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«Una Iglesia sinodal, una misión renovada» | Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Francisco para este Adviento 2024.

Ya ha empezado el adviento y nuestro arzobispo, don Francisco, nos ha escrito a todos los diocesanos una carta pastoral titulada: “Una Iglesia sinodal, una misión renovada. Adviento 2024“, donde nos llama a una «misión renovada» en la Iglesia, basada en la sinodalidad y la evangelización.

El arzobispo destaca el papel esencial que tiene el Espíritu Santo en este proceso de renovación, señalando que «el Espíritu Santo infundido por el Padre» impulsará a la Iglesia en el camino de la conversión pastoral y misionera. Un proceso que implica una «profunda transformación de las mentalidades, actitudes y estructuras eclesiales».

La carta pastoral enfatiza la necesidad de abrazar la sinodalidad, un camino que busca hacer a la Iglesia «más participativa y misionera» . Nuestro arzobispo nos invita a dejar atrás «la cómoda actitud del espectador escéptico» y las excusas del «siempre se ha hecho así» para avanzar hacia una Iglesia donde todos nos sentamos corresponsables de la misión evangelizadora.

Para el Arzobispo, la misión renovada debe estar «en y desde Cristo». Nos propone tres «leyes» para guiar esta misión: La «ley de la expropiación»: Dejar de hablar en nombre propio y hacerlo en nombre de Cristo y la Iglesia. La «ley de la semilla de mostaza»: Transcender la consciencia de pertenecer a Cristo y a su Cuerpo (la Iglesia). Y la «ley del germen de trigo»: Reconocer que no se ven los resultados inmediatos, y recordando siempre que la ley de los grandes números no es la ley del Evangelio.

En esta carta pastoral, don Francisco también subraya la importancia del encuentro personal con Cristo como base de la misión, citando al Papa Benedicto XVI, quien recordaba que la fe no se puede quedar en un bonito propósito. y añade: «Sólo evangeliza quien se ha dejado evangelizar. No se puede transmitir lo que no se cree y lo que no se vive».

El Arzobispo continúa haciéndonos una llamada a la unidad y a la acción. Reconoce que el camino sinodal requiere una profunda comunión entre los hijos e hijas de Dios, y nos pide «aunar criterios, puntos de vista y acciones en la evangelización» para responder a la fragmentación.

Mons. Francisco Prieto concluye su carta pastoral con un mensaje de esperanza. Afirma que la Iglesia en Santiago de Compostela ha de ser un «oasis de esperanza» donde la vida nueva del Evangelio sea accesible a todos. Nos anima a no sucumbir al pesimismo y a «acoger con responsabilidad la verdadera renovación que nos lleva, como Iglesia, al corazón del Evangelio para convertirnos en evangelizadores con Espíritu».

 


Texto íntegro:

 

Os infundiré un espíritu nuevo (Ez 36,26)

Una Iglesia sinodal, una misión renovada

Adviento 2024

 

A todos los fieles de la Iglesia que peregrina en Santiago de Compostela

Como el pueblo de Israel en el exilio recibía una palabra de aliento, el tiempo de Adviento se nos da como un tiempo de gracia que alienta una renovada esperanza: las promesas de Dios a su pueblo no pueden fallar. El profeta Ezequiel (s. VI aC) llama a la conversión y a la esperanza: Dios en persona apacentará a su pueblo, tanto el que vive en el destierro babilónico como el que permaneció en Judá, y le ofrecerá una alianza nueva y definitiva (cf. Ez 34). En los tiempos nuevos y esperados el pueblo de Dios recibirá del Señor un corazón nuevo y un espíritu nuevo: el corazón del pueblo, el corazón de cada uno de nosotros – “lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comunión con las demás personas”[1] – será renovado por el Señor para palpitar conforme a su voluntad de vida y libertad (corazón de carne) frente a las pétreas actitudes que nos paralizan en lamentos y quejas (corazón de piedra) (cf. Ez 36,26b). Un espíritu nuevo, el espíritu de Dios que será infundido a todo el pueblo, no como mera moda o novedad, sino como don que viene de lo alto, anticipo de la filiación y fraternidad realizadas en Cristo: “Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!»” (Gal 4,6; cf. Rom 8,26; DN 76).

El Espíritu infundido por el Señor “nos impulsa a avanzar juntos en el camino de la conversión pastoral y misionera, que implica una profunda transformación de las mentalidades, actitudes y estructuras eclesiales”[2]. ¿Cómo superar nuestras resistencias, personales y comunitarias al cambio, asumiendo la lógica del Evangelio y dejando de lado las rutinas que nos impiden responder con creatividad y valentía a los desafíos actuales? El Espíritu nos dispone a una permanente conversión del corazón para hacer de todos nosotros piedras vivas de un edificio espiritual (cf. 1 Pe 2,5; LG 6): la Iglesia que se edifica “como un hogar acogedor, como un sacramento de encuentro y salvación, una escuela de comunión para todos los hijos e hijas de Dios” (DF Sínodo Sinodalidad 115).

Con la efusión del Espíritu comienza la nueva creación y nace un pueblo de discípulos misioneros (cf. Jn 20,21-22): “En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible in credendo. Esto significa que cuando cree no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe. El Espíritu lo guía en la verdad y lo conduce a la salvación” (EG 119). Y aunque decimos en primera persona, creo, esto sólo es posible porque se forma parte de una gran comunión, porque también se dice creemos (cf. Lumen Fidei 39). Ahí reside ese instinto de fe (sensus fidei), en la totalidad de los fieles, de todo el pueblo de Dios, no en mi “yo” solitario que afirmar creer, sino el nosotros creemos pronunciado sinfónicamente por cada uno al decir creo: “En virtud del Bautismo «el pueblo santo de Dios participa de la función profética de Cristo, dando testimonio vivo de Él sobre todo con una vida de fe y de caridad» (LG 12). Gracias a la unción del Espíritu Santo recibida en el Bautismo (cf. 1 Jn 2,20.27), todos los creyentes poseen un instinto para la verdad del Evangelio, llamado sensus fidei” (DF Sínodo Sinodalidad 22).

  • Una misión sinodal

Cada miembro del pueblo de Dios nos convertimos en discípulos misioneros (cf. EG 120). Todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, a pesar de nuestras imperfecciones y limitaciones, y, por ello, no podemos olvidar que también todos estamos llamados a crecer como evangelizadores, lo que implica un compromiso por formarnos y profundizar nuestro amor al Señor y nuestro testimonio del Evangelio (cf. EG 121): “La misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. El testimonio de fe que todo cristiano está llamado a ofrecer implica decir como san Pablo: «No es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera […] y me lanzo a lo que está por delante» (Flp 3,12-13)” (EG 121).

