dignidade, como irmáns e irmás na humanidade”.

A luz do Nadal

Tamén neste Nadal se nos pide saír das nosas covas nas que esperamos o Señor segundo os nosos plans, e achegarnos ao portal de Belén para comprobar que Deus se nos mostra de maneira imprevisible, arroupándose na sinxeleza, na pobreza, no desvalimento e na humildade. O seu realismo humano é o referente da autenticidade para o home.  O Señor fíxose contemporáneo da vida de cada un de nós, tamén no medio desta pandemia e da nosa fraxilidade que nos desasosegan e cuestionan. Pero como Xesús tamén dicimos: “Douche grazas, Pai, Señor do ceo e da terra, porque escondiches estas cousas aos sabios e entendidos, e reveláchesllas aos pequenos” (Mt 11,25.29-30). Queiramos de maneira especial a estas persoas discapacitadas e manifestemos a nosa tenrura con elas, utilizando as nosas mans e corazón para sentirnos próximos a elas e coidalas en todo momento. Sen dúbida coidalas a elas é coidarnos a nós como criaturas de Deus, creadas ao seu xeito. Tratemos de ver cos ollos de Deus e descubriremos que o que acontece para os que o aman, todo lle serve para o seu ben.

Anímovos a todos a vivir esta Xornada na nosa Diocese, ofrecendo unha mensaxe de esperanza ás persoas con discapacidade, que son luz no noso camiño. Saúdavos con afecto e bendí no Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela

 

 

Fuente: archicompostela.es

Monseñor Barrio: “Levemos ás persoas necesitadas material e espiritualmente a Luz que brillou en Belén”

Como todos los años nuestro arzobispo Don Julián nos hace llegar una CARTA PASTORAL para el tiempo de ADVIENTO, donde nos exhorta en este tiempo litúrgico a vivir un Adviento con gran esperanza y corazón, aprovechando esta “oportunidade providencial para acoller o Don gratuíto da salvación saíndo ao encontro do Señor.

Monseñor Barrio nos invita en su carta a que “No medio da crise humanitaria e sanitaria que nos afecta, a distancia social aconsellada ha de acrecentar a proximidade do corazón. A isto chámanos o Nadal coa alegría das panxoliñas e sen o abafo do consumismo”

También nos anima a “seguir vivindo cristiamente o Nadal, imitando a Xesúsque pasou facendo o ben e curando a todos os oprimidos polo diaño porque Deus estaba con el” » recordándonos que “O Señor fíxose contemporáneo da vida de cada un de nós, tamén no medio desta pandemia que nos desasosega e cuestiona”

 

Texto de la “Carta Pastoral no Advento 2020” completo:

 

Nadal: Deus feito home

Queridos diocesanos:

O Advento é o tempo litúrxico no que a Iglesia nos chama a prepararnos para celebrar o Fillo de Deus feito home pola nosa salvación. “Tanto amou Deus ao mundo que entregou o seu Unixénito, para que todo o que cre nel non pereza, senón que teña vida eterna” (Xn 3,16). A actitude espiritual hanos de levar a contemplar cos ollos da esperanza a transcendencia deste gran acontecemento na plenitude do tempo (cf. Gál 4,4). Deus creounos por amor e non nos abandonou na nosa desobediencia. O Advento é unha oportunidade providencial para acoller o Don gratuíto da salvación saíndo ao encontro do Señor.

Pobreza, sinxeleza e humildade

Ao contemplar o Neno Deus nado en Belén, convídovos a ler a pasaxe bíblica referente ao profeta Elías (cf. 1Re 19,9a.11-13a). O Señor tamén nos chama hoxe como ao profeta entón a saír da nosa cova e a achegarnos ao portal de Belén para deixarnos sorprender pola sinxeleza dun neno envolto en cueiros e deitado nun presebe (cf. Lc 2,7). Talvez na nosa fantasía, damos renda solta ás nosas fantasías, pero máis aló delas Deus sempre nos sorprende. Ao profeta Elías dicir: “Sae e permanece en pé no monte ante o Señor” (1Re 19,11). O profeta foi testemuña dun furacán, dun terremoto, dun lume pero nestes fenómenos non estaba o Señor. Despois disto veu o rumoreo dunha brisa suave ante o cal Elías cubriu o seu rostro co manto e nesa circunstancia chegoulle a voz do Señor dicíndolle que volvese ao camiño para realizar a misión que se lle encomendou (cf. 1Re 19,9-18). Dalgunha maneira nese rumoreo presentíase a presenza do Fillo de Deus que “non gritará, non clamará, non voceará polas rúas. A cana fervenza non a crebará, a mecha vacilante non o apagará. Manifestará a xustiza con verdade” (Is 42,2-3). Tamén neste Nadal pídesenos saír das nosas covas nas que esperamos ao Señor segundo os nosos plans, e achegarnos ao cortello de Belén para comprobar que Deus se nos mostra de maneira imprevisible, arroupándose na sinxeleza, na pobreza e na humildade. O seu realismo humano é o referente da autenticidade para o home. Certamente no edificio da nosa espiritualidade toda ostentación esborrállase.

