Mons. Barrio destaca el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia

 

En una Carta Pastoral dedicada al Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar, que se celebrará en la solemnidad de Pentecostés, el arzobispo de Santiago recuerda, en continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal, que “se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo”.

En este sentido indica que “no podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia”. Y añade: “la vocación cristiana es por su propia naturaleza vocación apostólica, misionera, evangelizadora”.

En la carta a los laicos, el arzobispo recuerda tres actitudes que configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: “una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción frente al misterio insondable de la libertad humana”.

La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública”, dice mons. Barrio.

 

 

Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar 2022

“Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita”

 

Queridos diocesanos:

En continuidad con el mensaje del pasado año y en el contexto sinodal en el que,  invitados por el papa Francisco para preparar el Sínodo de los Obispos (2023), nos encontramos, se nos invita a seguir construyendo juntos con la fuerza del Espíritu Santo una Iglesia en salida para anunciar con alegría el Evangelio y ser comunicadores de esperanza, recordando que todos los bautizados hemos de sentirnos protagonistas de la misión que se nos ha confiado en la Iglesia y en el mundo (cf. LG 31). No podemos olvidar el papel fundamental del laicado en la corresponsabilidad y en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Después de la Resurrección el Señor confirió a los apóstoles la misión de anunciar el Evangelio con todas las consecuencias. Hubo dificultades desde el principio pero Pedro ante la prohibición de predicar dirá: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y no les atemoriza ni les abate. No les asusta ser ultrajados con tal de cumplir la misión encomendada. Predicar el Evangelio desemboca en la práctica del culto. Conocer que Cristo ha muerto y resucitado por nuestra salvación ha de llevarnos a adherirnos a Él como nuestro Señor.

En esta Jornada recordamos nuevamente esta consideración del papa Francisco: “He aquí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear  la vida aisladamente… Se necesita una comunidad que nos  sostenga, que nos ayude  y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante. ¿Qué importante es soñar juntos… Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos[1]. “Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial, compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia”[2]. La vocación cristiana es por su propia naturaleza  vocación apostólica, misionera, evangelizadora.

Tres actitudes configuran la identidad cristiana y apostólica del discípulo de Cristo: una inquietud profunda y humilde para sintonizar con Cristo, la fidelidad a su persona y la obediencia a la acción iluminadora y santificadora del Espíritu, y la humilde intrepidez para aceptar el honor de la repulsa o de la acogida que el hombre libremente ha de hacer siempre de Cristo, signo de contradicción  frente al misterio insondable de la libertad humana. En nuestro peregrinar apostólico hemos de recordar que hemos sido elegidos en Cristo, amados con Cristo y enviados como Cristo en nuestro Bautismo (cf. Jn 3,3; 5-7). “No podemos obviar el sacramento del Bautismo, porque aquí se encuentra la base para una nueva concepción del laico en la Iglesia, como miembro de pleno derecho”[3]. Elegidos como fruto gratuito de una absoluta y amorosa iniciativa del Padre, los cristianos son como una prolongación viviente de Cristo; amados, son como seres transferidos al Reino del Hijo de su Amor hasta que el mismo Cristo habite por la fe  en nuestros corazones (Ef 3,17); enviados, son como testigos vivientes de Cristo para dar fruto y que el fruto permanezca. Sin conciencia de ser elegidos se manifiesta la radical crisis cristiana, sin conciencia de ser amados emerge la irresponsabilidad de la propia identidad ante Dios y ante Cristo, sin conciencia de ser enviados se reduce el cristianismo a puro convencionalismo social o religioso. En este momento caracterizado por cambios imprevisibles que están afectando a la Iglesia, “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad[4].

Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, “garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad”[5]. El papa Francisco nos dice: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración… Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión”[6]La sinodalidad nos interpela a estar en el corazón del mundo asumiendo el compromiso en la vida pública, conscientes de que “la Iglesia  no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como hogar entre los hogares, abierto para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección[7].

¡Que el Espíritu Santo nos ilumine en la tarea evangelizadora y revitalice el Apostolado Seglar y la Acción Católica! Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Fratelli tutti, 8.

[2] Mensaje de los Obispos. Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, 2022.

[3] Ibid.

[4] PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, nº 1.

[5] Mensaje…

[6] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 25.

[7] FREANCISCO, Fratelli tutti, 276.

 

Fuente: archicompostela.es

“Aunque perdamos clientes, hay cosas por las que una empresa cristiana no puede pasar”

Rafael Alcalde, emprendedor y empresario católico.

  • “Eso que tú vives se va transmitiendo, ves como alguno empieza ir a misa, otro entra en un grupo, los equipos van cambiando y se trabaja muy a gusto”

  • “Lo que nosotros vivimos el mundo lo desea”

  • “Aunque perdamos clientes, hay cosas por las que una empresa cristiana no puede pasar”

Rafael Alcalde está casado y tiene dos hijos. Asegura que su matrimonio es la primera vocación. Toda su vida ha evolucionado hacia la creatividad y el desarrollo software. Tiene claro que ser emprendedor le ayuda a vivir su fe, le permite la conciliación y le sirve para fiarse de Dios cada día.

 

 

¿Cuánto tiempo llevas dedicándote a tu profesión?