En el plural sinfónico con el profesamos, celebramos y vivimos la fe, somos convocados a ser una comunidad diocesana que acoge la sinodalidad como “un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer a la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla más capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo” (DF Sínodo Sinodalidad 24). Recientemente hemos constituido y renovado los diversos organismos de sinodalidad y comunión en nuestra diócesis: Consejo Presbiteral, Consejo de Asuntos Económicos, Consejo Pastoral Diocesano y Colegio de Arciprestes y Vicearciprestes. Su constitución es, ante todo, una llamada, más que un mero proceso normativo, a vivir de modo efectivo y comprometido la corresponsabilidad eclesial: las estructuras sirven si canalizan y sostienen procesos de conversión personal y pastoral; las rutas y programas de acción pastoral no pueden quedarse en la retórica de los buenos propósitos o en la cómoda actitud del espectador escéptico. Una vez más, debemos dejar atrás la rémora del “siempre se ha hecho así” o del “habriqueísmo”, excusas y lastre de la vida pastoral.

Todo se refiere a la única misión que Cristo ha encomendado a la Iglesia: anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf. Mt 28,19-20; Mc 16,15-16). Evangelizar es “la misión esencial de la Iglesia […] es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad profunda” (EN 14). Por eso, “sinodalidad y misión están íntimamente ligadas: la misión ilumina la sinodalidad y la sinodalidad impulsa a la misión” (DF Sínodo Sinodalidad 32). Caminar juntos y en misión como Iglesia diocesana requiere docilidad a la acción del Espíritu y escucha de la Palabra de Dios, contemplación, silencio y conversión del corazón. Así sabremos acoger con gratitud y humildad la variedad de dones y tareas distribuidos por el Espíritu Santo para el servicio del único Señor (cf. 1 Co 12,4-5) en esta Iglesia de Santiago. Sin ambiciones ni envidias, ni deseos de dominio o control, sin afán de señalar ni generar espacios excluyentes, cultivando, ante todo, los mismos sentimientos de Cristo Jesús, que “se despojó de sí mismo asumiendo la condición de siervo” (Flp 2,7). La fecundidad que obra el Espíritu se percibe cuando la vida de la Iglesia está marcada por la unidad y la armonía en la pluriformidad (DF Sínodo Sinodalidad 43). Una de las expresiones más genuinas de la comunión es la aceptación sincera de la diversidad de carismas y realidades que vertebran la vida de nuestras parroquias y comunidades diocesanas. Precisamos adquirir una espiritualidad de la comunión… “rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”[3].

  • Una misión renovada en y desde Cristo

Inspirados por el Evangelio, os quisiera proponer a modo de hoja de ruta, tres “leyes evangelizadoras” que nos pueden ayudar a caminar por las sendas de una misión renovada. La primera sería la “ley de la expropiación”, es decir, no hablar en nombre propio sino en nombre de Cristo y de la Iglesia, manteniéndonos firme en el hecho de que “evangelizar no es simplemente una forma de hablar, sino una forma de vivir”: a saber, la clara consciencia de pertenecer a Cristo y a su Cuerpo (la Iglesia) que transciende el propio yo; la segunda es la “ley de la semilla de mostaza”, es decir, la valentía de evangelizar con paciencia y perseverancia, sin pretender obtener resultados inmediatos, y recordando siempre que la ley de los grandes números no es la ley del Evangelio. Y finalmente la “ley del germen de trigo”, es decir, saber que para dar la vida debemos morir a nosotros mismos, debemos aceptar la lógica de la cruz.

Sólo podremos acoger con espíritu nuevo estas actitudes evangelizadoras si reconocemos que el Espíritu es el verdadero protagonista de toda evangelización, porque es el Espíritu quien hace viva la memoria de Jesús, el Evangelio encarnado del Padre; es el que nos lleva a la verdad completa, el que suscita en nosotros –como un gran don- la fe; es el Espíritu quien convierte, quien ora, quien crea comunión: “El Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col 3,16)” (DV 8).

La evangelización solo es posible en la fuerza de lo alto, en la fuerza del Espíritu Santo (cf. Lc 24,27-29; Hch 1,8). El Espíritu Santo guía la misión. Él es el que una y otra vez abre nuevas puertas (cf. Hch 16,6-8; 2 Cor 2,12). Solo si la Iglesia en Santiago está colmada del Espíritu Santo será capaz de ser misionera y evangelizadora.

Redescubrir la alegría y la belleza de creer y encontrar un nuevo entusiasmo en la comunicación de la fe, como nos recordaba el papa Benedicto XVI, se puede quedar en un bonito propósito si cada creyente no acogemos en nosotros la vida nueva que el Padre nos da en Cristo por el Espíritu, o sea, la santidad, la vida nueva de cada cristiano[4]. Sólo evangeliza quien se ha dejado evangelizar. No se puede transmitir lo que no se cree y lo que no se vive. Es necesario que una misión renovada esté acreditada por la propia conducta de vida, por la credibilidad personal y comunitaria de una vida modelada por el Evangelio: “creí, por eso hablé” (2 Cor 4,13).

Pongámonos como Iglesia diocesana a la escucha de Jesús, pongamos al Señor en el centro, que nos invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4,14). Entonces ni la sal de la vida cristiana se volverá sosa ni la luz de Cristo en el creyente se apagará (cf Mt 5,13-16). Por ello, es preciso redescubrir el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios y con el Pan de la Vida (cf. Porta fidei 3) para seguir nutriendo la experiencia de un amor, el de Dios, que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo, y que nos abre el corazón y la mente para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos (cf. Porta fidei 7).

La experiencia de Jesucristo ha de ser vivida en la comunidad de la fe, en la que hemos de superar la tentación de creer sin pertenecer, porque un cristiano solo y solitario no es cristiano. Hay que ser cristianos concretos: no se puede perdurar en el aislamiento y en la distancia con los demás creyentes. Y la Iglesia, en sus diversas comunidades, es el espacio ofrecido por Cristo para este encuentro. De aquí deriva la necesidad de que estas comunidades eclesiales sean acogedoras, espacios en donde todos se encuentren “como en casa”. Como nos recuerda el papa Francisco, “no se debería pensar en esta misión de comunicar a Cristo como si fuera solamente algo entre él y yo. Se vive en comunión con la propia comunidad y con la Iglesia. Si nos alejamos de la comunidad, también nos iremos alejando de Jesús. Si la olvidamos y no nos preocupamos por ella, nuestra amistad con Jesús se irá enfriando” (DN 212).

  • La diakonía, lenguaje de una misión renovada

La misión de Jesús debería transparentarse en la nuestra. Y la misión de Jesús era, sobre todo, diaconía de amor hacia los más necesitados: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). La diaconía de la fe (beber y ofrecer el agua viva; cf. la samaritana: Jn 4,5-42) debe ser de aquella “fe que actúa en la caridad” (Gal 5,6) (acoger y curar al herido; cf. el samaritano: Lc 10,25-37). Por eso, los apelativos samaritano (diaconía de la caridad) y samaritana (diaconía de la fe) se han convertido, por muchas razones y por lo que implican, para la Iglesia y para cada cristiano, en los sustantivos imprescindibles de nuestra identidad y misión.