Mensaxe do Neno Deus no portal de Belén

A luz que iluminou o portal de Belén foi irradiándose no Evanxeo e nas actitudes de Xesús ao longo da súa vida aínda que no seu nacemento foi ignorado polos seus contemporáneos e polas forzas que movían entón os fíos da trama social. O Señor fíxose contemporáneo da vida de cada un de nós, tamén no medio desta pandemia que nos desasosega e cuestiona pero temos que seguir vivindo cristiamente o Nadal, imitando a Xesús “que pasou facendo o ben e curando a todos os oprimidos polo diaño porque Deus estaba con el” (Feit 10, 38). El soportou o desprestixio humano de non ter un lugar na convivencia social como tantas e tantas persoas hoxe en día na nosa sociedade: “Para eles non había sitio na pousada” (Lc 2,7). No Sermón da montaña proclamará: “Benaventurados os mansos porque eles herdarán a terra”.  Mantivo un diálogo constante co Pai: “Douche grazas, Pai, Señor do ceo e da terra, porque escondiches estas cousas aos sabios e entendidos, e reveláchesllas aos pequenos… Tomade o meu xugo sobre vós e aprendede de min, que son manso e humilde de corazón e atoparedes descanso para as vosas almas. Porque o meu xugo é levadío e a miña carga liviá” (Mt 11,25.29-30). Indicounos as pautas do noso comportamento: “O Fillo do Home non veu a ser servido senón a servir e a dar a súa vida en rescate por moitos” (Mt 20,28). “Douvos un mandamento novo; que vos amedes uns a outros; como eu vos amei, amádevos tamén uns a outros. Nisto coñecerán todos que sodes discípulos meus; se vos amades uns a outros” (Jn 13,34-35). O apóstolo San Paulo escribiu que “o amor é paciente, é benigno; o amor non ten envexa, non presume, non se engríe; non é indecoroso nin egoísta; non se irrita; non leva contas do mal; non se alegra coa inxustiza senón que goza coa verdade. Todo o escusa, todo o cre, todo o espera, todo o soporta” (1Cor 13,4-7). Unha boa guía para non caer no risco de ser branco dos aduladores, e tratar de actuar sempre en xustiza e en verdade. No medio da crise humanitaria e sanitaria que nos afecta, a distancia social aconsellada ha de acrecentar a proximidade do corazón. A isto chámanos o Nadal coa alegría das panxoliñas e sen o abafo do consumismo.

Exhortación para o Nadal

Non amortigüemos as consecuencias da mensaxe de Xesús sobre os almofadóns dos nosos prexuízos e sentimentalismos. Levemos ás persoas necesitadas material e espiritualmente a Luz que brillou en Belén, ofrecéndolles a nosa axuda. Pola miña banda quero chegar aos vosos fogares e proclamarvos ese gran anuncio de esperanza cristiá: “Hoxe na Cidade de David nace o Salvador, o Mesías, o Señor”. Pido ao Neno Deus que bendiga a todas as familias, en especial ás que nestas datas o recordo das persoas queridas se converte en tristeza. Bo Nadal a todos!

Saúdavos con afecto,

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela.

 

 

 

Carta Pastoral extraida de archicompostela.es

En la Jornada Mundial por los pobres, “tiende tu mano al pobre”

La Iglesia celebra el 15 de noviembre la IV Jornada Mundial de los Pobres. Una Jornada en la que el papa Francisco invita a toda la Iglesia a ser signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados.

Una oportunidad para recordar la predilección de Jesús por los pobres. Una invitación a mantener la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. “Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial” recalcaba el Santo Padre en su mensaje para la I Jornada.

El 19 de noviembre de 2017 se celebró la primera Jornada Mundial de los Pobres. Cada año el Papa nos vuelve a llevar la mirada sobre esta realidad fundamental para la vida de la Iglesia, porque los pobres están y estarán siempre con nosotros (cf. Jn 12,8) para ayudarnos a acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana.

Este año la Jornada Mundial por los Pobres se celebra en medio de una pandemia que ha zarandeado el mundo. Ha dejado al descubierto la fragilidad humana y ha puesto en crisis muchas certezas. Ha puesto nuevos rostros a la pobreza. Ha traído -escribe el Papa en su mensaje- dolor y muerte, desaliento y desconcierto. Pero también hemos visto como a nuestro alrededor se tendían muchas manos.

En este mensaje el Papa Francisco “Tiende tu mano al pobre” nos recuerda queLa comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad.” 

También nuestro arzobispo D. Julián se ha unido a esta iniciativa y nos escribe una Carta Pastoral a todos los diocesanos. En esta carta, que tiene por lema “Los pobres, luz del Evangelio en nuestro camino”, monseñor Julián Barrio asegura que “hay una pobreza visible en las calles y hay otra que permanece oculta entre las paredes de los hogares” y que “nuestra actitud no debe ser la pasividad y la inactividad sino tender la mano al pobre, que significa, como nos dice el Papa, invitarnos a la responsabilidad y es un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino, llevando las cargas de los más débiles, y dejándose conmover por la pobreza de la que a menudo somos también cómplices” y añade que “hay que pasar de una política “hacia” los pobres a una política “con” y “de” los pobres”

 

En los siguientes enlaces se facilitan algunos materiales para reflexionar y preparar esta Jornada:



Galería de fotos:

 

 

 

Fuentes (texto y fotos): Conferenciaepiscopal.es y archicompostela.es