Toda mi vida he estado enfocado al desarrollo software. Siempre he participado en startups o he creado las mías. Esta es la tercera. He ido evolucionando poco a poco hacia la creatividad. Creo que el Señor pone en el corazón ciertos deseos y en mi caso he visto que me ha puesto las herramientas necesarias y a la gente adecuada en el camino.

¿En qué te ayuda ser emprendedor?

A mí me ayuda a vivir la fe, sobre todo porque hace que me tenga que fiar del Señor en todo momento. A mí también me ha permitido la conciliación, saber que tú tienes una misión pero que hay otro que te ayuda a conseguirlo, que te cuida en los momentos de dificultad y te impulsa a seguir adelante.

A veces no llegamos a todo, es evidente, pero ahí te abandonas en el Señor y te dejas llevar.

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¿Cómo es tu empresa ahora mismo?

Pues creo que es una empresa diferente, en la que se puede trabajar a gusto y en la que se va viendo la evolución de la gente. En la que sabemos que tenemos una misión y nos ayudamos entre todos. Creo que los empleados se sienten cuidados, que la empresa se preocupa por ellos. Que aunque seamos una startup muy molona y moderna, puedan sentir que va más allá, que somos un equipo.

Es un punto de encuentro, tenemos mucha relación y lo que tú vives se va transmitiendo. Ves cómo alguien que no creía en Dios empieza ir a misa, o que otro entra en un grupo, que empleados de diferentes movimientos se cuidan entre sí y comparten su fe.

¿Y cómo se lleva a una empresa la misión cristiana?

Pues lo primero es que el objetivo de la empresa sea compatible con el Evangelio. En nuestro caso la principal idea es preparar equipos que puedan desarrollar otras empresas tecnológicamente, esto permite que muchos profesionales que trabajaban por encargo y en cierto modo se sentían un poco “usados” puedan encontrar un ambiente de trabajo estable, que les cuida y les permite desarrollarse en otros aspectos de la vida.

También sabes que hay cosas por las que una empresa cristiana no puede pasar, nosotros eso lo tenemos muy claro. Aunque perdamos clientes hay cosas que no podemos hacer… y a lo mejor precisamente por esto hay otros clientes que ganamos.

 

También te puede interesar:  #HazMemoria #HMLaicos

 

 

 

Fuente: conferenciaepiscopal.es

Doce semanas para hacer Memoria: Esta semana #HMLaicos

 

La Iglesia comenzó en el mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas queremos traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Queremos dar a conocer el trabajo de centenares de miles de personas que, desde su compromiso cristiano, entregan lo que tienen para el bien de todos: su tiempo, sus capacidades, sus donativos, sus bienes,… incluso la vida entera. Somos conscientes, como dice el Papa, de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, pero estamos seguros de que lo más valioso es el bosque crece, que da frutos, que lleva a cabo lo que se espera de él, en silencio, sin prisa pero sin pausa.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

 

 

Esta semana #HMLaicos

 

 

En el momento de nuestra incorporación a la Iglesia, en el día del bautismo, pasamos a ser parte del grupo más numeroso de los que forman este Pueblo de Dios. Somos fieles laicos con una consagración única, la recibida en el bautismo. Esta elección de Dios, confirmada después con el don del Espíritu Santo, se mantiene en el tiempo y es fuerza y señal del compromiso que adquirimos para participar, como laicos, en la misión de la Iglesia.

 

El lugar en que se realiza la consagración de los laicos es el mundo. El mandato del Señor en el Génesis: “moveos por la tierra y dominadla” (Gn 9,7) es llamada a la presencia de los laicos en todas las circunstancias de la vida para colaborar en la organización del común: en las instituciones públicas, políticas o económicas, en las organizaciones sociales, vecinales, profesionales, culturales o deportivas. Trabajar, como dice el Concilio buscando “el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios” (Lg 31). Pero ese dominio al que nos llama la Biblia es un dominio desde el servicio, como enseña Jesús: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

 

 

Es muy grande la diversidad de situaciones y circunstancias que hoy existen en el mundo, sometidas además a una constante evolución. La crisis económica, social y sanitaria exige un compromiso activo, los problemas derivados de la guerra y de los conflictos en tantos lugares del mundo precisan también respuestas rápidas y globales. Los cristianos en este tiempo tenemos una misión que realizar desde el compromiso y la entrega generosa de sus capacidades, de su tiempo y de sus habilidades para construir el Reino de Dios. Necesitamos para ello una vida de gracia, cercana al Espíritu que sostiene, una comunidad de referencia, una familia que acoja y sostenga en los momentos de dificultades y una implicación personal en el mundo con criterio de servicio, colaboración y escucha mutua.

Los fieles laicos miramos al mundo cara a cara con sus valores y problemas, sus inquietudes y esperanzas, sus conquistas y derrotas: un mundo cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades graves. Es nuestro lugar y nuestro tiempo para la caridad política, la que implica a todos los bautizados a proponer un ordenamiento del común basado en la doctrina social de la Iglesia que pueda dar respuesta cristiana a las situaciones planteadas.

Los fieles laicos estamos llamados a acoger el llamamiento de Cristo a trabajar en el Reino, a ser parte activa, consciente y responsable de la misión de la Iglesia en el tiempo presente y hasta el final de la historia

 

Noticia extraída de www.conferenciaepiscopal.es