La diaconía es el lenguaje que, más que con palabras, se expresa, desde la gratuidad, en las obras de fraternidad, de cercanía y de ayuda a las personas en sus necesidades espirituales y materiales. Una diaconía que nos pide alzar la voz sin miedo en defensa de quienes están sufriendo, hoy, muy graves injusticias, víctimas de las guerras, de la trata, de la violencia, de la falta de un trabajo digno y seguro. No perdamos una mirada y sensibilidad evangélicas ante la necesaria acogida e integración de las personas migradas: es inaceptable utilizar a los migrantes o refugiados como arma política, cuando ya acumulan el dolor por el desarraigo y el abuso de las mafias. Han de ser acogidos desde la legalidad y en fraternidad. En nuestras palabras y gestos debe oírse aquella pregunta de Jesús al ciego Bartimeo: “¿Qué quieres que haga por ti?” (Mc 10, 51). El prójimo siempre tiene rostro concreto y allí el Señor nos espera: los damnificados por la reciente DANA que asoló tantos pueblos y tantas vidas; la dificultad en el acceso a la vivienda de jóvenes y familias; la lacra del paro juvenil o de las adicciones que tanto esclavizan la libertad y la dignidad de las personas.

Precisamos una esperanza encarnada y comprometida que nos permita recuperar una vida en la que vivir sea más que sobrevivir[5].

  • Una misión compartida

Para proclamar con fecundidad el Evangelio se requiere una profunda comunión entre los hijos e hijas de Dios en la Iglesia local. Ese es el signo distintivo que hace creíble y eficaz el anuncio: “Os doy un mandamiento nuevo; que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13,34-35).

Es necesario aunar criterios, puntos de vistas y acciones en la evangelización para responder así a los desafíos que hemos de afrontar y para evitar el riesgo de la dispersión y de la fragmentación. Pidamos como don y asumamos como compromiso un clima de comunión que permita ver con un espíritu diferente los desafíos del presente. Se trata de generar unidad, no uniformidad.

Una sinfonía de actitudes y compromisos, basados en la “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, y una acogida cordial que no condena” (EG 165) y atentos al otro, reconocido como prójimo, para que no se imponga la verdad y se apele a la libertad (EG 165). Actuar con humildad y respeto cuando evangelizamos, transmitiendo un “anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera” (EG 128). Se trata de aprender de la situación vital del interlocutor y aprender de la eficacia y grandeza del mismo mensaje del cual uno es humilde portador. Mostremos, desde una comunicación alegre y vital, con unas notas de alegría, estímulo, vitalidad (cf. EG 165), que somos capaces de reconocer en la vida diocesana una pluralidad de formas y de creatividades: “No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable. Se transmite de formas tan diversas que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo” (EG 129).

Reconocer la necesidad de un cambio de perspectiva, de una verdadera conversión, obra del Espíritu que nos unge: estar a la escucha. Porque más que analizar el hombre y la sociedad, escuchemos lo que nos quiere decir el hombre de hoy: qué vive, qué espera, que piensa de Dios, de la fe, de la Iglesia, de sí mismo… Así evitaremos estar los mismos con los mismos. Es un cambio de mentalidad, de visión, de percepción de la realidad, que implica posteriormente una nueva forma de comportarse y ser en nuestras comunidades eclesiales y en la sociedad: “De la escucha profunda de las necesidades y de la fe de las personas con las que se encontraba [Jesús], brotaban palabras y gestos que renovaban sus vidas, abriendo el camino a relaciones restauradas. Jesús es el Mesías que «hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7,37). Nos pide a nosotros, sus discípulos, que nos comportemos de la misma manera y nos da, con la gracia del Espíritu Santo, la capacidad de hacerlo, modelando nuestro corazón según el suyo: sólo «el corazón hace posible cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construye con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo» (DN 17). Cuando escuchamos a nuestros hermanos, participamos de la actitud en la que Dios, en Jesucristo, sale al encuentro de cada uno” (DF Sínodo Sinodalidad 51).

 

Conclusión

En este tiempo apasionante, la Iglesia en Santiago de Compostela ha de ser un oasis de esperanza donde los cántaros secos de tantos hombres y mujeres sean colmados con el agua de la vida nueva del Evangelio y con la misericordia entrañable de Dios (cf. EG 81). ¡¡Es tiempo de pasión y audacia!! Hay que multiplicar y hacer accesibles a los seres humanos de hoy los pozos en los cuales sean invitados a saciar su sed, a experimentar un oasis en los desiertos de la vida, a encontrarse con Jesús.

Cuando fiamos todo a nuestras fuerzas y posibilidades solemos sucumbir al pesimismo y damos el empeño por perdido. ¿Cómo romper esta inercia? Todo lo que os comparto solo es posible a nivel personal, eclesial y pastoral si lo aceptamos, al mismo tiempo, como don y tarea. Porque sólo de Dios viene la vida nueva, la verdadera renovación que nos lleva, como Iglesia, al corazón del Evangelio para convertirnos en evangelizadores con Espíritu (cf. EG 262). Tenemos la responsabilidad de acoger ese don y hacerlo acontecimiento personal y comunitario para no convertir la vida pastoral en obligaciones simplemente soportadas.

Somos conscientes de que “llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2 Cor 4, 7). Y por eso, nunca debemos sentirnos aplastados, desesperados y abandonados (cf. 2 Cor 4,8). Debemos avivar la confianza en la misteriosa fecundidad del Espíritu que “viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8,26). No se resume todo en resultados y estadísticas. Como discípulos misioneros nuestra tarea es sembrar: la acción fecunda del Espíritu hará que no se pierda ningún trabajo, ningún esfuerzo, ninguna preocupación sincera y ninguna entrega generosa. Cada uno de los dones y carismas, las diferentes vocaciones eclesiales son expresiones diversas de la única llamada bautismal a la santidad y a la misión. Tienen su origen en la libertad del Espíritu Santo, y no son propiedad exclusiva de quienes los reciben y ejercen, ni pueden ser motivo de reivindicación para sí mismos o para un grupo.

El próximo Jubileo Romano de 2025 nos convoca a caminar en la esperanza en Cristo que no declina y que nos sostiene para seguir recorriendo los senderos de nuestras parroquias y fieles, de nuestras familias y comunidades, de los hombres y mujeres de estas tierras con los que la Iglesia en Santiago quiere compartir vida y plenitud evangélicas, el deseo y compromiso por una justicia y dignidad que edifiquen una sólida paz. Aguardo que podamos hacer juntos, en comunión, este camino que el Señor nos invita a recorrer. Ungidos por el Espíritu Santo, cuya presencia alentadora se sigue irradiando en los creyentes de esta Iglesia diocesana, abramos camino a la Esperanza que, de nuevo, se acerca a nosotros en este tiempo de Adviento[6]. María, Madre de la Esperanza, nos acompaña y ora con nosotros en esta gozosa espera.

 

Francisco José Prieto Fernández
Arzobispo de Santiago de Compostela

1 de diciembre de 2024
I Domingo de Adviento

 

[1] Francisco, Carta encíclica «Dilexit nos». Sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo (=DN) (Roma, 24 de octubre de 2024) 14.

[2] XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Segunda sesión (2-27 octubre 2024), Por una Iglesia Sinodal: comunión, participación, misión. Documento final (DF Sínodo Sinodalidad) (26 octubre 2024), 14.

[3] Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte (Roma, 6 de enero de 2001) 43.

[4] Cf. Benedicto XVI, Porta fideiCarta apostólica en forma de “motu proprio” con la que se convoca el Año de la fe (Roma, 11 de octubre de 2011) 7.

[5] Cf. Byung-Chul Han, El espíritu de la esperanza (Barcelona 2024).

[6] Francisco, Spes non confundit. Bula convocatoria del Jubileo ordinario del año 2025 (Roma, 9 de mayo de 2024) 3.

 

 

Fuente: archicompostela.org

 

Delegación de Pastoral Familiar | Calendario de Adviento 2024

Desde la Delegación de Pastoral Familiar comparten este Calendario de Adviento! Está diseñado para que, durante cada día del Adviento, se pueda realizar una acción especial que ayude a los niños a prepararse para la llegada de Jesús. Estas actividades son pequeñas pero significativas, y están pensadas para vivir este tiempo con alegría, amor y compromiso cristiano en familia.

Cada día, ha de buscarse la actividad correspondiente en el calendario y realizarla con entusiasmo. Algunos días invitarán a rezar, otros a compartir con sus seres queridos, y otros los animarán a hacer gestos de generosidad con quienes les rodean. Lo importante es que vivan cada acción como un regalo que los acerca a Dios y a los demás.

Invitan a compartir este calendario con todos, recordando que el Adviento es un tiempo para fortalecer la fe, la esperanza y la unidad en el hogar.

¡Preparémonos con alegría y corazón abierto para recibir a Jesús en esta Navidad!

 

 

 

 

 

1 diciembre | Día Diocesano de Personas con Discapacidad. Diócesis de Santiago de Compostela

El Domingo 1 de diciembre de 2024,  con motivo del Día Mundial de las personas con discapacidad (3 de Diciembre), en nuestra Diócesis de Santiago celebraremos el día Diocesano de las personas con Discapacidad, con una Eucaristía en lengua de signos presidida por el Arzobispo de Santiago D. Francisco en el Centro PAI MENNI, en Betanzos, a las 10:00 h. Será retrasmitida por la TVG

 

En consonancia con la Iglesia Universal e iluminados por el Jubileo 2025, acentuaremos la virtud de la Esperanza, por eso el lema de este día es: «Todos juntos regalamos esperanza«. Y para sembrar esperanza todos somos necesarios, el aporte de cada uno es único.

Dar la mano a quien la necesita, hablarle con signos o con el tacto a quien no puede oír, quitar barreras arquitectónicas para que todos podamos transitar, explicarle lo que hay a quien no ve, hablar despacio y comentar con un lenguaje sencillo a quien tiene un ritmo diferente de comprensión, no preguntarle si me conoce a aquella persona que va perdiendo la memoria poco a poco; todas estas cosas y muchas más transparentan que queremos dar esperanza. (Mensaje de los Obispos con motivo del Día Internacional de las personas con discapacidad )

Inspirados en este lema pretendemos que todos tomemos conciencia de la necesidad de incluir y de amar a las personas, con sus capacidades y discapacidades. En la Iglesia todos tenemos un lugar y una misión que Jesús nos ha encomendado. En el corazón de Jesús y de la Iglesia cabemos todos.

 

La catequesis, en particular, está llamada a descubrir y experimentar formas coherentes para que cada persona con sus dones, sus limitaciones y sus discapacidades unamos nuestros corazones y nuestras manos, y seamos sembradores de esperanza. Por ello, desde la Delegación de Catequesis de nuestra Diócesis de Santiago nos ofrecen unas catequesis y otros materiales para prepararnos todos juntos.

GUIÓN PARA A LITURXIA DO DOMINGO I DE ADVENTO E DIA DIOCESANO DAS PERSONAS CON DISCAPACIDADE
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CATEQUESIS DE SENSIBILIZACIÓN PARA EL DÍA INTERNACIÓNAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

 

 

Fuente: catequesisdegalicia.org

 

VÍDEO | Asamblea Pastoral Diocesana

Mons. Francisco Prieto llama a la conversión del corazón en la Asamblea Diocesana

Este sábado, 16 de noviembre de 2024, la Archidiócesis de Santiago de Compostela llevó a cabo la Asamblea Pastoral Diocesana de Representantes en el Colegio La Salle de Santiago. El evento, convocado por el Arzobispo Mons. Francisco Prieto y organizado por el Vicario de Pastoral D. Javier Porro, junto a su equipo, reunió a una amplia representación de la comunidad diocesana, incluyendo diferentes órganos, agentes de pastoral y realidades significativas.

A la cita acudieron vicarios episcopales, delegados y responsables de departamentos, así como miembros del Consejo Diocesano de Pastoral, el Consejo Presbiteral y el Consejo de Consultores. También estuvieron presentes arciprestes, vicearciprestes y secretarios de los nuevos Arciprestazgos, además de representantes laicos y de la vida religiosa y consagrada. La convocatoria incluyó a los responsables de movimientos, asociaciones, grupos apostólicos laicales y presidentes de cofradías, asegurando una amplia representación de todas las facetas de la vida eclesial.

La jornada comenzó a las 10:00 horas con la llegada de los participantes, seguida por un momento de oración, coordinado y amenizado con canciones por el grupo «Xentes daquí e dacolá», originario de la Pascua Xoven de Arousa.

 

Entrevista con el Arzobispo, Mons. Francisco José Prieto.

 

Alejandro López Carballeira, Subdirector de los Servicios Informativos en Corporación Radio e Televisión de Galicia, fue el presentador y moderador de la Asamblea. Condujo una entrevista con el Arzobispo Mons. Francisco José Prieto Fernández, durante la cual se abordaron diversos temas de actualidad para la Iglesia diocesana. En un ambiente distendido y cercano, el Arzobispo respondió a las preguntas de los fieles y del periodista, reflexionando sobre los cambios en la estructura diocesana, la necesidad de una conversión del corazón, el papel de los laicos en la Iglesia y la importancia de la sinodalidad.

 

 

El Arzobispo comenzó su intervención destacando la importancia de la renovación de estructuras en la Iglesia, pero subrayó que el verdadero cambio debe provenir de una «conversión del corazón». Explicó que esta conversión implica «dejar de darnos la espalda» y «ponernos frente a frente, no en una mirada que desafía, sino en una mirada que acoge». Para lograr esta conversión, instó a los fieles a reflexionar sobre sus actitudes: «¿Dónde tenemos puestas las raíces de nuestra vida creyente? ¿En lo mínimo o en el banquete del Señor? ¿Qué somos, recolectores o sembradores? ¿Qué buscamos? ¿Beneficios o ponernos en camino siempre juntos?»

El Arzobispo también habló sobre la importancia de la sinodalidad en la Iglesia, un tema central en el pontificado del Papa Francisco. Reconoció que la sinodalidad es una realidad viva en la Iglesia, pero que a veces se ha «olvidado». Instó a los fieles a pasar a una «sinodalidad vivida». Para ello, es necesario «romper esas fronteras que a veces nos impiden descubrir que podemos trabajar juntos», más allá de los nombres y las estructuras.

Además, destacó la importancia de la comunicación, tanto presencial como a través de los medios y las redes sociales. Explicó que el «primer anuncio», es decir, la proclamación del Evangelio, es la razón de ser de la Iglesia y debe estar presente en todas sus acciones. Subrayó la importancia de formar «pastores misioneros» que acompañen a los fieles en un mundo en constante cambio.

La entrevista concluyó con una reflexión por parte del Arzobispo llamando a la acción y a la esperanza, invitando a los fieles a seguir construyendo una Iglesia viva, abierta y misionera.

 

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Diversas realidades diocesanas se presentan en la Asamblea Pastoral.

 

Tras un breve descanso a las 12:30, la Asamblea Pastoral Diocesana de la Archidiócesis de Santiago de Compostela retomó sus actividades con la presentación de distintas realidades diocesanas, ofreciendo a los asistentes una visión amplia y renovada de las iniciativas y proyectos en marcha, enriqueciendo aún más el espíritu de comunión y colaboración que marcó toda la jornada, bajo el lema: «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo» (Ez 36, 26)

 

Presentación de la nueva web: un espacio renovado para la comunidad diocesana.

El delegado de Comunicaciones, D. Manuel Blanco, acompañado de D. Manuel Ángel García, presentó la nueva y remodelada web de la ArchiDiócesis. Presenta un diseño intuitivo y responsivo, y está adaptada para ser utilizada en cualquier dispositivo, ya sea ordenador, tablet o móvil. Entre las mejoras implementadas destacan menús claros y estructurados que facilitan la búsqueda de información, contenido actualizado sobre actividades, servicios y noticias diocesanas, una mayor integración con redes sociales y opciones de contacto más accesibles, fomentando así una comunicación más fluida con los usuarios.

Además, la web incorpora nuevos formularios online, diseñados para mejorar y agilizar la comunicación y la gestión de servicios para todos los diocesanos. Esta iniciativa responde a la necesidad de modernizar y simplificar los procesos administrativos y pastorales, ofreciendo a la comunidad una herramienta eficiente y accesible. Los formularios abarcan una amplia gama de servicios, desde solicitudes de sacramentos y registros parroquiales hasta inscripciones para eventos y actividades diocesanas.

Blanco y García invitaron a todos los diocesanos a participar activamente en la nueva web, enviando sus noticias y eventos para enriquecer el contenido y fortalecer el sentido de comunidad. Las contribuciones pueden ser enviadas a través de la sección de contacto disponible en la web.

 

 

El Consejo Diocesano: un espacio de diálogo y colaboración

Dª Laura Ruíz, de la delegación Episcopal para la Juventud y la Infancia, explicó que la Diócesis cuenta con un órgano fundamental para la participación y la sinodalidad: el Consejo Diocesano. Este consejo está compuesto por una amplia representación de la comunidad diocesana, incluyendo al rector del Seminario mayor, sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada, laicos y representantes de diversos movimientos y asociaciones.

Ruiz destacó que la función principal del Consejo Diocesano es analizar la situación de la Diócesis, proponer iniciativas, asesorar al Arzobispo y colaborar en la puesta en marcha de las propuestas. Se busca que el trabajo del Consejo no se quede «solo en el papel», sino que se traduzca en acciones concretas que beneficien a toda la Diócesis.

También explicó que uno de los temas centrales que se abordan es el Plan Pastoral Diocesano, que busca dar respuesta a los desafíos pastorales de la Diócesis. El Consejo Diocesano se configura como un espacio de diálogo, escucha y discernimiento, donde todos los miembros de la comunidad diocesana pueden aportar su visión y colaborar en la construcción de una Iglesia más sinodal.

 

 

Comisiones y colaboración en el trabajo del Consejo Presbiteral

D. Francisco Gómez Canoura, secretario del Consejo Presbiteral, detalló la estructura y funcionamiento de este órgano, que se puede comparar con un senado que asesora al obispo. El Consejo Presbiteral, compuesto por sacerdotes, tiene la función de ayudar al Arzobispo en el gobierno de la Diócesis.

Gómez Canoura explicó que más de la mitad de los miembros del Consejo son elegidos por los propios sacerdotes y se dividen en tres categorías: territoriales, por tipos de sacerdotes y miembros natos. Además, el Arzobispo puede nombrar a otros miembros que considere valiosos para el Consejo.

El Consejo Presbiteral cuenta con diversas comisiones para trabajar en temas específicos. Entre ellas se encuentra la Comisión Permanente, encargada de actualizar los estatutos del Consejo, y varias comisiones de estudio que abordan temas relevantes para la vida diocesana, como la fraternidad y espiritualidad sacerdotal, las unidades pastorales, la iniciación cristiana y la pastoral exequial.

En resumen, Gómez Canoura presentó el Consejo Presbiteral como un organismo esencial para el funcionamiento de la Diócesis, que, a través del diálogo, el estudio y la colaboración, ayuda al Arzobispo a tomar decisiones y a guiar a la comunidad.

 

Reorganización pastoral: Unidad y coordinación en la Diócesis

Dª Ángeles Santamarta, directora de un colegio en Arzúa y colaboradora en la delegación de Catequesis para personas con discapacidad, expresó su esperanza en la nueva fórmula de Arciprestazgos impulsada por la Diócesis. Su optimismo se basa en la fe en el Señor, quien, según Santamarta, está presente en la Iglesia e infunde su Espíritu a pesar de las dificultades.

La reorganización de los Arciprestazgos, explicó Santamarta, surge de una reflexión sobre la situación demográfica y pastoral de la Diócesis, y busca una mayor unidad, diversidad y coordinación en la acción pastoral. Destacó que el objetivo no es crear estructuras vacías, sino darles vida a través de la colaboración y el compartir los bienes y recursos de cada parroquia.

Hizo un llamada a la participación de todos, incluyendo a los niños y jóvenes, cuyas voces y sueños también son importantes en la Iglesia. Animó a no tener miedo a levantar la mano, a ofrecerse para servir y a prepararse para las tareas que se les encomienden. Recordó que todos somos válidos y que la Iglesia somos todos.

Finalmente, Santamarta invitó a ver las dificultades como oportunidades para crecer y a no desanimarse ante los obstáculos. Concluyó con un mensaje de esperanza y una llamada a la acción: «La Iglesia somos todos, todos tenemos una vocación, no somos unos más que otros, y aunque haya que tirar por un sacerdote, tiremos».

 

 

Proyección futura y colaboración en el Seminario Interdiocesano

El rector del Seminario Mayor Interdiocesano, D. José Antonio Castro Lodeiro, destacó la importancia del Seminario Mayor Interdiocesano, formado los seminaristas y formadores de las Diócesis de Santiago, Tui-Vigo y Mondoñedo-Ferrol.

Castro Lodeiro subrayó que el Seminario, a diferencia de otras entidades diocesanas centradas en el presente, está orientado hacia el futuro. Los seminaristas, que estaban también presentes en el acto, representan “el porvenir de la Iglesia”.

El rector hizo una llamada crucial a las delegaciones y miembros diocesanos, pidiendo su colaboración para evitar el aislamiento del Seminario y enriquecer la formación de los futuros sacerdotes. Manifestó su preocupación de que el Seminario pudiera convertirse en una «burbuja» aislada de la realidad diocesana y enfatizó la necesidad de la participación activa de todas las áreas de la Iglesia, incluyendo delegaciones, familias, vida religiosa, pastoral juvenil y laicos.

Castro Lodeiro insistió en la necesidad de una formación integral para los seminaristas, que incluya experiencias más allá de la vida en el Seminario, interactuando con las diversas realidades diocesanas.

 

 

Fortaleciendo la pastoral diocesana: esperanza y trabajo conjunto en las Delegaciones

Dª Fátima Noya compartió su experiencia y visión sobre el trabajo en la delegación de misiones. Destacó la labor ejemplar de los misioneros, tanto los que están en la diáspora como los que han regresado.

Explicó que las delegaciones funcionan como «consejerías» encargadas de servicios específicos durante un tiempo determinado, y enfatizó la importancia de trabajar en equipo y colaborar con quienes desean participar.

Reconoció los desafíos de trabajar en equipo debido a diferencias personales y visiones pastorales, pero resaltó la importancia de aprender a trabajar en red y en fraternidad, siguiendo la llamada del Papa Francisco.

Noya concluyó su intervención animando a todos a colaborar en las distintas áreas de la Diócesis, recordando que ninguna parcela pastoral debe ser ajena a nadie.

 

Proteger a los vulnerables: un compromiso constante de la Iglesia

D. Luis García Bernadal, del servicio de atención a víctimas de abusos, subrayó la importancia del trabajo en equipo y la creación de una cultura de respeto hacia los más vulnerables. Utilizó una analogía de los discípulos de Jesús para resaltar la relevancia de colocar a los más vulnerables en el centro de la sociedad.

Bernadal abordó el tema del abuso sexual, de poder y de conciencia dentro de la Iglesia, afirmando que no existe dilema entre defender la imagen de la Iglesia y a las víctimas. Subrayó que la Iglesia debe ofrecer a las víctimas un servicio integral que responda a todas sus necesidades: psicológicas, legales, pastorales y espirituales. Concluyó agradeciendo el trabajo de los presentes y asegurando el apoyo del servicio de víctimas los 365 días del año, las 24 horas del día.

 

 

Año Jubilar 2025: Un acontecimiento de gracia para renovar la esperanza

D. Santiago Romero, Delegado Diocesano para el Año Santo 2025, explicó en detalle el Año Jubilar, destacándolo como un «acontecimiento de gracia» que debe vivirse con profundidad y sencillez tanto a nivel personal como comunitario. El lema del Año Jubilar, «Peregrinos de Esperanza», elegido por el Papa Francisco, anima a la Iglesia a redescubrir la esperanza tras un periodo de dificultades.

Romero subrayó que, aunque Roma será el centro del Jubileo, este evento tiene una dimensión universal y se vivirá en todas las Diócesis del mundo. Detalló que se promoverán peregrinaciones a Roma para diversos grupos, así como una gran peregrinación diocesana en agosto de 2025.

La Catedral de Santiago será un templo jubilar, acogiendo numerosas celebraciones.

Insistió en que el Año Jubilar no debe reducirse a peregrinaciones y celebraciones, sino que debe estar vinculado a las obras de misericordia, animando a las Parroquias y Arciprestazgos a realizar acciones que lleven la gracia del Jubileo a los más necesitados. Concluyó invitando a los fieles a vivir el Jubileo en su realidad local y recordó que este año debe transformar la vida cotidiana de los fieles hacia una experiencia más profunda de la esperanza en Dios.

 

Gesto y vídeo.

 

En un acto cargado de simbolismo, Mons. Francisco José Prieto Fernández entregó un báculo al final de cada intervención. Este gesto, lleno de significado, representa la unión de los representantes en la misión común de la Iglesia, trabajando juntos bajo la guía y el cuidado pastoral del obispo.

 

 

En el transcurso de la Asamblea se proyectó un vídeo, que capturó la atención de los asistentes, en donde se recogen distintas realidades pastorales de la Diócesis: refleja el dinamismo y la diversidad de las iniciativas pastorales que se llevan a cabo en las parroquias, movimientos y asociaciones que conforman la Diócesis. La pieza audiovisual subraya el compromiso y dedicación de todos los agentes de pastoral en su misión de evangelización y servicio comunitario.

 

 

Eucaristía en la Catedral de Santiago.

 

Este espacio de convivencia y diálogo fue el preámbulo perfecto para culminar la jornada con una solemne Misa celebrada en la Catedral de Santiago a las 17:00 horas.

La Eucaristía fue presidida por el Arzobispo de Santiago, Mons. Francisco José Prieto Fernández, acompañado por el Arzobispo emérito, Mons. Julián Barrio, así como por el Vicario General, D. Andrés Fernández Farto, el Vicario de Pastoral, D. Javier Porro, vicarios territoriales, delegados y otros sacerdotes.

 

 

En su homilía, Mons. Prieto reflexionó sobre la Eucaristía como el corazón palpitante de la vida de la Iglesia y la fuente que alimenta la misión encomendada por Dios: «En la Eucaristía encontramos y descubrimos ese centro de la vida de nuestra Iglesia, de la Iglesia diocesana, de nuestras Parroquias y comunidades. Ahí nos reconocemos como hijos y como hermanos», afirmó el Arzobispo, subrayando la importancia de este sacramento para la comunidad de fe.

Recordando las palabras del profeta Ezequiel, Mons. Prieto animó a los presentes con un mensaje de esperanza y unidad: «La palabra del profeta Ezequiel también hoy es una palabra que a todos nos anima… nos lleva a confesar una vez más… una sola fe, un solo Señor, un solo espíritu». Esta llamada a la unidad resonó profundamente en la asamblea, invitando a renovar la fe y la esperanza en el Señor, quien precede, convoca y guía a la Iglesia.

El Arzobispo enfatizó que el Señor debe ser el centro de la vida diocesana: «Es saber que el Señor, el único Señor, en la única fe que confesamos, es el centro y tiene que serlo de nuestra vida como Iglesia diocesana». Además, hizo una ferviente llamada a la colaboración y al trabajo en equipo, rechazando cualquier forma de exclusión dentro de la Iglesia: «En la Iglesia, en nuestras comunidades, no caben esos posesivos particulares, no caben espacios excluyentes porque no son nuestros, no son propiedad».

 

 

Mons. Prieto también subrayó la importancia de la vocación bautismal como el fundamento de la vida cristiana y la misión de la Iglesia: «Desde ahí, la vida de nuestras Parroquias y la vida de nuestra Diócesis se hacen una tarea con el espíritu que obra en cada uno de nosotros desde la vocación fundante por el bautismo recibido».

Finalmente, el el prelado compostelano exhortó a la asamblea a ser una «Iglesia en camino«, comprometida a servir a los más necesitados, especialmente a los pobres, a quienes describió como «el mayor regalo que Dios nos hace»: «No olvidemos a los pobres en nuestra vida, en la vida de nuestra iglesia diocesana; son el mayor regalo que Dios nos hace porque nos son confiados, nos son entregados para que sean acompañados, escuchados y sostenidos», expresó con fervor.

La homilía de Mons. Prieto concluyó con una invitación a abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo y a seguir celebrando la Eucaristía como fuente de vida y alimento para la misión. Esta llamada a la renovación espiritual y al compromiso comunitario marcó el cierre de una jornada significativa de reflexión, comunión y esperanza para toda la comunidad diocesana.

 

 

Noticia extraída de: archicompostela.org

El ISCCR celebra 25 años de vida con sus XI Jornadas de Actualización Teológico Pastoral 2024

El Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas celebra este curso académico el primer cuarto de siglo de su historia. 25 años en los que ha formado teológicamente a cientos de laicos, muchos de ellos profesores de religión en Galicia y otras comunidades autónomas.

Coincidiendo con esta efeméride, el Instituto celebra sus XI Jornadas de Actualización Teológico Pastoral 2024, este año precisamente bajo el título genérico:

“25 años formando al laicado y al profesorado de religión”

 

Las jornadas comenzarán este próximo martes, 19 de noviembre. La profesora del centro y delegada de misiones de la archidiócesis, Fátima Noya, disertará sobre «El lugar del ISCC en la formación de los laicos en la diócesis de Santiago de Compostela”.

El martes 26 de noviembre, tendrá lugar  la segunda conferencia que correrá a cargo de la actual delegada de Enseñanza y profesora de religión en institutos públicos, Begoña Díaz, y se centrará en «La importancia del ISCCR en la formación del profesorado de religión católica en Galicia».

El martes 3 de diciembre cerrará las jornadas Antonio Roura, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura y de la revista “Religión y Escuela”, con la ponencia «Desafíos actuales en la educación religiosa en España»

 

Desde el ISCCR nos invitan a todos los laicos de la diócesis, y en especial a los profesores de religión, a asistir a estas jornadas, en las que analizaremos algo tan fundamental para la misión evangelizadora como es la educación en los principios fundamentales de nuestra fe.

La modalidad será presencial (en el Salón de Actos del ITC) y online: https://eventos.itcdesantiago.org/curso-atp-2024

La inscripción de este curso es gratuita. Inscripción en Secretaría del ISCCR (de martes a jueves de 18:00 a 21:00 h), Plaza de la Inmaculada, 5 .- 15704 Santiago de Compostela
Tlf.: 981 58 62 77 -secretariocr@itcdesantiago.org

 

Díptico informativo (PDF)

 

Fuente: pastoralsantiago.org

Nuestro arzobispo D. Francisco Prieto nos invita a descubrir la llamada de Dios en el Día de la Iglesia Diocesana

 

Monseñor Francisco Prieto, arzobispo de Santiago de Compostela, nos hace un llamada a la reflexión y a la acción en el marco del Día de la Iglesia Diocesana, que se celebra mañana domingo 10 de noviembre. Nos invita a todos los diocesanos a descubrir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Y si lo que buscas está en tu interior“, es la pregunta que la Iglesia plantea este año para la jornada. El arzobispo subraya que no se trata de una invitación a la introspección individualista, sino a descubrir la llamada de Dios dentro de la comunidad eclesial: “No lo quiere de una manera individualista, sino siendo parte de una familia, de una comunidad”, afirma.

Monseñor Prieto destaca la importancia de la corresponsabilidad de todos los miembros de la Iglesia en la misión evangelizadora: “Somos pueblo de Dios, cada uno desde su propia vocación, pero al servicio de la Iglesia y de la sociedad”, recuerda.

El arzobispo anima a superar los particularismos y a abrirse a la riqueza de la diversidad dentro de la Iglesia diocesana: “Dejemos particularismos posesivos. No nos encerremos en nosotros mismos, ni siquiera en nuestras parroquias y comunidades”, afirma.

Monseñor Prieto expresa su gratitud por la labor de todos los que contribuyen a la vida de la Iglesia, desde las diferentes parroquias y comunidades hasta los distintos ministerios y servicios.

El arzobispo concluye su mensaje con un llamada a la unidad y a la confianza en la acción del Espíritu Santo: “Nuestra tarea es sembrar y el espíritu hará que no se pierda ningún trabajo, ningún esfuerzo, ninguna preocupación, ninguna sincera entrega”, asegura.

 

Mensaje de mons. Francisco Prieto en la revista «Nuestra Iglesia»

 

En la revista «Nuestra Iglesia» Archidiócesis de Santiago de Compostela  que se ha publicado con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, en su primer artículo «llamados y enviados» el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco Prieto hace una llamada a los diocesanos a vivir su fe como un “don y tarea” que implica un compromiso activo en la construcción de la fraternidad.

Monseñor Prieto Fernández recuerda que el bautismo nos llama a ser discípulos de Cristo, lo que implica “la actitud humilde de considerarse ‘barro’ para dejarnos moldear por el Maestro”. Esta vocación, subraya, “no es una inscripción”, sino una opción personal que acoge la fe y nos impulsa a vivir como hermanos.

El arzobispo destaca que la vida de fe “no es camino que recorremos solos”, sino que nacemos a ella en la comunidad de la Iglesia. Y afirma que ser Iglesia “es tarea compartida por todos los bautizados, no exclusiva de una élite”.

Monseñor Prieto Fernández invita a la comunidad diocesana a ser “fermento y sacramento de Dios en medio de la humanidad”, reflejando la unidad en la diversidad de sus miembros. En este sentido, exhorta a evitar “los particularismos posesivos que encierran a nuestras comunidades parroquiales, a nuestros grupos y movimientos en giros cerrados y limitados”.

El arzobispo agradece la labor de todos los fieles cristianos que viven su vocación bautismal a través de las diferentes acciones pastorales, evangelizadoras, celebrativas, asistenciales, educativas y culturales: “Nuestra tarea es sembrar, y la acción fecunda del Espíritu en nuestra Iglesia diocesana hará que no se pierda ningún trabajo, ningún esfuerzo, ninguna preocupación sincera y ninguna entrega generosa”, asegura.

 

Revista: "Nuestra Iglesia" - Archidiócesis de Santiago de Compostela (en PDF)

 

 

Fuente: archicompostela.es

 

NOV24 | Día de la Iglesia Diocesana · Archidiócesis de Santiago de Compostela | Revista: «Nuestra Iglesia»

El Día de la Iglesia Diocesana, que este año se celebra el 10 de noviembre, es una oportunidad para agradecer lo que la Iglesia es y lo que la Iglesia hace.

Como cada año, con motivo de este día, el secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia de la Conferencia Episcopal Española y la Archidiócesis de Santiago de Compostela publican una nueva edición de su REVISTA: «Nuestra Iglesia», para dar cuenta de la actividad pastoral, social y económica de nuestra diócesis.

Además. en esta ocasión esta revista está dedicada a la “Llamada” que cambia vidas. En ella, el arzobispo mons. Francisco José Prieto Fernández reflexiona sobre la vocación cristiana y cómo esta se manifiesta en la vida de la Iglesia diocesana, al tiempo que agradece el tiempo, las cualidades, la oración y el apoyo económico del pueblo de Dios.

La publicación destaca la labor evangelizadora y social de la Iglesia en Santiago, presentando datos sobre sus diferentes áreas de actividad:

  • Actividad celebrativa: Se celebraron 4.883 bautizos, 6.078 primeras comuniones, 3.112 confirmaciones y 748 matrimonios.
  • Actividad pastoral: La diócesis cuenta con 422 sacerdotes, 576 religiosos y religiosas, 8 diáconos permanentes y 1.476 catequistas.
  • Actividad educativa: Hay 163 centros católicos concertados con 26.793 alumnos y 5.275 docentes.
  • Actividad evangelizadora: Se enviaron 81 misioneros a diferentes partes del mundo.
  • Actividad cultural: La diócesis cuenta con 37 bienes inmuebles de interés cultural y ha realizado 24 proyectos de construcción y rehabilitación. También se celebran 26 fiestas religiosas de interés turístico.
  • Actividad caritativa y asistencial: Se atendieron a más de 85.452 personas a través de diferentes centros y programas. Se recogen las cifras de los 8 tipos de centros de Cáritas, así como las personas atendidas en los mismos, el número de voluntarios.

Todos estos datos también se pueden encontrar en el Portal de Transparencia.

Cabe destacar también la importancia del primer anuncio en la renovación de la Iglesia. Así, se informa sobre la creación de una delegación diocesana para promover esta labor, con el objetivo de que “llegue a formar parte de nuestra pastoral más ordinaria”.

Finalmente, se anima a los fieles a colaborar económicamente con la diócesis a través de donativos. La publicación recuerda las ventajas fiscales de las que se benefician los donantes, con deducciones de hasta el 80%.

 

Revista "Nuestra Iglesia" (en PDF)

 

 

Fuente: archicompostela.es

16 NOV | Asamblea Pastoral Diocesana

La Archidiócesis de Santiago de Compostela se prepara para un importante evento: la Asamblea Pastoral Diocesana de Representantes, que tendrá lugar el sábado 16 de noviembre de 2024 en el Colegio La Salle de Santiago.

 

 

Convocada por el Arzobispo Mons. Francisco Prieto, esta Asamblea tiene como objetivo principal servir como un espacio de encuentro para los diferentes órganos diocesanos, agentes de pastoral y realidades eclesiales significativas, así como impulsar la pastoral en la Iglesia local, cerrar el Año Pastoral 2024 y presentar las orientaciones pastorales para el 2025.

 

A la asamblea están convocados:

  • Vicarios episcopales, delegados y responsables de Departamentos.
  • Consejo Diocesano de Pastoral, Consejo Presbiteral y Consejo de Consultores
  • Arciprestes, vicearciprestes y secretarios de los nuevos arciprestazgos.
  • Representantes laicos de cada nuevo arciprestazgo: 30 plazas para los grandes, 20 para los medianos y 10 para los más pequeños.
  • Representantes de la vida religiosa y consagrada (1 por cada casa o comunidad).
  • Responsables de movimientos, asociaciones, grupos apostólicos laicales y presidentes de cofradías.

 

Inscripción:

La inscripción se realiza enviando un correo electrónico a vicariapastoral@archicompostela.org antes del martes 12 de noviembre.

Se debe indicar: nombre de los asistentes, arciprestazgo, congregación o grupo que representan, número de teléfono y si comerán en la Hospedería de S. Martin Pinario (20€).

 

Orden del día:

10:00 Acogida (abonar la comida) y sentarse por arciprestazgos.
10:20 Saludo y presentación.
10:30 Oración.
11:00 Intervención del Sr. Arzobispo.
12:00 Descanso – café.
12:45 Informaciones diocesanas y testimonios.
14:30 Opción para comer en S. Martín Pinario (20€)
17:00 Eucaristía en la Catedral

 

Preparación Espiritual:

Se propone la organización de vigilias de oración interparroquiales en los días previos a la asamblea, como una forma de prepararse espiritualmente y escuchar al Espíritu Santo.

Estas vigilias se enmarcan en el Año de la Oración 2024 y buscan orar por los frutos de la renovación pastoral en la Iglesia local.

 

Fuente: archicompostela.es

Retiro Diocesano de Advento 2024. Estás convidado!

O vindeiro sábado 30 de novembro, as delegacións para o Laicado, Catequese, Pastoral Penitenciaria, Familia, Misións, o Departamento para a Causa dos Santos e Cáritas Diocesana da Arquidiocese de Santiago de Compostela organizamos un

RETIRO DE ADVENTO.

Unha oportunidade para quen desexe vivir un momento de oración, reflexión e preparación espiritual cara ao Nadal.

O horario será o seguinte:

10:00 Acollida
10:30 Primeira disertación
Reflexión persoal
12:45 Posta en común
13:45 Hora tercia no mosteiro
14:00 Xantar
15:30 Segunda disertación
Reflexión persoal
18:00 Posta en común
18:45 Fin do retiro
19:00 Vésperas no mosteiro

Para inscribirte, envíanos un correo a:  laicado@archicompostela.org ou chámanos ao 639938216 ou 639938213.

Se, ademais, queres quedar a comer no Mosteiro (Menú 15 € por persoa), deberás cubrir o seguinte cuestionario para reservar, xa que as prazas no comedor son limitadas. https://forms.gle/yjqwejwnezUyGXhx9

 

Ven e víveo!  Estás convidado!

 

 

CARTEL RETIRO DIOCESANO DE ADVENTO 2024 (en PDF)